CRA–Carlo Ratti Associati ha sido seleccionada para diseñar el centro cultural Buzzi Heritage en Casale Monferrato, Italia. La propuesta presenta una cercha suspendida de 100 metros de largo que conecta dos antiguos edificios educativos, unificando las funciones de archivo, investigación y cultura en una sola estructura. Además, el proyecto representa la primera aplicación práctica de un sistema estructural patentado, desarrollado a partir de una investigación de Carlo Ratti Associati en colaboración con Maestro Technologies. Al ubicarse sobre un sistema de espacios abiertos, la intervención reconfigura el lugar como un complejo cultural de acceso público, a la vez que mantiene una clara delimitación entre las zonas construidas y las áreas verdes.
La crisis de la vivienda actual es un fenómeno global que puede dividirse a grandes rasgos en dos grandes problemas: la escasez de edificios residenciales y las barreras para acceder a los ya existentes. El déficit es real y concreto cuando se trata de lo que la ONU denomina "vivienda adecuada para todas las personas". Según ONU-Hábitat, se estima que se necesitaría construir 96,000 nuevas unidades de vivienda al día para satisfacer las necesidades de la población de aquí a 2030. El cambio climático y la migración forzada están ampliando esta brecha. Sin embargo, 2,800 millones de personas en todo el mundo, lo que representa casi el 40% de la población global, carecen de acceso a un refugio estable, tierras seguras y servicios de saneamiento básico. Esto se debe no solo a la falta de producción, sino también a una barrera económica: una crisis de asequibilidad. A medida que la demanda crece y los precios aumentan, la vivienda —que hoy funciona cada vez más como una forma de seguridad social— se convierte en un objetivo de rentas de alquiler y especulación inmobiliaria. Dado que la vivienda adecuada es un derecho humano, la presión sobre los gobiernos y las entidades privadas aumenta en todo el mundo para limitar la especulación y garantizar un acceso equitativo a las viviendas existentes. A continuación, presentamos cuatro ejemplos de iniciativas en España, Australia, Francia y Estados Unidos que buscan ampliar con urgencia el acceso a la vivienda y, al mismo tiempo, limitar la especulación.
Tradicionalmente, la arquitectura se ha descrito como una disciplina preocupada por el espacio, la forma y la presencia material. Sin embargo, esta comprensión resulta cada vez más limitada al enfrentarse a las condiciones que configuran la construcción contemporánea. Los edificios ya no surgen de una relación estable entre sitio, programa y material. En cambio, se producen dentro de una densa red de sistemas tecnológicos que operan a través de escalas territoriales, ecológicas y temporales. Las redes de energía, las infraestructuras de datos, los procesos de extracción y la logística global configuran la arquitectura de manera tan decisiva como el clima o el contexto urbano.
Visto desde este prisma, la arquitectura es menos un objeto discreto que un momento dentro de un campo técnico más amplio. Las cadenas de suministro, los sistemas de datos, el mantenimiento automatizado y las redes de energía no se encuentran "detrás" del entorno construido. En cierto modo, influyen en lo que se puede construir, en lo que es asequible, en cómo se comportan los edificios a lo largo del tiempo y en qué tipo de residuos producen. Al evaluar la arquitectura principalmente a través de la forma, se corre el riesgo de pasar por alto los sistemas que condicionan su producción y su vida posterior.
Quienes estudian arquitectura saben perfectamente lo que es pasar noches en vela trabajando sin descanso, con la prisa de finalizar un proyecto a medida que se acerca la fecha de entrega. Revisar cada detalle, dar los últimos toques y esperar que todo salga de la mejor manera. ¿La recompensa? Ver el proyecto terminado, conversarlo con sus compañeros y compañeras de clase, y poder soñar con la idea ideal de cómo debería verse y sentirse un espacio.
Al momento de realizar la selección de finalistas durante las últimas dos semanas, el jurado de ArchDaily estuvo plenamente consciente de lo que significa ser estudiante de arquitectura. Integrado por profesionales de la arquitectura, el panel estudió, analizó y debatió detenidamente cada propuesta, comprendiendo el esfuerzo que implica cada una de las entregas. El resultado es una selección que ejemplifica el espíritu de los Student Project Awards y su misión de reconocer la creatividad y visión de los y las estudiantes que están redefiniendo la práctica y el discurso de la arquitectura.
