
En el extremo sur de Viena, un conjunto de terrazas monumentales se eleva sobre el paisaje urbano, con balcones escalonados de los que brota una exuberante vegetación y azoteas coronadas por piscinas. Se trata de Wohnpark Alterlaa, uno de los proyectos de vivienda social más ambiciosos de la Europa de posguerra. Diseñado por el arquitecto austriaco Harry Glück y construido entre 1973 and 1985, el complejo se fundó sobre un principio provocador: la vivienda municipal no solo debe proporcionar un refugio asequible, sino también ofrecer las comodidades y los placeres habitualmente reservados para las clases más acomodadas.
Con más de 3.000 departamentos que albergan a casi 9.000 residentes, Alterlaa fue concebido como una ciudad dentro de la ciudad. Además de sus torres residenciales, incorpora comercios, escuelas, servicios médicos y equipamiento cultural, garantizando que la vida cotidiana pueda desarrollarse plenamente dentro de sus límites. El proyecto refleja un momento de optimismo en la política urbana de Viena, cuando la vivienda se entendía como una infraestructura para el bienestar colectivo y no como una simple mercancía.

































