Qbiss Notch, una nueva edición de diseño desarrollada por Pininfarina para el sistema de fachadas Qbiss de Trimo, ha recibido el premio Red Dot Design Award. Basado en la tecnología de fachadas Qbiss de Trimo, el proyecto introduce paneles modulares Qbiss de instalación vertical, un alfabeto de Glyphs grabados y elementos Notch con iluminación integrada. En conjunto, estos componentes permiten a los/las diseñadores/as crear composiciones de fachadas singulares. A pesar de su flexibilidad visual, el sistema está proyectado en torno a la eficiencia y la precisión de la construcción prefabricada.
A diferencia de muchos programas industriales tradicionalmente ocultos detrás de fachadas neutras y espacios herméticos, las destilerías contemporáneas a menudo exponen sus procesos productivos como parte esencial de la experiencia arquitectónica. El calor de los alambiques, los vapores de la destilación o los recorridos de la materia prima dejan de ser meras operaciones técnicas para asumir un protagonismo espacial.
Aunque producen bebidas distintas, los proyectos seleccionados a continuación comparten desafíos arquitectónicos similares. Todos deben organizar flujos industriales, controlar condiciones específicas de temperatura, ventilación y almacenamiento, además de compatibilizar las áreas técnicas con los recorridos de las visitas públicas. Al mismo tiempo, cada destilería establece respuestas particulares al territorio en el que se inserta, revelando diferentes maneras de relacionar producción y paisaje.
La arcilla cocida se ha utilizado en la construcción durante más de 9,000 años, evolucionando desde la artesanía vernácula hasta convertirse en uno de los materiales de mayor aplicación en el entorno construido. Su durabilidad, resistencia al agua, rendimiento térmico y adaptabilidad lo han convertido en un elemento esencial para fachadas, sanitarios, pisos, superficies arquitectónicas y sistemas estructurales. En la actualidad, las nuevas tecnologías de fabricación amplían estas posibilidades a medida que los/las arquitectos/as y fabricantes se enfrentan a las implicaciones ambientales de la extracción y producción de materiales.
En Hong Kong, donde la arquitectura suele estar impulsada por la lógica inmobiliaria, la infraestructura y un desarrollo acelerado, el espacio para la experimentación cívica a escala humana puede ser sorprendentemente estrecho. Es aquí donde Design Trust ha logrado distinguirse. Como plataforma de financiamiento y facilitación de proyectos, apoya intervenciones espaciales que se sitúan entre la arquitectura, la investigación y la programación pública; un trabajo que a menudo resulta demasiado modesto, colectivo o incierto para encajar dentro de los canales convencionales de la relación cliente-arquitecto/a.
En el centro de esta labor se encuentra Marisa Yiu, cuyo liderazgo posiciona a Design Trust tanto como agente facilitador como actor cultural. A través de iniciativas como Micro-Parks Hong Kong, junto con exposiciones y programas públicos, la organización aborda el discurso y la creación de prototipos como formas de agencia espacial, vinculando a diseñadores/as, comunidades, instituciones y debates sobre políticas públicas, al tiempo que prioriza cuestiones de gestión, mantenimiento y la "vida posterior" del espacio público.
El fundador de Åvontuura, Karl van Es, con su Guía de Arquitectura de Toronto
Karl van Es dedicó veinte años a la práctica activa de la arquitectura antes de dejarla para resolver un problema al que se enfrenta cualquier profesional de la disciplina: simplemente no existen recursos para viajar con un enfoque profesional. Las guías turísticas y aplicaciones de viaje convencionales rara vez destacan las obras que realmente importan a la comunidad arquitectónica. Åvontuuranacio de esa frustración: una editorial independiente de guías de arquitectura ilustradas creada por un profesional de la arquitectura para sus pares. Su lanzamiento más reciente, Madrid, mapea 70 de los edificios más significativos de la ciudad, con la misión de acortar la brecha entre el interés arquitectónico y la logística de viaje.
https://www.archdaily.cl/es/1093220/trabajo-en-chengdu-y-nanjing-modum-atelier-busca-arquitecto-a-disenador-a-de-interiores-investigador-a-comercial-especialista-en-comunicacion-de-marca-pasante韩爽 - HAN Shuang
Cuando las cubiertas se articulan, los muros se deslizan y estructuras enteras responden a sus ocupantes, ocurre algo extraordinario: los espacios arquitectónicos se convierten en un componente activo de los rituales cotidianos. Estos momentos de apertura, cierre, desplazamiento y transformación espacial arraigan a los edificios en el momento presente y exigen un compromiso activo de los/as usuarios/as. Así, la arquitectura deja de ser un objeto o un monumento para convertirse en una coreografía de participación.
