Fundado en 1870, el Museo Metropolitano de Arte —afectuosamente conocido como The Met— es uno de los museos más importantes y visitados del mundo, y alberga más de dos millones de obras que abarcan cinco milenios de historia de la humanidad. Ubicado en el corazón de la ciudad de Nueva York, junto a Central Park, el museo es célebre por sus vastas y diversas colecciones, que van desde el arte del antiguo Egipto hasta maestros europeos y obras contemporáneas. Pinturas, esculturas, documentos, artefactos históricos y piezas multimedia conforman un conjunto que exige soluciones de exhibición meticulosamente planificadas para garantizar tanto su preservación como la comunicación eficaz de su valor histórico y artístico.
En 2021, The Met puso en marcha uno de sus proyectos más ambiciosos: la renovación del Ala Michael C. Rockefeller, dedicada a las artes de África, la América antigua y Oceanía. Con una inversión de 70 millones de dólares, la iniciativa abarca una reorganización curatorial, orientada por un enfoque más regional e histórico, así como intervenciones arquitectónicas. La modernización de las galerías incluye mejoras en la iluminación natural, optimizaciones de accesibilidad y la incorporación de sistemas museográficos contemporáneos, diseñados para optimizar la conservación y la experiencia interpretativa del público visitante.
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre preguntas críticas que definen nuestro campo profesional.
¿Quién diseña la arquitectura hoy en día? En un panorama profesional definido cada vez más por flujos de trabajo colaborativos, software generativo y equipos distribuidos, la figura de el/la arquitecto/a como autor/a creativo/a singular resulta tanto anacrónica como insuficiente. Este artículo sostiene que la autoría arquitectónica ya no es un acto individual, sino una condición colectiva y distribuida, moldeada por instituciones, tecnologías y formas de trabajo compartidas. La transición de la autoría individual a la colectiva no es una mera consecuencia de la existencia de oficinas más grandes o de herramientas digitales; señala un cambio estructural más profundo en la forma en que la arquitectura se produce, se comunica y se valida.
La innovación prospera en todo el mundo, y los últimos resultados del A' Design Award & Competition lo dejan en claro. La edición 2024–2025 ha reconocido 1,823 diseños notables provenientes de 115 países en 157 disciplinas creativas. Desde la arquitectura y el diseño de productos hasta la moda y la comunicación, estas propuestas evidencian el resultado de fusionar la imaginación con la maestría técnica.
Seleccionados por un jurado internacional de expertos y expertas en diseño, los proyectos ganadores de este año ofrecen perspectivas frescas e ideas audaces. El A' Design Award no se limita al reconocimiento: celebra el pensamiento original y a las mentes creativas que redefinen cómo interactuamos con el mundo.
Los faros se han erigido durante siglos en los márgenes de continentes e islas como puntos de luz en vastos territorios marítimos. Surgiendo en soledad de acantilados rocosos, arrecifes y promontorios, estas torres fueron herramientas de navegación e instrumentos de claridad espacial, modelando las costas y marcando el límite entre la tierra y el mar. Construidos para guiar, advertir y localizar, constituyeron una red global de visibilidad mucho antes del advenimiento de la cartografía digital. Sin embargo, a medida que evolucionaron las tecnologías marítimas, muchas de estas estructuras perdieron su propósito original. La tipología, en su momento esencial, se encuentra hoy al borde de la obsolescencia. Lo que queda no es una mera reliquia arquitectónica, sino una potente forma espacial: resiliente, simbólica y cada vez más abierta a la reinterpretación.
En una antigua iglesia del siglo XVI en Vicenza, confluyen dos historias: la de la arquitectura sacra del Renacimiento italiano y la del mármol, el material ancestral por excelencia, reinterpretado aquí en clave contemporánea. En este diálogo entre épocas, Lithos Design presenta Quinte, una pared divisoria de doble vista que transforma el mármol en una herramienta de diseño: no solo una superficie, sino un elemento rítmico y modular que define y realza los espacios. Una propuesta concebida para profesionales de la arquitectura de interiores que buscan soluciones funcionales y decorativas a la vez, capaces de modelar los espacios con precisión, elegancia y personalidad.
