
Sentados en bancos bajos, conversando de manera informal, vestidos con ropa cómoda y rodeados de libros, objetos de diseño y obras de arte, Charles y Ray Eames aparecen en una de las imágenes más emblemáticas de la domesticidad moderna de posguerra en los Estados Unidos. La casa no se presenta como un manifiesto arquitectónico explícito, sino más bien como un espacio habitado, apropiado y cotidiano. Con todo, casi todo en esa escena funciona como la condensación de un ideal cuidadosamente construido: la informalidad moderna, la integración entre la arquitectura y la vida cotidiana con la coexistencia de la producción industrial. Más que representar una residencia, la fotografía proyecta un modo de vida. Y tal vez esa haya sido, desde un principio, la ambición central detrás de las Case Study Houses.
Lanzado en 1945 por la revista Arts & Architecture bajo la dirección de John Entenza, el programa reunió a arquitectos y arquitectas como Charles y Ray Eames, Pierre Koenig, Craig Ellwood, Eero Saarinen y Richard Neutra en torno a la ambición de desarrollar prototipos residenciales para los Estados Unidos de posguerra. La iniciativa surgió en medio de la creciente preocupación por la escasez de vivienda que se preveía con el regreso de los soldados estadounidenses tras la Segunda Guerra Mundial, en un momento en que el país se enfrentaba a la presión de proveer viviendas accesibles y de rápido montaje para una clase media en expansión. Al funcionar como una suerte de laboratorio para investigar cómo la arquitectura podía absorber los avances tecnológicos e industriales desarrollados durante la guerra, el programa propuso viviendas eficientes, económicas y de rápida construcción.




















