Casa con Siete Jardines / Civil Architecture. Imagen cortesía de Civil Architecture
Durante siglos, la arquitectura residencial en todo el Golfo se ha organizado en torno al patio. Las viviendas presentaban muros exteriores gruesos y aberturas limitadas hacia la calle, volcándose hacia el interior, hacia un jardín sombreado que estructuraba la vida cotidiana. Esta disposición espacial respondía tanto al clima como a la cultura. El patio introducía la luz natural en plantas profundas, permitía la ventilación cruzada y ofrecía un ambiente exterior protegido dentro de tejidos urbanos densos. En la Casa de los Siete Jardines, en Diyar Al Muharraq, Baréin, el estudio local Civil Architecture —uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards— revisita esta tradición espacial a partir de las condiciones de la vivienda suburbana contemporánea. En lugar de reproducir la casa patio como un modelo histórico, el proyecto reinterpreta su lógica ambiental dentro de los marcos regulatorios y las condiciones espaciales que configuran gran parte del desarrollo urbano actual en el Golfo.
En muchas ciudades de alta densidad en Asia, la escalera suele considerarse un mal necesario. Ya sea en edificios de departamentos, viviendas particulares o locales comerciales, con frecuencia se oculta, se arrincona o se relega a los márgenes: un elemento que debe minimizarse para otorgar mayor superficie al espacio "útil". Sin embargo, a medida que la densidad se intensifica y los metros cuadrados escasean cada vez más, los/las arquitectos/as y diseñadores/as se ven obligados/as a replantearse este rompecabezas vertical.
La pregunta ya no es cómo ocultar la escalera, sino cómo hacer que rinda más: ¿puede convertirse en una adición productiva para el interior, un dispositivo arquitectónico que haga algo más que conectar niveles y que cumpla funciones dobles (o múltiples) en lugar de simplemente consumir superficie útil?
El Festival de Arte y Arquitectura de Bethel Woods anuncia BuildFest: Acts of Construction, una iniciativa de tres años que activa los terrenos históricos del festival de Woodstock de 1969 mediante instalaciones de madera a gran escala y experiencias multimedia. Cada edición se organiza en torno a un tema único e invita a diseñadores, diseñadoras y artistas a colaborar en una serie interdisciplinaria de "actos" que se complementan entre sí para crear un conjunto interconectado de instalaciones, activaciones y performances. Actualmente, el Acto Uno: Puesta en escena recibe propuestas de infraestructura artística adaptativa diseñada para "preparar el escenario" de futuras activaciones. A este le seguirán el Acto Dos: Coreografía en 2027 y el Acto Tres: Performance en 2028.
La elevación suele presentarse como sinónimo de progreso, al elevar el movimiento por encima de la fricción de la ciudad y suavizar la circulación en un flujo ininterrumpido. Sin embargo, cada acto de elevación produce a su paso una condición secundaria. Bajo pasos elevados, líneas de metro y viaductos ferroviarios, surge un segundo plano del suelo: sombreado, ambiguo y rara vez planificado con la misma intención que aquello que transita por encima. Estos espacios no son remanentes incidentales. Son la consecuencia espacial de una decisión de diseño que privilegia la velocidad, la altura libre y la eficiencia, redistribuyendo en el proceso el valor y la visibilidad a lo largo de la ciudad.
Lo que se encuentra debajo no está vacío. Está estructurado, condicionado y definido por la infraestructura, pero desprovisto de un papel claro. Los estudios sobre autopistas elevadas suelen describir estas zonas bajo las estructuras como espacios residuales, que se originan cuando los sistemas de transporte se conciben de manera independiente del suelo que atraviesan. Un informe de Arup sobre los espacios bajo los viaductos señala que a menudo interrumpen la continuidad peatonal, al tiempo que permanecen al margen de los marcos de planificación formal. Asimismo, revisiones académicas recientes sobre los entornos bajo pasos elevados destacan que estas áreas rara vez se integran en las estrategias de diseño urbano. El resultado es una condición peculiar: un espacio físicamente presente y estructuralmente determinado, pero programáticamente indefinido.
