Las chimeneas figuran entre los elementos más silenciosamente persistentes de la historia de la arquitectura. No obstante, su presencia perdura en prácticamente todos los contextos culturales y climáticos, funcionando tanto como recurso técnico como dispositivo espacial, atmosférico y simbólico. Puebla por igual los densos perfiles urbanos y ancla los horizontes rurales; su silueta vertical resulta tan cotidiana como una ventana o el marco de una puerta. Esta aparente cotidianeidad es engañosa. La chimenea es uno de los pocos componentes arquitectónicos que vincula la escala íntima de la vida interior con las fuerzas expansivas del entorno. Para profesionales de la arquitectura y el diseño, la necesidad de la chimenea plantea una elección: dejar que se desvanece discretamente en el tejido funcional del edificio o potenciarla como un elemento central y expresivo que defina la identidad del proyecto.
Dedicada a la especificación de iluminación de alta gama, la feria comercial del Reino Unido LiGHT 25 regresará al Business Design Center en Islington, Londres, los días 19 y 20 de noviembre de 2025. Tras LiGHT 24, que convocó a más de 5,500 visitantes, la edición de este año presentará un programa ampliado de innovación, educación y oportunidades de networking. Entre los aspectos más destacados para 2025 se encuentran la introducción de la Technical Zone, el regreso del Associations Lounge y una nueva instalación artística lumínica e inmersiva a gran escala.
Frente a la combinación del crecimiento demográfico, la prosperidad económica y la expansión de las áreas urbanas, un notable aumento en los flujos de personas y bienes acompaña el desarrollo de las diferentes formas de movilidad disponibles en el entorno urbano. A medida que avanzan las tecnologías y los medios de transporte evolucionan, la reutilización adaptativa de vagones de trenes, cabinas de aviones y demás infraestructuras de servicios expone la oportunidad de desarrollar su potencial creativo. Materiales, tecnologías y herramientas de diseño se funden bajo un objetivo común: reacondicionar y reutilizar estructuras en desuso para darles una nueva vida.
Pocos encargos permiten a los/las arquitectos/as centrarse en usuarios no humanos, y menos aún involucran a caballos. Si bien las mascotas domésticas como perros y gatos son musas habituales, las necesidades particulares de los caballos presentan un desafío único al momento de diseñar caballerizas. Dado que los caballos, quienes son los habitantes principales de las caballerizas, no pueden expresar sus necesidades, el diseño depende de los rigurosos requisitos dictados por sus cuidadores/as, lo que exige un equilibrio entre la optimización de las operaciones humanas y el máximo confort y seguridad del animal. Quienes diseñan suelen abordar esto a través de tres principios fundamentales: confort y bienestar equino, materialidad contextual y eficiencia operativa. Por lo tanto, las distribuciones resultantes se caracterizan por una zonificación rigurosa que separa claramente los programas en espacios residenciales (pesebreras o boxes), de servicio (guardarnés, almacenamiento, lavado, alimentación) y de entrenamiento (pistas, caminadores). Los diseños también atienden al bienestar visual: los caballos son animales sociales, por lo que se posicionan estratégicamente las caballerizas para favorecer las líneas de visión entre los animales y hacia el exterior, empleando a menudo sistemas de celosías o estructuras abiertas. Además, se busca una iluminación difusa mediante el uso de materiales como paneles translúcidos para evitar sombras marcadas que puedan inducir estrés en las pistas. Asimismo, las rutas de circulación se diseñan para garantizar un movimiento seguro y eficiente tanto de las personas como de los animales.
En el diseño de interiores contemporáneo, la acústica ha evolucionado de ser un aspecto secundario a convertirse en un lenguaje de diseño definitorio. Los y las profesionales de la arquitectura y la especificación buscan cada vez más materiales que respondan tanto visual como funcionalmente – donde la textura de la superficie, el juego de luces y la absorción acústica converjan para dar forma a la experiencia humana. A medida que los espacios de trabajo de planta abierta, los interiores de hotelería y los centros educativos adoptan acabados más táctiles y sostenibles, el mercado de materiales acústicos de alto rendimiento ha experimentado un gran auge. En este panorama, Woven Image se ha consolidado como líder global, desafiando continuamente los límites de lo que pueden lograr las superficies acústicas.
