La arquitectura suele presentarse como la expresión visible de su época: sus deseos, su fe en el progreso, su idea del orden. Sin embargo, esta lectura tiende a simplificar las condiciones en las que se producen los edificios, sugiriendo que la arquitectura va a la zaga de la historia cuando, en muchos casos, participa activamente en ella. Pocos períodos lo hacen más evidente que el siglo XX, época en la que la arquitectura se entrelajó profundamente con programas políticos, sistemas económicos y visiones contrapuestas sobre cómo debía organizarse la vida colectiva.
Lo que comúnmente se agrupa bajo la etiqueta del modernismo suele describirse como un proyecto coherente, definido por la claridad formal, el optimismo tecnológico y la ruptura con los estilos históricos. No obstante, esta aparente coherencia se disuelve cuando miramos más allá de sus centros canónicos. Los mismos principios espaciales (la estandarización, la zonificación funcional y la producción industrial) se adoptaron en contextos políticos y económicos que diferían significativamente en sus estructuras y objetivos. Así, un movimiento aparentemente estático se desplegó como un sistema flexible que se reorientaba continuamente según las prioridades de cada régimen. Lo que parecía un lenguaje compartido era, en la práctica, un conjunto de herramientas aplicadas a agendas distintas.
La arquitectura se ha sentido atraída desde hace mucho tiempo por la idea de la ligereza. Desde los primeros experimentos modernistas que buscaban preservar el paisaje, elevar los edificios se ha entendido como una forma de proteger el suelo a la vez que se mantiene la continuidad del terreno. Los volúmenes se elevan sobre columnas, las infraestructuras separan la circulación de la superficie y programas enteros quedan suspendidos sobre el nivel del suelo.
Esta premisa se formalizó a principios del siglo XX a través del concepto de los pilotis de Le Corbusier, que proponía liberar la planta baja de los cerramientos. Al elevar los edificios sobre columnas, los/las arquitectos/as buscaban mantener la continuidad con el terreno, permitiendo que la circulación, la vegetación y el uso colectivo se desarrollaran bajo los volúmenes construidos. El edificio ocuparía el aire, mientras que el suelo permanecería abierto, accesible y compartido.
Fachada de cadenas de aluminio de la tienda Disney Glamour / SRA Architectes – Etienne Jacquin. Imagen cortesía de Kriskadecor
En entornos sumamente curados como Disneyland París, la arquitectura opera bajo un conjunto de expectativas diferente. A los edificios no solo se les exige un rendimiento funcional, sino que también deben comunicar, a menudo de forma instantánea. En este contexto, la fachada se convierte en un marcador visual que puede funcionar como umbral, mediando entre la luz, el aire y la percepción. Una de las estrategias que ha ganado terreno en estos escenarios es el uso de sistemas de envolventes semiopacas. Sin ser completamente transparentes ni del todo cerrados, estos sistemas de fachada introducen profundidad y variabilidad.
La visualización arquitectónica ha desempeñado desde hace tiempo un papel clave en la comunicación y definición de las ideas de diseño. Hoy en día, esa función se está expandiendo. Con el auge de la inteligencia artificial, la visualización se está integrando de manera más profunda en todo el flujo de trabajo de diseño, lo que permite una iteración más rápida y una toma de decisiones mejor informada.
La imagen es familiar: una fachada revestida de parasoles, la luz suavizada en una sombra con patrones, e interiores que se mantienen frescos sin maquinaria. Se presenta como inteligencia hecha visible: una arquitectura que comprende el sol. Sin embargo, esta imagen rara vez se examina de cerca. Los mismos dispositivos que mitigan el calor también organizan el acceso, distribuyen el confort y dependen de formas específicas de mano de obra. Lo que parece una respuesta climática es, en realidad, una decisión sobre quién recibe alivio frente al calor y de qué manera. El modernismo tropical, a menudo reducido a un lenguaje visual de sombra y porosidad, emerge en cambio como un conjunto de prácticas situadas donde el clima, el trabajo y el poder se negocian de forma distinta según el contexto.
