Al pasar del calor de Dubái al vestíbulo de una torre de vidrio, el desierto parece desaparecer. Afuera, las temperaturas superan los 45 grados Celsius; adentro, el aire es frío, hermético y está perfectamente controlado. Durante décadas, este contraste constituyó la imagen definitoria de la modernidad en el Golfo. La arquitectura dejó de ser una negociación con el clima para convertirse en una demostración de que este podía ser superado. Torres de vidrio reflectante se alzaron en el desierto como símbolos de consolidación, proyectando poder financiero, confianza tecnológica y ambición global. Bajo esta imagen urbana subyacía una infraestructura construida sobre el petróleo, la energía barata y la continua supresión mecánica del calor.
Lo que alguna vez fue un asentamiento najdi definido por muros de adobe y casas con patio, hoy Riad ha experimentado una de las transformaciones urbanas más radicales de los siglos XX y XXI. El descubrimiento de reservas de petróleo, la consolidación del poder político y la rápida expansión de la infraestructura remodelaron la ciudad, que pasó de ser una capital regional a convertirse en una metrópoli en constante crecimiento en casi una sola generación. Como resultado, el tejido urbano de Riad está marcado por discontinuidades, donde los fragmentos de arquitectura vernácula coexisten con el modernismo institucional de mediados de siglo y un perfil contemporáneo en rápida evolución.
En las últimas décadas, esta condición de estratificación se ha intensificado aún más debido a estrategias de desarrollo a gran escala y programas de inversión cultural que posicionan a la arquitectura como una herramienta para redefinir la identidad nacional. Firmas internacionales han desempeñado un papel decisivo en la configuración de instituciones, infraestructuras y puntos de referencia clave, mientras que las oficinas locales aportan cada vez más proyectos que reinterpretan el clima, la materialidad y el espacio social bajo un enfoque contemporáneo.
Cuando se cuenta la historia de la arquitectura de Hong Kong, a menudo se reduce a un puñado de íconos. Para la mayoría, el primer nombre que viene a la mente es el de I.M. Pei—laureado con el Premio Pritzker y arquitecto de la Torre del Banco de China en Central (1990)—, así como obras globales como el Gran Louvre en París y el Museo Miho en Shiga. Al ampliar la mirada, surge también un extenso linaje de arquitectos/as británicos e internacionales cuyas huellas han dado forma al perfil institucional de la ciudad: desde las obras cívicas de Ron Phillips —sobre todo el antiguo Edificio Murray (1969), actual Hotel The Murray, y el Ayuntamiento de Hong Kong (1962)— hasta los monumentos corporativos y de infraestructura de Norman Foster, como la Torre de la Corporación Bancaria de Hongkong y Shanghai (HSBC) (1986) y el Aeropuerto Internacional de Hong Kong (1998), y, más recientemente, The Henderson (2024), de Zaha Hadid Architects.
No obstante, durante el mismo período de Pei y Foster, los/las arquitectos/as locales también producían edificios de trascendencia duradera; obras que cargaban con el legado de la Bauhaus, pero lo traducían a un lenguaje minuciosamente calibrado para el clima, la densidad y la vida cívica de Hong Kong. Puede que estos proyectos no siempre se perciban como íconos de gran relevancia comercial; sin embargo, suelen manifestar un sentido más agudo de responsabilidad social y agenda pública. Entre las figuras más importantes de esta genealogía se encuentra el fallecido arquitecto Tao Ho, cuya obra y rol público constituyeron una vertiente más silenciosa —pero no por ello menos fundacional— en el patrimonio arquitectónico moderno de Hong Kong.
Algunos tipos de trabajo solo se vuelven visibles cuando dejan de realizarse. Son discretos, repetitivos y rara vez celebrados; sin embargo, sostienen silenciosamente el funcionamiento de cualquier operación. En la arquitectura, esta dimensión casi nunca aparece en las imágenes que circulan. Al pensar en la disciplina, solemos evocar renders seductores, perspectivas cuidadosamente iluminadas, planos precisos y dibujos que prometen futuros posibles o incluso utópicos. No obstante, la capa que soporta estos gestos formales no se encuentra en la imagen, sino en la especificación, el detalle y la documentación.
