"Después de todo, el tiempo es un ingrediente clave de mi profesión", afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. La arquitectura evoluciona y se transforma constantemente a lo largo del tiempo. Ladrillos, puertas, ventanas, muros, escaleras y otros elementos se convierten en los protagonistas de un proceso que comienza con un boceto y que, finalmente, toma forma como obra construida.
Partiendo de que la arquitectura comienza cuando sus habitantes empiezan a apropiarse de un espacio, Francis Kéré desarrolla sus proyectos de manera progresiva, y continúa trabajando en el diseño incluso durante la fase de construcción. A medida que su arquitectura crece con el tiempo, se integra con su entorno, se adapta a las necesidades de las personas usuarias y responde a los cambios de forma flexible y experimental, busca integrarse en la vida de quienes la habitan.
En medio de la transformación de las ciudades de Uzbekistán, ARC Architects desarrolla una arquitectura que busca conectar el pasado y el presente. Fundado en 2017 por Bobir Klichev, el estudio surgió de la comunidad arquitectónica de Bujará y se mantiene estrechamente vinculado a las particularidades culturales y climáticas del país. Con oficinas en Taskent y Bujará, ARC combina el minimalismo y las referencias étnicas para desarrollar un lenguaje contemporáneo arraigado en su contexto.
En lugar de reproducir una imagen tradicional de la arquitectura uzbeka, el estudio busca comprender cómo se puede reinterpretar este patrimonio hoy en día, un ejercicio que dialoga necesariamente con las capas históricas superpuestas de todo el país. Durante siglos, ciudades como Samarcanda y Bujará fueron importantes centros comerciales y culturales de Asia Central. Su arquitectura se desarrolló en torno a patios interiores y calles estrechas, conformando tejidos urbanos en los que los edificios y los espacios colectivos resultan inseparables.
Nunca ha habido un momento de mayor celebración para el trabajo artesanal en la arquitectura. En revistas, premios y exposiciones internacionales, el ladrillo hecho a mano, el enlucido de cal, la piedra tallada, el bambú tejido y la tierra apisonada han resurgido como símbolos de responsabilidad ambiental, continuidad cultural y autenticidad arquitectónica. Más allá de estos proyectos minuciosamente documentados se esconde otra realidad. La gran mayoría de los edificios que se construyen hoy en día —desde bloques de departamentos y torres de oficinas hasta viviendas sociales y desarrollos comerciales— siguen dependiendo de sistemas industrializados que dejan poco espacio para las y los artesanos calificados. El oficio artesanal se ha vuelto cada vez más visible justo en el momento en que es más inusual. En países como la India, este contraste resulta imposible de ignorar. Tradiciones constructivas centenarias coexisten con una de las industrias de la construcción de más rápido crecimiento en el mundo. Para replantear la pregunta de por qué está resurgiendo el trabajo artesanal, tal vez el verdadero interrogante radica en por qué ahora aparece principalmente allí donde los presupuestos, los plazos de obra y la clientela pueden costeárselo.
En 2021, la colaboración entre el estudio de arquitectura italiano Mario Cucinella Architects y la empresa italiana de impresión 3D WASP dio como resultado el desarrollo de TECLA: una vivienda impresa en 3D completamente con tierra cruda. Cinco años después, la tecnología detrás de este proyecto ha evolucionado, extendiéndose de manera silenciosa por diversos continentes y prácticas de diseño. Al controlar la velocidad, el ángulo y la trayectoria de la boquilla de extrusión, los/las arquitectos/as pueden crear mucho más que simples muros. Con el paso de los años, han experimentado con formas de moldear el material impreso en 3D para generar motivos superficiales detallados, reincorporando el relieve, la textura y patrones complejos directamente en la estructura. De este modo, buscan tender un puente entre las tradiciones de construcción con tierra y la computación digital, en una época en la que el código comienza a influir directamente en la forma y en la expresión material de la arquitectura.
