El 11 de octubre de 2026, Donald Insall Associates anunció el fallecimiento de su fundador, Sir Donald Insall. Al describirlo como "un hombre de gran tacto, encanto y humor", la firma reconoció su contribución a las estructuras, instituciones y herramientas de preservación del patrimonio en Inglaterra, así como su conocimiento práctico y aplicación de las técnicas de restauración. Como arquitecto, conservacionista, consultor de planificación, autor y docente, dirigió durante cuatro décadas una de las oficinas de conservación líderes en Gran Bretaña tras fundarla en 1958. Su estudio llevó a cabo la renovación de Kelmscott Manor (de William Morris) en Oxfordshire y Kedleston Hall (de Robert Adam) en Derbyshire, la conservación del centro histórico de Chester y la restauración del Castillo de Windsor tras el incendio de 1992, entre otros hitos británicos.
La arquitectura hídrica tradicional rara vez se concebía como un elemento aislado. En Ahmedabad, la gestión del agua estaba integrada en la propia organización de la ciudad. Al interior de los barrios históricos (pols), los pozos, los patios y las cisternas subterráneas (tankas) formaban parte de un sistema distribuido de almacenamiento de agua doméstico y comunitario. Un estudio de 2026 en Built Heritage estima que aún podrían existir casi 10.000 tankas en toda Ahmedabad, muchas de ellas ubicadas bajo los patios de las viviendas.
La Puerta Norte de Taipéi, también conocida como Beimen, no solo se erige como un recordatorio de la compleja historia de la ciudad, sino también como testigo de la transformación del paisaje urbano que la rodea y del cambio de actitud hacia los espacios urbanos colindantes con los edificios patrimoniales. Inicialmente una frontera imperial china, salvada de la demolición durante el dominio colonial japonés e invadida por pasos elevados y autopistas en los esfuerzos de modernización de la posguerra, recientemente ha recuperado su estatus prominente gracias al desarrollo de la plaza que ahora la enmarca. La resiliencia de la puerta frente a las cambiantes prioridades urbanas y políticas arquitectónicas narra una historia de conservación del patrimonio que se manifiesta no solo a través de la forma construida, sino también de los espacios abiertos que la contienen.
¿Qué hace que valga la pena preservar un edificio? La antigüedad es la respuesta más común, pero no siempre la mejor. Un edificio de las décadas de 1950 o 1970 puede tener tanta relevancia histórica como una catedral medieval; simplemente exige un marco de referencia diferente, uno que valore el contexto político, el significado cultural y la innovación arquitectónica por encima del mero paso del tiempo. Esto es especialmente cierto en el caso de la arquitectura moderna en el llamado Sur Global, donde el movimiento adoptó formas de expresión únicas.
Es precisamente este diálogo el que ArchDaily y el World Monuments Fund abren ahora en conjunto. El WMF aporta su experiencia en conservación sobre el terreno en todo el mundo, mientras que ArchDaily ofrece la capacidad editorial para contextualizar ese trabajo y conectarlo con una audiencia global. El objetivo es hacer ambas cosas a la vez: preservar lugares y contar sus historias, moldeando el modo en que se comprende el patrimonio moderno mucho más allá del propio ámbito de la conservación.
La arquitectura esta semana reflexiona sobre cómo los edificios y las ciudades se adaptan a las cambiantes condiciones culturales, sociales y ambientales. Desde la expansión de instituciones consolidadas y la preservación de archivos de arquitectura hasta nuevos enfoques para la vivienda y el uso del espacio doméstico, diversas historias analizan cómo la arquitectura media entre los contextos existentes y las necesidades futuras. Estas interrogantes van más allá de los edificios individuales y abordan el papel del espacio público, la infraestructura, la energía y la memoria colectiva en la configuración del entorno construido. Al mismo tiempo, nuevos proyectos y programas culturales en diversos contextos demuestran cómo la arquitectura puede responder a las historias locales, la transformación urbana y las limitaciones de recursos, al tiempo que establece nuevas relaciones entre los edificios, el paisaje y las comunidades que los habitan.
La Trienal de Arquitectura de Sharjah (SAT) ha publicado en línea los documentales completos de A Journey into Architecture Archives: Baghdad, Damascus, Tunis. Curado por George Arbid, el proyecto forma parte del programa de investigación a largo plazo de la SAT, enfocado en documentar y salvaguardar los archivos arquitectónicos en el mundo árabe. Las tres películas, filmadas en locaciones de Bagdad, Damasco y Túnez, combinan la investigación de archivo con el trabajo de campo y las historias orales, analizando cómo se construyen, preservan y revisitan las historias de la arquitectura a lo largo del tiempo.