A lo largo de los años, la arquitectura de los cines se ha reinventado continuamente. Desde experiencias cinematográficas que involucran múltiples sentidos hasta tecnologías materiales que reinterpretan la estética de épocas pasadas, el concepto de sala de cine ha permitido la recuperación, revitalización y renovación de numerosos espacios obsoletos, en ruinas o incluso protegidos históricamente. Al igual que el Majestic Cinema refleja una importante función comunitaria en Zanzíbar (Tanzania), muchos edificios del siglo XX han encontrado en la reutilización adaptativa una oportunidad para restaurar y preservar culturas, memorias y tradiciones que siguen siendo significativas para sus comunidades.
"Quiero empezar agradeciendo a la arquitectura misma". Con estas palabras, el arquitecto chileno Smiljan Radić, el 55º galardonado con el Premio Pritzker de Arquitectura, abrió su discurso de aceptación en la Ciudad de México. Reflexionando sobre lo que denomina "distracciones", agradeció los múltiples encuentros que lo han acompañado a lo largo de su vida y de su práctica: desde el arte, las ciudades, los materiales, las estructuras y las composiciones, hasta los paisajes, la poesía, la naturaleza, las formas, las historias y las memorias. Habló de aquello que, en cada uno de ellos, lo interpeló y de las huellas que dejaron en su imaginario arquitectónico.
Desde la luz negra en Chandigarh y el interior de San Salvatore en Rialto, hasta los cúmulos de piedra en la isla croata de Brač; desde las columnas caídas del Templo de Poseidón y las comarcas abandonadas dispersas por Chile, hasta People Meet in Architecture —la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2010 dirigida por Kazuyo Sejima—, el circo chileno itinerante y el silencio del agua en las cisternas de Santa Sofía, su discurso se desarrolló como un tributo a momentos, encuentros y distracciones. Un collage de memorias e impresiones que, en conjunto, dieron forma al arquitecto en el que se convirtió.
In las décadas posteriores a la independencia, algunos de los experimentos arquitectónicos más ambiciosos del mundo no surgieron a través de museos, monumentos o palacios de gobierno. Surgieron a través de las universidades. A lo largo del sur de Asia y de África, las naciones recién formadas convirtieron los campus en campos de prueba para formas completamente nuevas de imaginar la vida colectiva. Estos campus funcionaron como algo más que instituciones educativas. Se convirtieron en territorios donde los Estados pusieron a prueba cómo organizar la modernidad, para el encuentro de la ciudadanía, el funcionamiento de las instituciones, la influencia del clima en la arquitectura y la transformación de las realidades locales a partir de ideas importadas.
"¿Café o té?" es una de esas frases que nos acompañan en los contextos más diversos: se escucha en aviones, después de una comida, en salones de hoteles y en salas de reuniones. Parece una pregunta menor —una mera preferencia, un desvío rápido en el guion de servicio—. Sin embargo, también encierra una silenciosa herencia cultural. El té llega con la larga historia del ritual y el ritmo doméstico, vinculado a antiguas geografías comerciales y a la etiqueta cotidiana. El café, en cambio, llega con un linaje diferente de circulación, que más tarde se industrializó en la cafetería moderna y sus rituales de cara al público. En cualquiera de los dos casos, la bebida nunca es solo una bebida; es una relación ensayada con el tiempo y el espacio.
En el este de Asia contemporáneo, no obstante, la pregunta entre "café o té" se lee cada vez más de otra manera: de forma imperceptible o subconsciente, se está convirtiendo en una elección sobre dónde se quiere estar. Cada bebida conlleva ahora una expectativa espacial. El café implica un espacio que se puede ocupar, a menudo un lugar para hacer una pausa, trabajar, reunirse o refrescarse. El té, a pesar de estar culturalmente omnipresente, aparece de forma más difusa por la ciudad: a veces como un destino específico, a veces como un quiosco de alta frecuencia y, muy a menudo, como un elemento predeterminado e integrado dentro de las tipologías gastronómicas. Como resultado, una pregunta planteada en términos de gusto ha comenzado a funcionar como un sutil indicador de preferencia espacial: si se busca permanencia o velocidad, resguardo o flujo, un tercer lugar o un nodo rápido en la calle.
Sentados en bancos bajos, conversando de manera informal, vestidos con ropa cómoda y rodeados de libros, objetos de diseño y obras de arte, Charles y Ray Eames aparecen en una de las imágenes más emblemáticas de la domesticidad moderna de posguerra en los Estados Unidos. La casa no se presenta como un manifiesto arquitectónico explícito, sino más bien como un espacio habitado, apropiado y cotidiano. Con todo, casi todo en esa escena funciona como la condensación de un ideal cuidadosamente construido: la informalidad moderna, la integración entre la arquitectura y la vida cotidiana con la coexistencia de la producción industrial. Más que representar una residencia, la fotografía proyecta un modo de vida. Y tal vez esa haya sido, desde un principio, la ambición central detrás de las Case Study Houses.