A escala del elemento, el modernismo tropical comienza como un problema técnico. En climas cálidos, la radiación solar no es incidental sino constante, lo que exige que los edificios medien la luz, el calor y el aire antes de que alcancen el interior. Profesionales de la arquitectura como Maxwell Fry y Jane Drew abordaron esto con un nivel de precisión que impide interpretar estos elementos como meramente decorativos. Los dispositivos de sombreado se calibran en función de los ángulos solares, la orientación y la variación estacional. Los parasoles se dimensionan para bloquear el sol de ángulo alto mientras permiten el paso de la luz difusa; los voladizos se extienden lo justo para evitar la ganancia térmica directa en las horas pico; las aberturas se alinean para favorecer la ventilación cruzada. Las investigaciones de mediados de siglo pusieron a prueba estas estrategias, midiendo las reducciones de temperatura y las mejoras en el flujo de aire. En este sentido, el lenguaje del modernismo tropical no es simbólico, sino performativo: cada proyección, vacío y celosía forma parte de un sistema ambiental.
Un monumento suele ser la edificación más conservadora que un Estado pueda encargar. Se espera de él que estabilice la memoria, haga legible la historia y otorgue una forma pública a una narrativa compartida. El siglo XX en Europa del Este produjo un corpus de obras completo, desde el Báltico hasta los Balcanes, que se resistió precisamente a esas expectativas, desafiando la relación convencional entre monumento, memoria y representación. Agrupados comúnmente bajo el nombre de spomeniks, estos ejercicios arquitectónicos son tal vez los ejemplos más conocidos de un panorama mucho más amplio de arquitectura conmemorativa que surgió en toda la región. Se trataba de sociedades que salían de periodos de ocupación, conflictos civiles o revoluciones, y ninguna de ellas poseía un lenguaje simbólico único capaz de albergar la complejidad de sus historias. En lugar de buscar nuevos héroes o nuevos íconos, muchos/as arquitectos/as y artistas recurrieron al propio espacio como el medio a través del cual construir la memoria.
Estos monumentos ocupan una posición inusual entre la escultura y la arquitectura. En una escala, se interpretan como composiciones abstractas deliberadas, dispuestas con la claridad de un dibujo de Kandinsky. En otra, parecen menos resueltos, como si estuvieran poniendo a prueba los límites de un lenguaje espacial aún en formación. Sus formas a menudo parecen suspendidas entre la certeza y la experimentación: un mismo monumento puede leerse tanto como un objeto geométrico controlado como una búsqueda abierta sobre cómo la memoria colectiva podría habitar el espacio. Sin embargo, estas lecturas coexisten, otorgando a muchas de estas obras su duradera ambigüedad.
Símbolos del desarrollo tecnológico y de la densidad urbana, los edificios en altura, tal como los conocemos hoy, surgieron a finales del siglo XIX, principalmente en los Estados Unidos, como respuesta al crecimiento acelerado del comercio urbano y a la necesidad de expandir las ciudades sin ocupar más territorio. El término rascacielos, por ejemplo, fue acuñado en la década de 1880 y originalmente se refería a edificios de entre 10 y 20 pisos —una altura impresionante para la época.
Sin embargo, la idea de construir verticalmente es mucho más antigua de lo que sugieren los rascacielos de acero y vidrio. Mucho antes de la revolución industrial, algunas sociedades ya experimentaban con formas de urbanización vertical como solución a las limitaciones de espacio, la defensa territorial o la adaptación ambiental.
No hace mucho tiempo —lo suficientemente reciente como para parecer actual— la arquitectura entró en un momento en el que los edificios comenzaron a leerse como productos. Este enfoque aportó disciplina y una perspectiva renovada a una industria que suele valorar la novedad por encima de la claridad operativa. Al orientar los ejercicios formales hacia la repetibilidad, la experiencia de usuario, el rendimiento y la escalabilidad, se preparó a los edificios para convertirse en un "producto" evaluable. Hoy en día, la arquitectura debe responder con mayor rigor a cómo funciona, con qué claridad comunica su uso y qué tan consistente es al ofrecer la experiencia proyectada.