«La historia de la arquitectura no está equivocada», argumentó Lesley Lokko en su introducción a la Bienal de Arquitectura de Venecia 2023, «sino incompleta». Durante la mayor parte del siglo XX, la historia de la arquitectura habló en una sola lengua: una narrativa única y dominante centrada en un puñado de movimientos, nombres y ciudades, cuyo alcance e influencia parecían universales precisamente porque las voces alternativas quedaban silenciadas. Sin embargo, los movimientos de diseño rara vez cruzaron las fronteras intactos. Con frecuencia fueron absorbidos, resistidos, reinterpretados y transformados en función de la geografía, la política, la economía, el clima y los materiales disponibles. Lo que en un lugar se recibió como doctrina, en otro se convirtió en algo completamente distinto.
Este mes, ArchDaily explora Diseño del siglo XX en transición: una reinterpretación global de la historia de la arquitectura, un tema que rastrea los lenguajes de diseño de este siglo no como un canon único, sino como una constelación de trayectorias en evolución, intersección y continua reinvención. Este enfoque desafía la suposición de que las arquitecturas regionales y no occidentales eran meras derivaciones, posicionándolas en cambio como espacios de reinterpretación activa, donde las ideas globales se filtraron a través de materiales, climas, mano de obra y prácticas culturales locales para producir algo completamente distinto.
A comienzos del siglo XX, movimientos paralelos pero conectados en todo el mundo dieron paso a un nuevo estilo y a una nueva era arquitectónica. Desde el Arts and Crafts en Inglaterra, el Art Nouveau y luego el Art Deco en Francia, hasta el Jugendstil en Alemania y Austria, estos desarrollos artísticos y de diseño se propagaron por todo el mundo, adquiriendo diversas formas según su contexto. Sin embargo, su esencia seguía siendo similar, caracterizada por un enfoque en el valor artesanal y el oficio; el uso de madera, vidrio y diversos metales; la integración de formas orgánicas en las fachadas exteriores y las estructuras interiores; y la incorporación refinada de la ornamentación como elemento arquitectónico, manifestada frecuentemente en motivos vegetales o patrones geométricos.
¡Un año más, celebramos otra exitosa edición de los ArchDaily China Building of the Year Awards! Una vez más, este galardón se consolida como el mayor premio de arquitectura basado en la opinión del público. Gracias a la participación colectiva, los proyectos más relevantes del año fueron nominados y seleccionados por nuestros/as lectores/as.
Cada doce años, las orillas del Ganges en Prayagraj se convierten en una de las ciudades más grandes de la Tierra y luego desaparecen. El Maha Kumbh Mela atrae a más de 400 millones de personas en peregrinación a lo largo de seis semanas, lo que requiere la construcción de una infraestructura urbana completa: puentes de pontones, hospitales de campaña, kilómetros de carreteras temporales y una cuadrícula de ciudades de tiendas de campaña visible desde el espacio. Al finalizar el festival, se desmantela por completo. Ningún encuentro en la historia de la humanidad genera una arquitectura del movimiento tan completa: construida para la llegada, diseñada para la transitoriedad y pensada para no dejar rastro permanente. El Kumbh Mela es excepcional en escala, pero no en su condición: el movimiento se ha convertido en un problema espacial que define nuestro siglo.
Este mes, ArchDaily explora Arquitecturas del movimiento: territorio, fronteras y las políticas de pertenencia, un tema que examina cómo la movilidad reconfigura la relación de la arquitectura con el territorio, la propiedad y la identidad. El tema no aborda el movimiento como una crisis que deba gestionarse, sino como un lente fundamental a través del cual reconsiderar lo que realmente hacen los edificios, las ciudades y las fronteras: a quiénes acogen, a quiénes excluyen y qué es lo que hacen permanente.
Desde la iluminación y los materiales hasta los colores, las texturas y las formas, cada decisión de diseño moldea la manera en que las personas perciben, experimentan e interactúan con la arquitectura. En los interiores contemporáneos, estas elecciones ya no se entienden como meramente estéticas o funcionales, sino que influyen en el confort, el comportamiento, el estado de ánimo e incluso en la forma en que las personas usuarias evalúan la calidad de un espacio. El diseño de baños, en particular, crea actualmente entornos cuidadosamente curados y con una identidad definida, donde cada elemento contribuye a la experiencia espacial global.
¿Cómo influye el diseño de baños en las emociones de las personas usuarias? ¿Qué intervenciones o innovaciones técnicas pueden transformar la experiencia de las personas usuarias finales?