Asmara, la capital de Eritrea, se sitúa a más de 2.300 metros sobre el nivel del mar, en una meseta al borde del escarpe del Gran Valle del Rift. A pesar de encontrarse en un país que no destaca por recibir un gran volumen de visitantes, la ciudad ha ganado notoriedad gracias a su singular arquitectura. En julio de 2017, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO bajo la denominación de "Asmara: una ciudad modernista de África", convirtiéndose en el primer sitio urbano modernista del mundo en ser catalogado en su totalidad, así como en el primer sitio de patrimonio mundial explícitamente modernista de África. Su valor patrimonial surge a raíz de una compleja convergencia entre dos vertientes de la historia de Eritrea: por un lado, un intenso período de construcción colonial derivado de las ambiciones imperiales de Italia en África; por el otro, un prolongado aislamiento relativo que protegió a la ciudad de proyectos de reurbanización.
La arquitectura en Brasil este mes destaca los diversos enfoques del país hacia la producción cultural, el patrimonio y la transformación de su entorno construido. Desde la conformación del equipo curatorial de la 15ª Bienal Internacional de Arquitectura de São Paulo hasta el reconocimiento de los Teatros de la Amazonía en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, los acontecimientos recientes ponen en primer plano cuestiones de representación, preservación e identidad cultural. Por su parte, nuevos proyectos en Río de Janeiro, São Paulo y Rondônia exploran la reutilización adaptativa, las relaciones entre arquitectura y paisaje, y nuevos enfoques sobre la materialidad y la sostenibilidad. Paralelamente a estos avances, los debates en curso en torno a Fordlândia y al archivo de Lucio Costa revisitan cómo se preserva, interpreta y entiende el patrimonio arquitectónico de Brasil en la actualidad.
El paisaje arquitectónico de Hungría pasó las décadas socialistas siendo rediseñado desde arriba, con sus granjas cooperativas consolidadas a partir de parcelas familiares y sus bloques de vivienda estandarizados distribuidos por el territorio en un formato que habría sido idéntico en cualquier otra parte. La socióloga Virág Molnár, cuyo libro Building the State rastrea los usos políticos de la arquitectura en la Hungría y la Alemania Oriental de posguerra, sostiene que esta reconfiguración del entorno construido fue uno de los instrumentos principales del proyecto político y no un mero subproducto de este; una movilización que se extendió a lo largo de la modernización socialista y continuó en la transición posterior. Por su parte, el crítico británico Owen Hatherley, cuya obra Landscapes of Communism explora los conjuntos habitacionales de Budapest junto con los de Varsovia y Kiev, describe el extremo final de ese mismo legado, donde los edificios han sobrevivido a la ideología que los encargó y siguen estando habitados por personas con muy poco interés en defender los argumentos que los originaron.
Como pilares de nuestro paisaje cultural, muchas obras maestras del Movimiento Moderno suelen ser demolidas, abandonadas o alteradas sin importar el contexto en el que se encuentren. Preservar este legado arquitectónico resalta el papel de los/las profesionales de la arquitectura y el diseño en la configuración de entornos construidos donde la continuidad entre el pasado y el presente refuerza el sentido de pertenencia de las comunidades. En Long Island, una coalición de defensores/as se unió para salvar la Casa A. Conger Goodyear, que data de 1938 y fue diseñada por Edward Durell Stone. Considerada uno de los ejemplos más notables del Estilo Internacional en los Estados Unidos, la casa atrajo una atención significativa durante la década de 1940, apareciendo en revistas especializadas, libros y publicaciones de divulgación.
Una guerra puede borrar la silueta de una ciudad de la noche a la mañana. Los techos se derrumban, las calles se vuelven intransitables y los hitos que alguna vez orientaron la vida cotidiana quedan reducidos a escombros. Sin embargo, la pérdida más profunda suele ser invisible. Los edificios se pueden relevar, fotografiar, escanear y, eventualmente, reconstruir. El conocimiento que los produjo es mucho más frágil. Sobrevive en manos de canteros y canteras que comprenden cómo una bóveda de piedra caliza soporta su carga, de carpinteros y carpinteras que saben cómo responden las uniones de madera al movimiento estacional, de yeseros y yeseras que mezclan la cal de memoria en lugar de usar medidas, y de los y las residentes cuyos rituales cotidianos mantienen estos edificios en uso. Cuando estas personas son desplazadas, asesinadas o forzadas a abandonar sus oficios, la reconstrucción hereda un problema que ningún plano o modelo digital puede resolver. La piedra siempre se puede volver a extraer. Recuperar el conocimiento para darle forma toma mucho más tiempo.