Lejos de la percepción del espacio de exhibición como un lugar estéril e intocable, casi sagrado, el museo de tecnología contemporáneo ha surgido como un participante performativo en los sistemas que busca documentar. La arquitectura de estas instituciones se ha vuelto cada vez más fluida y audaz, reflejando a menudo la velocidad y complejidad de los sistemas que alberga. De este modo, funcionan como mediadores entre las esferas humana, ecológica y tecnológica, transformándose de depósitos enciclopédicos en activos motores educativos. Al espacializar datos científicos complejos a través de salas inmersivas, estas estructuras hacen que las redes tecnológicas de nuestro mundo sean accesibles, atractivas y tangibles.
Símbolos del desarrollo tecnológico y de la densidad urbana, los edificios en altura, tal como los conocemos hoy, surgieron a finales del siglo XIX, principalmente en los Estados Unidos, como respuesta al crecimiento acelerado del comercio urbano y a la necesidad de expandir las ciudades sin ocupar más territorio. El término rascacielos, por ejemplo, fue acuñado en la década de 1880 y originalmente se refería a edificios de entre 10 y 20 pisos —una altura impresionante para la época.
Sin embargo, la idea de construir verticalmente es mucho más antigua de lo que sugieren los rascacielos de acero y vidrio. Mucho antes de la revolución industrial, algunas sociedades ya experimentaban con formas de urbanización vertical como solución a las limitaciones de espacio, la defensa territorial o la adaptación ambiental.
Revestimiento BIPV con respaldo de nido de abeja de aluminio de borde cerrado desarrollado para el Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH), en la Universidad de Toronto Scarborough, lo que demuestra cómo su ligereza permite una instalación rápida y sin complicaciones. Imagen cortesía de Mitrex
El Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Toronto Scarborough, se diseñó bajo un mandato claro y no negociable: al menos el 20% del consumo energético del edificio debía generarse a partir de fuentes renovables instaladas en el mismo sitio. Con el fin de cumplir con este ambicioso requisito, el equipo del proyecto exploró cómo la tecnología solar podía ir más allá de la cubierta e integrarse en la propia arquitectura, posicionando el proyecto dentro de una tendencia más amplia hacia la arquitectura sostenible basada en el rendimiento. Las instalaciones de 63,000 pies cuadrados albergan programas de enseñanza, investigación y formación clínica dedicados a la educación de los/las futuros/as profesionales de la salud. Diseñado por Diamond Schmitt Architects y MVRDV, el proyecto siguió inicialmente un camino convencional, combinando una fachada sobria con paneles fotovoltaicos en la cubierta.
Lesley Lokko OBE ha sido reconocida con el Premio Icono Cultural Africano, que rinde homenaje a "líderes de las artes creativas que promueven la cultura y el patrimonio africanos en el escenario mundial". Este galardón es uno de los nueve premios que otorga anualmente un panel de jueces de toda África a figuras nominadas por el público y recomendadas por la industria. Las candidaturas se evalúan en función de su "impacto, innovación, sostenibilidad y contribución al crecimiento de África". Lokko es fundadora y presidenta del African Futures Institute (AFI), con sede en Acra, Ghana, y directora del Nomadic African Studio, un programa de enseñanza itinerante anual de un mes de duración que opera en todo el continente africano. Se le reconoce por sus contribuciones transformadoras a la arquitectura, la educación y el discurso cultural dentro y fuera de África, al haber desafiado constantemente las narrativas convencionales sobre la identidad, el espacio y la creatividad del continente.