La disciplina del diseño de productos renueva las perspectivas de los/las arquitectos/as que proyectan para un futuro en constante cambio. Además de ofrecer un nuevo vocabulario y una pauta para el diseño, este campo introduce la rendición de cuentas: un producto debe funcionar de manera confiable a lo largo del tiempo y en diversos contextos. Debe sostenerse como un sistema de decisiones y no como una mera colección de partes. Por lo tanto, la calidad ya no se mide únicamente por la singularidad, sino por la consistencia y la capacidad de generar una experiencia predecible para sus ocupantes.
Los programas vinculados a la hospitalidad, específicamente las cafeterías y los centros sociales, se definen en parte por su rol como "terceros lugares": anclajes sociales que tienden un puente entre la vida privada y la pública. A diferencia de los programas residenciales o de oficinas comerciales, que requieren compartimentaciones rígidas por privacidad y utilidad, estos espacios se apoyan en entornos amplios y de planta libre. Esto posibilita una estrategia arquitectónica de intervención mínima, lo que permite que la envolvente estructural permanezca intacta. Al evitar la subdivisión del espacio, se conservan visuales ininterrumpidas hacia la mampostería original, las estructuras de madera o los cielorrasos decorativos, garantizando que la narrativa histórica del edificio se mantenga como protagonista. Simultáneamente, la actividad comercial aporta el mantenimiento necesario y la interacción con el público para garantizar la permanencia en el tiempo del sitio.
En el campo da arquitectura, sin embargo, esta pregunta sigue siendo relativamente marginal. Muchas veces sabemos quién diseñó un edificio, conocemos sus acabados, el fabricante de sus carpinterías, la marca de sus revestimientos e incluso su rendimiento energético, pero casi nunca nos preguntamos de dónde provienen las toneladas de materia que hicieron posible su existencia.
¿Quién tiene derecho a la ciudad? Los escritos de Henri Lefebvre cuestionan las estructuras que controlan el espacio urbano y, en su lugar, sitúan a la ciudadanía en el centro de la toma de decisiones. Sus ideas han influido en la práctica de la arquitectura y el diseño urbano, impulsando la participación comunitaria y el codiseño. Estos han sido algunos de los temas más destacados en Utopian Hours 2026, el festival de hacer ciudad, cuya primera parte se celebró en la ciudad neerlandesa de Rotterdam para conmemorar su décima edición.
La cocina ha evolucionado de ser un espacio netamente funcional a convertirse en un entorno compartido y el corazón de muchos hogares. Al servir como escenario para los rituales cotidianos de innumerables familias —e incluso para prácticas colectivas en la vida urbana—, la comida une a las personas, lo que hace que el diseño de espacios capaces de responder a estas necesidades sea fundamental para la vida diaria. Más allá de las diversas distribuciones, estéticas y configuraciones de las cocinas, la integración de electrodomésticos y equipamiento juega un papel clave al dar soporte al almacenamiento, la conservación y el uso diario que exige la cocina. Desde tecnologías innovadoras hasta materiales avanzados, estos elementos dan forma a espacios de cocina contemporáneos que reúnen costumbres y culturas de diversos orígenes.
A lo largo de 2025 y principios de 2026, numerosos proyectos de museos fueron anunciados, avanzaron o iniciaron obras en múltiples regiones, con plazos de finalización que se extienden principalmente de 2026 a 2030. Ubicados en Asia, Europa, Norteamérica y Asia Central, estos desarrollos reflejan los cambios continuos en el papel de las instituciones culturales dentro de las ciudades contemporáneas. Cada vez más, los museos se conciben no solo como espacios de exhibición, sino como entornos de cara al público que albergan actividades de educación, investigación y participación ciudadana. Esta ampliación del programa suele ir acompañada de estrategias arquitectónicas que responden a las condiciones urbanas, la continuidad espacial y la integración de la infraestructura cultural en procesos más amplios de desarrollo urbano.
