Honduras es el segundo país más grande de Centroamérica, tanto en territorio como en población. En la actualidad, su tejido urbano sigue estando fuertemente influenciado por los principios modernistas de la década de 1970, que priorizaron los corredores viales de alta velocidad y una movilidad "punto a punto" dependiente del automóvil. Asimismo, el país enfrentó numerosos desafíos en materia de seguridad pública durante la década de 2010, lo que contribuyó a la creación de un espacio urbano caracterizado por fachadas ciegas, altos muros perimetrales y recintos cerrados diseñados para aislar el interior del ámbito público.
Tuvimos la oportunidad de conversar con Alejandra Ferrera, arquitecta hondureña criada en Danlí, una ciudad en el oriente de Honduras. Con más de 15 años de práctica profesional en Brasil, los Países Bajos y Australia, sostiene que, si bien el diseño orientado a la seguridad fue una necesidad funcional de su época, ha dado lugar a una experiencia urbana fragmentada donde la calle sirve únicamente como un vacío de tránsito en lugar de un espacio para el encuentro social. Sugiere que, aunque este aislamiento fue una medida de seguridad justificada, generó un distanciamiento entre los habitantes y la ciudad. Asimismo, sostiene que la situación general de seguridad pública contribuyó a forjar una identidad nacional lastimada que a menudo busca la calidad en el exterior, desestimando el potencial de su propio contexto.
Anan Alsama diseñado por Fatimah Alabid, Masud Alzunaifer y Maha Alesawi. Imagen cortesía de Mujassam Watan
En la ciudad, la estética no se mide por la altura de las torres ni por el ancho de las vías, sino por su capacidad para evocar significados dentro del espacio. Desde este enfoque, la iniciativa Mujassam Watan surge como algo más que un mero esfuerzo artístico. Representa un intento deliberado de redefinir la relación entre las personas y el lugar, entre la memoria material y la identidad imaginada. En la ciudad de Khobar, en el Reino de Arabia Saudita —donde la modernidad urbana se cruza con una rápida transformación social—, esta iniciativa plantea la siguiente pregunta: ¿cómo puede una escultura convertirse en un texto abierto, que no solo se lea visualmente sino que se experimente a nivel sensible?
El territorio de Ecuador abarca una notable diversidad de paisajes, que van desde la Costa del Pacífico hasta las cumbres de los Andes, la vasta extensión de la selva amazónica y las volcánicas islas Galápagos. Cada región del país presenta características distintivas que se reflejan en sus diversos contextos ambientales, culturales y sociales. Si bien la arquitectura latinoamericana tiene sus raíces en ricas tradiciones ancestrales, técnicas constructivas nativas y materiales locales, la arquitectura ecuatoriana contemporánea expresa una identidad en evolución que fusiona estos elementos con las exigencias actuales. La tradición y la innovación, los recursos locales y las técnicas modernas, junto con la responsabilidad social y la estética, interactúan con el entorno natural, las condiciones urbanas y los contextos sociales.
Tras explorar la adaptabilidad a escala urbana, ahora nos enfocamos en el edificio en sí y, fundamentalmente, en la práctica profesional. ¿Cómo pueden los/las arquitectos/as, desarrolladores/as y consultores/as incorporar la adaptabilidad como un resultado medible y generalizado? Esta pregunta formará parte de la agenda de la Adaptable Building Conference (ABC) el 22 de enero en el Nieuwe Instituut de Róterdam, donde arquitectos/as, ingenieros/as, responsables de políticas y líderes de la industria explorarán el potencial de los edificios adaptables y cómo implementarlos a gran escala.
El año pasado marcó un momento decisivo en la evolución de ArchDaily: un periodo de recalibración, intención y un renovado propósito editorial.
En un panorama mediático cada vez más acelerado y saturado, aprovechamos la oportunidad para plantearnos preguntas fundamentales: ¿Qué deben ser los medios de arquitectura hoy en día? ¿Qué responsabilidades asumimos como plataforma global? ¿Y de qué manera podemos contribuir significativamente a una profesión que atraviesa transformaciones sociales, ambientales y culturales?
Al comprometernos profundamente con estas reflexiones, asumimos plenamente nuestro papel, definiendo con mayor claridad qué es ArchDaily y cómo opera.
