Una exploración previa de los hitos culturales en Medio Oriente diseñados por arquitectos/as internacionales destacó temas recurrentes como la arquitectura como una extensión del paisaje, el diseño sensible al clima y la abstracción de las formas tradicionales. A menudo, estos proyectos introdujeron soluciones ambientales de alta tecnología , emplearon formas monumentales para reinterpretar la identidad local o se posicionaron como hitos dentro del paisaje urbano o desértico más amplio. Si bien estos enfoques han definido muchas de las instituciones culturales más reconocibles de la región, representan solo una faceta del discurso arquitectónico. Una trayectoria igualmente significativa, pero distinta, surge de los/las arquitectos/as locales, quienes trabajan con estructuras existentes, contextos históricos y entornos habitados para crear instituciones que se sienten profundamente arraigadas en su entorno. Este enfoque prioriza la continuidad, la transformación y la accesibilidad, garantizando que la arquitectura siga siendo una parte en constante evolución del tejido cultural, en lugar de un objeto aislado.
Durante muchos años, la tecnología ha moldeado el futuro de diversas industrias, y la de la arquitectura, ingeniería y construcción (AEC) no es la excepción. En sus inicios, los/las arquitectos/as solían dibujar bocetos sobre papel, los cuales luego evolucionaron hacia dibujos en 2D, planos digitales en 3D y, actualmente, al sistema BIM. Estos avances tecnológicos han transformado la manera en que los/las arquitectos/as contemporáneos/as abordan el diseño, haciéndolo más sostenible y eficiente. Según el estudio sobre IA de RIBA de 2024, el 57% de los/las arquitectos/as cree que la IA mejorará la eficiencia del proceso de diseño, mientras que el 54% espera integrarla en su práctica profesional dentro de los próximos dos años.
Como un espacio de renacimiento, la ciudad de Muharraq en Baréin ha experimentado una visionaria transformación cultural y urbana, consolidándose como un modelo pionero de regeneración de base cultural en el mundo árabe, particularmente en la región del Golfo. Antigua capital de la industria de la pesca de perlas del país, Muharraq ha preservado, reinterpretado e integrado su legado histórico en su tejido urbano en constante evolución.
Frente al desafío de redefinir su futuro —marcado por una traza urbana intacta pero con estructuras arquitectónicas en deterioro—, Muharraq proyectó una narrativa urbana lineal que entrelaza la memoria de esta industria a través de una secuencia de edificios clave. La ciudad se propuso conectar los distintos inmuebles vinculados a su pasado perlero, como las viviendas de quienes se dedicaban al buceo, la capitanía de barcos y el comercio de perlas.
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El fabricante italiano Mara colabora estrechamente con diseñadores, aprovechando el control total de su proceso industrial in situ para fomentar la creatividad y la experimentación en su fábrica de Brescia. Imagen cortesía de Mara
Los dioses del clima no han sido muy benévolos a mi llegada a la fábrica de Mara en las afueras de Brescia. Cuando uno piensa en Italia, especialmente en la industria del diseño, por lo general imagina locaciones bañadas por el sol, donde un Aperol Spritz siempre está al alcance de la mano.
Sin embargo, las condiciones climáticas son, a decir verdad, lo único que este fabricante italiano de mobiliario no puede controlar. Fundada en 1960 por Camillo —abuelo de la actual directora general Laura Marchina y un experimentado metalúrgico dedicado a la fabricación de, nada menos que, cañones de armas—, la empresa, al igual que la propia familia, mantiene todo muy cerca de casa. Muy cerca, de hecho. La historia de Mara no es solo 100% "Made in Italy", sino 100% Brescia. (Dato curioso: el nombre de la empresa es una contracción de "Marchina Arredamenti" o "Mobiliario Marchina".)
