Tras su última edición en 2019, Amman Design Week regresa del 2 al 17 de octubre de 2026, reuniendo a más de 220 diseñadores, diseñadoras y participantes en exposiciones, instalaciones, proyectos de espacio público, charlas, talleres y performances en Jordania. Esta cuarta edición se desarrollará en Ras El Ain, Jabal Al Lweibdeh, Jabal Amman, Iraq Al Amir y, por primera vez, en Aqaba. Fundado en 2016 por Su Majestad la Reina Rania Al Abdullah, el evento vuelve bajo la temática "Acumulaciones" (Accumulations), para explorar cómo los materiales, las memorias, el conocimiento, el trabajo y las prácticas cotidianas se congregan con el tiempo para formar parte de los lugares habitados. Este concepto vincula de manera directa a la edición de 2026 con la propia ciudad.
La arquitectura esta semana reflexiona sobre cómo los edificios y las ciudades se adaptan a las cambiantes condiciones culturales, sociales y ambientales. Desde la expansión de instituciones consolidadas y la preservación de archivos de arquitectura hasta nuevos enfoques para la vivienda y el uso del espacio doméstico, diversas historias analizan cómo la arquitectura media entre los contextos existentes y las necesidades futuras. Estas interrogantes van más allá de los edificios individuales y abordan el papel del espacio público, la infraestructura, la energía y la memoria colectiva en la configuración del entorno construido. Al mismo tiempo, nuevos proyectos y programas culturales en diversos contextos demuestran cómo la arquitectura puede responder a las historias locales, la transformación urbana y las limitaciones de recursos, al tiempo que establece nuevas relaciones entre los edificios, el paisaje y las comunidades que los habitan.
Plaza Skanderbeg / 51N4E. Imagen cortesía de 51N4E
Durante los últimos veinte años, Albania ha sido uno de los territorios con mayor actividad constructiva en Europa. Decenas de arquitectos y arquitectas internacionales han estado trabajando allí en proyectos que prometen alterar el trazado, la estructura y las ciudades de un país que aún se recupera de los regímenes del siglo pasado. Reconocer ese crecimiento, y esos cambios en el paisaje, implica también reconocer que detrás de cada forma hay una historia, y que existen archivos que nos revelan mucho más que la propia arquitectura.
Editado por Anneke Abhelakh y publicado por Lars Müller Publishers, con un prólogo del primer ministro Edi Rama, The Albanian Filescompila dos décadas de trabajo de sesenta oficinas internacionales de arquitectura que operan en Albania en una densa publicación cuyo formato, color y contundente presencia constituyen toda una declaración en la lectura de la historia reciente del país. El volumen funciona como un documento ampliado, una cartografía de lo que estos procesos han dejado atrás. Gran parte de lo que toma forma en sus páginas describe estructuras de poder, patrones de contratación y posturas cuyas consecuencias han resultado polémicas. Revelar es una muestra de transparencia, pero también evidencia que ciertas cosas nunca debieron haberse ocultado en primer lugar. Albania, más que nunca, con sus aspiraciones de abrir un territorio y su creciente deseo de vincularse con el mundo (a través del turismo y la perspectiva de incorporarse a la Unión Europea), necesita esta claridad.
Farshid Moussavi ha sido galardonada con la Medalla Soane 2026 por sus contribuciones a la práctica, la historia y la teoría de la arquitectura. La arquitecta y educadora de origen iraní, quien fundó Farshid Moussavi Architecture (FMA) en 2011, recibirá la medalla en la Royal Academy de Londres el 24 de noviembre de 2026, donde también dictará una conferencia pública. Este galardón anual, creado por el Sir John Soane's Museum en 2017, reconoce a personas cuyo trabajo ha contribuido a una comprensión más amplia de la arquitectura y su papel en la sociedad.
Construida sobre varias colinas, Amán ha crecido a un ritmo que pocas capitales de Medio Oriente han logrado igualar. La ciudad ha recibido sucesivas olas de migración —circasianos a finales del siglo XIX, refugiados palestinos en 1948 y 1967, la población iraquí después de 1990 y sirios desde 2011—, cada una de las cuales ha reconfigurado su densidad y perfil social. La piedra caliza de origen local, extraída de canteras de toda Jordania y obligatoria por ley para las fachadas desde la década de 1970, se ha convertido en el único denominador visual común de la ciudad. Sin embargo, detrás de esta uniformidad material se esconde un diálogo continuo entre la tradición vernácula y la ambición internacional.