Refugio de autobuses / Pearce Brinkley Cease + Lee . Imagen cortesía de JWest Productions
El futuro de los nodos de transporte en los Estados Unidos no estará definido por icónicas terminales de aeropuertos metropolitanos ni por monumentales estaciones centrales de tren. Las comunidades rurales albergan la mayor parte de la red de carreteras del país, concentran casi la mitad de las millas recorridas por camiones de carga y generan dos tercios del transporte ferroviario de mercancías. Esta realidad posiciona a los nodos de transporte rural como puntos de acceso regional y centros de distribución vitales que moldean la movilidad nacional al margen de los modelos de expansión urbana.
En 2026, Apple celebró cincuenta años desde su fundación. A lo largo de las últimas dos décadas, la empresa ha desarrollado un lenguaje arquitectónico coherente que extiende su marca hacia el entorno construido, transformando tiendas, lugares de trabajo y espacios públicos en componentes activos de su identidad. Estos entornos guían el movimiento, enmarcan la interacción y condicionan las formas en que los/las usuarios/as se relacionan tanto con los productos como con la propia compañía.
Desde el dispositivo portátil hasta el interior urbano, Apple ha buscado mantener un alto grado de control sobre la forma, el material y la experiencia. La arquitectura pasa a formar parte de este sistema en el momento en que la compañía empieza a definir cómo se percibe y cómo se interactúa con ella en el espacio físico. Las investigaciones sobre entornos comerciales han demostrado que la distribución espacial, la visibilidad y los patrones de circulación pueden moldear el comportamiento y la interacción, convirtiendo a la arquitectura en una interfaz entre la marca y el/la usuario/a.
El modernismo en la arquitectura fue, quizás, la primera filosofía de diseño de edificios verdaderamente global. Surgido a principios del siglo XX, sus primeros defensores fueron grandes figuras europeas como Le Corbusier, Walter Gropius y Mies van der Rohe. En 1923, Le Corbusier publicó su obra escrita fundamental, habitualmente traducida al español como Hacia una arquitectura. La novedad y el rechazo de la historia constituyeron uno de los principios centrales del modernismo, lo cual se manifestó en el uso de nuevos materiales como el acero y el concreto, que dieron lugar a una libertad de expresión formal sin precedentes.
Hacia mediados del siglo XX, el modernismo fue adoptado en todo el mundo por países que se recuperaban de la Segunda Guerra Mundial y superaban las secuelas del colonialismo. Se convirtió en el lenguaje de la reconstrucción y de la construcción nacional, reforzado por su rechazo al pasado. Su énfasis en la tecnología se adaptaba a este nuevo mundo de industria, desarrollo a gran escala y nuevas tipologías edilicias. Un siglo después de su nacimiento, el modernismo mismo se ha convertido en el legado. A medida que los edificios se vuelven progresivamente obsoletos o llegan al final de su vida útil, surge una revalorización de su carácter patrimonial, tanto como objetos de diseño como por ser símbolos del espíritu de la época en la que fueron construidos. A continuación, analizamos cinco edificios modernistas de cinco regiones que son objeto de propuestas de reutilización adaptativa. Allí donde alguna vez la forma siguió a la función, hoy la función debe seguir a la forma.
En los últimos años, Albania ha experimentado una rápida y visible transformación, consolidándose como uno de los entornos urbanos más activos del sureste de Europa. Este crecimiento no solo se refleja en la expansión de su tejido construido, sino también en la escala y ambición de nuevas intervenciones arquitectónicas que buscan redefinir la imagen del país. A lo largo de su territorio, se están introduciendo una serie de grandes desarrollos, instituciones culturales y proyectos de infraestructura como parte de un esfuerzo más amplio por reposicionar a Albania y a su capital, Tirana, dentro de las redes regionales e internacionales.
Un número significativo de estas intervenciones son diseñadas por oficinas de arquitectura de reconocimiento internacional, cuya presencia se ha convertido en una característica definitoria de la fase actual de desarrollo de la ciudad. En lugar de depender principalmente de procesos incrementales o arraigados localmente, la transformación de Tirana está cada vez más modelada por visiones de autoría externa que introducen nuevos lenguajes formales, tipologías y estrategias urbanas. Estos proyectos a menudo funcionan como objetos singulares o fragmentos a gran escala, contribuyendo a un paisaje donde la ciudad se ensambla a través de gestos distintos y sumamente visibles.
