La cosmogonía del capitalismo (racial). Imagen cortesía de Dele Adeyemo
Al lanzar una piedra hoy, Eshu mata un pájaro de ayer. Este proverbio yoruba relata una historia tanto de reparación como de ancestralidad al desafiar con alegría las convenciones del espacio-tiempo y acceder a sujetos del pasado mediante acciones del presente. El dicho ofrece un punto de partida poético hacia tradiciones más amplias de África Occidental y hacia la práctica del artista y arquitecto escocés-nigeriano Dele Adeyemo. Reconocido como uno de los ganadores de los Premios ArchDaily 2025 Next Practices, el trabajo de Adeyemo reúne ecología, espiritualidad, danza y territorio, examinando cómo las prácticas culturales encarnadas pueden generar posibilidades espaciales alternativas dentro y en contra de la arquitectura del capitalismo racial.
Nacido en Nigeria y criado en el Reino Unido, Adeyemo ha visitado Lagos durante muchos años. A través de este vínculo, ha desarrollado un amplio cuerpo de investigación sobre prácticas de movimiento colectivo que anteceden al capitalismo y ofrecen inteligencias espaciales distintas y a menudo imaginativas que operan en paralelo a los sistemas dominantes. ArchDaily conversó con Dele sobre sus prácticas artísticas y pedagógicas, y sobre cómo identifica la sofisticación del diseño allí donde los/as arquitectos/as suelen percibir deficiencias.
Cuando el edificio original del New Museum, diseñado por SANAA —un apilamiento de cajas opacas desplazadas y envueltas en una piel de malla metálica—, abrió sus puertas en 2007, ya parecía destinado a alguna forma de expansión para aliviar la presión vertical generada por su circulación restringida y su limitada huella. En marzo, el museo presentó su tan esperada ampliación, diseñada por Shohei Shigematsu y Rem Koolhaas, de OMA. El edificio complementario, de líneas angulosas y con un ligero retranqueo, duplica la capacidad de exposición del museo y, al mismo tiempo, reconfigura la relación de la institución con la ciudad y con la estructura original de SANAA, proyectada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.
Durante la apertura para la prensa, Koolhaas describió el proyecto "no simplemente como una extensión, sino como un complemento o contraparte". Más tarde, Shigematsu profundizó en la idea: "Pensamos en diseñar un par compuesto por dos edificios distintos y, sin embargo, estrechamente conectados. Uno es más vertical e introvertido; el otro, más horizontal y extrovertido".
En una industria definida por las tolerancias de ingeniería y la certeza del rendimiento, el acabado de interiores todavía depende de un proceso que introduce variabilidad en cada proyecto. Incluso los/las aplicadores/as experimentados/as suelen depender de una mezcla basada en el criterio personal —estimando las proporciones de agua y ajustando al tanteo hasta que el material parece manejable. Si bien la destreza reduce la variabilidad, no la elimina. El resultado es una inconsistencia inherente que se transfiere directamente a la superficie terminada.
Al surgir en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales, en el que diversos países buscaban reformular sus capitales como símbolos de progreso, ambas ciudades asumieron un papel estratégico. A través del lenguaje arquitectônico adoptado, reafirmaban narrativas ideológicas e identitarias vinculadas al poder del Estado.
Se trataba de ciudades creadas en abstracto, siguiendo una visión utópica. Serían urbes vanguardistas, libres de las deficiencias que asolaban a las ciudades de mediados del siglo XX, que ejemplificarían principios estéticos que reflejarían ideologías políticas progresistas y que abrazarían nuevas tecnologías – principalmente el automóvil.
Sin embargo, esta promesa de futuro terminó generando grandes desafíos. Dificultades que, por supuesto, reflejan los percances sociales y económicos de sus países, pero que también puede decirse que están sazonadas por una idea modernista que hoy se pone en discusión.
La inteligencia artificial ya no es un concepto lejano en la práctica de la arquitectura. Se está convirtiendo rápidamente en una herramienta práctica utilizada por firmas de todo el mundo para acelerar los flujos de trabajo de diseño, generar visualizaciones y explorar nuevas posibilidades creativas.