Saint-Denis es una comuna en los suburbios del norte de París, Francia, conocida por la Basílica gótica de Saint-Denis y el Stade de France. En una esquina de la Place Jean-Jaurès, en su centro histórico y junto a la Basílica, se encuentra el complejo habitacional Îlot 8, un hito brutalista diseñado por la arquitecta Renée Gailhoustet. Construido entre 1975 and 1986 para ofrecer vivienda obrera en el centro de la ciudad y contrarrestar la tendencia de relegar la vivienda social a las periferias, el proyecto se encuentra actualmente en el centro de un polémico plan de reurbanización. La propuesta, que a menudo se describe como "residencialización" y reestructuración, contempla la demolición de partes significativas de su diseño original. Esta reconversión forma parte del Nouveau Programme National de Renouvellement Urbain (NPNRU) de Francia y se justifica por preocupaciones sobre deficiencias estructurales, seguridad y mantenimiento.
Xu Tiantian es la directora fundadora de DnA_Design and Architecture, una oficina interdisciplinaria que aborda las dimensiones tanto físicas como sociales del entorno habitacional contemporáneo a distintas escalas. Nacida en 1975 en Fujian, China, obtuvo una maestría en Arquitectura en Diseño Urbano de la Graduate School of Design de Harvard y una licenciatura en arquitectura de la Universidad de Tsinghua en Pekín. Su trabajo reciente se centra en la revitalización rural a través de una estrategia que describe como "acupuntura arquitectónica", entendida como intervenciones a pequeña escala y específicas para cada sitio, diseñadas para activar la cultura, la agricultura y el turismo locales. Estas intervenciones, concentradas principalmente en las regiones rurales de China, han sido reconocidas por ONU-Hábitat como un modelo global de integración urbano–rural. En esta entrevista con Louisiana Channel, reflexiona sobre el papel de el/la arquitecto/a, cuestiona la disciplina misma y el concepto de belleza, explica su metodología de trabajo y enfatiza la dimensión espacial de la naturaleza.
Entre el 23 de junio y el 30 de agosto de 1988, el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York presentó una exposición titulada Deconstructivist Architecture, como parte de un programa "concebido para examinar los desarrollos actuales de la arquitectura". Bajo la curaduría de Philip Johnson y Mark Wigley, esta se centró en la obra contemporánea de siete arquitectos/as internacionales: Coop Himmelblau, Peter Eisenman, Frank Gehry, Rem Koolhaas, Daniel Libeskind, Bernard Tschumi y una joven Zaha M. Hadid. Con 37 años de edad, su trabajo fue presentado al mundo como un ejemplo de "la aparición de una nueva sensibilidad en la arquitectura". El material expuesto no era una maqueta ni un plano, sino una pintura, The Peak, presentada para un concurso de arquitectura en Hong Kong en 1983. A partir de este punto de partida, su contribución a la arquitectura se profundizó en la misma línea reconocida al momento de su inclusión en la exposición: el desarrollo de un lenguaje arquitectónico distintivo, matemático y, en sus propias palabras, "fluido", y su consolidación como una figura femenina líder en un campo históricamente dominado por hombres.
Renaissance of the Real por Annabelle Schneider y Snøhetta, Semana del Diseño de Milán 2026. Imagen cortesía de USM
A través de plataformas culturales, sitios patrimoniales y desarrollos institucionales, las noticias de esta semana reflejan cómo se redefine el entorno construido mediante procesos de transformación, reinterpretación y participación pública. Desde reactivaciones arqueológicas y estrategias de reutilización adaptativa hasta expansiones de museos y encuentros internacionales a gran escala, la arquitectura opera a través de múltiples temporalidades, equilibrando la preservación con el uso contemporáneo, y la continuidad espacial con programas culturales en constante evolución. En este contexto, la selección de instalaciones y exhibiciones de ArchDaily de la Semana del Diseño de Milán 2026 destaca cómo las semanas del diseño funcionan cada vez más como marcos curatoriales para la experimentación, mientras que los eventos globales y los proyectos institucionales siguen expandiendo los formatos mediante los cuales la arquitectura se produce, se comparte y se debate.
Henning Larsen, en colaboración con KHL Architects & Planners, Arup y Flaviano Capriotti Architetti, ha propuesto el diseño de un edificio residencial de 14 pisos en Taipéi para Continental Development Corporation. El proyecto, titulado Northern Lights, cuenta con una superficie construida bruta de 3,464 metros cuadrados y su finalización está programada para 2029. Situado junto al parque Daan, el complejo de desarrollo incluye 46 residencias y se emplaza dentro de un denso entorno urbano, manteniendo al mismo tiempo la proximidad a uno de los principales espacios verdes de la ciudad, el cual se describe como un referente contextual clave en el diseño.