Tradicionalmente, la arquitectura se ha descrito como una disciplina preocupada por el espacio, la forma y la presencia material. Sin embargo, esta comprensión resulta cada vez más limitada al enfrentarse a las condiciones que configuran la construcción contemporánea. Los edificios ya no surgen de una relación estable entre sitio, programa y material. En cambio, se producen dentro de una densa red de sistemas tecnológicos que operan a través de escalas territoriales, ecológicas y temporales. Las redes de energía, las infraestructuras de datos, los procesos de extracción y la logística global configuran la arquitectura de manera tan decisiva como el clima o el contexto urbano.
Visto desde este prisma, la arquitectura es menos un objeto discreto que un momento dentro de un campo técnico más amplio. Las cadenas de suministro, los sistemas de datos, el mantenimiento automatizado y las redes de energía no se encuentran "detrás" del entorno construido. En cierto modo, influyen en lo que se puede construir, en lo que es asequible, en cómo se comportan los edificios a lo largo del tiempo y en qué tipo de residuos producen. Al evaluar la arquitectura principalmente a través de la forma, se corre el riesgo de pasar por alto los sistemas que condicionan su producción y su vida posterior.
En el siglo XIX, redes ferroviarias enteras quedaron obsoletas prácticamente de la noche a la mañana, no debido a un deterioro físico, sino a cambios en los estándares técnicos que las sustentaban. La expansión del ferrocarril en Europa y América del Norte adoptó diferentes anchos de vía o trochas (la distancia transversal entre rieles) y, a medida que se consolidaba un estándar dominante, estas infraestructuras se volvieron incompatibles entre sí. Esto exigió adaptaciones a gran escala, conversiones o incluso reconstrucciones completas, en lo que se conoció como la "guerra de las trochas".
A raíz de la adopción masiva de las redes de telecomunicaciones en el siglo XX, ciudades de todo el mundo construyeron grandes centrales telefónicas equipadas con sistemas electromecánicos encargados de enrutar las llamadas entre regiones. Estas estructuras constituían piezas de infraestructura sumamente especializadas que, a menudo, ocupaban manzanas enteras y se organizaban en torno a maquinaria técnica de gran envergadura. Sin embargo, ante la transición hacia tecnologías de conmutación digital y, posteriormente, la generalización de la telefonía móvil, gran parte de este equipamiento quedó obsoleta en pocas décadas. Los propios edificios solían conservar su solidez estructural, pero los sistemas para los que habían sido diseñados ya habían evolucionado y los habían dejado atrás.
A tan solo de cinco días del anuncio de los/las finalistas, todavía hay tiempo para elegir sus proyectos favoritos para el Premio Obra del Año 2026. La mayor premiación de arquitectura del mundo lusófono, decidida por voto popular, el Obra del Año existe para reconocer los mejores proyectos de arquitectura publicados cada año en ArchDaily Brasil.
El 8 de abril se revelarán los/las 15 finalistas, elegidos/as por la comunidad de ArchDaily a lo largo de estas dos semanas de nominaciones. Al nominar proyectos, cada lector/a pasa a formar parte de una red imparcial de jurados, brindando visibilidad a lo mejor de la arquitectura de los países de lengua portuguesa.
https://www.archdaily.cl/es/1093142/ultimos-dias-para-elegir-los-finalistas-del-premio-obra-del-ano-2026-de-archdaily-brasilArchDaily Team
Fundada en 2015 en Ahmedabad por Anand Sonecha, SEAlab es una oficina moldeada por un compromiso lento y contemplativo con el lugar, la proporción y la participación. Reconocido como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio construye con materiales sencillos y técnicas locales, buscando crear entornos que se experimenten tanto como se ven. Esta filosofía se hizo particularmente tangible en Gandhinagar, donde la Escuela para Niños y Niñas con Discapacidad Visual y Ceguera no comenzó como una institución construida específicamente para ese fin. La escuela operaba en el edificio de una escuela primaria existente, con aulas dispuestas sobre los dormitorios y doce niños y niñas compartiendo una sola habitación. El espacio era limitado, al igual que las oportunidades de crecimiento. El nuevo edificio académico debía ampliar la capacidad, mejorar las condiciones de vida y fomentar una mayor independencia de los/las estudiantes.