El 4 de marzo de 2026 se inauguró un pabellón elipsoidal con cúpula para la producción de hongos, diseñado por OMA para la Fundación Casa Wabi. El edificio se ubica dentro del terreno de 25 hectáreas de Casa Wabi en Oaxaca, México, en la costa del Pacífico, a unos 30 minutos de la ciudad de Puerto Escondido. Casa Wabi es una fundación creada por el artista Bosco Sodi que promueve el intercambio de ideas entre artistas de diversas disciplinas y las comunidades locales. El edificio principal de la fundación fue diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando y se completó en 2014. El pabellón diseñado por OMA incorpora un nuevo espacio para el cultivo de hongos y el fomento del intercambio entre gastronomía, arte, naturaleza y las comunidades locales a las instalaciones de la fundación, las cuales incluyen una palapa de usos múltiples, seis dormitorios, dos estudios cerrados, seis estudios abiertos, una sala de proyección y auditorio, una sala de exposiciones de 450 m² y diversos espacios de trabajo.
En los últimos años, la construcción con tierra ha vuelto a captar la atención de la arquitectura. Materiales como el adobe, la tierra apisonada y los bloques de tierra comprimida, que alguna vez se asociaron principalmente con las tradiciones vernáculas, son cada vez más explorados por los/las arquitectos/as contemporáneos/as. Lejos de representar un simple retorno al pasado, este renovado interés refleja una reconsideración más profunda sobre cómo la arquitectura se vincula con los materiales, los recursos locales y las condiciones ambientales. Durante siglos, la edificación con tierra formó parte de la construcción cotidiana en muchas regiones del mundo. Técnicas como el adobe, la tierra apisonada, el *cob* y otros sistemas a base de tierra se desarrollaron gradualmente mediante la adaptación al clima, los recursos disponibles y las prácticas constructivas locales. Estos métodos respondían de manera directa a las condiciones ambientales, al tiempo que moldeaban las formas culturales de construir. Este conocimiento se transmitía a través de prácticas colectivas en lugar de una educación arquitectónica formal, lo que permitió que las técnicas evolucionaran mediante una experimentación continua. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, la expansión de los materiales industriales de construcción transformó la producción arquitectónica. El concreto, el acero y los sistemas estandarizados se volvieron dominantes en el desarrollo urbano y los proyectos de infraestructura. Como consecuencia, muchas técnicas con tierra perdieron presencia en la producción arquitectónica formal y se asociaron cada vez más con la autoconstrucción rural o informal. A pesar de su larga trayectoria de excelente desempeño ambiental, los materiales a base de tierra solían percibirse como incompatibles con las normas de construcción modernas y los marcos regulatorios. Hoy en día, esta percepción está empezando a cambiar. La creciente conciencia sobre el impacto ambiental de la industria de la construcción, en particular las emisiones de carbono asociadas a la producción de cemento, ha impulsado a profesionales de la arquitectura y la investigación a reconsiderar estrategias materiales alternativas. En este contexto, la tierra está cobrando un nuevo protagonismo gracias a su baja energía incorporada, su disponibilidad local y su capacidad para responder a las condiciones climáticas. Un ejemplo de este renovado interés es la Residencia Earth by the River, diseñada por Luigi Rosselli Architects en Australia. El proyecto incorpora muros de tierra apisonada que anclan la vivienda tanto visual como térmicamente al paisaje circundante. Más allá de su presencia material, estos muros ayudan a regular la temperatura interior gracias a su masa térmica, lo que ilustra cómo los métodos constructivos tradicionales pueden complementar el diseño ambiental pasivo. De manera similar, la Casa Bama de L'Africaine d'Architecture en Ghana explora el uso de la tierra de origen local como principal recurso constructivo. El suelo extraído directamente del terreno se compacta para formar espesos muros portantes que organizan espacialmente el edificio. Este enfoque reduce la necesidad de transportar materiales, al tiempo que refuerza el vínculo entre la arquitectura y su contexto geográfico. Un enfoque semejante se observa en la Casa Entre Muros de Al Borde en Ecuador. Construido con tierra local y técnicas sencillas, el proyecto explora cómo los materiales térreos pueden definir tanto la organización espacial como el confort ambiental. Los gruesos muros configuran la estructura y, a su vez, contribuyen a la regulación térmica, demostrando cómo los