La producción de vino ha estado ligada desde hace mucho tiempo al territorio, el clima y la cultura. En las últimas décadas, además, la arquitectura se ha convertido en un componente central de esta relación. Las bodegas ya no se entienden únicamente como instalaciones funcionales para la fermentación, el almacenamiento y la distribución, sino también como espacios donde confluyen el paisaje, la materialidad y la experiencia de los/las visitantes. Desde cavas subterráneas ocultas bajo los campos hasta hitos escultóricos que se alzan en entornos rurales, estos edificios moldean la identidad de las regiones vitivinícolas, al tiempo que ofrecen a los/las visitantes un encuentro minuciosamente coreografiado con el proceso de producción.
En la intersección de la agricultura, el turismo y la cultura, las bodegas ofrecen a los/las arquitectos/as oportunidades únicas para fusionar las exigencias técnicas con una narrativa espacial. Estos proyectos deben responder a las condiciones ambientales, controlar la temperatura y la humedad con precisión e integrarse con ecosistemas delicados, ofreciendo asimismo espacios para la degustación, el encuentro y la celebración. Como consecuencia, esta tipología ha dado origen a una amplia diversidad de soluciones arquitectónicas: mientras algunas se arraigan en la tradición y el oficio local, otras exploran tecnologías avanzadas y formas contemporáneas.
Esta edición de Architecture Now reúne proyectos que exploran cómo la arquitectura está transformando los puntos de acceso globales, los destinos culturales y la vida urbana. El diseño de SOM para una nueva Sala de Llegadas y Salidas en Austin y la propuesta de Scott Brownrigg para Heathrow West destacan al aeropuerto como un umbral cívico, mientras que el complejo de tres torres de Kerry Hill Architects en Brisbane pone el énfasis en el espacio público y los paisajes subtropicales dentro de la vivienda de alta densidad. La torre frente al mar de Zaha Hadid Architects en Florida da continuidad a la tradición escultórica costera de Miami, y Japa Valley Tokyo, de Pharrell Williams y NIGO, introduce un distrito cultural temporal que fusiona arte, hospitalidad y comercio minorista. En conjunto, estas iniciativas reflejan cómo la infraestructura, el estilo de vida y el diseño se intersectan para definir la experiencia urbana contemporánea.
"Los límites de nuestro lenguaje de diseño son los límites de nuestro pensamiento de diseño". La declaración de Patrik Schumacher sugiere sutilmente un cambio en el entorno construido, que va más allá de la mera integración tecnológica para adoptar la inteligencia en los espacios y ciudades que habitamos. El futuro plantea la posibilidad de que los edificios cumplan funciones que trasciendan el albergar la actividad humana, participando activamente en la configuración de la vida urbana.
Ante la migración anual de millones de habitantes hacia las metrópolis, el sur de Asia experimenta niveles asombrosos de desarrollo urbano. Este crecimiento trae consigo prosperidad económica pero también una fuerte presión ecológica, a medida que las selvas de concreto reemplazan a los hábitats naturales. La región, que alberga a países como India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Bután, Maldivas y Nepal, se enfrenta al desafío de abordar problemáticas contextuales para equilibrar la urbanización con la sostenibilidad ambiental. Estas negociaciones son sumamente complejas y exigen comprender de manera sistemática los escenarios económicos, sociales y políticos de cada país.
A medida que la arquitectura navega por un mundo en rápida transformación, marcado por la urgencia ecológica, la transformación social y la aceleración tecnológica, la noción de inteligencia se está redefiniendo. Lejos de limitarse a la cognición individual o a la computación artificial, la inteligencia hoy puede emerger de la memoria cultural, las prácticas colectivas y los sistemas adaptativos. En este sentido más amplio, la arquitectura se convierte en un campo de convergencia donde las inteligencias natural, artificial y social se cruzan para ofrecer nuevas formas de diseñar y construir.
Las tradiciones vernáculas incorporan generaciones de conocimiento ambiental, a menudo transmitido a través de materiales, técnicas constructivas y lógicas espaciales finamente adaptadas a las condiciones locales; por su parte, las plataformas participativas amplían la toma de decisiones a comunidades más amplias para que formen parte de la configuración de sus entornos, redistribuyendo la agencia en el proceso de diseño; y, finalmente, los procesos computacionales simulan y responden a datos complejos en tiempo real, aportando la capacidad de analizar, simular y reaccionar ante variables complejas —ya sean ambientales, sociales o conductuales—, lo que ofrece nuevas formas de adaptabilidad.