Algunos tipos de trabajo solo se vuelven visibles cuando dejan de realizarse. Son discretos, repetitivos y rara vez celebrados; sin embargo, sostienen silenciosamente el funcionamiento de cualquier operación. En la arquitectura, esta dimensión casi nunca aparece en las imágenes que circulan. Al pensar en la disciplina, solemos evocar renders seductores, perspectivas cuidadosamente iluminadas, planos precisos y dibujos que prometen futuros posibles o incluso utópicos. No obstante, la capa que soporta estos gestos formales no se encuentra en la imagen, sino en la especificación, el detalle y la documentación.
Desde que la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate arquitectónico, la conversación ha sido impulsada en gran medida por su capacidad para generar formas y atmósferas en segundos. Las simulaciones estilísticas, las variaciones conceptuales y la experimentación visual se han convertido en símbolos del avance tecnológico en este campo. Hay algo comprensible en esta fascinación: la arquitectura siempre se ha vinculado con la representación como una forma de imaginar lo que aún no existe.
Cuando se cuenta la historia de la arquitectura de Hong Kong, a menudo se reduce a un puñado de íconos. Para la mayoría, el primer nombre que viene a la mente es el de I.M. Pei—laureado con el Premio Pritzker y arquitecto de la Torre del Banco de China en Central (1990)—, así como obras globales como el Gran Louvre en París y el Museo Miho en Shiga. Al ampliar la mirada, surge también un extenso linaje de arquitectos/as británicos e internacionales cuyas huellas han dado forma al perfil institucional de la ciudad: desde las obras cívicas de Ron Phillips —sobre todo el antiguo Edificio Murray (1969), actual Hotel The Murray, y el Ayuntamiento de Hong Kong (1962)— hasta los monumentos corporativos y de infraestructura de Norman Foster, como la Torre de la Corporación Bancaria de Hongkong y Shanghai (HSBC) (1986) y el Aeropuerto Internacional de Hong Kong (1998), y, más recientemente, The Henderson (2024), de Zaha Hadid Architects.
No obstante, durante el mismo período de Pei y Foster, los/las arquitectos/as locales también producían edificios de trascendencia duradera; obras que cargaban con el legado de la Bauhaus, pero lo traducían a un lenguaje minuciosamente calibrado para el clima, la densidad y la vida cívica de Hong Kong. Puede que estos proyectos no siempre se perciban como íconos de gran relevancia comercial; sin embargo, suelen manifestar un sentido más agudo de responsabilidad social y agenda pública. Entre las figuras más importantes de esta genealogía se encuentra el fallecido arquitecto Tao Ho, cuya obra y rol público constituyeron una vertiente más silenciosa —pero no por ello menos fundacional— en el patrimonio arquitectónico moderno de Hong Kong.
Lo que alguna vez fue un asentamiento najdi definido por muros de adobe y casas con patio, hoy Riad ha experimentado una de las transformaciones urbanas más radicales de los siglos XX y XXI. El descubrimiento de reservas de petróleo, la consolidación del poder político y la rápida expansión de la infraestructura remodelaron la ciudad, que pasó de ser una capital regional a convertirse en una metrópoli en constante crecimiento en casi una sola generación. Como resultado, el tejido urbano de Riad está marcado por discontinuidades, donde los fragmentos de arquitectura vernácula coexisten con el modernismo institucional de mediados de siglo y un perfil contemporáneo en rápida evolución.
En las últimas décadas, esta condición de estratificación se ha intensificado aún más debido a estrategias de desarrollo a gran escala y programas de inversión cultural que posicionan a la arquitectura como una herramienta para redefinir la identidad nacional. Firmas internacionales han desempeñado un papel decisivo en la configuración de instituciones, infraestructuras y puntos de referencia clave, mientras que las oficinas locales aportan cada vez más proyectos que reinterpretan el clima, la materialidad y el espacio social bajo un enfoque contemporáneo.