La infraestructura ha definido desde hace mucho tiempo la columna vertebral de las ciudades, al conectar personas, paisajes y economías a través de sistemas que a menudo pasan desapercibidos hasta que fallan. Hoy en día, a medida que los desafíos globales exigen respuestas más adaptables y centradas en las personas, los/las arquitectos/as están replanteando lo que puede ser la infraestructura: no solo un marco para el movimiento y los servicios, sino un catalizador para la restauración ecológica, la continuidad cultural y la imaginación cívica. Los siguientes proyectos no construidos, enviados por la comunidad de ArchDaily, exploran este papel ampliado de la infraestructura, donde aeropuertos, puentes, parques industriales y redes peatonales se convierten en expresiones arquitectónicas de conexión y cuidado.
No se puede negar que, a primera vista, la noticia de un Louvre en Abu Dabi o de un Centre Pompidou en el Brasil causa cierta extrañeza. La imagen de estos museos, mundialmente reconocidos, parece —de algún modo— indisoluble de sus contextos originales. Y, en parte, realmente lo es. El Louvre, arraigado en la historia de Francia como antigua fortaleza y posterior residencia real, representa un conjunto de valores patrimoniales inestimables, realzados aún más por la emblemática intervención piramidal de I. M. Pei, en 1989. El Pompidou, por su parte, es recordado como un punto de inflexión histórico: al redefinir el concepto de equipamiento público por medio de una arquitectura sumamente disruptiva, logró que, por primera vez, la cultura atrajera a multitudes.
Como solía sostener el recordado urbanista Jaime Lerner, el futuro de la arquitectura no radica en construir nuevas ciudades, sino en actualizar las que ya existen. En un mundo donde los recursos son finitos y el espacio urbano está cada vez más saturado, su afirmación resulta más urgente que nunca. Es un llamado a que quienes ejercen la arquitectura miren hacia adentro, replanteen lo que realmente necesita construirse y reconozcan el potencial creativo de lo que ya existe. Dentro de las limitaciones de las estructuras existentes se esconde una oportunidad para diseñar de manera diferente: reparar, adaptar y reutilizar. O, como diría el poeta francés Louis Aragon, reinventar el pasado para ver la belleza del futuro.
Este mes, ArchDaily exploraConstruir menos: replantear, reutilizar, renovar, reconvertir, un tema que examina la creciente tendencia en la arquitectura de trabajar con lo preexistente. A medida que los espacios urbanos se densifican y el suelo escasea, quienes ejercen la arquitectura están replanteando el impulso de construir desde cero. En su lugar, prolongan la vida útil de las estructuras existentes, adoptando la renovación y la reutilización adaptativa como estrategias de sostenibilidad y creatividad. La pregunta que guía esta exploración es sencilla pero urgente: ¿cómo puede la arquitectura redefinir los futuros urbanos construyendo menos?
La arquitectura se encuentra en un momento crucial. A medida que las ciudades continúan creciendo bajo el peso de las presiones climáticas y sociales, los materiales y sistemas que las conforman se están redefiniendo. La inteligencia artificial y la robótica, que en su momento se utilizaron para acelerar los procesos de construcción, ahora se replantean como herramientas de cultivo. Estructuras impresas que crecen, respiran y se descomponen. El cultivo, en este contexto, se refiere al diseño con materiales biológicos, donde el crecimiento y la descomposición son parámetros activos que fusionan la precisión digital con la inteligencia ecológica. Esta evolución evidencia la transición de la eficiencia a la empatía, donde la arquitectura se convierte en un agente de reparación activa. La incorporación de micelio y otros materiales naturales en la impresión 3D presenta un nuevo paradigma en la arquitectura: la lógica de lo vivo. Un espacio donde la computación y la fabricación convergen con la adaptabilidad biológica.
La IA y la robótica, antes asociadas a la eficiencia industrial, abren ahora nuevas vías de diseño. Los primeros ejemplos, como los prototipos de viviendas impresas en 3D de ICON, se centraban en la velocidad y la automatización, pero ofrecían poca respuesta a su entorno. Proyectos más recientes, como el MycoMuseum en la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2025, reinterpretan estas herramientas bajo un prisma biológico. En lugar de moldear concreto, cultivan materiales vivos, lo que marca una transición desde la optimización pura hacia la regeneración.
