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Arquitectos: MAD Architects
- Área: 8000 m²
- Año: 2025
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Proveedores: Goppion


Fenix es un nuevo museo en el puerto de la ciudad de Róterdam dedicado a la colección de objetos históricos y contemporáneos que exploran la migración a través del arte. Se ubica en la península de Katendrecht, en la orilla sur del río Mosa (Maas), en un antiguo almacén de 100 años de antigüedad recientemente renovado por MAD Architects y Bureau Polderman. Este proyecto representa el primer encargo de un edificio cultural público para MAD Architects en Europa. La obra, recientemente terminada, se inaugurará este viernes 16 de mayo, presentando tres exposiciones: All Directions, que reúne más de 150 obras de arte y objetos de las colecciones de Fenix; The Family of Migrants, una muestra fotográfica de Edward Steichen; y The Suitcase Labyrinth, una instalación interactiva compuesta por 2,000 maletas donadas.

Qatar ha anunciado que la arquitecta Lina Ghotmeh, fundadora y directora del estudio con sede en París Lina Ghotmeh — Architecture, ha sido seleccionada para diseñar su pabellón nacional permanente en los Giardini della Biennale, la sede histórica de la Bienal de Venecia desde 1895. El nuevo edificio se ubicará en un terreno adyacente al Pabellón del Libro y será un encargo de S.E. Sheikha Al Mayassa en nombre del Estado de Qatar. Con esta incorporación, Qatar se convierte en uno de los 31 países con un pabellón permanente en los Giardini, uniéndose a un selecto grupo de naciones con espacios de exhibición dedicados. En los últimos 50 años, solo se han inaugurado dos nuevos pabellones nacionales en el lugar: Australia en 1988 y la República de Corea en 1996. El nuevo Pabellón de Qatar de Lina Ghotmeh servirá como una plataforma duradera para exhibir las contribuciones artísticas y arquitectónicas del país, con exposiciones rotativas que se presentarán durante cada edición de la Bienal.

A medida que la arquitectura navega por un mundo en rápida transformación, marcado por la urgencia ecológica, la transformación social y la aceleración tecnológica, la noción de inteligencia se está redefiniendo. Lejos de limitarse a la cognición individual o a la computación artificial, la inteligencia hoy puede emerger de la memoria cultural, las prácticas colectivas y los sistemas adaptativos. En este sentido más amplio, la arquitectura se convierte en un campo de convergencia donde las inteligencias natural, artificial y social se cruzan para ofrecer nuevas formas de diseñar y construir.
Las tradiciones vernáculas incorporan generaciones de conocimiento ambiental, a menudo transmitido a través de materiales, técnicas constructivas y lógicas espaciales finamente adaptadas a las condiciones locales; por su parte, las plataformas participativas amplían la toma de decisiones a comunidades más amplias para que formen parte de la configuración de sus entornos, redistribuyendo la agencia en el proceso de diseño; y, finalmente, los procesos computacionales simulan y responden a datos complejos en tiempo real, aportando la capacidad de analizar, simular y reaccionar ante variables complejas —ya sean ambientales, sociales o conductuales—, lo que ofrece nuevas formas de adaptabilidad.

El World Architecture Festival (WAF) celebrará su 17ª edición en Miami, lo que marcará la primera vez que el evento se realiza en los Estados Unidos. El tema del festival de este año, anunciado como Hearts and Minds, explorará la intersección entre las estrategias de diseño racional y la resonancia emocional. A través de una serie de conferencias y mesas de debate, los y las ponentes examinarán cómo la arquitectura opera tanto como una búsqueda intelectual como una experiencia sensorial, involucrando la percepción, la memoria y el afecto. Programado del 12 al 14 de noviembre en el Miami Beach Convention Center en Florida, el festival reunirá a arquitectos/as y diseñadores/as de todo el mundo para un programa de tres días con conferencias, premios, exhibiciones y eventos paralelos. El encuentro destacará las prácticas internacionales, exhibirá nuevos proyectos y facilitará debates sobre temas clave que definen el entorno construido.