El hogar podía extenderse entre varios lugares ocupados en diferentes momentos del año. Se extendía a lo largo de una geografía más amplia de lugares que se dejaban y a los que se volvía a lo largo del año. En la actualidad, muchos desarrollos contemporáneos del Golfo intentan integrar condiciones climáticas y espaciales contrastantes dentro de un mismo sistema urbano permanente.
actual / office, Sleeve House. Fotografía: Michael Moran
Form Follows Fiction: Six Inquiries reúne seis proyectos arquitectónicos que desafían una de las premisas más arraigadas de la arquitectura: que la forma sigue a la función. Al examinar el trabajo de seis arquitectos/as internacionales, la exposición —parte del programa principal de la 20.ª Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires— revela cómo la arquitectura puede surgir de narrativas e ideas diversas y, a menudo, contradictorias: pragmáticas y artísticas, colectivas e individuales, puras y complejas, contenidas y expresivas, estructuradas e intuitivas, lógicas y arbitrarias. En conjunto, estas posturas se resisten a cualquier ideología o consenso único.
El Monumento Continuo, 1969. Imagen cortesía de Superstudio
Si se le pregunta a un/a arquitecto/a cuál es el problema más difícil de la disciplina en este momento, rara vez mencionará el bloque de viviendas de posguerra sin mantenimiento a dos calles de su oficina. Lo que se le viene a la mente son los diferenciales de presión en Marte o las cargas de tracción en una plataforma flotante; y es que un suelo sin reclamar no tiene con quién negociar, no tiene una historia a la cual responder ni inquilinos/as que recuerden la última renovación, lo que facilita considerablemente el diseño.
Quienes ejercen la arquitectura suelen creer que están resolviendo un problema más complejo que el de al lado. Un proyecto como The Line, una ciudad de 170 kilómetros diseñada para albergar a nueve millones de habitantes en un terreno sin reclamantes previos, no es arquitectónicamente más difícil que un sitio con un siglo de ocupación, disputas de propiedad y un departamento de planificación urbana que recuerda a las últimas tres desarrolladoras que usaron la palabra "comunidad" para referirse a algo muy distinto. Es, de hecho, considerablemente más sencillo. No hay nadie a quien persuadir, ni historia a la cual responder, ni discusiones que perder. Esto plantea una interrogante: si el problema verdaderamente difícil está a dos calles de la oficina, sin resolver, mientras que el más sencillo se queda con los renders y las rondas de financiamiento, entonces "ambición" no es la palabra adecuada para describir lo que ocurre. Hay algo que se está evitando, y es momento de empezar a reflexionar sobre qué es.
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Dornbracht Atelier Edition The Knot en colaboración con AB Concept. Imagen cortesía de Dornbracht
Los símbolos siempre han viajado a través de la arquitectura. Aparecen en la piedra tallada, los textiles tejidos, los techos y muros pintados, los herrajes de las puertas y los objetos cotidianos, portando las creencias, los rituales y las historias de las culturas que los crearon. En los interiores contemporáneos, el diseño continúa este diálogo con el lugar al reinterpretar símbolos históricos y traducirlos a través de nuevos materiales, técnicas de fabricación y formas arquitectónicas.
El nudo Ruyi es un claro ejemplo de esto. Durante siglos, este motivo entrelazado ha formado parte de la tradición del anudado chino, simbolizando la continuidad, la armonía y los buenos deseos. Su geometría de bucles suaves ha estado presente en objetos decorativos y artesanías ceremoniales, demostrando cómo las referencias culturales pueden integrarse en un vocabulario de diseño que va mucho más allá del ornamento.
Históricamente, la manera en que diseñamos ha estado estrechamente vinculada a la forma en que construimos. La arquitectura avanzaba mediante pruebas físicas, procesos de ensayo y error, dibujos de proyección, maquetas a escala real y modelos físicos; si bien cada recurso introducía una nueva capa de abstracción, todos permanecían vinculados al material, la escala y la construcción. La llegada del CAD modificó significativamente esta dinámica. En un principio, se entendió en gran medida como la digitalización de una geometría precisa para la construcción. Sin embargo, con el tiempo, las herramientas digitales se incorporaron en etapas cada vez más tempranas del proceso de diseño, desplazando al boceto, el ensayo y error físico, la elaboración de maquetas y otras formas de pensamiento que solían mantener la escala y la materia al alcance de la mano.