recursos disponibles localmente pueden sustentar soluciones arquitectónicas contemporáneas. Asimismo, numerosos proyectos contemporáneos exploran el potencial expresivo de la tierra como material. La Casa circular de ladrillo con muro de tierra apisonada de AST77 Architecten en Bélgica sitúa un muro de tierra apisonada como el elemento espacial central de la vivienda. La composición estratificada del muro revela el proceso de compactación, generando sutiles variaciones de color y textura que se convierten en un rasgo distintivo del interior. Otros proyectos experimentan con sistemas constructivos híbridos que combinan materiales de tierra con estructuras contemporáneas. La Frammed Earth House de D'WELL en Estados Unidos integra muros de tierra apisonada dentro de un marco estructural moderno, lo que permite al proyecto beneficiarse del desempeño térmico y las cualidades táctiles de la tierra, al tiempo que cumple con las exigencias normativas y de ingeniería actuales. Más allá de las obras individuales, los/las arquitectos/as también están reconsiderando el papel del suelo excavado en el propio proceso de construcción. En lugar de desecharse como residuo, la tierra extraída durante la excavación puede reutilizarse directamente para fabricar muros, bloques o elementos estructurales. Este enfoque no solo reduce el transporte y los residuos de obra, sino que también refuerza la continuidad material entre la arquitectura y el suelo del que emerge. Por otra parte, diversos proyectos experimentales amplían las posibilidades espaciales y sociales de la arquitectura de tierra. En la isla de Ormuz, en Irán, el proyecto Presencia en Ormuz de ZAV Architects utiliza tierra local para construir una serie de pequeñas estructuras abovedadas destinadas a programas culturales y comunitarios. Construido con la técnica del superadobe, el proyecto demuestra cómo la edificación con tierra puede fomentar tanto la adaptabilidad ambiental como las formas colectivas de habitar. En todos estos ejemplos, la construcción con tierra no se aborda como una simple referencia nostálgica a la arquitectura tradicional. Al contrario, se explora como parte de una reconsideración más amplia de las prácticas materiales. Los/las arquitectos/as muestran un interés creciente en cómo los materiales a base de tierra pueden mejorar el desempeño ambiental y, simultáneamente, generar nuevas posibilidades espaciales y tectónicas. Los muros de tierra desempeñan un papel fundamental en el diseño ambiental pasivo. Gracias a su elevada masa térmica, las paredes gruesas de tierra pueden absorber el calor durante el día y liberarlo gradualmente por la noche, lo que ayuda a estabilizar la temperatura interior. En climas cálidos, esta característica permite reducir significativamente la dependencia de sistemas de climatización artificial. Al combinarse con estrategias pasivas como el sombreado, la ventilación cruzada y una orientación adecuada, la construcción con tierra favorece el desarrollo de edificaciones más eficientes desde el punto de vista energético. Más allá de estas virtudes ambientales, la tierra aporta un lenguaje arquitectónico singular. Las capas estratificadas de la tierra apisonada registran el proceso de compactación, mientras que el adobe y los bloques de tierra comprimida conservan las huellas de su manufactura. Estas texturas revelan el proceso físico de la construcción y estrechan la relación táctil entre la obra y el material. Asimismo, la renovada exploración de la construcción con tierra propicia nuevas formas de colaboración. En muchos proyectos, los/las arquitectos/as trabajan estrechamente con constructores/as locales que preservan el conocimiento de las técnicas tradicionales. Estas sinergias permiten que los métodos constructivos históricos evolucionen dentro de marcos de diseño contemporáneos, fusionando la tradición artesanal con la experimentación arquitectónica. Visto así, el creciente interés por construir con tierra refleja un cambio más amplio en el pensamiento arquitectónico. En lugar de depender exclusivamente de materiales industriales, los/las arquitectos/as investigan cada vez más cómo los recursos disponibles localmente y los saberes tradicionales pueden enriquecer los procesos de diseño contemporáneos. De este modo, la tierra —uno de los materiales de construcción más antiguos de la humanidad— deja de verse como una reliquia del pasado para ser reconsiderada como un campo dinámico de experimentación. Al reinterpretar las técnicas tradicionales mediante enfoques de diseño contemporáneos, los/las arquitectos/as expanden las posibilidades de relación entre los edificios, sus materiales, el paisaje y el patrimonio cultural.
