
La mayoría de las personas rara vez recuerdan un pasillo. Recuerdan el aula, el departamento, la galería o la plaza al final del trayecto. Por lo general, los pasillos se diseñan para fundirse con el fondo, guiando el movimiento de un destino a otro. Sin embargo, algunas de las experiencias más memorables de la arquitectura ocurren al transitar por un lugar, más que al llegar a él.
A menudo, la circulación se aborda como uno de los elementos más pragmáticos de la arquitectura. Los pasillos conectan habitaciones, las galerías facilitan el acceso y las pasarelas organizan el movimiento a través de un edificio. Su propósito parece sencillo: ayudar a las personas a ir de un punto a otro. Debido a esto, los espacios de circulación se han considerado tradicionalmente secundarios en relación con los programas a los que sirven. La atención suele centrarse en los destinos, mientras que los espacios intermedios pasan desapercibidos en gran medida.






