Panorama al atardecer de una gran comunidad residencial cerrada (Aparna's Elixir) vista desde las colinas de Khajaguda, India. Foto de iMahesh. Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Uno aprende cómo comportarse mucho antes de llegar a casa. En el acceso, se disminuye la velocidad y se espera. Una mirada nos observa y luego nos da paso. Se verifica una credencial, se levanta una barrera, una cámara parpadea. No ocurre nada dramático, y ese es precisamente el punto. El trabajo más trascendental de las comunidades cerradas no lo realizan sus muros, sino la coreografía de ingreso que enseña silenciosamente a sus habitantes qué esperar, en quién confiar y a dónde pertenecen.
Emplazado sobre los acantilados de Crimea, el Sanatorio Termal Druzhba parece, más que un edificio, una nave espacial posada en la tierra. Sus formas circulares, cubiertas suspendidas y rampas en espiral evocan una escena de la película Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky, donde la arquitectura y la psicología se fusionan en un solo paisaje. Construido entre 1978 and 1985 por Igor Vasilevsky, el complejo fue concebido como un centro termal para quienes trabajaban en la industria petrolera, como parte de la extensa red de sanatorios de la Unión Soviética dedicada a la salud y la recreación.
Más allá de su función como lugar de recuperación, Druzhba —cuyo nombre significa "amistad"— encarnaba una ambición política y estética más amplia. Buscaba fusionar la destreza tecnológica con los ideales restauradores de la modernidad socialista, traduciendo el bienestar colectivo en una forma concreta. Elevándose desde una empinada ladera costera con vista al mar Negro, su enorme estructura desafía la gravedad, sostenida por un núcleo central de concreto del que se extienden alas radiales como las palas de un engranaje gigante. Visto desde la distancia, se percibe simultáneamente mecánico y orgánico, un híbrido entre infraestructura y paisaje.
Desde las grandes cubiertas industriales y galerías del siglo XIX hasta los atrios contemporáneos de museos y edificios públicos, el vidrio ha sido un material recurrente en la configuración de espacios interiores amplios y monumentales. Más que una solución tecnológica o de ingeniería, estos planos horizontales acristalados introducen una cualidad lumínica singular: la luz que proviene desde arriba. A diferencia de la luz natural lateral que ingresa a través de las fachadas, la luz cenital se distribuye de manera más uniforme, reduce las sombras duras y otorga a los espacios una sensación de continuidad y apertura difícil de lograr de otro modo.
Como um material concebido para puentes, fábricas y grandes estructuras llegó al banco de la sala de estar, a la estantería del departamento, a la mesa de café? El metal atravesó siglos asociado al esfuerzo, a la máquina y a la monumentalidad —desde las estructuras expuestas de las Exposiciones Universales del siglo XIX hasta la lógica productiva de la industria moderna. Su presencia en el interior doméstico no es un hecho obvio, sino una conquista cultural: la transformación de un material fabril en un elemento de uso cotidiano, íntimo y cercano al cuerpo.
Se establece, así, una jerarquía visual que guía la mirada, determinando qué debe verse, de qué manera y con qué intensidad emocional, lo cual define cómo quien habita el espacio interpreta el entorno. En este contexto, la estrategia proyectual va más allá del campo de la decisión estética para actuar como una manipulación de la experiencia fenomenológica del espacio. Al seleccionar un fragmento específico del horizonte mediante una abertura controlada, o al disolver los límites entre el interior y el exterior con amplios planos acristalados, la arquitectura pasa a operar como una lente. Esta puede enfatizar la pequeñez de la escala humana ante la vastedad del territorio o, por el contrario, domesticar la naturaleza, incorporándola como parte de la vida cotidiana.
Diagrama de las instalaciones en Barba Jupiter. Imagen cortesía de Géométral
Fundada en 2022 por Clément Masurier y con sede en París, Francia, Géométral es una práctica de arquitectura definida por estrategias de diseño vinculadas al paisaje, al que trata como un determinante primordial de la forma. El estudio, uno de los ganadores de los Premios ArchDaily Next Practices 2025, aborda cada proyecto como un pequeño universo que combina programa, atmósfera y narrativas espaciales. En lugar de un estilo de autor único, se enfocan en crear atmósferas y situaciones a la medida de cada contexto y de cada usuario/a.
En sus inicios, ante la falta de un portafolio construido, el estudio respondió desarrollando "arquitecturas de ficción" situadas sobre topografías reales. Este ejercicio no fue una mera búsqueda estética, sino un anclaje metodológico que permitió a la firma establecer un proceso riguroso de análisis de sitio y pruebas tipológicas antes de recibir encargos físicos. Al tratar los proyectos imaginarios con el mismo rigor técnico que los reales, el estudio desarrolló un repertorio de respuestas formales ante las condicionantes ambientales que hoy rigen su obra construida.