Desde 1994, cada 9 de agosto la UNESCO conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Las Naciones Unidas aún no han adoptado una definición oficial para el término "pueblos indígenas"; no obstante, para fines de reconocimiento social, considera como tales a colectivos de la sociedad que se autoidentifican como no dominantes, poseen un idioma, cultura y creencias particulares, y se organizan en sistemas sociales, económicos y políticos propios. Desde una perspectiva territorial, la ONU aborda el término a partir de la continuidad histórica con sociedades precoloniales o previas a los asentamientos externos, así como del fuerte vínculo de estos grupos con sus territorios y recursos naturales circundantes. Asimismo, la persistencia en mantener y reproducir entornos y sistemas ancestrales se reconoce como un elemento de identidad, el cual abarca otras denominaciones como primeras naciones, pueblos originarios, aborígenes o grupos étnicos. Con el propósito de sumarnos a la concientización sobre esta fecha, en este artículo presentamos reflexiones contemporáneas, casos regionales y entrevistas sobre el conocimiento constructivo ancestral y su potencial para edificar el futuro.
Vista peatonal de la sede del BCIE en Tegucigalpa. Imagen cortesía del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)
Las naciones de Centroamérica ocupan un estrecho puente terrestre entre México y Colombia, pero no nacieron como países independientes. Surgieron de una sola entidad: la República Federal de Centroamérica en 1823. Aquella federación se disolvió; sin embargo, el ideal de una región unificada nunca murió del todo. En 1951, los gobiernos firmaron la Carta de San Salvador para crear la ODECA, la Organización de Estados Centroamericanos. Cuatro décadas más tarde, el Protocolo de Tegucigalpa de 1991 la reemplazó por el SICA, el Sistema de la Integración Centroamericana, el marco que rige la cooperación regional en la actualidad. En el marco de este proceso de integración, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua fundaron en 1960 el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), estableciendo su sede en Tegucigalpa. A primera vista, se trata de un complejo de oficinas convencional de finales del siglo XX; no obstante, al observar de cerca su fachada, el edificio se convierte en un manifiesto sobre la identidad. Uno escrito en piedra de cantera rosada proveniente de las mismísimas colinas que rodean la capital hondureña.
La arquitectura suele nutrirse de la historia de un lugar, traduciendo las narrativas locales en formas, materiales y experiencias espaciales contemporáneas. Ubicado en la ciudad balneario de Bad Orb, cerca de Fráncfort, el ALEA RESORT HIDEAWAY sigue este enfoque y se inspira en la historia de la extracción de sal de la zona.
Diseñado por el estudio PLAJER + FRANZ, este proyecto hotelero de 5.200 m² hace referencia a la geometría de los cristales de sal a través de su lenguaje arquitectónico, al tiempo que utiliza soluciones de iluminación de OLEV para definir la atmósfera de sus espacios interiores. En esta entrevista, el arquitecto Alexander Plajer analiza la relación del proyecto con su contexto, el proceso de diseño y el papel de la iluminación.
En diversos climas y culturas constructivas, numerosos proyectos contemporáneos abordan los métodos tradicionales de edificación desde nuevas perspectivas. Muros de tierra, estructuras de bambú, umbrales sombreados y procesos de autoconstrucción colectiva se están reconsiderando no como meras referencias históricas, sino como herramientas de diseño ante las condiciones que la arquitectura enfrenta hoy y seguirá enfrentando.
En estos proyectos, el conocimiento vernáculo se manifiesta a través de decisiones prácticas: cómo enfriar un edificio sin sistemas mecánicos, cómo construir con lo que está al alcance, cómo facilitar la reparación de una estructura y cómo mantener el saber constructivo dentro de la comunidad que lo utilizará. Las condiciones que hacen necesario este conocimiento no son una promesa del futuro: ya están aquí.