Representación de la Gateway vía Flickr bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0. Imagen cortesía de la NASA
El concepto de la tecnosfera proporciona un marco de referencia para comprender la escala del impacto humano en la Tierra. El término fue acuñado por Peter K. Haff y se define como la red global de artefactos creados por el ser humano: una capa física de infraestructura, edificios, vehículos y maquinaria que funciona de manera conjunta con la biosfera y la atmósfera. Con un peso estimado actualmente en 30 billones de toneladas, esta masa construida por el ser humano está dominada por el entorno construido. En este contexto, la arquitectura sirve como la interfaz principal, modelando la manera en que la tecnología interactúa con las ecologías locales. Sin embargo, todo parece indicar que, pronto, la tecnosfera ya no estará confinada a la superficie terrestre. A través del programa Artemis de la NASA, esta red de masa de origen humano se está expandiendo más allá de la atmósfera terrestre, buscando establecer una nueva infraestructura orbital que representará la primera extensión permanente fuera del planeta de este sistema artificial.
Durante la mayor parte de la historia humana, la noche llegaba como una certeza planetaria. La oscuridad se extendía sobre los paisajes y el cielo revelaba miles de estrellas. Hoy en día, ese cielo está desapareciendo. La luz artificial se proyecta hacia arriba desde las ciudades, dispersándose por la atmósfera y transformando la noche en una bruma permanente. Investigaciones que mapean el brillo global del cielo muestran que más del 80 por ciento de la humanidad vive hoy bajo cielos con contaminación lumínica, y la Vía Láctea ha desaparecido de la vista de más de un tercio de la población mundial. La pérdida de los cielos oscuros suele debatirse en el ámbito de la astronomía; sin embargo, las causas de este cambio están profundamente arraigadas en el entorno construido. Los edificios emiten luz, la reflejan a través de fachadas de vidrio y extienden la iluminación mucho más allá de sus muros. En la tecnosfera —el vasto sistema de infraestructuras y materiales que la humanidad ha construido—, la arquitectura moldea actualmente tanto el espacio físico como las condiciones sensoriales que lo rodean.
Culinary Health Fund . Imagen cortesía de Longboard
Antes de comprender racionalmente un espacio, lo percibimos de manera sensorial. La luz, la proporción, la textura, el color y la materialidad influyen en cómo el cuerpo interpreta un entorno, determinando si se siente acogedor, frío, íntimo o impersonal. Los elementos visuales y cromáticos pueden afectar directamente la percepción de la profundidad, la atmósfera y la escala dentro de los interiores, particularmente en edificios contemporáneos caracterizados por grandes luces y superficies continuas. Entre los elementos arquitectónicos que dan forma a esta experiencia, el cielo raso suele ser uno de los más subestimados, a pesar de su profunda influencia en cómo se percibe y se habita el espacio.
Si le pedimos a un niño o niña que dibuje una casa, casi con seguridad aparecerá una silueta triangular, con dos planos inclinados que se encuentran en una cumbrera. Pocas formas arquitectónicas son tan universalmente reconocibles como la casa con cubierta inclinada. Desde una perspectiva semiótica, esta imagen elemental funciona como un signo condensado de cobijo que, en apenas unos trazos, sintetiza protección, interioridad y pertenencia. Sin embargo, lo que hoy leemos como un símbolo universal surgió de una necesidad concreta. Desde los chalets alpinos que desalojan la nieve hasta las tejas mediterráneas que mitigan el calor estival, la pendiente respondió a desafíos climáticos y constructivos mucho antes de convertirse en un código estético.
Aunque la arquitectura moderna ha privilegiado los planos horizontales y las plantas ortogonales, la cubierta inclinada exige concebir el proyecto desde la sección. Su ángulo permite un aprovechamiento eficiente del volumen bajo el techo e introduce variaciones de altura, compresión y expansión espacial. Cuando se incorporan aberturas en este plano, esta condición se intensifica. A diferencia de las ventanas verticales, que captan la luz lateral, las aberturas en la cubierta reciben una mayor porción del cielo visible y una luminancia significativamente más alta que el horizonte, ofreciendo hasta tres veces más luz que el acristalamiento vertical en días nublados.
El segundo episodio de la serie de podcasts Room For Dreams ofrece una profunda inmersión en cómo la arquitectura puede abrazar el futuro sin perder su alma. Grabado en vivo en la Semana del Diseño de Milán 2026 en colaboración con INDX|GLOBAL, este episodio cuenta con la participación de los arquitectos Arun Sharma y Jaskaran Singh para desentrañar el verdadero significado de lo vernáculo digital.