A menudo se hace referencia a la arquitectura vernácula como una fuente de lecciones para la creación de edificaciones de bajo consumo de energía y para la lucha contra el cambio climático. No obstante, a medida que los patrones climáticos cambian, existen casos en los que las propias técnicas de construcción tradicional empiezan a correr peligro. Además de las variaciones de temperatura, diversas regiones se enfrentan a un clima cada vez más húmedo o seco, experimentando un mayor riesgo de sequías, inundaciones, tormentas y alteraciones en la flora local. Las casas pintadas de Tiébélé en Burkina Faso, reconocidas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, son un claro ejemplo de ello.
A Aristóteles se le atribuye el proverbio "Una sola golondrina no hace verano". En la naturaleza, la llegada de estas aves migratorias suele anunciar el cambio de estación, un símbolo universal de renovación y esperanza. Sin embargo, solo cuando son muchas las que emprenden el vuelo comienza el verdadero calor del verano. Lo mismo puede ocurrir en la arquitectura: un proyecto aislado, por ejemplar que sea, rara vez transforma una realidad por sí solo. En cambio, cuando una obra enseña, inspira y es capaz de replicarse, se convierte en el heraldo de algo mucho mayor.
Aquellas iniciativas que combinan tecnologías sencillas, materiales locales y procesos participativos demuestran cómo construir también puede ser un acto de aprendizaje. Las estructuras y los ladrillos dan forma a espacios de enseñanza mutua, donde los/las arquitectos/as y los/las habitantes comparten conocimientos y construyen en conjunto, multiplicando habilidades y estrechando vínculos. Estos proyectos vislumbran la posibilidad de un verano colectivo, un futuro en el que el conocimiento se propague con la misma amplitud que los muros que lo cobijan.
La diplomacia cultural se refiere al uso de la expresión cultural y el intercambio creativo para fomentar el entendimiento y construir relaciones entre naciones. En este contexto, la arquitectura ha desempeñado durante mucho tiempo un papel distintivo. Más allá de sus dimensiones funcionales y estéticas, sirve como un medio de comunicación, un lenguaje a través del cual los países expresan identidad, valores y ambición en el escenario global.
La arquitectura opera como una forma de poder blando — persuasiva más que coercitiva — permitiendo a las naciones proyectar influencia a través de una presencia material. Desde embajadas modernas en la era de la posguerra hasta pabellones monumentales en exposiciones mundiales, los gobiernos e instituciones han reconocido el potencial del entorno construido para moldear la percepción. Al encargar a arquitectos/as prominentes y adoptar lenguajes de diseño específicos, los países han utilizado la arquitectura para señalar modernidad, tradición, innovación o estabilidad.
Concreto, acero, madera, vidrio. Cada año, millones de toneladas de materiales de construcción son descartadas, acumuladas en vertederos y silenciadas bajo el peso del siguiente edificio. Estructuras enteras desaparecen para dar paso a otras, reiniciando un ciclo voraz de extracción de recursos, producción de materiales y reemplazo. Junto con los escombros que se acumulan, también se pierde algo más profundo: el tiempo, el trabajo humano, las historias y la memoria colectiva plasmada en la materia. En una época en que los objetivos climáticos exigen reducir las emisiones y extender la vida útil de lo existente, la demolición se reconoce cada vez más como una forma de amnesia urbana, una que borra no solo la continuidad cultural sino también la energía incorporada de los edificios. Y aun cuando se suele decir que el edificio más sostenible es el que ya existe, ese principio rara vez sobrevive cuando entran en juego otros intereses.
La producción de vino ha estado ligada desde hace mucho tiempo al territorio, el clima y la cultura. En las últimas décadas, además, la arquitectura se ha convertido en un componente central de esta relación. Las bodegas ya no se entienden únicamente como instalaciones funcionales para la fermentación, el almacenamiento y la distribución, sino también como espacios donde confluyen el paisaje, la materialidad y la experiencia de los/las visitantes. Desde cavas subterráneas ocultas bajo los campos hasta hitos escultóricos que se alzan en entornos rurales, estos edificios moldean la identidad de las regiones vitivinícolas, al tiempo que ofrecen a los/las visitantes un encuentro minuciosamente coreografiado con el proceso de producción.