Según una nueva encuesta del sector realizada por Chaos en colaboración con Architizer, los/las arquitectos/as ya están integrando la IA en su trabajo diario. Cerca de 800 arquitectos/as y diseñadores/as de todo el mundo participaron en el estudio, compartiendo sus perspectivas sobre cómo utilizan las herramientas de IA, cuánto tiempo les ahorra esta tecnología y cómo creen que la inteligencia artificial moldeará el futuro de la arquitectura.
Para DB Studios, la arquitectura no se trata únicamente de construir, sino de pertenecer. Se trata de crear una práctica situada, capaz de responder a su contexto, a su gente y a su identidad local, expresada a través de materiales, colores y decisiones espaciales. En este sentido, el diseño se convierte en una forma de articular un lenguaje arraigado en su entorno y moldeado por las personas a las que sirve.
Esta postura se hace especialmente evidente en Vision Pakistan, un proyecto de DB Studios recientemente galardonado con el Premio Aga Khan de Arquitectura 2025. Más allá de reconocer las cualidades arquitectónicas del proyecto, el premio destaca un compromiso más amplio: crear un entorno de apoyo para jóvenes de escasos recursos en el que la educación, la formación profesional y el diseño espacial colaboren para fomentar la independencia y la movilidad social. A través de su forma, fachada y organización interior, el edificio responde estrechamente a su contexto, reforzando el sentido de pertenencia entre sus usuarios y usuarias, al tiempo que fomenta el orgullo en la comunidad circundante y entre los/las profesionales locales emergentes.
Bolete Lounge BIO® de Andreu World x Patricia Urquiola. Imagen cortesía de Andreu World
Al ingresar a un gran espacio de estar, el vestíbulo de un hotel o un espacio de trabajo de planta libre, lo primero que se percibe no es aquello que divide el espacio, sino lo que lo mantiene unido. Rara vez existen límites claros, habitaciones evidentes o divisiones estrictas; sin embargo, el espacio se siente organizado. Ciertas áreas invitan a la pausa, otras dictan el movimiento y unas más fomentan la comunidad. Las transiciones son sutiles, pero legibles.
Al mismo tiempo, se espera más de estos interiores. Deben adaptarse al cambio constante, resistir un uso intensivo y responder a las exigencias ambientales reduciendo los residuos, prolongando su vida útil y evitando reemplazos frecuentes. La pregunta no es solo cómo se ve un espacio, sino cómo funciona a lo largo del tiempo. ¿Qué es lo que realmente lleva el mayor peso?
«Mi única preocupación es que mi trabajo tenga un impacto positivo en las comunidades en las que se inserta», afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. Su propia historia de vida, el contexto en el que creció y las experiencias que ha atravesado definen su enfoque de la arquitectura. Se trata de un compromiso que se extiende a las personas y a los lugares que llaman hogar—uno que valora la materialidad, el aprendizaje colectivo y el intercambio de conocimientos. Descubrir las historias detrás de proyectos como la Escuela Primaria en Gando y la Escuela Secundaria Naaba Belem Goumma inspira a reflexionar sobre cómo diseñar espacios que verdaderamente sirvan a la humanidad.
La historia de Francis Kéré comienza en una aldea del África subsahariana y se extiende por numerosos lugares. Gando fue el escenario de su primera educación, donde absorbió la esencia y los principios que más tarde definieron los valores fundamentales de su carrera, junto con influencias de otras culturas. La estructura de Gando está formada por distintas familias que se organizan, de acuerdo con las costumbres establecidas, en patios dispersos por la sabana. Crecer en esta remota aldea de la sabana de Burkina Faso fomenta un fuerte sentido de comunidad, que se vuelve tangible al comprender que cada habitante de cada patio forma parte de la vida de todo el conjunto.
A menudo, la arquitectura se evalúa a través de sus formas acabadas; sin embargo, algunas prácticas operan en un registro diferente, uno donde el diseño se despliega a través de las relaciones, el tiempo y el uso, en lugar de limitarse a un único resultado. Para CatalyticAction, la participación no es una actividad social paralela, sino el medio a través del cual los espacios se conciben, se construyen y se sostienen a lo largo del tiempo.