BT Tower, uno de los hitos de la posguerra más reconocibles de Londres, se convertirá en un hotel. El estudio de arquitectura Orms, con sede en Londres, ha sido designado para liderar la remodelación tras la adquisición de la torre clasificada con Grado II por parte de la empresa hotelera estadounidense MCR Hotels a principios de 2024. Inicialmente, se esperaba que el proyecto fuera liderado por Heatherwick Studio; sin embargo, la firma ya no participa en él. Orms continuará con el desarrollo del plan y se prevé que presente sus propuestas iniciales durante la primera ronda de consultas públicas programada para mayo. Las obras no podrán comenzar hasta que BT Group complete el desmantelamiento y retiro de los equipos de telecomunicaciones, un proceso que se estima concluirá hacia 2030.
El recientemente inaugurado Limbo Museum en Acra, Ghana, presentó el 12 de marzo una instalación arquitectónica en dos partes de TAELON7 , liderada en el diseño arquitectónico por Juergen Benson-Strohmayer. La instalación fue encargada por el museo en colaboración con Art Omi, un centro de arte sin fines de lucro en el valle del Hudson, Nueva York. El proyecto representa el primer encargo de una colaboración entre ambas instituciones y se montará en ambas ubicaciones, Acra y Nueva York. Bajo el título de Limbo Engawa, la estructura modular y ligera dialoga con el edificio brutalista, anteriormente abandonado, que alberga al museo, transformando su esqueleto de concreto y el terreno circundante en espacios de uso, cuidado y encuentro. El proyecto reflexiona sobre los límites entre la arquitectura urbana inacabada y el paisaje, destacando el trabajo y el cuidado que suelen ser invisibles tanto en el contexto urbano como en el institucional, y afirmando que incluso los sitios incompletos u olvidados son portadores de posibilidades cívicas.
Durante la mayor parte de la historia humana, la noche llegaba como una certeza planetaria. La oscuridad se extendía sobre los paisajes y el cielo revelaba miles de estrellas. Hoy en día, ese cielo está desapareciendo. La luz artificial se proyecta hacia arriba desde las ciudades, dispersándose por la atmósfera y transformando la noche en una bruma permanente. Investigaciones que mapean el brillo global del cielo muestran que más del 80 por ciento de la humanidad vive hoy bajo cielos con contaminación lumínica, y la Vía Láctea ha desaparecido de la vista de más de un tercio de la población mundial. La pérdida de los cielos oscuros suele debatirse en el ámbito de la astronomía; sin embargo, las causas de este cambio están profundamente arraigadas en el entorno construido. Los edificios emiten luz, la reflejan a través de fachadas de vidrio y extienden la iluminación mucho más allá de sus muros. En la tecnosfera —el vasto sistema de infraestructuras y materiales que la humanidad ha construido—, la arquitectura moldea actualmente tanto el espacio físico como las condiciones sensoriales que lo rodean.
Smiljan Radić Clarke, ganador del Premio Pritzker 2026, es un arquitecto chileno contemporáneo conocido por su enfoque experimental del diseño, con una práctica que equilibra lo elemental con lo íntimo, lo monumental con lo frágil. A lo largo de más de tres décadas, Radić ha desarrollado una arquitectura que se resiste a la repetición y a las categorizaciones estilísticas convencionales, favoreciendo en su lugar intervenciones profundamente específicas del lugar, sintonizadas con la materia y culturalmente reflexivas.
Su obra dialoga entre la permanencia y la impermanencia, la memoria y la imaginación, para crear edificios que giran tanto en torno a la experiencia y la emoción humana como a la estructura y la forma. A través de residencias, instituciones culturales e instalaciones temporales, la arquitectura de Radić pone en primer plano la interacción entre el contexto, la materia y los sutiles gestos que definen cómo se habitan y perciben los espacios.
