
La Unité d'Habitation de Le Corbusier imaginó un "barrio vertical", un edificio capaz de integrar vivienda, comercio, recreación y espacios colectivos dentro de un solo organismo estructural. Casi al mismo tiempo, Jane Jacobs argumentaba que la diversidad de usos es lo que genera seguridad, identidad y vida social a nivel de calle. Más tarde, Rem Koolhaas, en Delirious New York, describió al rascacielos como un experimento temprano de "urbanismo vertical", capaz de apilar programas incompatibles bajo un mismo techo. En ciudades como Tokio y Hong Kong, esta ambición maduró hasta convertirse en complejos edificios híbridos donde coexisten e interactúan continuamente diferentes usos, tales como nodos de transporte, comercio, oficinas, hoteles y vivienda.
A pesar de estas visiones de multiplicidad, gran parte del siglo XX se orientó decisivamente hacia la separación funcional, en un proceso moldeado, paradójicamente, por una planificación modernista fuertemente influenciada por las propias ideas de Le Corbusier sobre la zonificación y el orden programático. La especulación inmobiliaria y la creciente dependencia del automóvil reforzaron esta lógica, impulsando a las ciudades a agrupar actividades similares: oficinas en el centro, vivienda en la periferia y comercio en corredores designados. El rascacielos, alguna vez imaginado como un contenedor de diversidad urbana, evolucionó gradualmente hacia una máquina altamente especializada, dedicada principalmente al trabajo de oficina.