El potencial de los edificios existentes para dar forma a ciudades y comunidades en constante cambio a través de la reutilización y la adaptación es el enfoque principal de HouseEurope! y su activismo: hacer frente al apremiante desafío en gran parte de Europa, donde a menudo resulta más fácil, económico y rápido demoler edificios que renovarlos. Durante décadas, las políticas de construcción, las prácticas industriales y los sistemas de mercado han favorecido las nuevas construcciones, subestimando con frecuencia la relevancia cultural, social y ambiental de las estructuras existentes. Por su labor de promoción de un cambio sistémico en la arquitectura, HouseEurope! recibió el Premio OBEL 2025 bajo la temática "Ready Made". En conversación con ArchDaily, Alina Kolar y Olaf Grawert, integrantes del colectivo HouseEurope!, analizaron el enfoque de la organización hacia la arquitectura, las políticas públicas y la acción colectiva.
¿Qué sucede cuando se elige la reutilización en lugar de la demolición? En Østbirk, Dinamarca, un almacén de madera de 30 años de antigüedad se ha transformado en un centro de innovación de clase mundial de 14.000 metros cuadrados para casi 500 empleados/as de VELUX. Este artículo analiza cómo el proyecto LKR Innovation House desafía las prácticas de construcción convencionales, preserva el legado material y ofrece lecciones prácticas para los/las arquitectos/as que trabajan con estructuras existentes. Un nuevo libro documenta el proceso a través de ensayos, entrevistas y fotografías.
En Gabrovo, Bulgaria, la municipalidad invita a arquitectos y arquitectas a diseñar el Centro de Arte Contemporáneo Christo y Jeanne-Claude mediante la transformación, adaptación y modernización de la antigua Escuela Técnica Textil y su terreno colindante. El cofinanciamiento de la Unión Europea, un presupuesto público, un jurado designado y una estructura en dos fases enmarcan este concurso, reflejando el espíritu de la práctica artística de Christo and Jeanne-Claude: una creación artística audaz y accesible. Más que el encargo de un edificio cultural, la convocatoria exige una propuesta de diseño que comprenda el carácter específico de su obra, añadiendo una dimensión curatorial a lo que de otro modo podría ser un simple proyecto de reutilización adaptativa.
La historia de la arquitectura de las ciudades norteamericanas en el siglo XX suele caracterizarse por la búsqueda de la renovación urbana. En los Estados Unidos, Boston, Portland y San Francisco son solo algunos ejemplos de cómo los gobiernos municipales priorizaron la infraestructura vial de alta velocidad por encima del tejido urbano existente. En Canadá, Montreal habría seguido esta misma trayectoria de no haber sido por la intervención de diversas figuras a lo largo de su historia, entre las que destaca especialmente Blanche Lemco van Ginkel (1923–2022). Esta planificadora y arquitecta formada en Harvard, junto con su esposo Sandy Van Ginkel, abogó por la preservación del patrimonio urbano al mismo tiempo que aplicaba los principios de la infraestructura modernista.
Existe una forma tradicional de narrar la historia de la arquitectura y la alimentación. Comienza con la decisión humana de cultivar, almacenar, distribuir y consumir, y termina con la edificación producida por esa decisión. En esta versión de los hechos, el alimento es el pretexto y la arquitectura, la respuesta.
Sin embargo, ¿qué pasaría si la historia fuera distinta? ¿Y si el tomate construyó Almería? ¿Y si el bacalao rediseñó el Atlántico Norte? ¿Y si la soya está, en este preciso momento, construyendo un puerto en Santos y demoliendo simultáneamente un bosque en el Cerrado, sin que nadie se lo haya advertido a los/las arquitectos/as? Se trata de descripciones de procesos ya concluidos, o en marcha, que han producido algunos de los paisajes contemporáneos de mayor impacto espacial. Gran parte del entorno construido está moldeado por las presiones, los metabolismos y las ambiciones territoriales de lo que comemos. En este escenario, la arquitectura suele ser menos un proyecto que una consecuencia, y la disciplina ha estado contando su propia historia al revés.