En la intersección de la agricultura, el turismo y la cultura, las bodegas ofrecen a los/las arquitectos/as oportunidades únicas para fusionar las exigencias técnicas con una narrativa espacial. Estos proyectos deben responder a las condiciones ambientales, controlar la temperatura y la humedad con precisión e integrarse con ecosistemas delicados, ofreciendo asimismo espacios para la degustación, el encuentro y la celebración. Como consecuencia, esta tipología ha dado origen a una amplia diversidad de soluciones arquitectónicas: mientras algunas se arraigan en la tradición y el oficio local, otras exploran tecnologías avanzadas y formas contemporáneas.
El certamen invitó a diseñadores y diseñadoras a reflexionar sobre uno de los elementos más antiguos y simbólicos de la arquitectura: la escalera. Más allá de su rol funcional como nexo entre niveles, la escalera se posicionó en esta propuesta como un medio de narrativa arquitectónica, una invitación a explorar nociones de procesión, secuencia, espacio y forma.
Para esta primera edición, se solicitó a quienes participaron conceptualizar una escalera no como una solución técnica, sino como un artefacto expresivo: una materialización de su sensibilidad proyectual y sus valores arquitectónicos. No hubo restricciones de sitio, escala, material o programa. En su lugar, el desafío consistió en reimaginar la escalera como un constructo escultórico, poético e incluso filosófico, capaz de provocar, cuestionar o elevar nuestra comprensión del espacio vertical.
Los colores pueden definir atmósferas, orientar la percepción del espacio y traducir modos de ser, memorias y afectos colectivos. Por ello, comprenderlos se ha convertido en una parte esencial de los procesos creativos y constructivos contemporáneos. Detrás de cada tono existe um campo de investigación que articula sociología, psicología, estética y tecnología, conectando el color con transformaciones culturales más amplias y revelando cómo puede convertirse en una herramienta de lectura y expresión del tiempo presente.
Los edificios deben transformarse a un ritmo más rápido que aquel para el que fueron construidos. Las cambiantes necesidades de los/las inquilinos/as, el endurecimiento de las políticas climáticas y la creciente desocupación de oficinas dejan al descubierto el costo de un parque inmobiliario estático: residuos, ruido, tiempos de inactividad y, en el peor de los casos, activos improductivos. La consecuencia es clara: los edificios de todas las tipologías deben diseñarse para adaptarse a lo largo del tiempo. La edición inaugural de la Adaptable Building Conference (ABC), que se llevará a cabo el 22 de enero de 2026 en el Nieuwe Instituut en Róterdam, reúne al sector para transformar la adaptabilidad de un principio a una práctica concreta.
La isla de Ormuz, ubicada en Irán, fue un puerto de gran importancia estratégica en el Golfo Pérsico, caracterizado por su paisaje de montañas de colores. A pesar de su atractivo turístico, la isla enfrenta graves problemas socioeconómicos, y su población local ha lidiado históricamente con dificultades económicas. En respuesta a esto, el Complejo Majara, diseñado por ZAV Architects, fue concebido no solo como un edificio, sino como una intervención arquitectónica deliberada, pensada para otorgar control, oportunidades y beneficios económicos de manera directa a la comunidad local. Con este fin, el proyecto canalizó la inversión hacia los recursos humanos locales y priorizó técnicas de construcción accesibles, abriendo un camino para la generación de riqueza a nivel local. Esto permitió que el Complejo Majara fuera uno de los galardonados con el Premio Aga Khan de Arquitectura en 2025.
Para los/las arquitectos/as y especificadores/as, la selección del sistema de revestimiento adecuado es tanto un acto técnico como creativo, que conecta la ciencia de los materiales con la intención arquitectónica. Más que simples envolventes visuales, las fachadas actuales son sistemas de alto rendimiento que equilibran protección, aislamiento y expresión. Al funcionar como la primera barrera entre el exterior y el interior, un sistema de revestimiento adecuado puede definir el comportamiento y el envejecimiento de un edificio a lo largo del tiempo, lo que incide en su confort térmico, rendimiento acústico, seguridad contra incendios y durabilidad general.