Los teatros, las salas de conciertos y las óperas son mucho más que simples recintos: son entornos meticulosamente orquestados donde convergen la arquitectura, la tecnología y la emoción humana. A diferencia de los edificios convencionales, estos espacios deben albergar una interacción dinámica entre la acústica, las líneas de visión, la mecánica escénica y la participación del público, todo ello al tiempo que mantienen una identidad arquitectónica que resuene tanto en los/las intérpretes como en los/las espectadores/as. Ya sea el abrazo inmersivo de una sala de conciertos tipo viñedo o la majestuosidad de un teatro de proscenio, cada decisión de diseño define el modo en que se experimentan y se recuerdan las funciones.
El libro recientemente publicado, SET PIECES: Architecture for the Performing Arts in Fifteen Fragments de Diamond Schmitt Architects, explora estas complejidades a través de casos de estudio y reflexiones. Inspirándose en sus análisis, este artículo examina las consideraciones de diseño esenciales para los espacios de presentación, desde la ingeniería acústica hasta el papel en evolución de los teatros en la vida urbana.

David M. Childs, el arquitecto reconocido por sus significativas contribuciones al perfil urbano de la ciudad de Nueva York, falleció el 26 de marzo de 2025 en Pelham, Nueva York, a los 83 años. Su carrera, desarrollada principalmente en Skidmore, Owings & Merrill (SOM), estuvo marcada por un compromiso constante con los valores urbanísticos y una dedicación a mejorar el bien común a través de la arquitectura. Childs dejó una huella indeleble en el entorno construido, equilibrando las consideraciones estéticas con las complejas demandas de los proyectos urbanos a gran escala.

La arquitectura y sus cualidades atmosféricas han sido durante mucho tiempo un tema de discusión, sin embargo, alcanzar un consenso sobre el asunto sigue siendo elusivo. Esto se debe en gran parte a que la experiencia espacial es profundamente personal—arraigada en emociones, percepciones sensoriales y preferencias individuales que son difíciles de articular solo con palabras. La forma en que uno percibe, siente e interactúa con un espacio añade otra capa de complejidad, lo que hace que sea un desafío definir y estar de acuerdo sobre su impacto atmosférico. No obstante, los arquitectos y diseñadores se esfuerzan continuamente por moldear entornos que no solo sean funcionales y cómodos, sino también capaces de evocar emociones y dejar una impresión duradera en sus ocupantes.

La sostenibilidad en la arquitectura a menudo se enmarca como un desafío universal, llevando a soluciones estandarizadas que priorizan la eficiencia sobre el contexto. Sin embargo, la arquitectura está inherentemente ligada a su entorno: los edificios interactúan con el clima, la topografía y la historia cultural de maneras que exigen especificidad. En lugar de depender de listas de verificación de sostenibilidad estandarizadas, ¿cómo puede la arquitectura abrazar soluciones específicas para cada sitio? Esta conversación está profundamente conectada al concepto de Genius Loci, o el espíritu de un lugar, introducido por Christian Norberg-Schulz y abrazado por arquitectos/as que abogan por diseños que resuenen con su entorno. Sugiere que la arquitectura no debe imponerse sobre un sitio, sino más bien emerger de él, informada por sus materiales, clima y significado cultural. Esta filosofía desafía la aplicación generalizada de tecnologías sostenibles genéricas, proponiendo en cambio que la sostenibilidad debe estar inherentemente ligada a la ubicación en la que opera.