Si bien Hong Kong es ampliamente reconocido por la icónica vista de su puerto, su brillante panorama urbano y su acelerado estilo de vida urbano, sus orígenes cuentan una historia diferente: una profundamente arraigada en su relación con el agua. Antes de transformarse en una metrópoli densa y vertical, la identidad arquitectónica de Hong Kong estaba estrechamente ligada a su contexto marítimo. Hoy en día, la ciudad suele asociarse con esbeltas torres revestidas de vidrio que simbolizan la modernidad. Si bien resultan visualmente impactantes en su búsqueda de altura y forma, muchos de estos edificios parecen desconectados de su entorno inmediato, ignorando a menudo las condiciones naturales del lugar, la capacidad de respuesta ecológica y la sensibilidad al contexto.
Sin embargo, históricamente esto no siempre fue así. Los primeros entornos construidos de Hong Kong—pueblos pesqueros rurales en zonas como Tai O, Aberdeen y Shau Kei Wan—surgieron a través de prácticas espaciales orgánicas y comunitarias que dialogaban estrechamente con su entorno. Estos asentamientos costeros y ribereños desarrollaron sistemas arquitectónicos adaptados al medio marino y a los ritmos de la vida pesquera. Los pueblos se emplazaban en torno al agua, y las estrategias de construcción se adaptaban a las mareas fluctuantes, al terreno y al uso social.
¿Qué significa construir con cuidado, utilizando lo que otros dejan atrás? Esta pregunta define el trabajo de Matter Matters Lab, una iniciativa fundada por la arquitecta e investigadora Catherine Söderberg Esper durante el aislamiento de la pandemia. A partir de experiencias multiculturales y motivada por una transformación personal durante la maternidad, Catherine comenzó a investigar los desechos cotidianos como materia prima para sistemas constructivos regenerativos. Su primer experimento consistió en aglutinar su propio cabello cortado con pegamento blanco, dando inicio a un enfoque radicalmente íntimo y artesanal. Desde entonces, el laboratorio se ha centrado en transformar residuos orgánicos en materiales arquitectónicos de bajo impacto, inspirándose en los sistemas de conocimiento indígenas y buscando romper con los modelos extractivos de la construcción. Proyectos como los Avocado Bricks, elaborados a partir de semillas de aguacate desechadas, ejemplifican este enfoque local, circular y arraigado en la idea de reciprocidad entre materia, lugar y cuidado, ofreciendo una nueva forma de construir con residuos.
Cubiertas impresas en 3D para NEOM. Imagen cortesía de MEAN*
Reconocida como una de las Mejores Nuevas Prácticas de ArchDaily en 2024, MEAN* (Middle East Architecture Network) está redefiniendo el panorama arquitectónico de la región al fusionar el diseño computacional, la fabricación digital y la investigación de materiales con el patrimonio local. Fundado en 2016, el estudio adopta un enfoque vanguardista y desarrolla soluciones arquitectónicas específicas para cada sitio que equilibran la innovación tecnológica con la continuidad cultural. Su trabajo abarca proyectos de diversas escalas, desde mobiliario experimental como la silla Mawj hasta intervenciones a escala urbana como The Adaptive Majlis, una reinterpretación fabricada digitalmente de los espacios sociales y de enfriamiento tradicionales. Al integrar herramientas avanzadas como el diseño paramétrico, la inteligencia artificial y la impresión 3D con materiales locales, MEAN* está configurando un nuevo lenguaje arquitectónico que refleja tanto las aspiraciones del futuro como la profundidad del pasado.