Cortesía de Tom Welsh para el Premio Pritzker de Arquitectura
El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke ha sido anunciado como el galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, considerado uno de los máximos honores en el campo de la arquitectura. El galardón reconoce a Radić por una obra que explora la arquitectura a través de la experimentación material, la percepción espacial y un diálogo atento con el paisaje y el contexto. Nacido en Santiago, Chile, donde sigue viviendo y trabajando, Radić dirige la oficina Smiljan Radić Clarke, fundada en 1995. Al convertirse en el segundo chileno en recibir este premio, después de Alejandro Aravena en 2016, se une a una distinguida lista de galardonados previos, que incluye a Liu Jiakun en 2025, Riken Yamamoto en 2024, David Chipperfield en 2023 y Diébédo Francis Kéré en 2022.
La arquitectura de Radić opera en un territorio donde la experiencia fenomenológica del espacio precede a la explicación. Sus edificios suelen mostrarse silenciosos, elementales y reacios a una interpretación verbal sencilla, propiciando que quienes los recorren los experimenten a través del movimiento, la atmósfera y la percepción, en lugar de recurrir a la expresión formal.
El Premio Pritzker 2026 ha sido otorgado este año al arquitecto chileno de origen croata, Smiljan Radić Clarke. Nacido en Santiago de Chile en 1965, su práctica evoca una geografía de extremos, moldeada por la tensión tectónica entre el abrumador peso de la cordillera de los Andes y la inestabilidad sísmica del territorio. Tras graduarse de la Pontificia Universidad Católica de Chile y realizar estudios de posgrado en estética en Venecia, Smiljan Radić Clarke estableció su base en Santiago. Desde allí, ha desarrollado una de las visiones más singulares de la arquitectura contemporánea. Su obra privilegia la intensidad del momento a través de una arquitectura frágil. En ella, el edificio opera como un refugio temporal y táctil que sitúa a quien contempla en un estado de incertidumbre estética, oscilando entre la ruina ancestral y el artefacto de vanguardia.
En medio del rápido despliegue de centros de datos y economías de IA en toda la Gran Área de la Bahía —y junto a la celebración de la IA como herramienta y "autora", tal como se presenta en la Bienal de Urbanismo\Arquitectura Bi-City de Hong Kong-Shenzhen 2025 (Hong Kong)— surge una pregunta inevitable: ¿cómo empiezan realmente la planificación y la construcción de la infraestructura de IA a dar forma a la vida cotidiana? Muchas de las instalaciones ya construidas se mantienen deliberadamente distantes de la experiencia diaria. Aunque la "nube" se comercialice como algo inmaterial, su arquitectura es profundamente física: entornos de alta potencia, alta temperatura y gran densidad de servicios que a menudo se ubican en zonas remotas o de baja densidad para aprovechar los menores costos del suelo y minimizar las fricciones con las comunidades vecinas. La seguridad y la gestión de riesgos no hacen sino reforzar esta lógica. Los centros de datos albergan información sensible y privilegiada —activos corporativos, registros legales, datos gubernamentales e institucionales—, por lo que el aislamiento geográfico se convierte en parte de su modelo operativo, manteniendo las infraestructuras de la IA espacial y socialmente fuera de la vista.
Si le pedimos a un niño o niña que dibuje una casa, casi con seguridad aparecerá una silueta triangular, con dos planos inclinados que se encuentran en una cumbrera. Pocas formas arquitectónicas son tan universalmente reconocibles como la casa con cubierta inclinada. Desde una perspectiva semiótica, esta imagen elemental funciona como un signo condensado de cobijo que, en apenas unos trazos, sintetiza protección, interioridad y pertenencia. Sin embargo, lo que hoy leemos como un símbolo universal surgió de una necesidad concreta. Desde los chalets alpinos que desalojan la nieve hasta las tejas mediterráneas que mitigan el calor estival, la pendiente respondió a desafíos climáticos y constructivos mucho antes de convertirse en un código estético.
Aunque la arquitectura moderna ha privilegiado los planos horizontales y las plantas ortogonales, la cubierta inclinada exige concebir el proyecto desde la sección. Su ángulo permite un aprovechamiento eficiente del volumen bajo el techo e introduce variaciones de altura, compresión y expansión espacial. Cuando se incorporan aberturas en este plano, esta condición se intensifica. A diferencia de las ventanas verticales, que captan la luz lateral, las aberturas en la cubierta reciben una mayor porción del cielo visible y una luminancia significativamente más alta que el horizonte, ofreciendo hasta tres veces más luz que el acristalamiento vertical en días nublados.