Crear una atmósfera que potencie las exposiciones y enriquezca la experiencia de quienes visitan y utilizan el espacio requiere un cuidadoso equilibrio entre preservar el carácter único de un lugar y adaptarlo para satisfacer las necesidades de la producción artística y cultural. El desafío radica en mantener la atmósfera industrial de un edificio y, al mismo tiempo, dar cabida a los requisitos específicos del diseño de exposiciones o a los diversos usos que requerirá la nueva edificación. Esta delicada tarea implica considerar detenidamente la distribución espacial, la selección de materiales y las soluciones de iluminación; aspectos que, en su conjunto, desempeñan un papel fundamental en la configuración del nuevo entorno.
Me encanta armar listas de declaraciones originales, a modo de manifiesto, de arquitectos/as que buscan perpetuamente abrir nuevos caminos. Nos provocan a imaginar posibilidades que no nos habíamos atrevido a considerar antes. Cuestionar las convenciones debería ser el objetivo primordial de la crítica para entablar una conversación con un/a creador/a. De lo contrario, ¿qué queda realmente por discutir? Por eso, conversar con Elizabeth Diller sobre el trabajo y las intenciones de su estudio es como un soplo de aire fresco, especialmente hoy en día, cuando tantos/as arquitectos/as se conforman con alinearse en la búsqueda de lo esperado. En una de nuestras conversaciones anteriores, Diller lo expresó sin rodeos: «No nos tomamos en serio los límites profesionales. Cada vez que nos entregan un programa, lo desarmamos y nos planteamos constantemente nuevas preguntas. Nada está predeterminado». En esta ocasión, conversamos sobre la nueva monografía de Diller Scofidio + Renfro, «Architecture, Not Architecture». El libro, un proyecto en sí mismo, se propone replantear los límites mismos de la disciplina. En el proceso, reinventa lo que puede ser un libro. Durante nuestra charla de una hora y media por Zoom —formato que prefiero por su grabación dual frontal—, me dijo con entusiasmo: «Siempre estábamos criticando; siempre estábamos lanzando granadas a las cosas».

A nivel global, la arquitectura contemporánea continúa indagando en herramientas y metodologías de diseño para integrar la naturaleza en los espacios habitables dado sus comprobados beneficios y aportes a la mejora en la calidad de vida de las personas. Si bien existen diferentes creencias religiosas alrededor del mundo, la arquitectura religiosa por lo general se expande más allá de sus usos y funciones para conectar con lo sagrado. Sentidos, memorias y emociones se transmiten en estos espacios a partir del uso de ciertos materiales, organizaciones espaciales y hasta sonidos y aromas que potencian las experiencias en atmósferas de espiritualidad, divinidad y reflexión. En México, Chile, Ecuador, Brasil o Uruguay, proyectos de espacios de culto abiertos al exterior dan cuenta de una arquitectura capaz de adaptarse a diferentes entornos naturales manteniendo la premisa de que cada religión se encuentra ligada a una identidad social y demanda un vínculo particular con su comunidad y su paisaje circundante.

Ricardo Scofidio, una figura destacada en el mundo de la arquitectura, falleció el 6 de marzo de 2025 a los 89 años. Nacido en la ciudad de Nueva York en 1935, Scofidio cofundó la influyente firma de arquitectura Diller Scofidio + Renfro (DS+R) junto a su socia Elizabeth Diller en 1979. Juntos, aportaron una sensibilidad artística conceptual a la profesión, influyendo en el diseño de hitos culturales y espacios públicos reconocidos a nivel mundial. Entre sus proyectos más notables se encuentran el High Line en Manhattan y la transformación del Lincoln Center, cada uno de los cuales refleja la ambición del estudio de desafiar las premisas arquitectónicas convencionales.

En el afán de impulsar una construcción más sostenible y donde el uso de materiales naturales contribuya en la transmisión de tradiciones y culturas locales, cada vez más proyectos de arquitectura exploran diferentes recursos y técnicas buscando hacer frente a las preocupaciones ambientales, económicas o sociales. Conocer los beneficios y cualidades de los materiales tal como su color o textura influye en la experiencia final de quienes habitan, recorren o visitan los espacios, por lo que entender sus propiedades técnicas, constructivas, estéticas y funcionales debiera formar parte del proceso de diseño desde los inicios de su concepción.