Oficina en Sanno / Studio Velocity. Imagen cortesía de Studio Velocity
A lo largo de la historia, la arquitectura y el entorno construido han insistido en crear superficies planas y duras. En épocas anteriores, caminar por un suelo sin pavimentar significaba calzado lleno de lodo, pasos inestables, riesgos de tropiezos, agua estancada después de la lluvia y un alto mantenimiento. Por ello, al dar forma a las ciudades, priorizamos un plano horizontal de referencia liso, continuo y sólido. Los beneficios son reales: un caminar más fácil, una limpieza más sencilla y una distribución espacial directa; después de todo, el mobiliario, el equipamiento y las tabiquerías prefieren una base nivelada. Esta preferencia universal por construir sobre terreno plano sigue siendo la norma y, por muchas razones prácticas, es probable que lo siga siendo.
Lo que se reconoce menos es que crear una superficie verdaderamente plana es sorprendentemente difícil, y muchos pisos "planos" bien ejecutados no lo son en absoluto. Con frecuencia suelen estar ligeramente inclinados, calibrados con gradientes precisos para el drenaje. Si bien los espacios interiores no siempre lo requieren, muchas plantas bajas y zonas húmedas sí incorporan inclinaciones sutiles como medida de protección, ya sea ante inundaciones menores o para gestionar el agua que se desborda de la calle o de las tuberías cuando falla alguno de los sistemas de desagüe.
En 2025, los proyectos de diseño más trascendentales de la India se desarrollaron, en su gran mayoría, fuera de la vista del público. Mientras la atención general se inclinaba hacia museos, hitos culturales y fachadas visualmente impactantes, la arquitectura que definió con mayor fuerza la vida cotidiana existía bajo tierra, en los límites de la ciudad o dentro de recintos resguardados a los que pocas personas entrarían jamás. Se reconstruyeron redes de alcantarillado, se excavaron túneles de inundación bajo barrios densos, se elevaron subestaciones sobre llanuras aluviales y se multiplicaron los centros de datos en los paisajes periurbanos. No se trataba de obras de ingeniería periféricas; eran los sistemas espaciales que permitieron a las ciudades indias seguir funcionando en medio de olas de calor históricas, monzones erráticos y un crecimiento urbano acelerado.
Creado por surfistas de California que querían llevar las líneas del surf al asfalto, el skateboarding pronto superó su papel como una simple alternativa para los días sin olas. Se consolidó como una práctica que lee la ciudad a través de una lógica distinta, reinterpretando escalones, pasamanos, muros y espacios intersticiales como posibles líneas, desafíos y oportunidades. Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en una cultura urbana global, una forma de habitar y transformar el espacio público a través del movimiento. Lo que alguna vez fue marginal se ha convertido en un catalizador para la activación urbana, la construcción de comunidad y nuevos usos para espacios ignorados. En su esencia, el skateboarding revela cuántas ciudades coexisten dentro de una misma ciudad, dependiendo de quién se desplace por ellas y de cómo cada persona sea capaz de reinterpretar su entorno.
Los edificios son físicos, estáticos y permanentes. Imaginarlos de otro modo suele exigir una gran dosis de creatividad. La industria ha operado bajo esta estrecha asociación entre estructura y permanencia, limitando de manera inconsciente las perspectivas sobre el ciclo de vida de las edificaciones. Las innovaciones en los materiales de construcción han abierto caminos para el diseño circular que desafían la antigua idea de que los edificios deben perdurar indefinidamente. Los nuevos enfoques promueven una arquitectura que fluctúa al ritmo de la naturaleza.
La arquitectura se encuentra en un momento crucial. A medida que las ciudades continúan creciendo bajo el peso de las presiones climáticas y sociales, los materiales y sistemas que las conforman se están redefiniendo. La inteligencia artificial y la robótica, que en su momento se utilizaron para acelerar los procesos de construcción, ahora se replantean como herramientas de cultivo. Estructuras impresas que crecen, respiran y se descomponen. El cultivo, en este contexto, se refiere al diseño con materiales biológicos, donde el crecimiento y la descomposición son parámetros activos que fusionan la precisión digital con la inteligencia ecológica. Esta evolución evidencia la transición de la eficiencia a la empatía, donde la arquitectura se convierte en un agente de reparación activa. La incorporación de micelio y otros materiales naturales en la impresión 3D presenta un nuevo paradigma en la arquitectura: la lógica de lo vivo. Un espacio donde la computación y la fabricación convergen con la adaptabilidad biológica.