Surgida en ciudades portuarias y barrios de clase trabajadora a lo largo del siglo XIX, la casa shotgun se convirtió en una respuesta duradera a la densidad, el clima y los lotes urbanos acotados, consolidándose como una de las formas domésticas que definieron el sur de los Estados Unidos. Su huella estrecha, su planta secuencial y sus pórticos profundamente sombreados generaron una lógica espacial económica y de gran sensibilidad ambiental mucho antes de que ambos términos se volvieran centrales en el discurso arquitectónico. Desde Nueva Orleans y Mobile hasta Houston y Louisville, las casas shotgun conformaron el tejido físico de barrios moldeados por la migración, el trabajo, la comunidad y la vida cultural. Aunque a menudo se las descartó como construcciones vernáculas ordinarias, esta tipología de vivienda ha encarnado durante mucho tiempo ideas sofisticadas sobre la adaptación al clima, la proximidad social y el crecimiento urbano incremental, convirtiéndose en una de las formas domésticas más influyentes en la historia de la ciudad estadounidense.
Ambulance for Monuments es una iniciativa de primeros auxilios dedicada a salvaguardar el patrimonio edificado en peligro de Rumania, operando en una carrera contra el tiempo para evitar el colapso y la pérdida irreversible. El proyecto responde a la creciente vulnerabilidad de las estructuras históricas, desde iglesias sajonas fortificadas y casonas señoriales hasta templos de madera e hitos rurales, muchos de los cuales ya no se benefician de las redes comunitarias que alguna vez los sostuvieron. En un país profundamente afectado por la emigración desde 1990, donde casi la mitad de la población aún vive en zonas rurales, pueblos enteros han perdido a la gente, los oficios y el cuidado cotidiano que alguna vez mantuvieron en pie a estos monumentos.
Organizada en torno a una unidad móvil de intervención —una "Ambulancia" equipada con herramientas, andamios y equipos de obra—, la iniciativa lleva a cabo trabajos urgentes de estabilización que permiten ganar tiempo para los edificios en peligro. En lugar de reemplazar una restauración completa, estas intervenciones estratégicas preservan el tejido histórico, garantizan la seguridad estructural y mantienen abierta la posibilidad de una conservación y reutilización adaptativa a largo plazo.
Los sitios patrimoniales constituyen complejos archivos espaciales en los que convergen la arquitectura, la historia y la memoria colectiva. Abarcan un amplio espectro de contextos: desde restos arqueológicos, paisajes urbanos antiguos e históricos y paisajes declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, hasta estructuras cívicas de principios de la era moderna e infraestructuras industriales. Sin embargo, estos entornos se enfrentan a diversos desafíos: el cambio climático, la transformación urbana, los desastres, las cambiantes necesidades sociales y la erosión gradual de su tejido material. Los proyectos de revitalización y restauración responden a estas condiciones al posicionar la práctica arquitectónica y espacial como un mediador activo entre la preservación y las topologías contemporáneas.
En un mundo que enfrenta agotamiento ecológico y saturación espacial, el acto de construir ha llegado a representar tanto creación como consumo. Durante décadas, el progreso arquitectónico se midió por lo nuevo: nuevos materiales, nuevas tecnologías, nuevos monumentos de ambición. Sin embargo, hoy en día, la disciplina está cada vez más moldeada por otra forma de inteligencia, una que valora lo que ya existe. Los arquitectos y arquitectas están aprendiendo que hacer menos puede significar diseñar más, y este cambio marca la aparición de lo que podría llamarse una arquitectura de contención: una práctica definida por el cuidado, el mantenimiento y la elección deliberada de no construir.
El principio reconoce que el edificio más sostenible es a menudo el que ya existe, y que la transformación puede ocurrir a través de la preservación, la reparación o incluso la ausencia. Elegir no construir se convierte en un acto político y creativo, una respuesta a los límites materiales del planeta y a los límites éticos del crecimiento infinito. Esa arquitectura va más allá de la producción de nuevas formas para abrazar la continuidad, extendiendo la vida de las estructuras, los materiales y los recuerdos que ya habitan el mundo.