
Vista desde el agua, Tallinn presenta la silueta de una ciudad mercantil hanseática. Durante el periodo soviético, la mayor parte del frente marítimo era una zona militar restringida, lo que convirtió al puerto en uno de los pocos puntos de encuentro entre la ciudad y el mar. Incluso Linnahall, el enorme recinto de concreto construido para las competencias de vela de los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980, se ubicó en parte para preservar la vista del casco antiguo desde las embarcaciones que se aproximaban al puerto. Durante medio siglo, Tallinn creció de espaldas al agua que la había convertido en una ciudad comercial. Por ello, cuando se restauró la independencia en 1991, algunos de los terrenos más valiosos de la capital se encontraban también entre los menos conocidos por sus habitantes.
La arquitectura reciente de Tallinn es, en gran medida, una arquitectura de reconexión. La ciudad ha ido reabriendo lo que había quedado aislado y adaptando aquello que perdió su función original, al tiempo que construye nuevas estructuras donde los límites entre ciudad, infraestructura y paisaje aún se están negociando. Las fábricas situadas alrededor del centro medieval, desde los molinos de Rotermann cerca del puerto hasta los astilleros de submarinos de Noblessner, habían perdido su función original. Desde entonces, su conversión gradual se ha convertido en una de las historias definitorias de la Tallinn contemporánea. Gran parte de esta arquitectura es deliberadamente sobria y basa su impacto en la manera en que las estructuras antiguas, los nuevos usos y el frente marítimo se han reintegrado a la vida de la ciudad.





























































