Ubicada al pie de la cordillera de Alborz, Teherán crece bajo una cadena montañosa que la protege y la asfixia al mismo tiempo. El mismo paisaje que bloquea los vientos y atrapa la contaminación sobre la ciudad alberga también, a lo largo de sus laderas, siglos de disputas por este territorio estratégico. Se trata de una capital construida sobre un terreno inestable, tanto geológica como políticamente. Bajo sus avenidas corren fallas sísmicas activas, mientras que sobre ellas se acumulan las huellas de sucesivas reconstrucciones, demoliciones y reinvenciones forzadas. De este modo, la ciudad continúa expandiéndose, testigo silencioso de un país que, durante más de dos siglos, ha negociado constantemente entre la memoria y el borrado.
En términos generales, una estructura es un testimonio de su tiempo. La propuesta y la escala material de un proyecto arquitectónico a menudo superan la vida útil de un solo ser humano, convirtiéndose, de este modo, en parte de una narrativa histórica. Esta característica transversal es particularmente evidente en tipologías de proyectos específicas: sitios conmemorativos, cementerios, museos e incluso centros educativos y comunitarios. Recientemente, este valor se ha extendido no solo a los edificios, sino también a las técnicas de construcción, las formas y geometrías ancestrales, y a la naturaleza misma. Este valor histórico y su connotación simbólica se representan en esta selección de cinco edificios diseñados por la comunidad de lectores y lectoras de ArchDaily, aún no construidos, en Kosovo, Canadá, China, Egipto y Bangladés.
En medio de la transformación de las ciudades de Uzbekistán, ARC Architects desarrolla una arquitectura que busca conectar el pasado y el presente. Fundado en 2017 por Bobir Klichev, el estudio surgió de la comunidad arquitectónica de Bujará y se mantiene estrechamente vinculado a las particularidades culturales y climáticas del país. Con oficinas en Taskent y Bujará, ARC combina el minimalismo y las referencias étnicas para desarrollar un lenguaje contemporáneo arraigado en su contexto.
En lugar de reproducir una imagen tradicional de la arquitectura uzbeka, el estudio busca comprender cómo se puede reinterpretar este patrimonio hoy en día, un ejercicio que dialoga necesariamente con las capas históricas superpuestas de todo el país. Durante siglos, ciudades como Samarcanda y Bujará fueron importantes centros comerciales y culturales de Asia Central. Su arquitectura se desarrolló en torno a patios interiores y calles estrechas, conformando tejidos urbanos en los que los edificios y los espacios colectivos resultan inseparables.
A medida que las ciudades de Arabia Saudita se expanden a través de proyectos culturales cada vez más ambiciosos, Syn Architects ha dedicado gran parte de su práctica a examinar lo que preexiste a dicha transformación. La participación del estudio en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2025 surgió de años dedicados a documentar la arquitectura najdi, el tejido urbano en desaparición, los materiales locales y las formas heredadas de conocimiento. Para Syn, el patrimonio adquiere utilidad cuando se documenta, se pone a prueba y se reincorpora al uso.
La arquitectura en Brasil este mes destaca los diversos enfoques del país hacia la producción cultural, el patrimonio y la transformación de su entorno construido. Desde la conformación del equipo curatorial de la 15ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo hasta el reconocimiento de los Teatros de la Amazonía en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, los acontecimientos recientes ponen en primer plano cuestiones de representación, preservación e identidad cultural. Por su parte, nuevos proyectos en Río de Janeiro, São Paulo y Rondônia exploran la reutilización adaptativa, las relaciones entre arquitectura y paisaje, y nuevos enfoques sobre la materialidad y la sostenibilidad. Paralelamente a estos avances, los debates en curso en torno a Fordlândia y al archivo de Lucio Costa revisitan cómo se preserva, interpreta y entiende el patrimonio arquitectónico de Brasil en la actualidad.
El paisaje arquitectónico de Hungría pasó las décadas socialistas siendo rediseñado desde arriba, con sus granjas cooperativas consolidadas a partir de parcelas familiares y sus bloques de vivienda estandarizados distribuidos por el territorio en un formato que habría sido idéntico en cualquier otra parte. La socióloga Virág Molnár, cuyo libro Building the State rastrea los usos políticos de la arquitectura en la Hungría y la Alemania Oriental de posguerra, sostiene que esta reconfiguración del entorno construido fue uno de los instrumentos principales del proyecto político y no un mero subproducto de este; una movilización que se extendió a lo largo de la modernización socialista y continuó en la transición posterior. Por su parte, el crítico británico Owen Hatherley, cuya obra Landscapes of Communism explora los conjuntos habitacionales de Budapest junto con los de Varsovia y Kiev, describe el extremo final de ese mismo legado, donde los edificios han sobrevivido a la ideología que los encargó y siguen estando habitados por personas con muy poco interés en defender los argumentos que los originaron.