Con sedes en Beirut y Londres, esta oficina ha trabajado en todo Oriente Medio y Europa, desarrollando espacios públicos, escuelas, patios de juego e infraestructuras urbanas cotidianas mediante la colaboración a largo plazo con comunidades locales. Basado en la investigación participativa y en la toma de decisiones colectiva, este enfoque fue reconocido en los ArchDaily's 2025 Next Practices Awards, destacando un modelo de práctica en el que la arquitectura se entiende como un proceso compartido y en evolución, más que como un objeto fijo. En este contexto, el valor arquitectónico se mide por la continuidad, el uso y la apropiación colectiva, y no únicamente a través de la forma.
Quienes se dedican al diseño de interiores se enfrentan a un constante acto de equilibrio entre los parámetros del proyecto, las limitaciones presupuestarias, las exigencias de la clientela y la preservación de la estética del diseño. Los plazos de entrega ajustados ejercen una gran presión cuando la clientela solicita múltiples revisiones. Asimismo, la discrepancia entre planos y renders debilita la entrega de una propuesta de diseño cohesiva. En el competitivo y digitalizado campo de la arquitectura actual, el éxito llega cuando los/las diseñadores/as pueden aportar detalles técnicos desde la etapa conceptual hasta la construcción, aprovechando tecnologías avanzadas y herramientas estratégicas dentro de un único software de modelado.
Jardín Botánico Guangzhou Yunxi / AECOM + Architectural Design & Research Institute of SCUT + Guangzhou Landscape Architectural Design & Research Institute. Imagen cortesía de Yunxi Botanical Garden
Si bien la vida humana depende en gran medida de las plantas por las medicinas, los materiales de construcción y el combustible que proporcionan, estas también desempeñan un papel fundamental en múltiples procesos ecológicos. Desde la regulación climática mediante la absorción de dióxido de carbono hasta la fertilidad del suelo y la purificación del aire y del agua, la diversidad vegetal ofrece oportunidades para abordar algunos de los desafíos más urgentes de este siglo, como la seguridad alimentaria, la disponibilidad de energía, el cambio climático y la degradación del hábitat. En este escenario, los jardines botánicos actúan como refugios vivos que fomentan la innovación, la adaptación y la resiliencia humana. Pero ¿qué puede aprender la práctica arquitectónica de la botánica y de sus métodos?
Revestimiento BIPV con respaldo de nido de abeja de aluminio de borde cerrado desarrollado para el Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH), en la Universidad de Toronto Scarborough, lo que demuestra cómo su ligereza permite una instalación rápida y sin complicaciones. Imagen cortesía de Mitrex
El Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Toronto Scarborough, se diseñó bajo un mandato claro y no negociable: al menos el 20% del consumo energético del edificio debía generarse a partir de fuentes renovables instaladas en el mismo sitio. Con el fin de cumplir con este ambicioso requisito, el equipo del proyecto exploró cómo la tecnología solar podía ir más allá de la cubierta e integrarse en la propia arquitectura, posicionando el proyecto dentro de una tendencia más amplia hacia la arquitectura sostenible basada en el rendimiento. Las instalaciones de 63,000 pies cuadrados albergan programas de enseñanza, investigación y formación clínica dedicados a la educación de los/las futuros/as profesionales de la salud. Diseñado por Diamond Schmitt Architects y MVRDV, el proyecto siguió inicialmente un camino convencional, combinando una fachada sobria con paneles fotovoltaicos en la cubierta.
