
La estación de servicio es una tipología arquitectónica que ha experimentado transformaciones significativas desde sus inicios. En un principio, estas estructuras eran simples puntos de abastecimiento en la carretera, diseñados más en función de la practicidad que de la estética. Con la expansión de la cultura del automóvil, las estaciones de servicio evolucionaron para adaptarse a las nuevas tecnologías, a los dinámicos paisajes urbanos y a los cambios en el comportamiento de los consumidores. Con el tiempo, dejaron de ser meras paradas utilitarias y se convirtieron en centros de servicio que integraban restaurantes, moteles y espacios de ocio, dando respuesta a las crecientes demandas del transporte contemporáneo.
Sin embargo, hacia finales del siglo XX, la estandarización generalizada de las estaciones de servicio hizo que se empezaran a percibir como "no lugares", un concepto definido por el antropólogo Marc Augé para describir espacios transitorios que carecen de significado social o cultural. Con diseños uniformes y un enfoque centrado en la eficiencia, estas estaciones se volvieron intercambiables, lo que reforzó su papel de infraestructura puramente funcional en lugar de intervenciones arquitectónicas significativas. Esta estandarización también marcó un alejamiento de la época en que las estaciones de combustible funcionaban como hitos reconocibles, contribuyendo así a un paisaje homogeneizado y desprovisto de identidad local.





