El modernismo suele experimentarse a través de la forma construida, fachadas fotografiadas, planos canónicos o manifiestos de concreto. Para la mayoría de las personas, sin embargo, el primer encuentro fue mucho más inmediato: se trató de una silla en una oficina, un estante en una sala de estar, una unidad compacta que reorganizó la forma de sentarse, almacenar o dormir. Mucho antes de que la arquitectura moderna pudiera encargarse a gran escala, fue el mobiliario el que ingresó al espacio cotidiano, trayendo consigo una nueva lógica de habitar. La promesa del modernismo de transformar la vida se cumplió, a menudo, a través de estos objetos más pequeños y repetibles.
Para comprender este cambio, el mobiliario debe leerse como una forma condensada de arquitectura y no como mera decoración. Quienes diseñaban a principios del siglo XX lo abordaron precisamente de esta manera. Le Corbusier describió el mobiliario como équipement de l'habitation (equipamiento de la vivienda), situándolo dentro del sistema operativo del edificio en lugar de dejarlo fuera de este. Del mismo modo, la Bauhaus abordó las sillas y mesas como prototipos industriales, integrando principios de estandarización, eficiencia y producción en serie en su diseño. Como ha argumentado la historiadora de la arquitectura Beatriz Colomina, la arquitectura moderna no circuló únicamente a través de los edificios, sino mediante medios y objetos que tradujeron sus ideas a la vida cotidiana. El mobiliario se convirtió en arquitectura en miniatura: portátil, reproducible y capaz de reorganizar el espacio sin necesidad de reconstruirlo.
Al escribir estas líneas, un artículo de Martyn Evans se preguntaba '¿Está la arquitectura en crisis?'. Ese mismo año, Reinier de Graaf publicó el libro 'Architecture Against Architecture', donde planteaba catorce problemas de la profesión y la disciplina. La cuestión sobre la crisis en la arquitectura es un tema recurrente. Al referirse a ella como profesión, esta interrogante asoma sobre todo cuando se prevén o se sufren crisis económicas. Al mismo tiempo, persisten las dudas sobre la eficacia de la arquitectura para hacer frente a los problemas más urgentes del planeta y de la sociedad: vivienda, cambio climático y desarrollo humano. Una de las iniciativas que intenta responder a estas interrogantes es MASS, fundada en Ruanda poco después de la crisis financiera de 2008. La clave está en su nombre, cuyas siglas en inglés significan Modelo de Arquitectura al Servicio de la Sociedad (Model of Architecture Serving Society). MASS nació como una forma diferente de ejercer la arquitectura.
En Gabrovo, Bulgaria, la municipalidad invita a arquitectos y arquitectas a diseñar el Centro de Arte Contemporáneo Christo y Jeanne-Claude mediante la transformación, adaptación y modernización de la antigua Escuela Técnica Textil y su terreno colindante. El cofinanciamiento de la Unión Europea, un presupuesto público, un jurado designado y una estructura en dos fases enmarcan este concurso, reflejando el espíritu de la práctica artística de Christo and Jeanne-Claude: una creación artística audaz y accesible. Más que el encargo de un edificio cultural, la convocatoria exige una propuesta de diseño que comprenda el carácter específico de su obra, añadiendo una dimensión curatorial a lo que de otro modo podría ser un simple proyecto de reutilización adaptativa.
Casa del Vino en Berneck. Imagen cortesía de Faruk Pinjo + Carlos Martinez Architekten
Las puertas plegables inundan de luz las habitaciones, ofreciendo una flexibilidad espacial que permite entablar un diálogo con el entorno. La serie Woodline de Solarlux integra calidad de fabricación y experiencia técnica con libertad de diseño arquitectónico, proporcionando soluciones de fachadas transparentes para una arquitectura versátil y sostenible. Asimismo, las superficies naturales enriquecen la envolvente del edificio aportando una cualidad táctil única.
En los últimos años se ha observado un cambio de paradigma en la arquitectura residencial multifamiliar, a medida que cada vez más proyectos nuevos se construyen con madera de ingeniería, específicamente madera contralaminada (CLT) y madera laminada encolada (glulam). Debido a que la madera es un material liviano, estos sistemas pueden reducir la carga muerta y aliviar las exigencias sobre la cimentación, lo que resulta especialmente útil en terrenos con capacidad portante limitada o sobre infraestructuras existentes. Desde el punto de vista de la sostenibilidad, la madera puede almacenar carbono durante la vida útil del edificio y, a menudo, reduce el carbono embebido en comparación con los sistemas convencionales de concreto y acero. En el diseño contra incendios, los elementos de madera de gran sección pueden diseñarse para carbonizarse a un ritmo predecible, lo que permite que el núcleo estructural permanezca protegido durante un período definido si se realizan los detalles adecuados.