El lunes 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió las costas del Pacífico y del Caribe de Colombia. Si bien el evento sísmico afectó levemente la frontera sur de Panamá y la frontera norte de Ecuador, Colombia ha declarado el estado de emergencia nacional. Según informes oficiales, el terremoto ha dejado 111 personas fallecidas, y se prevé que la cifra aumente a medida que continúan las labores de búsqueda y rescate. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano (SGC), el epicentro se localizó a 96 kilómetros de profundidad, cerca de San José del Palmar, una zona rural en el noroeste del departamento del Chocó. Los daños en la infraestructura se extienden a ciudades densamente pobladas como Cali, Pereira, Manizales y Armenia, afectando un área con una población de aproximadamente 3.5 millones de personas. Este evento sísmico ocurre tras otros cuatro registrados hace menos de dos meses en Japón, Estados Unidos y Venezuela, sumándose a los esfuerzos de reconstrucción que ya están en marcha a nivel mundial.
Una guerra puede borrar la silueta de una ciudad de la noche a la mañana. Los techos se derrumban, las calles se vuelven intransitables y los hitos que alguna vez orientaron la vida cotidiana quedan reducidos a escombros. Sin embargo, la pérdida más profunda suele ser invisible. Los edificios se pueden relevar, fotografiar, escanear y, eventualmente, reconstruir. El conocimiento que los produjo es mucho más frágil. Sobrevive en manos de canteros y canteras que comprenden cómo una bóveda de piedra caliza soporta su carga, de carpinteros y carpinteras que saben cómo responden las uniones de madera al movimiento estacional, de yeseros y yeseras que mezclan la cal de memoria en lugar de usar medidas, y de los y las residentes cuyos rituales cotidianos mantienen estos edificios en uso. Cuando estas personas son desplazadas, asesinadas o forzadas a abandonar sus oficios, la reconstrucción hereda un problema que ningún plano o modelo digital puede resolver. La piedra siempre se puede volver a extraer. Recuperar el conocimiento para darle forma toma mucho más tiempo.
Esta decisión, sin embargo, remite a un problema que atraviesa prácticamente todos los sistemas patrimoniales del mundo: cómo proteger legalmente una arquitectura que aún no ha cumplido el tiempo mínimo —formal o informal— para ser considerada "histórica".
El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCOanunció 25 nuevas inscripciones en la Lista del Patrimonio Mundial durante su 48.ª sesión, ampliando el registro internacional con sitios que reflejan una amplia variedad de patrimonio arquitectónico, cultural y natural. Las incorporaciones de 2026 incluyen 19 bienes culturales, cinco sitios naturales y un bien mixto, además de la aprobación de dos modificaciones significativas de límites y una revisión de los criterios de una inscripción existente. Presentes en todos los continentes habitados, los lugares recientemente reconocidos abarcan desde paisajes arqueológicos y centros históricos urbanos hasta arquitectura modernista y patrimonio industrial, lo que subraya la diversidad del entorno construido y el alcance en constante evolución de la conservación del patrimonio.
El Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCOha inscrito las "Obras de Aalto", una colección de trece edificios y conjuntos arquitectónicos en Finlandia diseñados por Aino Marsio-Aalto, Elissa Aalto y Alvar Aalto, en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Este reconocimiento destaca la trascendencia internacional de un conjunto de obras que contribuyó a redefinir la arquitectura moderna mediante un enfoque centrado en las personas, que prioriza la relación entre los edificios, la vida cotidiana, la naturaleza y el bienestar social. Con proyectos realizados desde finales de la década de 1920 hasta los años ochenta, la selección representa la contribución de Finlandia al Movimiento Moderno, al tiempo que reconoce la práctica colaborativa de los Aalto y su estudio.
Ambulance for Monuments es una iniciativa de primeros auxilios dedicada a salvaguardar el patrimonio edificado en peligro de Rumania, operando en una carrera contra el tiempo para evitar el colapso y la pérdida irreversible. El proyecto responde a la creciente vulnerabilidad de las estructuras históricas, desde iglesias sajonas fortificadas y casonas señoriales hasta templos de madera e hitos rurales, muchos de los cuales ya no se benefician de las redes comunitarias que alguna vez los sostuvieron. En un país profundamente afectado por la emigración desde 1990, donde casi la mitad de la población aún vive en zonas rurales, pueblos enteros han perdido a la gente, los oficios y el cuidado cotidiano que alguna vez mantuvieron en pie a estos monumentos.
Organizada en torno a una unidad móvil de intervención —una "Ambulancia" equipada con herramientas, andamios y equipos de obra—, la iniciativa lleva a cabo trabajos urgentes de estabilización que permiten ganar tiempo para los edificios en peligro. En lugar de reemplazar una restauración completa, estas intervenciones estratégicas preservan el tejido histórico, garantizan la seguridad estructural y mantienen abierta la posibilidad de una conservación y reutilización adaptativa a largo plazo.