«Mi única preocupación es que mi trabajo tenga un impacto positivo en las comunidades en las que se inserta», afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. Su propia historia de vida, el contexto en el que creció y las experiencias que ha atravesado definen su enfoque de la arquitectura. Se trata de un compromiso que se extiende a las personas y a los lugares que llaman hogar—uno que valora la materialidad, el aprendizaje colectivo y el intercambio de conocimientos. Descubrir las historias detrás de proyectos como la Escuela Primaria en Gando y la Escuela Secundaria Naaba Belem Goumma inspira a reflexionar sobre cómo diseñar espacios que verdaderamente sirvan a la humanidad.
La historia de Francis Kéré comienza en una aldea del África subsahariana y se extiende por numerosos lugares. Gando fue el escenario de su primera educación, donde absorbió la esencia y los principios que más tarde definieron los valores fundamentales de su carrera, junto con influencias de otras culturas. La estructura de Gando está formada por distintas familias que se organizan, de acuerdo con las costumbres establecidas, en patios dispersos por la sabana. Crecer en esta remota aldea de la sabana de Burkina Faso fomenta un fuerte sentido de comunidad, que se vuelve tangible al comprender que cada habitante de cada patio forma parte de la vida de todo el conjunto.
Studio NEiDA opera en la intersección de la práctica arquitectónica, la investigación y el trabajo curatorial, con un enfoque constante en cómo los edificios surgen de las condiciones materiales y culturales de un lugar. En lugar de tratar la materialidad como un lenguaje de acabado, el estudio la define como el inicio de una narrativa arquitectónica: a partir de lo disponible a nivel local, analizan qué saber artesanal existe en el territorio y cómo esos recursos y habilidades sitúan al proyecto dentro de un linaje arquitectónico. Este enfoque pone en primer plano las limitaciones y posibilidades como fuerzas productivas, posicionando el diseño como un proceso iterativo que alinea la intención espacial con las realidades de la cultura constructiva y la inteligencia vernácula.
A lo largo de su obra, los intereses de NEiDA van más allá de la forma para adentrarse en los contextos sociopolíticos y climáticos que definen cómo se construye y se habita la arquitectura. El estudio enfatiza el aprendizaje a partir de prácticas constructivas sin autoría, vernáculas e informales como un modo de establecer una gramática común para la intervención; asimismo, describen la continuidad entre el interior y el exterior no como una preferencia estilística, sino como una respuesta a la vida local y a las lógicas de ventilación, donde los espacios al aire libre pueden estar tan definidos espacialmente y ser tan centrales programáticamente como los interiores. La colaboración, bajo este esquema, no es un elemento secundario: el estudio destaca el intercambio en obra con los/las artesanos/as y constructores/as como una metodología fundamental, donde los proyectos evolucionan a través de la inteligencia colectiva y una comunicación adaptativa.
Render de la vista exterior de la unidad de consulta externa y farmacia del proyecto de la Clínica Ineza, 2026. Imagen cortesía de Kéré Architecture
Kéré Architecture ha diseñado un nuevo centro de salud en la región de Bubanza, en Burundi, a unos 40 kilómetros al norte de la antigua capital del país, Buyumbura. Encargado por la ONG Ineza Clinic, el proyecto busca mejorar el acceso a la atención médica para la población rural de la región, complementando los servicios del hospital general existente, con un enfoque en maternidad y cuidados quirúrgicos especializados. El plan de Francis Kéré distribuye el programa en diez pabellones conectados por un camino que asciende en zigzag por la ladera hacia un centro de visitantes, conformando un complejo de 3,000 m². El proyecto combina materiales obtenidos de la región circundante, artesanía tradicional y transferencia de conocimientos, lo que minimiza su huella de carbono, apoya la economía local y fortalece a los equipos locales. La construcción ya ha comenzado y se prevé que la primera fase finalice este año.
