
Los edificios son físicos, estáticos y permanentes. Imaginarlos de otro modo suele exigir una gran dosis de creatividad. La industria ha operado bajo esta estrecha asociación entre estructura y permanencia, limitando de manera inconsciente las perspectivas sobre el ciclo de vida de las edificaciones. Las innovaciones en los materiales de construcción han abierto caminos para el diseño circular que desafían la antigua idea de que los edificios deben perdurar indefinidamente. Los nuevos enfoques promueven una arquitectura que fluctúa al ritmo de la naturaleza.
Desde las pirámides de Giza hasta las torres de vidrio de Manhattan, la civilización ha erigido monumentos a su inmortalidad. La innovación de materiales ha reflejado el deseo de construir con miras a la longevidad: el concreto fragua hasta alcanzar su máxima resistencia, el acero resiste la corrosión y el vidrio soporta décadas de exposición. Sin embargo, el afán de construir para la eternidad conlleva un costo ambiental.