La IA y la robótica, antes asociadas a la eficiencia industrial, abren ahora nuevas vías de diseño. Los primeros ejemplos, como los prototipos de viviendas impresas en 3D de ICON, se centraban en la velocidad y la automatización, pero ofrecían poca respuesta a su entorno. Proyectos más recientes, como el MycoMuseum en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2025, reinterpretan estas herramientas bajo un prisma biológico. En lugar de moldear concreto, cultivan materiales vivos, lo que marca una transición desde la optimización pura hacia la regeneración.
El mundo moderno está desconectado. Las interacciones en línea dominan la vida cotidiana de las personas en todo el mundo. Este cambio no es solo el resultado del auge de internet, sino también un reflejo crudo de la decadencia de los espacios públicos, en particular de los terceros lugares. Los terceros lugares, que alguna vez fueron esenciales para fomentar la comunidad y la cohesión social, han evolucionado drásticamente en las últimas décadas. En el paisaje comercializado actual, estos espacios enfrentan numerosas demandas tanto de los/as usuarios/as como de los/as diseñadores/as, lo que exige reconsiderar su accesibilidad y propósito.
La Unité d'Habitation de Le Corbusier imaginó un "barrio vertical", un edificio capaz de integrar vivienda, comercio, recreación y espacios colectivos dentro de un solo organismo estructural. Casi al mismo tiempo, Jane Jacobs argumentaba que la diversidad de usos es lo que genera seguridad, identidad y vida social a nivel de calle. Más tarde, Rem Koolhaas, en Delirious New York, describió al rascacielos como un experimento temprano de "urbanismo vertical", capaz de apilar programas incompatibles bajo un mismo techo. En ciudades como Tokio y Hong Kong, esta ambición maduró hasta convertirse en complejos edificios híbridos donde coexisten e interactúan continuamente diferentes usos, tales como nodos de transporte, comercio, oficinas, hoteles y vivienda.
Toda arquitectura se cimenta en la tierra. Esta materia prima, maleable y resistente, es el origen de las baldosas cerámicas extrusionadas: arcilla transformada desde su estado natural en una solución arquitectónica sin perder un ápice de su autenticidad. El trabajo de Exagres se arraiga en este material natural, transformando la arcilla cuidadosamente con destreza y precisión, guiándola en este trayecto en lugar de forzarla.
Existe un tipo particular de arquitectura que no comienza con una página en blanco. Nace en el silencio, en las ruinas, en muros moldeados por el tiempo; comienza por la escucha. En lugar de imponerse, se aproxima con pausa, prefiriendo tocar antes que reescribir. Esta es una arquitectura que dialoga con el pasado desde la mirada del presente, no para borrarlo ni imitarlo, sino para ofrecerle continuidad.
La arquitectura contemporánea reconoce cada vez más que construir a partir del pasado no significa verse frenado por este. El patrimonio ya no se percibe como una limitación, sino como un territorio activo para el diseño. Bajo este enfoque, la preexistencia se convierte en algo más que una condición física: pasa a ser un hilo narrativo, una presencia estructural y simbólica que convoca al cuidado. En lugar de imponer su dominio, los/las arquitectos/as hoy en día eligen responder con gestos deliberados, silenciosos y precisos. Son intervenciones que enmarcan en vez de reemplazar, y protegen en vez de ocultar. De este modo, permiten que la historia permanezca visible, no como un simple telón de fondo, sino como una capa viva de la experiencia arquitectónica.
La arquitectura suele definirse por su forma física, sus materiales y sus elementos estructurales; sin embargo, son la luz y la sombra las que verdaderamente modelan la experiencia del espacio. Estos elementos influyen en la percepción, guían el movimiento y evocan respuestas emocionales, transformando estructuras estáticas en entornos dinámicos. A lo largo de la historia, los/las arquitectos/as han aprovechado la interacción entre la luz y la sombra, utilizándola como una herramienta de diseño fundamental para crear atmósfera y sentido.