Por lo tanto, el linaje del diseño arquitectónico puede entenderse, en parte, como una evolución de las abstracciones. Algunas de ellas han sido extraordinariamente productivas. Las plantas y secciones, por ejemplo, aíslan dimensiones particulares de la arquitectura sin dejar de permitir que la mente reconstruya la totalidad. Aplanan, cortan y reducen, pero no abandonan el edificio. Mediante la combinación de dibujos, es posible comprender las habitaciones, las circulaciones, la estructura, las aberturas y las relaciones espaciales sin perderse en la complejidad del proyecto. Su abstracción es disciplinada porque permanece ligada a una realidad arquitectónica que, eventualmente, deberá ser medida, construida y habitada.
Desde la crisis de 2008, un puñado de oficinas pequeñas (ninguna de más de quince años de antigüedad y ninguna lo suficientemente grande como para necesitar un manifiesto en el sentido tradicional) ha llegado, de manera independiente, a alguna versión del mismo rechazo: sonar demasiado seguras de sí mismas, demasiado pronto, en una disciplina que se había pasado la década anterior vendiendo la certeza como un acabado. Probablemente se resistirían a ser agrupadas bajo una misma etiqueta, pero la coincidencia misma radica en que algo en el ejercicio de la arquitectura después de 2008 hizo que la inocencia pareciera la única postura que valía la pena intentar.
Al menos desde 2019 en adelante, Fala ha difundido una descripción de sí misma de dos palabras, repetida textualmente en docenas de medios de arquitectura: una "oficina de arquitectura ingenua". Sin notas al pie, sin ironía; simplemente una oficina, fundada en 2013, que construyó una década de casas, casitas para pájaros y encargos institucionales sobre un término que la arquitectura había pasado un siglo intentando superar. La pregunta que plantea la frase no es si los edificios son buenos (que, por lo general, lo son), sino qué significa para una oficina elegir la inocencia como una postura pública. ¿Dónde termina la postironía y comienza el marketing?
Este artículo forma parte de "Thresholds", una edición impresa especial de Cobe Notes x ArchDaily.
Bajo el suelo yace un material que, en silencio, ha moldeado la arquitectura del mundo moderno. Rara vez se discute sobre el petróleo dentro del discurso arquitectónico; sin embargo, la extracción, circulación y consumo de crudo han reorganizado profundamente la lógica espacial de los territorios. Oleoductos, refinerías, plataformas de perforación, puertos, autopistas y complejos petroquímicos forman un vasto paisaje infraestructural que sostiene la vida contemporánea, configurando una arquitectura dispersa de la energía.
A lo largo de los siglos XX y XXI, el petróleo se convirtió en la base material de la sociedad industrial. Alimentó el transporte, impulsó fábricas y sostuvo el crecimiento de ciudades cuya organización espacial dependía de flujos continuos de energía. No obstante, las infraestructuras que facilitan estos flujos rara vez son objeto de investigación arquitectónica. La atención sigue dirigiéndose, en gran medida, hacia la forma, la tipología o la densidad urbana, mientras que los sistemas materiales que sustentan estos entornos tienden a quedar relegados a un segundo plano dentro de la disciplina.
La identidad arquitectónica de Nairobi se transformó tras la independencia de Kenia en 1963. A medida que la nueva nación buscaba definirse a sí misma, la ciudad se convirtió en un campo de pruebas para una arquitectura moderna capaz de encarnar el progreso y, al mismo tiempo, responder a la cultura africana, el clima y las condiciones locales. Esto dio paso a un período de experimentación arquitectónica, en el cual surgieron diversos enfoques para abordar la relación entre modernidad, identidad y lugar.
El Centro Internacional de Convenciones Kenyatta es quizás la expresión más clara de este momento. Su arquitectura conjugó los principios modernistas con referencias a las formas africanas, estableciendo una respuesta singular a las aspiraciones de una nación recién independizada. A su alrededor, arquitectas y arquitectos de Kenia e internacionales desarrollaron otras interpretaciones del modernismo —desde las fachadas con protección solar de Reinsurance Plaza hasta la silueta escultórica de Nation Centre—, junto con proyectos religiosos, educativos y cívicos que ampliaron el vocabulario arquitectónico de la ciudad.