World Monuments Fund (WMF) es una organización independiente dedicada a salvaguardar lugares de gran valor en todo el mundo que enriquecen vidas y fomentan el entendimiento mutuo entre culturas y comunidades. El 10 de febrero, WMF anunció un compromiso de 7 millones de dólares para apoyar 21 proyectos de preservación del patrimonio que se lanzarán en 2026. Estas inversiones impulsarán el trabajo en sitios incluidos en el World Monuments Watch 2025, el programa de defensa basado en nominaciones de WMF, al tiempo que apoyarán nuevas fases de conservación, planificación y capacitación en otros sitios patrimoniales de cinco continentes. Los sitios seleccionados reflejan un amplio rango cronológico y geográfico, desde paisajes culturales antiguos hasta hitos arquitectónicos modernos. Los proyectos destacan la diversidad del patrimonio mundial, abarcando desde jardines mogoles y complejos religiosos otomanos hasta cines modernistas, paisajes mineros industriales, rutas culturales indígenas y santuarios sagrados, al tiempo que ponen de relieve el conocimiento cultural a largo plazo integrado en su preservación.
La Trienal de Arquitectura de Sharjah (SAT) presenta A Journey into Architecture Archives: Baghdad, Damascus, Tunis, bajo la curaduría de George Arbid, abierta al público del 2 de mayo al 12 de julio de 2026 en la Escuela Al Qasimiyah. Desarrollado como parte del programa de investigación a largo plazo de la SAT, el proyecto da continuidad al compromiso de la institución con la documentación y salvaguarda de los archivos de arquitectura en el mundo árabe. Al reunir materiales de archivo, maquetas físicas y películas de reciente producción, la exposición examina cómo se construyen, preservan y revisitan las historias de la arquitectura a lo largo del tiempo.
En toda Sudamérica, la arquitectura perdura a través de los materiales que emplea, aquellos que persisten a lo largo del tiempo. El bambú, el ladrillo, la madera y el hormigón aparecen en distintas regiones, conectando el clima, la mano de obra y la cultura de formas que aseguran su permanencia de generación en generación. Su continuidad no depende únicamente de la preservación o del patrimonio, sino del uso.
Bajo esta perspectiva, la memoria cultural no reside principalmente en monumentos o imágenes, sino en la práctica misma. Sobrevive en los gestos repetidos: colocar ladrillos, amarrar uniones de guadua, ensamblar entramados de madera o vaciar losas que anticipan un nuevo piso. Estas acciones se transmiten menos a través de manuales que mediante la participación directa. Con el tiempo, estructuran sistemas de conocimiento arraigados en el hábito y la necesidad. Los materiales perduran no porque simbolicen el pasado, sino porque siguen funcionando.
El papel de la rehabilitación del patrimonio en el panorama arquitectónico contemporáneo está definido por una amplia gama de investigaciones, creencias, memorias y esfuerzos destinados a redefinir y fortalecer nuestro entorno construido. Al emprender un proyecto de transformación, renovación o preservación, los y las arquitectos/as pueden emplear diversas estrategias y herramientas para fomentar una coexistencia significativa entre lo existente y lo nuevo. Junto con tres estudios de arquitectura basados en Madrid —SOLAR, Pachón-Paredes y BA-RRO— nos propusimos entablar una conversación para explorar sus procesos creativos e ideales, reconociendo la complejidad y el valor de los edificios históricos como depósitos de materiales, estructuras y técnicas constructivas de otras épocas.
Históricamente—al igual que otras formas culturales—la arquitectura ha sido documentada, compartida y promovida principalmente a través de la impresión. Libros, revistas y periódicos llevaron los argumentos e imágenes de la disciplina, y debido a que la práctica arquitectónica depende en gran medida de la comunicación visual, las revistas impresas crearon un puente entre las publicaciones académicas y las revistas comerciales. A lo largo de las décadas posteriores a la guerra, volúmenes bellamente producidos curaron un punto de vista colectivo, señalando lo que el campo consideraba en términos generales digno de discusión o ejemplar.
A través de los principales centros culturales, un puñado de publicaciones moldeó este discurso: sus perspectivas eran típicamente sofisticadas, profesionales y cuidadosamente editadas—destilando una producción global indisciplinada en una pequeña constelación de proyectos notables. El sistema privilegiaba ciertas prácticas y geografías, pero también amplificaba la arquitectura para audiencias más amplias. Los edificios comenzaron a instalarse en la imaginación pública; los viajes culturales—viajes realizados expresamente para experimentar la arquitectura—pasaron de ser una rareza a convertirse en un ritual.