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso, Last Nuclear Bomb Memorial No.6. Este certamen se celebra anualmente para apoyar la prohibición universal de las armas nucleares. En 2017, al cumplirse el 75.º aniversario de los bombardeos de 1945 sobre Nagasaki e Hiroshima —que se cobraron la vida de más de 100,000 personas—, las Naciones Unidas adoptaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.
Surgida en ciudades portuarias y barrios de clase trabajadora a lo largo del siglo XIX, la casa shotgun se convirtió en una respuesta duradera a la densidad, el clima y los lotes urbanos acotados, consolidándose como una de las formas domésticas que definieron el sur de los Estados Unidos. Su huella estrecha, su planta secuencial y sus pórticos profundamente sombreados generaron una lógica espacial económica y de gran sensibilidad ambiental mucho antes de que ambos términos se volvieran centrales en el discurso arquitectónico. Desde Nueva Orleans y Mobile hasta Houston y Louisville, las casas shotgun conformaron el tejido físico de barrios moldeados por la migración, el trabajo, la comunidad y la vida cultural. Aunque a menudo se las descartó como construcciones vernáculas ordinarias, esta tipología de vivienda ha encarnado durante mucho tiempo ideas sofisticadas sobre la adaptación al clima, la proximidad social y el crecimiento urbano incremental, convirtiéndose en una de las formas domésticas más influyentes en la historia de la ciudad estadounidense.
La arquitectura suele presentarse como la expresión visible de su época: sus deseos, su fe en el progreso, su idea del orden. Sin embargo, esta lectura tiende a simplificar las condiciones en las que se producen los edificios, sugiriendo que la arquitectura va a la zaga de la historia cuando, en muchos casos, participa activamente en ella. Pocos períodos lo hacen más evidente que el siglo XX, época en la que la arquitectura se entrelajó profundamente con programas políticos, sistemas económicos y visiones contrapuestas sobre cómo debía organizarse la vida colectiva.
Lo que comúnmente se agrupa bajo la etiqueta del modernismo suele describirse como un proyecto coherente, definido por la claridad formal, el optimismo tecnológico y la ruptura con los estilos históricos. No obstante, esta aparente coherencia se disuelve cuando miramos más allá de sus centros canónicos. Los mismos principios espaciales (la estandarización, la zonificación funcional y la producción industrial) se adoptaron en contextos políticos y económicos que diferían significativamente en sus estructuras y objetivos. Así, un movimiento aparentemente estático se desplegó como un sistema flexible que se reorientaba continuamente según las prioridades de cada régimen. Lo que parecía un lenguaje compartido era, en la práctica, un conjunto de herramientas aplicadas a agendas distintas.
Antes de cualquier diseño o decisión formal, ya pulsaba, en el lugar donde hoy se encuentra la Plaza del Mercado, en el Parque Realengo, Río de Janeiro, un espacio en permanente movimiento. Puestos improvisados, encuentros informales, música, niños y niñas corriendo y personas adultas reunidas bajo cubiertas provisorias componían un paisaje vivo, que delineaba una arquitectura efímera.
En este contexto se inserta el trabajo desarrollado por Carlos Zebulun, Helena Meirelles, Larissa Monteiro, Rodrigo Messina, Francisco Rivas y Juliana Ayako, una de las propuestas ganadoras de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards. La gestión y los proyectos urbanos y paisajísticos fueron realizados por el estudio Ecomimesis Soluções Ecológicas, ganador de la licitación realizada por la Alcaldía de Río de Janeiro en 2023.
"No hay espacio sin acontecimiento, ni arquitectura sin acción". Cuando Bernard Tschumi escribió estas palabras, estaba articulando un principio fundamental de la práctica de la arquitectura. La arquitectura se trata del comportamiento. Cada trazo sobre un plano es una propuesta de cómo se moverán los/las ocupantes o qué acciones serán posibles.
Dibujar es proyectar arquitectónicamente una realidad. Sin embargo, aun con este poder, la arquitectura no impone órdenes. No dicta instrucciones ni exige obediencia, sino que opera a través de un control sutil: un modo de influencia que moldea el comportamiento al estructurar la percepción y guiar la atención.
Al pasar del calor de Dubái al vestíbulo de una torre de vidrio, el desierto parece desaparecer. Afuera, las temperaturas superan los 45 grados Celsius; adentro, el aire es frío, hermético y está perfectamente controlado. Durante décadas, este contraste constituyó la imagen definitoria de la modernidad en el Golfo. La arquitectura dejó de ser una negociación con el clima para convertirse en una demostración de que este podía ser superado. Torres de vidrio reflectante se alzaron en el desierto como símbolos de consolidación, proyectando poder financiero, confianza tecnológica y ambición global. Bajo esta imagen urbana subyacía una infraestructura construida sobre el petróleo, la energía barata y la continua supresión mecánica del calor.