Desde que la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate arquitectónico, la conversación ha sido impulsada en gran medida por su capacidad para generar formas y atmósferas en segundos. Las simulaciones estilísticas, las variaciones conceptuales y la experimentación visual se han convertido en símbolos del avance tecnológico en este campo. Hay algo comprensible en esta fascinación: la arquitectura siempre se ha vinculado con la representación como una forma de imaginar lo que aún no existe.
A comienzos del siglo XX, movimientos paralelos pero conectados en todo el mundo dieron paso a un nuevo estilo y a una nueva era arquitectónica. Desde el Arts and Crafts en Inglaterra, el Art Nouveau y luego el Art Deco en Francia, hasta el Jugendstil en Alemania y Austria, estos desarrollos artísticos y de diseño se propagaron por todo el mundo, adquiriendo diversas formas según su contexto. Sin embargo, su esencia seguía siendo similar, caracterizada por un enfoque en el valor artesanal y el oficio; el uso de madera, vidrio y diversos metales; la integración de formas orgánicas en las fachadas exteriores y las estructuras interiores; y la incorporación refinada de la ornamentación como elemento arquitectónico, manifestada frecuentemente en motivos vegetales o patrones geométricos.
«La historia de la arquitectura no está equivocada», argumentó Lesley Lokko en su introducción a la Bienal de Arquitectura de Venecia 2023, «sino incompleta». Durante la mayor parte del siglo XX, la historia de la arquitectura habló en una sola lengua: una narrativa única y dominante centrada en un puñado de movimientos, nombres y ciudades, cuyo alcance e influencia parecían universales precisamente porque las voces alternativas quedaban silenciadas. Sin embargo, los movimientos de diseño rara vez cruzaron las fronteras intactos. Con frecuencia fueron absorbidos, resistidos, reinterpretados y transformados en función de la geografía, la política, la economía, el clima y los materiales disponibles. Lo que en un lugar se recibió como doctrina, en otro se convirtió en algo completamente distinto.
Este mes, ArchDaily explora Diseño del siglo XX en transición: una reinterpretación global de la historia de la arquitectura, un tema que rastrea los lenguajes de diseño de este siglo no como un canon único, sino como una constelación de trayectorias en evolución, intersección y continua reinvención. Este enfoque desafía la suposición de que las arquitecturas regionales y no occidentales eran meras derivaciones, posicionándolas en cambio como espacios de reinterpretación activa, donde las ideas globales se filtraron a través de materiales, climas, mano de obra y prácticas culturales locales para producir algo completamente distinto.
A los equipos de diseño no les faltan herramientas; les falta continuidad. Los datos de los proyectos permanecen fragmentados en distintos archivos y las decisiones suelen perder su contexto a medida que el trabajo avanza de la planificación al diseño y la construcción. Como consecuencia, los equipos dedican un tiempo valioso a volver a conectar la información en lugar de hacer avanzar los proyectos.
Esto evidencia la necesidad de flujos de trabajo que preserven la intención del diseño y trasladen el conocimiento a lo largo de cada etapa del proceso. Bajo este enfoque, la idea de una "inteligencia de diseño y creación" puede entenderse como una transición hacia la continuidad, donde los datos, las decisiones y el aprendizaje obtenidos en la planificación, el diseño, la construcción y la operación permanezcan integrados en el proyecto en lugar de detenerse en la entrega del mismo. En este escenario, la inteligencia artificial y la automatización operan con mayor relevancia, apoyándose en la información acumulada en vez de en datos aislados.
Se establece, así, una jerarquía visual que guía la mirada, determinando qué debe verse, de qué manera y con qué intensidad emocional, lo cual define cómo quien habita el espacio interpreta el entorno. En este contexto, la estrategia proyectual va más allá del campo de la decisión estética para actuar como una manipulación de la experiencia fenomenológica del espacio. Al seleccionar un fragmento específico del horizonte mediante una abertura controlada, o al disolver los límites entre el interior y el exterior con amplios planos acristalados, la arquitectura pasa a operar como una lente. Esta puede enfatizar la pequeñez de la escala humana ante la vastedad del territorio o, por el contrario, domesticar la naturaleza, incorporándola como parte de la vida cotidiana.