Entre los materiales de fachada más utilizados se encuentran la madera, las láminas metálicas, los compuestos y los sistemas de aluminio. Dentro de esta gama, los paneles metálicos de revestimiento simple y los paneles de aluminio extruido destacan especialmente por su combinación de resistencia, precisión y atractivo arquitectónico. Si bien ambos se benefician de la ligereza inherente y la resistencia a la corrosión del aluminio, difieren significativamente en su lógica estructural, características de rendimiento y aplicaciones ideales. Empresas como Parallel Architectural Products —especializada en sistemas de revestimiento de aluminio extruido y acabados arquitectónicos— han desempeñado un papel fundamental en el avance de estas tecnologías, conjugando ingeniería de precisión, flexibilidad estética y fabricación local.
El Grupo VELUX presenta el siguiente paso en su agenda de Liderazgo en Acción (Action Leadership): un experimento para explorar cómo los edificios existentes pueden responder de mejor manera a las necesidades de las personas y del planeta. Esta iniciativa se basa en décadas de proyectos piloto e investigación en torno a edificaciones saludables, como Living Places, un proyecto que logró una huella de carbono ultrabaja y un clima interior de primer nivel de forma asequible y accesible. Esta nueva etapa desplaza el enfoque de la obra nueva hacia la renovación de la edificación existente, bajo el nombre de Re:Living.
Re:Living es un experimento con visión de futuro que busca reimaginar la renovación para que deje de ser una mera actualización técnica y se convierta, en cambio, en una oportunidad holística para mejorar el bienestar humano, apoyar la biodiversidad y reducir el impacto ambiental. Forma parte del compromiso a largo plazo de VELUX de liderar la industria de la construcción hacia prácticas más saludables y sostenibles, bajo la convicción de que limitarse a reducir los daños ya no es suficiente.
El camino de Agustina Iñiguez en la arquitectura se originó en un profundo aprecio por el arte, el dibujo y los oficios, intereses que naturalmente derivaron en una formación académica formal a partir de los 18 años. Radicada en Buenos Aires, Agustina equilibra su práctica profesional de la arquitectura con un rol activo en la academia, desempeñándose como ayudante de cátedra en la Universidad de Buenos Aires y como profesora asistente en la Universidad Torcuato Di Tella. Desde que se integró al equipo editorial de ArchDaily en 2021, ha aportado un enfoque reflexivo e interdisciplinario a la curaduría de contenidos, tendiendo puentes entre la teoría, la práctica y el compromiso social.
Su enfoque editorial se centra en explorar proyectos y temáticas arquitectónicas que consideran minuciosamente los materiales, las técnicas constructivas y la integración con el sitio, manteniendo un énfasis constante en la mejora de la calidad de vida a través del diseño. A Agustina le interesan de manera particular la reutilización adaptativa, la renaturalización urbana y las estrategias de diseño inclusivo que responden a las necesidades de diversas comunidades. Aboga por la colaboración interdisciplinaria y promueve obras que vinculan con sensibilidad la innovación arquitectónica con sus contextos ambientales y culturales.
El centro cultural constituye una tipología arquitectónica que ha despertado un especial interés entre profesionales de la arquitectura y el urbanismo durante décadas. Ya sea por su programa multifacético, por su escala a menudo emblemática o por el potencial de transformar el contexto urbano en el que se inserta, se trata de un tipo de edificación que concentra una gran carga simbólica y proyectual. La amplia difusión de referencias internacionales — muchas de ellas firmadas por arquitectos y arquitectas de renombre — refuerza el aura de prestigio asociada a este programa, frecuentemente considerado un territorio privilegiado para la experimentación formal y conceptual. No es casualidad que los proyectos de centros culturales figuren entre los temas más recurrentes en concursos, exposiciones y talleres académicos.
Sin embargo, detrás de esta fascinación contemporánea, hay una historia compleja, en la cual la noción de espacio destinado a la cultura ha ido siendo redefinida hasta asumir las configuraciones que hoy reconocemos. Una continua actualización que invita a reflexionar no solo sobre el recorrido histórico de estos espacios, sino también sobre las posibilidades que delinearán su futuro.
Cuando Hudson Yards se inauguró en Manhattan en 2019, prometía un nuevo barrio urbano construido desde cero. Se erigieron 16 torres con 4,000 unidades residenciales con la esperanza de crear una comunidad sólida. A pesar de sus lujosos servicios y sus imponentes plazas públicas, persistía un vacío peculiar. El desarrollo se sentía anónimo, revelando una verdad fundamental sobre la capacidad social humana.