Interior de la Iglesia conventual de San Francisco de Asís, Salvador. Foto: Rodrigo Baeta
Lo ocurrido en la iglesia conventual de San Francisco de Asís en Salvador es un triste capítulo más de un proceso que aqueja al patrimonio cultural brasileño, intensificado en los últimos años con los incendios del Museo Nacional en Río de Janeiro, de la Cinemateca y del Museo de la Lengua Portuguesa en São Paulo. En este sentido, durante los últimos días se ha debatido intensamente sobre quién tendría la "culpa" de lo sucedido en Salvador, o quién tendría la "responsabilidad" de evitar este desastre, que además cobró la vida de una joven turista: si la administración de la iglesia, el IPHAN (Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional), los organismos locales de cultura y patrimonio, etc. Este tema es ciertamente complejo e importante de discutir, y exige investigaciones minuciosas sobre las causas del siniestro. Sin embargo, el debate debe ser más amplio, con el propósito fundamental de reflexionar sobre cómo podemos evitar que ocurran eventos semejantes: mayor inversión, una mayor valoración del patrimonio artístico y arquitectónico, protocolos de seguridad más rígidos y eficaces, conservación preventiva y educación patrimonial. En los días posteriores al incidente en Salvador, numerosos edificios del período colonial fueron clausurados en diversos puntos del país bajo el argumento de que también corrían riesgo de derrumbe. Nuestro patrimonio exige atención, en muchos casos de carácter urgente.
El camino de Agustina Iñiguez en la arquitectura se originó en un profundo aprecio por el arte, el dibujo y los oficios, intereses que naturalmente derivaron en una formación académica formal a partir de los 18 años. Radicada en Buenos Aires, Agustina equilibra su práctica profesional de la arquitectura con un rol activo en la academia, desempeñándose como ayudante de cátedra en la Universidad de Buenos Aires y como profesora asistente en la Universidad Torcuato Di Tella. Desde que se integró al equipo editorial de ArchDaily en 2021, ha aportado un enfoque reflexivo e interdisciplinario a la curaduría de contenidos, tendiendo puentes entre la teoría, la práctica y el compromiso social.
Su enfoque editorial se centra en explorar proyectos y temáticas arquitectónicas que consideran minuciosamente los materiales, las técnicas constructivas y la integración con el sitio, manteniendo un énfasis constante en la mejora de la calidad de vida a través del diseño. A Agustina le interesan de manera particular la reutilización adaptativa, la renaturalización urbana y las estrategias de diseño inclusivo que responden a las necesidades de diversas comunidades. Aboga por la colaboración interdisciplinaria y promueve obras que vinculan con sensibilidad la innovación arquitectónica con sus contextos ambientales y culturales.
La práctica de combinar materiales para lograr un mejor rendimiento ha acompañado a la humanidad desde las primeras construcciones. Uno de los primeros ejemplos conocidos surgió hace más de cinco mil años, cuando las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto mezclaban lodo y paja para moldear ladrillos de adobe secados al sol. Ligera y fibrosa, la paja evitaba el agrietamiento y aumentaba la resistencia, mientras que el lodo actuaba como aglutinante y protección. Esta invención simple pero ingeniosa puede considerarse el primer material compuesto de la historia, lo que ilustra la intuición ancestral de que distintos materiales, al combinarse, pueden convertirse en algo más fuerte y mejor.
A medida que las ciudades crecen y el suelo disponible es cada vez más limitado, la arquitectura en altura adquiere un papel fundamental para abordar la densidad urbana, al tiempo que define nuevas formas de vivir y trabajar. Los edificios altos están evolucionando más allá de sus funciones tradicionales para integrar estrategias ambientales, fomentar la participación pública y contribuir al tejido urbano. El diseño arquitectónico actual explora nuevos materiales, tecnologías de eficiencia energética y configuraciones espaciales que aumentan la adaptabilidad de las torres a su entorno. Algunos proyectos incorporan espacios verdes y servicios compartidos para estrechar el vínculo entre el entorno construido y quienes lo habitan, en tanto que otros introducen técnicas de construcción innovadoras que optimizan la sustentabilidad y la eficiencia.