Desde las grandes cubiertas industriales y galerías del siglo XIX hasta los atrios contemporáneos de museos y edificios públicos, el vidrio ha sido un material recurrente en la configuración de espacios interiores amplios y monumentales. Más que una solución tecnológica o de ingeniería, estos planos horizontales acristalados introducen una cualidad lumínica singular: la luz que proviene desde arriba. A diferencia de la luz natural lateral que ingresa a través de las fachadas, la luz cenital se distribuye de manera más uniforme, reduce las sombras duras y otorga a los espacios una sensación de continuidad y apertura difícil de lograr de otro modo.
Como um material concebido para puentes, fábricas y grandes estructuras llegó al banco de la sala de estar, a la estantería del departamento, a la mesa de café? El metal atravesó siglos asociado al esfuerzo, a la máquina y a la monumentalidad —desde las estructuras expuestas de las Exposiciones Universales del siglo XIX hasta la lógica productiva de la industria moderna. Su presencia en el interior doméstico no es un hecho obvio, sino una conquista cultural: la transformación de un material fabril en un elemento de uso cotidiano, íntimo y cercano al cuerpo.
Panorama al atardecer de una gran comunidad residencial cerrada (Aparna's Elixir) vista desde las colinas de Khajaguda, India. Foto de iMahesh. Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Uno aprende cómo comportarse mucho antes de llegar a casa. En el acceso, se disminuye la velocidad y se espera. Una mirada nos observa y luego nos da paso. Se verifica una credencial, se levanta una barrera, una cámara parpadea. No ocurre nada dramático, y ese es precisamente el punto. El trabajo más trascendental de las comunidades cerradas no lo realizan sus muros, sino la coreografía de ingreso que enseña silenciosamente a sus habitantes qué esperar, en quién confiar y a dónde pertenecen.
Emplazado sobre los acantilados de Crimea, el Sanatorio Termal Druzhba parece, más que un edificio, una nave espacial posada en la tierra. Sus formas circulares, cubiertas suspendidas y rampas en espiral evocan una escena de la película Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky, donde la arquitectura y la psicología se fusionan en un solo paisaje. Construido entre 1978 and 1985 por Igor Vasilevsky, el complejo fue concebido como un centro termal para quienes trabajaban en la industria petrolera, como parte de la extensa red de sanatorios de la Unión Soviética dedicada a la salud y la recreación.
Más allá de su función como lugar de recuperación, Druzhba —cuyo nombre significa "amistad"— encarnaba una ambición política y estética más amplia. Buscaba fusionar la destreza tecnológica con los ideales restauradores de la modernidad socialista, traduciendo el bienestar colectivo en una forma concreta. Elevándose desde una empinada ladera costera con vista al mar Negro, su enorme estructura desafía la gravedad, sostenida por un núcleo central de concreto del que se extienden alas radiales como las palas de un engranaje gigante. Visto desde la distancia, se percibe simultáneamente mecánico y orgánico, un híbrido entre infraestructura y paisaje.
Diagrama de las instalaciones en Barba Jupiter. Imagen cortesía de Géométral
Fundada en 2022 por Clément Masurier y con sede en París, Francia, Géométral es una práctica de arquitectura definida por estrategias de diseño vinculadas al paisaje, al que trata como un determinante primordial de la forma. El estudio, uno de los ganadores de los Premios ArchDaily Next Practices 2025, aborda cada proyecto como un pequeño universo que combina programa, atmósfera y narrativas espaciales. En lugar de un estilo de autor único, se enfocan en crear atmósferas y situaciones a la medida de cada contexto y de cada usuario/a.
En sus inicios, ante la falta de un portafolio construido, el estudio respondió desarrollando "arquitecturas de ficción" situadas sobre topografías reales. Este ejercicio no fue una mera búsqueda estética, sino un anclaje metodológico que permitió a la firma establecer un proceso riguroso de análisis de sitio y pruebas tipológicas antes de recibir encargos físicos. Al tratar los proyectos imaginarios con el mismo rigor técnico que los reales, el estudio desarrolló un repertorio de respuestas formales ante las condicionantes ambientales que hoy rigen su obra construida.