En los últimos años, la construcción con tierra ha vuelto a captar la atención de la arquitectura. Materiales como el adobe, la tierra apisonada y los bloques de tierra comprimida, que alguna vez se asociaron principalmente con las tradiciones vernáculas, son cada vez más explorados por los/las arquitectos/as contemporáneos/as. Lejos de representar un simple retorno al pasado, este renovado interés refleja una reconsideración más profunda sobre cómo la arquitectura se vincula con los materiales, los recursos locales y las condiciones ambientales. Durante siglos, la edificación con tierra formó parte de la construcción cotidiana en muchas regiones del mundo. Técnicas como el adobe, la tierra apisonada, el *cob* y otros sistemas a base de tierra se desarrollaron gradualmente mediante la adaptación al clima, los recursos disponibles y las prácticas constructivas locales. Estos métodos respondían de manera directa a las condiciones ambientales, al tiempo que moldeaban las formas culturales de construir. Este conocimiento se transmitía a través de prácticas colectivas en lugar de una educación arquitectónica formal, lo que permitió que las técnicas evolucionaran mediante una experimentación continua. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX, la expansión de los materiales industriales de construcción transformó la producción arquitectónica. El concreto, el acero y los sistemas estandarizados se volvieron dominantes en el desarrollo urbano y los proyectos de infraestructura. Como consecuencia, muchas técnicas con tierra perdieron presencia en la producción arquitectónica formal y se asociaron cada vez más con la autoconstrucción rural o informal. A pesar de su larga trayectoria de excelente desempeño ambiental, los materiales a base de tierra solían percibirse como incompatibles con las normas de construcción modernas y los marcos regulatorios. Hoy en día, esta percepción está empezando a cambiar. La creciente conciencia sobre el impacto ambiental de la industria de la construcción, en particular las emisiones de carbono asociadas a la producción de cemento, ha impulsado a profesionales de la arquitectura y la investigación a reconsiderar estrategias materiales alternativas. En este contexto, la tierra está cobrando un nuevo protagonismo gracias a su baja energía incorporada, su disponibilidad local y su capacidad para responder a las condiciones climáticas. Un ejemplo de este renovado interés es la Residencia Earth by the River, diseñada por Luigi Rosselli Architects en Australia. El proyecto incorpora muros de tierra apisonada que anclan la vivienda tanto visual como térmicamente al paisaje circundante. Más allá de su presencia material, estos muros ayudan a regular la temperatura interior gracias a su masa térmica, lo que ilustra cómo los métodos constructivos tradicionales pueden complementar el diseño ambiental pasivo. De manera similar, la Casa Bama de L'Africaine d'Architecture en Ghana explora el uso de la tierra de origen local como principal recurso constructivo. El suelo extraído directamente del terreno se compacta para formar espesos muros portantes que organizan espacialmente el edificio. Este enfoque reduce la necesidad de transportar materiales, al tiempo que refuerza el vínculo entre la arquitectura y su contexto geográfico. Un enfoque semejante se observa en la Casa Entre Muros de Al Borde en Ecuador. Construido con tierra local y técnicas sencillas, el proyecto explora cómo los materiales térreos pueden definir tanto la organización espacial como el confort ambiental. Los gruesos muros configuran la estructura y, a su vez, contribuyen a la regulación térmica, demostrando cómo los recursos disponibles localmente pueden sustentar soluciones arquitectónicas contemporáneas. Asimismo, numerosos proyectos contemporáneos exploran el potencial expresivo de la tierra como material. La Casa circular de ladrillo con muro de tierra apisonada de AST77 Architecten en Bélgica sitúa un muro de tierra apisonada como el elemento espacial central de la vivienda. La composición estratificada del muro revela el proceso de compactación, generando sutiles variaciones de color y textura que se convierten en un rasgo distintivo del interior. Otros proyectos experimentan con sistemas constructivos híbridos que combinan materiales de tierra con estructuras contemporáneas. La Frammed Earth House de D'WELL en Estados Unidos integra muros de tierra apisonada dentro de un marco estructural moderno, lo que permite al proyecto beneficiarse del desempeño térmico y las cualidades táctiles de la tierra, al tiempo que cumple con las exigencias normativas y de ingeniería actuales. Más allá de las obras individuales, los/las arquitectos/as también están reconsiderando el papel del suelo excavado en el propio proceso de construcción. En lugar de desecharse como residuo, la tierra extraída durante la excavación puede reutilizarse directamente para fabricar muros, bloques o elementos estructurales. Este enfoque no solo reduce el transporte y los residuos de obra, sino que también refuerza la continuidad material entre la arquitectura y el suelo del que emerge. Por otra parte, diversos proyectos experimentales amplían las posibilidades espaciales y sociales de la