Entre esta selección de proyectos enviados por la comunidad de ArchDaily, *The Residences at 1428 Brickell*, diseñado por Arquitectonica en Miami (Estados Unidos), presenta una fachada con paneles solares que contribuye a abastecer las necesidades energéticas del edificio. Por su parte, en Dubái (EAU), *AVA* de SOMA plantea una transición desde la escala urbana hacia un entorno más contenido y definido por el agua, con un fuerte enfoque en el estilo de vida de lujo. Asimismo, en Bangkok (Tailandia), HAS Design and Research propone la *Bangkok Civic Center Tower* como una nueva tipología de espacio público que combina paisajes verdes con superficies espejadas para conectar la urbe con la naturaleza. Estos proyectos reflejan distintos enfoques de la arquitectura vertical y ponen de manifiesto cómo los equipos de diseño responden a los desafíos y oportunidades que presentan los entornos urbanos densos.
No se puede negar que, a primera vista, la noticia de un Louvre en Abu Dabi o de un Centre Pompidou en el Brasil causa cierta extrañeza. La imagen de estos museos, mundialmente reconocidos, parece —de algún modo— indisoluble de sus contextos originales. Y, en parte, realmente lo es. El Louvre, arraigado en la historia de Francia como antigua fortaleza y posterior residencia real, representa un conjunto de valores patrimoniales inestimables, realzados aún más por la emblemática intervención piramidal de I. M. Pei, en 1989. El Pompidou, por su parte, es recordado como un punto de inflexión histórico: al redefinir el concepto de equipamiento público por medio de una arquitectura sumamente disruptiva, logró que, por primera vez, la cultura atrajera a multitudes.
El Castillo de Edimburgo en la capital de Escocia. Imagen de 瑞丽江的河水, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Edimburgo, la capital de Escocia, ha sido reconocida desde hace tiempo por su rica historia cultural y su intrincado tejido urbano. La ciudad cobra vida en sus museos, sus viviendas colectivas tradicionales y los comercios que albergan sus edificios georgianos. En 2022, la revista Time Out clasificó a Edimburgo como la mejor ciudad del mundo, destacando su eficiencia en la cohesión comunitaria y en sistemas urbanos como el transporte público. No obstante, a medida que los efectos del cambio climático se hacen cada vez más visibles a escala urbana, la ciudad se enfrenta inevitablemente a un dilema urgente: cómo mantener esta calidad de vida bajo condiciones cada vez más complejas.
El camino hacia este equilibrio se articula a través de varias estrategias interconectadas, tales como la rehabilitación energética, la reutilización adaptativa, el diseño circular y la colaboración comunitaria; cada una de ellas contribuye a la evolución de la visión de Edimburgo hacia un futuro urbano sostenible.
Cada detalle en la construcción de un entorno tiene un impacto significativo. La distribución, la composición, el mobiliario, la gama cromática y los materiales se conjugan para crear una experiencia cohesiva e inmersiva en la percepción del espacio. En el diseño de baños, esta integración va más allá de la estética, buscando asegurar que cada elección —desde la materialidad hasta la forma del mobiliario— contribuya a crear espacios funcional y económicamente viables, con una estética que no dependa de la exclusividad. Al centrarse en la rentabilidad y en soluciones bien resueltas, profesionales de la arquitectura y el diseño pueden dar forma a diversos entornos sin sacrificar la calidad ni la coherencia visual. En este sentido, un enfoque democrático del diseño se convierte en una herramienta para crear ambientes donde la calidad, la funcionalidad y la accesibilidad económica son principios fundamentales.
https://www.archdaily.cl/es/1141629/habitar-de-proxima-generacion-diseno-de-banos-personalizable-y-de-alta-calidad-a-tu-alcanceEnrique Tovar
En toda Asia, los andamios de bambú han simbolizado la intersección entre el conocimiento tradicional y la construcción moderna. El perfil urbano de Hong Kong está definido por intrincados andamios de bambú; sin embargo, este oficio ancestral está desapareciendo progresivamente de la región. Por su parte, las ciudades indias siguen utilizando andamios de bambú en obras de construcción por todo el subcontinente, revelando una paradoja distinta.
