
"No hay espacio sin acontecimiento, ni arquitectura sin acción". Cuando Bernard Tschumi escribió estas palabras, estaba articulando un principio fundamental de la práctica de la arquitectura. La arquitectura se trata del comportamiento. Cada trazo sobre un plano es una propuesta de cómo se moverán los/las ocupantes o qué acciones serán posibles.
Dibujar es proyectar arquitectónicamente una realidad. Sin embargo, aun con este poder, la arquitectura no impone órdenes. No dicta instrucciones ni exige obediencia, sino que opera a través de un control sutil: un modo de influencia que moldea el comportamiento al estructurar la percepción y guiar la atención.