El Premio Pritzker 2025 ha sido otorgado este año al arquitecto chino Liu Jiakun. Nacido en Chengdu en 1956, creció en una ciudad en proceso de densificación antes de asistir a la Facultad de Arquitectura e Ingeniería de Chongqing (actual Universidad de Chongqing), donde se graduó en 1982 con una licenciatura en Ingeniería de Arquitectura. Fue uno de los primeros graduados universitarios a quienes se les encomendó la tarea de contribuir a la reconstrucción del país durante el período de transición chino. Sin embargo, no fue hasta muchos años después que el arquitecto comprendió que "el entorno construido podía utilizarse como medio de expresión personal". A partir de ese momento, su carrera despegó. En 1999, Liu Jiakun fundó su estudio y comenzó a participar en numerosos proyectos colaborativos en China y Europa. Su obra se fundamenta en una profunda comprensión de la realidad y un respeto por la historia multitradicional y la diversidad interna de China. Al mismo tiempo, logra un equilibrio armonioso entre arquitectura y naturaleza, tradición y modernidad.
Estos conceptos no obstruyen su conciencia de las necesidades humanas y la importancia de los espacios comunitarios. A través de sus proyectos, Liu Jiakun demuestra que los espacios pueden afectar el comportamiento humano y volverse positivamente evocadores. Un espacio público como los que ha creado puede ser propicio para una atmósfera benévola que proporcione descanso y colaboración. La diversidad en la obra de Liu Jiakun le permite no verse limitado por restricciones estilísticas o estéticas. En lugar de seguir un enfoque rígido, él simplemente responde a lo que el sitio, el paisaje natural, el contexto urbano preexistente y las necesidades de los ciudadanos requieren. El resultado es una fusión armoniosa de todos estos elementos con las tradiciones vernáculas predominantes.

El modernismo, un movimiento que buscó romper con las formas tradicionales y abrazar el futuro, sentó las bases de múltiples avances tecnológicos y digitales en la arquitectura contemporánea. A medida que la Revolución Industrial trajo consigo la producción en masa, nuevos materiales y la innovación tecnológica, profesionales de la arquitectura como Le Corbusier, Walter Gropius y Mies van der Rohe defendieron el principio de que "la forma sigue a la función" y un enfoque racional del diseño. Sus principios resuenan hoy en la era digital, donde el diseño computacional y los materiales de alta tecnología redefinen la forma y la construcción.
Los ideales modernistas del siglo XX —eficiencia, simplicidad y funcionalidad— sirvieron de base para que los y las profesionales de la arquitectura experimentaran con la claridad estructural y la honestidad de los materiales. La arquitectura high-tech, surgida a finales del siglo XX, evolucionó a partir de estos principios, fusionando las líneas depuradas del modernismo con la ingeniería y la tecnología avanzadas. Esto allanó el camino para el parametricismo y los procesos de diseño basados en algoritmos, revolucionando la arquitectura y haciendo posibles formas complejas que antes se consideraban irrealizables.

Cuando India obtuvo su independencia en 1947, la nación enfrentó una decisión que determinaría el curso de su futuro arquitectónico: ladrillo o concreto. Una elección aparentemente mundana de material estaba arraigada en una división filosófica más profunda entre dos posibles resultados para el entorno construido de la India postcolonial. Figuras pioneras en la lucha de India por la independencia sostenían puntos de vista opuestos: Mahatma Gandhi abogaba por la artesanía tradicional, mientras que Jawaharlal Nehru abrazaba el Movimiento Moderno. La arquitectura que uno ve en el subcontinente hoy en día es un mosaico de ambas, planteando la pregunta: ¿fue el movimiento moderno en India una imposición extranjera o una importación celebrada?