A menudo admirado por su simplicidad y su capacidad para comunicar con claridad a través de garabatos en una servilleta manchada de espresso martini, el boceto en servilleta es quizás una de las formas de liderazgo creativo más reconocidas en la industria. No solo es icónico, sino que este tipo de boceto iterativo en etapa temprana ayuda a definir el rumbo del proyecto de manera rápida, sencilla y efectiva. Sin embargo, el trabajo posterior para traducir ese boceto en un diseño (y, en última instancia, ganar el proyecto) a menudo priva a las firmas de una fase de diseño inicial que sea rentable.
La trayectoria del vidrio en la arquitectura refleja la evolución tecnológica de la humanidad. Durante siglos, fue un material frágil y opaco, confinado a pequeñas aberturas en templos o residencias aristocráticas, limitado en tamaño, con una transparencia irregular y un papel predominantemente secundario. A partir de la Revolución Industrial y gracias a los avances en los procesos de fabricación, esta condición cambió drásticamente. De los vitrales artesanales e imperfectos del pasado, hoy disponemos de una amplia gama de aplicaciones arquitectónicas: desde fachadas de rascacielos completamente acristaladas hasta puentes peatonales translúcidos, cubiertas ligeras, divisiones inteligentes y elementos móviles. Uno de los usos más sorprendentes —en algún momento considerado inviable— es la interacción directa del vidrio con grandes volúmenes de agua. Hoy en día, vemos piscinas con paredes o pisos transparentes que sobresalen de los edificios, flotan sobre las calles o se fusionan visualmente con su entorno, creando experiencias sensoriales impactantes. Se trata de una hazaña notable, sobre todo si se considera que, durante mucho tiempo, el vidrio fue catalogado como un material demasiado frágil para entornos sumergidos.
La historia de los Juegos Olímpicos, aunque marcada por los logros deportivos, contrasta constantemente con los desafíos de infraestructura. En las distintas ciudades sede, desde Atenas hasta Río y Pekín, surgen problemáticas similares: importantes sobrecostos y el complejo tema del legado. La gran pregunta es: ¿cuál es el mejor uso viable a largo plazo para las instalaciones deportivas construidas con un fin específico? Los Juegos de Montreal 1976 compartieron este destino tras la construcción de un Parque Olímpico que enfrentó duras críticas por sobrecostos y deudas derivadas de obras especializadas. Después de los Juegos, recintos como el Velódromo de Montreal corrían el riesgo de convertirse en una carga financiera. Sin embargo, la ciudad demostró una respuesta proactiva al proponer la transformación del edificio en un activo cívico próspero, que hoy se erige como un ejemplo internacionalmente reconocido de reconversión exitosa de recintos olímpicos.
En toda Europa y más allá, los/las arquitectos/as se enfrentan a un punto de inflexión. A medida que las crecientes metas de reducción de emisiones chocan con el desabasto de materiales y la urgencia cada vez mayor de los compromisos climáticos, el entorno construido se ve obligado a reflexionar profundamente sobre cómo consume, circula y desecha sus recursos. Lo que alguna vez se consideró residuo se revela hoy como un archivo arquitectónico latente, un ecosistema urbano de materiales a la espera de ser recuperados, revalorizados o reimaginados. En medio de esta transición, los/las arquitectos/as comienzan a desempeñar un papel radicalmente distinto: no solo como diseñadores/as de edificios, sino también como orquestadores/as de los flujos que los sustentan.
Esta mentalidad emergente está transformando los cimientos de la práctica profesional. En lugar de depender de cadenas de suministro largas y extractivas, los equipos de diseño están empezando a construir sus propias redes de circuito cerrado: establecen bancos de materiales, negocian protocolos de deconstrucción y participan en nuevas formas de minería urbana.