Radicado en Florianópolis, Brasil, Eduardo Souza aporta una perspectiva matizada a la arquitectura, moldeada por su constante vinculación con el diseño, la investigación y la práctica editorial. Al haber crecido en un entorno estrechamente ligado a la arquitectura —con un padre ingeniero civil y docente—, Eduardo desarrolló desde temprano una fascinación por la creatividad, el oficio artesanal y el pensamiento espacial. Esta base lo llevó de manera natural a estudiar arquitectura y, posteriormente, a explorar el ámbito editorial, donde la escritura y la curaduría se convirtieron en extensiones de su pasión arquitectónica.
Eduardo se incorporó a ArchDaily como traductor en sus primeros años y, paulatinamente, asumió diversos roles editoriales, desarrollando un profundo interés en la intersección entre materiales, tecnologías y sistemas constructivos. Su labor editorial se centra en descubrir innovaciones que desafían las formas tradicionales de hacer arquitectura, enfatizando la coherencia entre concepto, ejecución y contexto. Presta especial atención a las prácticas sustentables, como la circularidad, el uso de materiales locales y las reinterpretaciones vernáculas que responden a los desafíos ambientales y culturales contemporáneos.
A medida que las instituciones educativas de todo el mundo se adaptan a las cambiantes necesidades sociales, la arquitectura del aprendizaje también evoluciona. Esta selección curada reúne proyectos presentados por la comunidad global de ArchDaily, destacando cómo los/las arquitectos/as están repensando el futuro de las escuelas y universidades a través del diseño. Estas propuestas reflejan inquietudes globales apremiantes: la importancia de la educacióncentrada en la comunidad, la revitalización de edificios y barrios históricos, la integración de sistemas naturales y la búsqueda de expresiones espaciales que den cabida tanto a la enseñanza formal como al intercambio informal. Ya sea que se ubiquen en centros urbanos densos, aldeas rurales o paisajes costeros, estos proyectos responden a contextos culturales y ambientales específicos al tiempo que abordan cuestiones arquitectónicas más amplias sobre sostenibilidad, acceso e identidad.
Balcony House / Ryo Matsui Architects. Imagen cortesía de Ryo Matsui Architects Inc
Caminamos sobre suelo "plano" todos los días y rara vez nos detenemos a pensarlo, pero ¿qué tan plano es en realidad? En la ciudad, los cordones están biselados, las aceras se inclinan hacia las rejillas y las calzadas tienen un bombeo central para escurrir el agua hacia cunetas poco profundas. En los suburbios y en los senderos sin pavimentar, el terreno irregular es la norma. En el interior de los edificios, por el contrario, buscamos una horizontalidad casi perfecta: marcos estructurales, losas y acabados se disciplinan para crear superficies de tránsito niveladas en nombre de la seguridad y la accesibilidad. Sin embargo, la planicidad es intrínsecamente incompatible con el agua. Una mirada más atenta revela un discreto repertorio de soluciones: ligeras pendientes en los accesos, umbrales elevados unos pocos milímetros y zonas húmedas con inclinaciones casi imperceptibles. El suelo se percibe como plano, pero en realidad está cuidadosamente calibrado —microtopografías que se hacen pasar por planos— para gestionar el agua sin llamar la atención.
¿Cuáles son las formas habituales en que los/las arquitectos/as "mantienen las cosas planas" mientras gestionan el agua, ese enemigo perenne de los edificios? Una forma útil de analizarlo es examinar de cerca tres situaciones recurrentes: las cubiertas o terrazas exteriores, los baños y otras zonas húmedas, y los planos de suelo exterior. Cada una de ellas recurre a un conjunto de herramientas ligeramente diferente —sistemas de pedestales regulables sobre impermeabilizaciones inclinadas, micropendientes hacia sumideros, desagües perimetrales ocultos, pendientes divididas— para mantener la ilusión de una superficie continua y nivelada. El estudio comparativo de estas situaciones revela cuánto esfuerzo de diseño se requiere para conciliar la percepción de planicidad con una realidad compleja.