arquitectura de tierra. En la isla de Ormuz, en Irán, el proyecto Presencia en Ormuz de ZAV Architects utiliza tierra local para construir una serie de pequeñas estructuras abovedadas destinadas a programas culturales y comunitarios. Construido con la técnica del superadobe, el proyecto demuestra cómo la edificación con tierra puede fomentar tanto la adaptabilidad ambiental como las formas colectivas de habitar. En todos estos ejemplos, la construcción con tierra no se aborda como una simple referencia nostálgica a la arquitectura tradicional. Al contrario, se explora como parte de una reconsideración más amplia de las prácticas materiales. Los/las arquitectos/as muestran un interés creciente en cómo los materiales a base de tierra pueden mejorar el desempeño ambiental y, simultáneamente, generar nuevas posibilidades espaciales y tectónicas. Los muros de tierra desempeñan un papel fundamental en el diseño ambiental pasivo. Gracias a su elevada masa térmica, las paredes gruesas de tierra pueden absorber el calor durante el día y liberarlo gradualmente por la noche, lo que ayuda a estabilizar la temperatura interior. En climas cálidos, esta característica permite reducir significativamente la dependencia de sistemas de climatización artificial. Al combinarse con estrategias pasivas como el sombreado, la ventilación cruzada y una orientación adecuada, la construcción con tierra favorece el desarrollo de edificaciones más eficientes desde el punto de vista energético. Más allá de estas virtudes ambientales, la tierra aporta un lenguaje arquitectónico singular. Las capas estratificadas de la tierra apisonada registran el proceso de compactación, mientras que el adobe y los bloques de tierra comprimida conservan las huellas de su manufactura. Estas texturas revelan el proceso físico de la construcción y estrechan la relación táctil entre la obra y el material. Asimismo, la renovada exploración de la construcción con tierra propicia nuevas formas de colaboración. En muchos proyectos, los/las arquitectos/as trabajan estrechamente con constructores/as locales que preservan el conocimiento de las técnicas tradicionales. Estas sinergias permiten que los métodos constructivos históricos evolucionen dentro de marcos de diseño contemporáneos, fusionando la tradición artesanal con la experimentación arquitectónica. Visto así, el creciente interés por construir con tierra refleja un cambio más amplio en el pensamiento arquitectónico. En lugar de depender exclusivamente de materiales industriales, los/las arquitectos/as investigan cada vez más cómo los recursos disponibles localmente y los saberes tradicionales pueden enriquecer los procesos de diseño contemporáneos. De este modo, la tierra —uno de los materiales de construcción más antiguos de la humanidad— deja de verse como una reliquia del pasado para ser reconsiderada como un campo dinámico de experimentación. Al reinterpretar las técnicas tradicionales mediante enfoques de diseño contemporáneos, los/las arquitectos/as expanden las posibilidades de relación entre los edificios, sus materiales, el paisaje y el patrimonio cultural.
En Light + Building 2026 en Frankfurt, OPPLE Lighting conmemoró su 30.º aniversario con una propuesta arquitectónica en lugar de una retrospectiva. Bajo el concepto "Hi Light!", la empresa presentó Light as Cloud, un pabellón diseñado por OMA. La instalación sirvió asimismo de plataforma para el debut internacional de OLL, la nueva marca de diseño de alta gama de OPPLE. Lejos de funcionar como una exhibición convencional de productos, el proyecto posicionó la luz como un sistema espacial que da forma a la arquitectura, la circulación y la percepción.
La elevación suele presentarse como sinónimo de progreso, al elevar el movimiento por encima de la fricción de la ciudad y suavizar la circulación en un flujo ininterrumpido. Sin embargo, cada acto de elevación produce a su paso una condición secundaria. Bajo pasos elevados, líneas de metro y viaductos ferroviarios, surge un segundo plano del suelo: sombreado, ambiguo y rara vez planificado con la misma intención que aquello que transita por encima. Estos espacios no son remanentes incidentales. Son la consecuencia espacial de una decisión de diseño que privilegia la velocidad, la altura libre y la eficiencia, redistribuyendo en el proceso el valor y la visibilidad a lo largo de la ciudad.
Lo que se encuentra debajo no está vacío. Está estructurado, condicionado y definido por la infraestructura, pero desprovisto de un papel claro. Los estudios sobre autopistas elevadas suelen describir estas zonas bajo las estructuras como espacios residuales, que se originan cuando los sistemas de transporte se conciben de manera independiente del suelo que atraviesan. Un informe de Arup sobre los espacios bajo los viaductos señala que a menudo interrumpen la continuidad peatonal, al tiempo que permanecen al margen de los marcos de planificación formal. Asimismo, revisiones académicas recientes sobre los entornos bajo pasos elevados destacan que estas áreas rara vez se integran en las estrategias de diseño urbano. El resultado es una condición peculiar: un espacio físicamente presente y estructuralmente determinado, pero programáticamente indefinido.