El municipio de Cunha, ubicado en el estado de São Paulo, Brasil, es una región conocida por su paisaje interior, su terreno montañoso y, especialmente, por una importante producción de cerámica de renombre nacional. Es dentro de este contexto que la oficina messina | rivas ha estado trabajando desde 2017, con un conjunto de proyectos ubicados en una granja. Su trabajo, que integra diseño y construcción de manera indisoluble, resulta en intervenciones que revelan un enfoque sensible hacia las condiciones preexistentes y su entorno.
La relación entre la oficina, liderada por los arquitectos Francisco Rivas y Rodrigo Messina, y el sitio comenzó con una pequeña renovación de una casa de huéspedes para albergar amigos. El proyecto resultó en la transformación de dos habitaciones existentes en suites y la creación de una cocina externa. Desde entonces, las crecientes demandas y la necesidad de adaptar los edificios existentes han impulsado el diseño de otros proyectos distribuidos en el mismo sitio.
Bauhaus Earth es una organización sin fines de lucro con sede en Berlín que trabaja hacia una transformación sistémica del entorno construido. Su misión incluye la transición a materiales bio y geo-basados, la reutilización de edificios existentes y la restauración de ecosistemas. Junto con el Bamboo Village Trust, un vehículo financiero filantrópico, y Kota Kita, una organización de diseño urbano participativo, Bauhaus Earth ha desarrollado BaleBio, un pabellón de bambú diseñado por Cave Urban que se eleva sobre la playa de Mertasari en Denpasar, Bali. El pabellón transforma un estacionamiento en desuso en un espacio abierto de reunión comunitaria, ofreciendo un contrapunto al desarrollo costero impulsado por el turismo de la ciudad. Diseñado como un edificio regenerativo, BaleBio almacena carbono en lugar de emitirlo, desafiando el modelo de construcción extractiva que está reemplazando la artesanía tradicional de la madera y el bambú con estructuras de concreto en toda la isla.
El campo — históricamente subestimado — ha emergido como un territorio fértil de posibilidades. Más que un "espacio marginado", el rural latinoamericano se afirma hoy como un verdadero laboratorio de experimentación arquitectónica, social y ecológica. Desde comunidades agroecológicas hasta tecnologías de bajo impacto, de las relaciones entre humanos, máquinas y otros seres vivos a las soluciones locales para desafíos globales como la crisis climática, la seguridad alimentaria y la migración — el campo está rediseñando, con autonomía e inventiva, su propio futuro.
En 1982, en una conferencia sobre construcción de tierra en Tucson, Arizona, una presentación inusual desafió todo lo que los arquitectos/as pensaban saber sobre los recursos rurales. En lugar de centrarse en técnicas de construcción, el presentador, el arquitecto Pliny Fisk III, desplegó una serie de mapas dibujados a mano que revelaron algo extraordinario: Texas rural no era escaso en recursos, como sugiere la sabiduría convencional, sino rico en materiales más allá de la imaginación. Los mapas mostraban ceniza volcánica perfecta para concreto ligero, depósitos de caliche que se extendían a través de vastos territorios y bosques de mezquite que podrían suministrar tanto pisos de madera dura como aislamiento. La revelación redefinió las nociones predominantes de valor en la arquitectura.
El teórico André Corboz, conocido por sus aportes a la lectura crítica del territorio, propone que las ciudades deben entenderse como un palimpsesto. Es decir, una superficie reescrita continuamente, donde las huellas de capas anteriores permanecen visibles incluso después de sucesivas intervenciones. Para él, la ciudad no es una entidad estática, sino un organismo en constante transformación, donde se superponen capas históricas, funcionales y simbólicas. Por ello, trabajar en proyectos de restauración o rehabilitación de edificios históricos es especialmente complejo, y exige una reflexión cuidadosa sobre el enfoque a adoptar: ¿deben las ampliaciones y renovaciones buscar una coherencia total con el lenguaje original, o afirmarse como expresiones arquitectónicas de su propio tiempo?