En enero de 2026, el World Monuments Fund/Knoll Modernism Prize fue otorgado a la firma australianaArchitectus por la conservación del Africa Hall en Adís Abeba, Etiopía. Este galardón reconoce que los edificios modernistas, en su momento considerados la vanguardia de la arquitectura, hoy sufren de falta de mantenimiento y no son plenamente valorados por el público. La situación en África refleja este sentir global, siendo esta la primera vez que un edificio del continente es distinguido con este reconocimiento. Asimismo, el premio pone de relieve el rico inventario modernista de Etiopía, el cual da cuenta de su protagonismo continental a mediados y finales del siglo XX.
Casa con Siete Jardines / Civil Architecture. Imagen cortesía de Civil Architecture
Durante siglos, la arquitectura residencial en todo el Golfo se ha organizado en torno al patio. Las viviendas presentaban muros exteriores gruesos y aberturas limitadas hacia la calle, volcándose hacia el interior, hacia un jardín sombreado que estructuraba la vida cotidiana. Esta disposición espacial respondía tanto al clima como a la cultura. El patio introducía la luz natural en plantas profundas, permitía la ventilación cruzada y ofrecía un ambiente exterior protegido dentro de tejidos urbanos densos. En la Casa de los Siete Jardines, en Diyar Al Muharraq, Baréin, el estudio local Civil Architecture —uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards— revisita esta tradición espacial a partir de las condiciones de la vivienda suburbana contemporánea. En lugar de reproducir la casa patio como un modelo histórico, el proyecto reinterpreta su lógica ambiental dentro de los marcos regulatorios y las condiciones espaciales que configuran gran parte del desarrollo urbano actual en el Golfo.
En Hong Kong, donde los interiores y los edificios de pequeña escala suelen quedar atrapados entre dos extremos —por un lado, los acabados de "lujo" de alto brillo y, por el otro, la rudeza industrial de bajo presupuesto—, ha surgido una tercera postura a través de la calibración de ambos: una ejecución singularmente precisa, relevante y con honestidad material que no depende del presupuesto. Se trata de la crudeza calibrada. Esta noción describe una arquitectura que conserva la franqueza de la materia y de la materialidad —concreto, metal, mampostería de bloques, estructura expuesta e instalaciones a la vista— al tiempo que las somete a un control riguroso.
Lo "crudo" no es un disfraz y lo "refinado" no equivale a pulido; es una disciplina de ejecución precisa que genera espacios equilibrados y reflexivos, pero que nunca se sienten artificiales o sobrecargados. Studio 1:1 demuestra esta postura de manera constante a lo largo de su obra, y su próxima publicación, Architecture under the Radar: Three Projects in Asia (con prólogo de Nader Tehrani), ofrece un marco oportuno para interpretar este ethos no solo como una estética, sino como un método arquitectónico replicable.
En muchas ciudades de alta densidad en Asia, la escalera suele considerarse un mal necesario. Ya sea en edificios de departamentos, viviendas particulares o locales comerciales, con frecuencia se oculta, se arrincona o se relega a los márgenes: un elemento que debe minimizarse para otorgar mayor superficie al espacio "útil". Sin embargo, a medida que la densidad se intensifica y los metros cuadrados escasean cada vez más, los/las arquitectos/as y diseñadores/as se ven obligados/as a replantearse este rompecabezas vertical.
La pregunta ya no es cómo ocultar la escalera, sino cómo hacer que rinda más: ¿puede convertirse en una adición productiva para el interior, un dispositivo arquitectónico que haga algo más que conectar niveles y que cumpla funciones dobles (o múltiples) en lugar de simplemente consumir superficie útil?
El Festival de Arte y Arquitectura de Bethel Woods anuncia BuildFest: Acts of Construction, una iniciativa de tres años que activa los terrenos históricos del festival de Woodstock de 1969 mediante instalaciones de madera a gran escala y experiencias multimedia. Cada edición se organiza en torno a un tema único e invita a diseñadores, diseñadoras y artistas a colaborar en una serie interdisciplinaria de "actos" que se complementan entre sí para crear un conjunto interconectado de instalaciones, activaciones y performances. Actualmente, el Acto Uno: Puesta en escena recibe propuestas de infraestructura artística adaptativa diseñada para "preparar el escenario" de futuras activaciones. A este le seguirán el Acto Dos: Coreografía en 2027 y el Acto Tres: Performance en 2028.