Bahía Privada Gokce Gemile, Turquía. Imagen cortesía de Gokce Gemile Private Bay
Los paisajes costeros a menudo determinan mucho más que las vistas. Las pendientes pronunciadas, las formaciones rocosas fragmentadas, la vegetación densa, las calas ocultas y la accesibilidad limitada pueden definir cómo se desarrollan la privacidad, el movimiento y la ocupación antes de que la arquitectura intervenga en el lugar. Su proximidad al agua y el clima hacen que los territorios costeros sean sumamente codiciados para la habitabilidad; sin embargo, su sensibilidad ecológica y su geografía limitada suelen presionar la manera en que se desarrolla el territorio. A diferencia de las ciudades, donde la densidad puede fomentar la caminabilidad, la infraestructura y la vida urbana colectiva, los territorios costeros operan a través de relaciones más frágiles entre la tierra, la vegetación y el agua.
A lo largo de muchas costas, el desarrollo tiende a priorizar la visibilidad y la proximidad al mar, organizando el suelo mediante una ocupación concentrada y redes de circulación extendidas. No obstante, ciertos sitios pueden orientar hacia otro enfoque en el que la geografía misma se convierte en la fuerza organizadora principal. ¿Cómo puede la arquitectura ocupar un paisaje sin disolver las cualidades que hacen que el lugar sea único? Situado en una península aislada a lo largo de la costa mediterránea de Turquía, Gokce Gemile Private Bay explora esta interrogante a través de un enfoque arquitectónico de baja densidad moldeado por la geografía, el acceso controlado y la distancia espacial.
Kiaura Collection™ diseñada por Aaron DeJule para KI. Imagen cortesía de KI Furniture
Durante décadas, los/las profesionales han aceptado una realidad incómoda: las horas que se pasan frente a un escritorio suelen traducirse en rigidez de espalda, un reajuste postural constante y una fatiga mental progresiva. Si bien la sillería ergonómica convencional ha buscado mejorar el confort mediante mecanismos ajustables, ha seguido asumiendo, en gran medida, que sentarse de manera eficaz depende de mantener una postura estable. Sin embargo, la creciente comprensión de la relación entre el movimiento, el bienestar físico y el rendimiento cognitivo sugiere un enfoque diferente, uno en el que el movimiento se convierte en parte integral de la experiencia de sentarse, en lugar de ser algo que deba minimizarse.
Una mesa larga puede ubicarse casi en cualquier lugar y seguir cumpliendo la misma función. Puede extenderse bajo el toldo de un mercado, recorrer el comedor de una escuela u ocupar el centro de una sala de estar compartida, y de inmediato cambia la temperatura de la habitación.
Por ello, la mesa larga es menos un objeto que un instrumento espacial. No garantiza una conexión y rara vez parece "inclusiva" por defecto. En cambio, establece condiciones: un borde compartido, un ritmo común de llegada, un campo de visibilidad mutua o una regla que convierte el comer en una escena con otras personas. Los estudios sobre la alimentación describen esta práctica como comensalidad —el acto de comer en conjunto y el orden social que esto puede crear, reforzar o cuestionar—. No obstante, lo que importa aquí no es una dimensión específica ni la función de la mesa, sino la forma en que una superficie larga alberga la diferencia, la conversación y el silencio; la intimidad y la distancia; la decisión de unirse y el derecho a vacilar.
La arquitectura residencial sigue siendo uno de los campos más activos para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva a través de la cual los/las arquitectos/as repiensan cómo el espacio doméstico puede responder al paisaje, al clima y a las dinámicas de vida contemporáneas. En esta edición de Obra No Construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una variedad de proyectos residenciales que abordan casas, villas y refugios como escenarios de retiro, mediación y habitabilidad cotidiana. En lugar de tratar el hogar como un objeto fijo o aislado, estos proyectos lo conciben como un marco espacial que negocia la exposición, la privacidad y el vínculo con el lugar.
"Sabemos que no nacemos para morir", solía decir el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha. "Nacemos para continuar". En la arquitectura, esta idea de continuidad yace en el núcleo del patrimonio, no como una herencia estática, sino como algo que perdura, se transforma y se reinterpreta constantemente. No obstante, aquello que continúa y lo que se permite que desaparezca nunca es neutral. Las decisiones sobre la preservación están moldeadas por el poder, la memoria y el valor, lo que plantea una pregunta fundamental para la práctica contemporánea: ¿quién define qué vale la pena preservar y para quién?