Vista desde el agua, Tallinn presenta la silueta de una ciudad mercantil hanseática. Durante el periodo soviético, la mayor parte del frente marítimo era una zona militar restringida, lo que convirtió al puerto en uno de los pocos puntos de encuentro entre la ciudad y el mar. Incluso Linnahall, el enorme recinto de concreto construido para las competencias de vela de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, se ubicó en parte para preservar la vista del casco antiguo desde las embarcaciones que se aproximaban al puerto. Durante medio siglo, Tallinn creció de espaldas al agua que la había convertido en una ciudad comercial. Por ello, cuando se restauró la independencia en 1991, algunos de los terrenos más valiosos de la capital se encontraban también entre los menos conocidos por sus habitantes.
La arquitectura reciente de Tallinn es, en gran medida, una arquitectura de reconexión. La ciudad ha ido reabriendo lo que había quedado aislado y adaptando aquello que perdió su función original, al tiempo que construye nuevas estructuras donde los límites entre ciudad, infraestructura y paisaje aún se están negociando. Las fábricas situadas alrededor del centro medieval, desde los molinos de Rotermann cerca del puerto hasta los astilleros de submarinos de Noblessner, habían perdido su función original. Desde entonces, su conversión gradual se ha convertido en una de las historias definitorias de la Tallinn contemporánea. Gran parte de esta arquitectura es deliberadamente sobria y basa su impacto en la manera en que las estructuras antiguas, los nuevos usos y el frente marítimo se han reintegrado a la vida de la ciudad.
¿Qué relatos transmiten los materiales y cómo pueden las "huellas" visibles de los/las artesanos/as entablar un diálogo con los procesos de fabricación y la industrialización?Entre el diseño y la construcción, el acto de pensar a través del hacer puede convertirse en el principio rector de una filosofía de diseño. Combinando madera, materiales industriales y objetos reutilizados, el enfoque de Atelier CRAFT se arraiga en la arquitectura reversible, bajo el principio de su manifiesto: "Transformar el diseño a través del hacer". Con sede en Saint-Ouen, París, el estudio explora las relaciones entre los seres humanos y los materiales, el acto de hacer y los procesos de fabricación.
En medio de la transformación de las ciudades de Uzbekistán, ARC Architects desarrolla una arquitectura que busca conectar el pasado y el presente. Fundado en 2017 por Bobir Klichev, el estudio surgió de la comunidad arquitectónica de Bujará y se mantiene estrechamente vinculado a las particularidades culturales y climáticas del país. Con oficinas en Taskent y Bujará, ARC combina el minimalismo y las referencias étnicas para desarrollar un lenguaje contemporáneo arraigado en su contexto.
En lugar de reproducir una imagen tradicional de la arquitectura uzbeka, el estudio busca comprender cómo se puede reinterpretar este patrimonio hoy en día, un ejercicio que dialoga necesariamente con las capas históricas superpuestas de todo el país. Durante siglos, ciudades como Samarcanda y Bujará fueron importantes centros comerciales y culturales de Asia Central. Su arquitectura se desarrolló en torno a patios interiores y calles estrechas, conformando tejidos urbanos en los que los edificios y los espacios colectivos resultan inseparables.
A medida que las ciudades de Arabia Saudita se expanden a través de proyectos culturales cada vez más ambiciosos, Syn Architects ha dedicado gran parte de su práctica a examinar aquello que antecede a dicha transformación. Su participación en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2025 surgió a partir de años dedicados a documentar la arquitectura najdi, el tejido urbano en desaparición, los materiales locales y los saberes heredados. Para Syn, el patrimonio adquiere utilidad real cuando puede ser documentado, puesto a prueba y reincorporado al uso.
Si bien las fachadas han sido consideradas como elementos de protección frente a la intemperie por años, su rol se ha vuelto mucho más complejo en la actualidad. Más allá de definir el lenguaje, la estética y la identidad arquitectónica de un proyecto, demandan responder a nuevas exigencias de eficiencia energética, responsabilidad ambiental, rapidez de ejecución y control de los procesos constructivos. Las fachadas ventiladas han pasado de ser únicamente soluciones técnicas a herramientas de diseño capaces de mejorar el comportamiento y rendimiento de los edificios sin limitar la libertad creativa. Sin embargo, la creciente industrialización del sector está avanzando un paso más, al transformar la manera en que las fachadas se diseñan, fabrican y llegan a la obra.