Cada doce años, las orillas del Ganges en Prayagraj se convierten en una de las ciudades más grandes de la Tierra y luego desaparecen. El Maha Kumbh Mela atrae a más de 400 millones de personas en peregrinación a lo largo de seis semanas, lo que requiere la construcción de una infraestructura urbana completa: puentes de pontones, hospitales de campaña, kilómetros de carreteras temporales y una cuadrícula de ciudades de tiendas de campaña visible desde el espacio. Al finalizar el festival, se desmantela por completo. Ningún encuentro en la historia de la humanidad genera una arquitectura del movimiento tan completa: construida para la llegada, diseñada para la transitoriedad y pensada para no dejar rastro permanente. El Kumbh Mela es excepcional en escala, pero no en su condición: el movimiento se ha convertido en un problema espacial que define nuestro siglo.
Este mes, ArchDaily explora Arquitecturas del movimiento: territorio, fronteras y las políticas de pertenencia, un tema que examina cómo la movilidad reconfigura la relación de la arquitectura con el territorio, la propiedad y la identidad. El tema no aborda el movimiento como una crisis que deba gestionarse, sino como un lente fundamental a través del cual reconsiderar lo que realmente hacen los edificios, las ciudades y las fronteras: a quiénes acogen, a quiénes excluyen y qué es lo que hacen permanente.
Desde la iluminación y los materiales hasta los colores, las texturas y las formas, cada decisión de diseño moldea la manera en que las personas perciben, experimentan e interactúan con la arquitectura. En los interiores contemporáneos, estas elecciones ya no se entienden como meramente estéticas o funcionales, sino que influyen en el confort, el comportamiento, el estado de ánimo e incluso en la forma en que las personas usuarias evalúan la calidad de un espacio. El diseño de baños, en particular, crea actualmente entornos cuidadosamente curados y con una identidad definida, donde cada elemento contribuye a la experiencia espacial global.
¿Cómo influye el diseño de baños en las emociones de las personas usuarias? ¿Qué intervenciones o innovaciones técnicas pueden transformar la experiencia de las personas usuarias finales?
¡Un año más, celebramos otra exitosa edición de los ArchDaily China Building of the Year Awards! Una vez más, este galardón se consolida como el mayor premio de arquitectura basado en la opinión del público. Gracias a la participación colectiva, los proyectos más relevantes del año fueron nominados y seleccionados por nuestros/as lectores/as.
Ganador de la Categoría de Pequeña Escala + Ganador Estudiantil: Architecture as Resilient Machine. Imagen cortesía de Buildner
Buildner ha lanzado el premio Unbuilt Award 2026, la tercera edición de su concurso anual, que ofrece una bolsa de premios de 100.000 €. De forma paralela, se han anunciado los resultados del Unbuilt Award 2025, marcando la segunda edición de una serie que celebra diseños arquitectónicos que aún no se han realizado. Esta iniciativa ofrece una plataforma global para que profesionales de la arquitectura y el diseño muestren sus proyectos no construidos más atractivos, ya sean conceptuales, publicados, inéditos o completamente desarrollados.
La arquitectura suele nutrirse de la historia de un lugar, traduciendo las narrativas locales en formas, materiales y experiencias espaciales contemporáneas. Ubicado en la ciudad balneario de Bad Orb, cerca de Fráncfort, el ALEA RESORT HIDEAWAY sigue este enfoque y se inspira en la historia de la extracción de sal de la zona.
Diseñado por el estudio PLAJER + FRANZ, este proyecto hotelero de 5.200 m² hace referencia a la geometría de los cristales de sal a través de su lenguaje arquitectónico, al tiempo que utiliza soluciones de iluminación de OLEV para definir la atmósfera de sus espacios interiores. En esta entrevista, el arquitecto Alexander Plajer analiza la relación del proyecto con su contexto, el proceso de diseño y el papel de la iluminación.