Queda un mes para la Ceremonia de Apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, cuyas competencias se llevarán a cabo del 4 al 22 de febrero de 2026. La Ceremonia de Apertura tendrá lugar el 6 de febrero en el Estadio Olímpico San Siro de Milán y reunirá a aproximadamente 2,900 atletas de todo el mundo que competirán en 16 deportes, con 116 medallas de oro en disputa. Los Juegos Olímpicos de Invierno regresan a Italia veinte años después de Turín 2006 y setenta años después de Cortina 1956. Sin embargo, esta edición adopta un enfoque marcadamente diferente, proponiendo un cambio respecto al modelo tradicional de altos costos y desperdicio hacia la reutilización adaptativa, la energía renovable y el desarrollo regional a largo plazo. Los Juegos de Invierno con mayor dispersión geográfica de la historia prevén depender en un 92% de sedes existentes o temporales, basarse en regiones con industrias turísticas consolidadas, evitar alteraciones ambientales de consideración y aplicar estrategias de diseño circular y reciclaje, cuyos resultados se harán evidentes en los próximos meses. Posteriormente, se llevarán a cabo los Juegos Paralímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, del 6 al 15 de marzo de 2026.
El Museo de Arte Moderno de Louisiana inaugurará, el 22 de enero de 2026, la segunda exposición de su serie Architecture Connecting, centrada en la relación de la disciplina con la ciencia y la investigación en una amplia gama de campos, como la biología, la neurociencia y la antropología. La primera exposición de la serie, Living Structures (2024–2025), contó con la participación de ecoLogicStudio, Atelier LUMA y Jenny Sabin Studio, destacando su trabajo en la intersección de los algoritmos y la naturaleza, así como el desarrollo de métodos que reevalúan la arquitectura sostenible y las consideraciones climáticas. Esta segunda muestra, titulada Memoryscapes, explora las memorias, historias y tradiciones que informan las metodologías de trabajo de DnA_Design and Architecture (Pekín), de la arquitecta Xu Tiantian, y de ATTA – Atelier Tsuyoshi Tane Architects (París).
Los rincones de desayuno surgieron a principios del siglo XX en respuesta a la creciente densidad doméstica y a los cambios en la concepción de la vida cotidiana. Con raíces en el movimiento Arts and Crafts estadounidense y popularizados a través de las viviendas tipo bungalow de las décadas de 1910 y 1920, estos espacios evolucionaron desde el comedor de desayuno victoriano, más formal, hacia áreas compactas e integradas dentro de la cocina. A medida que las casas se volvieron más pequeñas y económicas, los/las arquitectos/as y las empresas de carpintería recurrieron a bancas y mesas fijas para ocupar esquinas, nichos y ventanas salientes que, de otro modo, habrían sido ineficientes. Estos rincones llenos de luz proporcionaron un medio accesible para concentrar las actividades diarias, al tiempo que preservaban el confort y la claridad espacial.
A través de diferentes geografías y escalas, las noticias de arquitectura de esta semana reflejan un enfoque continuo en cómo las ciudades y los edificios se están recalibrando en respuesta a la evolución de los patrones de movimiento, trabajo y vida colectiva. En diversos contextos, el espacio público y la movilidad siguen siendo preocupaciones centrales, donde las calles, los centros urbanos y los desarrollos a gran escala sirven como campos de prueba para nuevos enfoques de accesibilidad, resiliencia y uso cotidiano. Las iniciativas de peatonalización y las visiones lideradas por las comunidades apuntan hacia modelos de gobernanza en evolución y estrategias urbanas a largo plazo, mientras que las plataformas culturales y de investigación continúan enmarcando estos cambios dentro de un debate público más amplio. Al mismo tiempo, el avance de importantes proyectos corporativos y de uso mixto subraya la creciente integración de la infraestructuradigital, el desempeño ambiental y los marcos espaciales flexibles en la arquitectura contemporánea.