RSHP ha ganado el concurso para redesarrollar el sitio Rives-Défense en La Défense, el distrito de negocios de París. Anunciado durante el MIPIM, el proyecto contempla la transformación de un terreno de 8 hectáreas en el extremo occidental del distrito en un barrio de uso mixto y de bajas emisiones de carbono. Encargada por Paris La Défense, la propuesta ha sido desarrollada por un equipo multidisciplinario liderado por RSHP, que incluye a Atelier SOIL como coarquitecto/a y urbanista, Altitude 35 como paisajista, Arcadis como consultoría de ingeniería, así como a Atelier Franck Boutté, Urban Eco y Mobius.
Esta semana ha estado marcada por la destrucción deliberada, desenfrenada e injusta de la guerra en el sudeste de Asia. Como una de las manifestaciones más perjudiciales del abuso de poder humano, hemos sido testigos de la destrucción de lugares que albergan memorias y sostienen la cultura, así como de la pérdida y el daño irreparable a las vidas humanas que les otorgan su identidad. Con la expectativa de ofrecer escenarios más prometedores y constructivos en el futuro, presentamos, en contraste con esta realidad, un panorama de avances en la brecha de género que caracteriza a la arquitectura y sus caminos a seguir, un conjunto de proyectos emblemáticos de interés público y comunitario que avanzan desde Turquía hasta México, y tres importantes proyectos de infraestructura de transporte multimodal que mejoran la forma en que circulamos e habitamos el espacio público en Europa y Estados Unidos.
En Light + Building 2026 en Frankfurt, OPPLE Lighting conmemoró su 30.º aniversario con una propuesta arquitectónica en lugar de una retrospectiva. Bajo el concepto "Hi Light!", la empresa presentó Light as Cloud, un pabellón diseñado por OMA. La instalación sirvió asimismo de plataforma para el debut internacional de OLL, la nueva marca de diseño de alta gama de OPPLE. Lejos de funcionar como una exhibición convencional de productos, el proyecto posicionó la luz como un sistema espacial que da forma a la arquitectura, la circulación y la percepción.
Durante sus primeros días de vida, la abeja permanece dentro del nido, limpiando celdas y recibiendo alimento de otras obreras. Con el tiempo, comienza a organizar las reservas de polen, a regular la temperatura de la colmena y a custodiar la entrada. Solo en las últimas semanas de su vida abandona el refugio para volar. Es precisamente en el momento del vuelo cuando su trayectoria comienza a cruzarse con la arquitectura y la ciudad. En busca de néctar, se desplaza por un territorio configurado no solo por su memoria espacial y la disponibilidad de flores, sino también por la manera en que construimos el entorno habitado. Así, cada movimiento se convierte en una negociación con el espacio urbano: superficies impermeables que alteran los ciclos naturales, corrientes de aire que se intensifican entre los edificios, vacíos sin vegetación, fragmentos verdes dispersos entre lotes y azoteas técnicas.
Casa con Siete Jardines / Civil Architecture. Imagen cortesía de Civil Architecture
Durante siglos, la arquitectura residencial en todo el Golfo se ha organizado en torno al patio. Las viviendas presentaban muros exteriores gruesos y aberturas limitadas hacia la calle, volcándose hacia el interior, hacia un jardín sombreado que estructuraba la vida cotidiana. Esta disposición espacial respondía tanto al clima como a la cultura. El patio introducía la luz natural en plantas profundas, permitía la ventilación cruzada y ofrecía un ambiente exterior protegido dentro de tejidos urbanos densos. En la Casa de los Siete Jardines, en Diyar Al Muharraq, Baréin, el estudio local Civil Architecture —uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards— revisita esta tradición espacial a partir de las condiciones de la vivienda suburbana contemporánea. En lugar de reproducir la casa patio como un modelo histórico, el proyecto reinterpreta su lógica ambiental dentro de los marcos regulatorios y las condiciones espaciales que configuran gran parte del desarrollo urbano actual en el Golfo.