Casa del Vino en Berneck. Imagen cortesía de Faruk Pinjo + Carlos Martinez Architekten
Las puertas plegables inundan de luz las habitaciones, ofreciendo una flexibilidad espacial que permite entablar un diálogo con el entorno. La serie Woodline de Solarlux integra calidad de fabricación y experiencia técnica con libertad de diseño arquitectónico, proporcionando soluciones de fachadas transparentes para una arquitectura versátil y sostenible. Asimismo, las superficies naturales enriquecen la envolvente del edificio aportando una cualidad táctil única.
Al pasar del calor de Dubái al vestíbulo de una torre de vidrio, el desierto parece desaparecer. Afuera, las temperaturas superan los 45 grados Celsius; adentro, el aire es frío, hermético y está perfectamente controlado. Durante décadas, este contraste constituyó la imagen definitoria de la modernidad en el Golfo. La arquitectura dejó de ser una negociación con el clima para convertirse en una demostración de que este podía ser superado. Torres de vidrio reflectante se alzaron en el desierto como símbolos de consolidación, proyectando poder financiero, confianza tecnológica y ambición global. Bajo esta imagen urbana subyacía una infraestructura construida sobre el petróleo, la energía barata y la continua supresión mecánica del calor.
Lo que alguna vez fue un asentamiento najdi definido por muros de adobe y casas con patio, hoy Riad ha experimentado una de las transformaciones urbanas más radicales de los siglos XX y XXI. El descubrimiento de reservas de petróleo, la consolidación del poder político y la rápida expansión de la infraestructura remodelaron la ciudad, que pasó de ser una capital regional a convertirse en una metrópoli en constante crecimiento en casi una sola generación. Como resultado, el tejido urbano de Riad está marcado por discontinuidades, donde los fragmentos de arquitectura vernácula coexisten con el modernismo institucional de mediados de siglo y un perfil contemporáneo en rápida evolución.
En las últimas décadas, esta condición de estratificación se ha intensificado aún más debido a estrategias de desarrollo a gran escala y programas de inversión cultural que posicionan a la arquitectura como una herramienta para redefinir la identidad nacional. Firmas internacionales han desempeñado un papel decisivo en la configuración de instituciones, infraestructuras y puntos de referencia clave, mientras que las oficinas locales aportan cada vez más proyectos que reinterpretan el clima, la materialidad y el espacio social bajo un enfoque contemporáneo.
Cuando se cuenta la historia de la arquitectura de Hong Kong, a menudo se reduce a un puñado de íconos. Para la mayoría, el primer nombre que viene a la mente es el de I.M. Pei—laureado con el Premio Pritzker y arquitecto de la Torre del Banco de China en Central (1990)—, así como obras globales como el Gran Louvre en París y el Museo Miho en Shiga. Al ampliar la mirada, surge también un extenso linaje de arquitectos/as británicos e internacionales cuyas huellas han dado forma al perfil institucional de la ciudad: desde las obras cívicas de Ron Phillips —sobre todo el antiguo Edificio Murray (1969), actual Hotel The Murray, y el Ayuntamiento de Hong Kong (1962)— hasta los monumentos corporativos y de infraestructura de Norman Foster, como la Torre de la Corporación Bancaria de Hongkong y Shanghai (HSBC) (1986) y el Aeropuerto Internacional de Hong Kong (1998), y, más recientemente, The Henderson (2024), de Zaha Hadid Architects.
No obstante, durante el mismo período de Pei y Foster, los/las arquitectos/as locales también producían edificios de trascendencia duradera; obras que cargaban con el legado de la Bauhaus, pero lo traducían a un lenguaje minuciosamente calibrado para el clima, la densidad y la vida cívica de Hong Kong. Puede que estos proyectos no siempre se perciban como íconos de gran relevancia comercial; sin embargo, suelen manifestar un sentido más agudo de responsabilidad social y agenda pública. Entre las figuras más importantes de esta genealogía se encuentra el fallecido arquitecto Tao Ho, cuya obra y rol público constituyeron una vertiente más silenciosa —pero no por ello menos fundacional— en el patrimonio arquitectónico moderno de Hong Kong.
Algunos tipos de trabajo solo se vuelven visibles cuando dejan de realizarse. Son discretos, repetitivos y rara vez celebrados; sin embargo, sostienen silenciosamente el funcionamiento de cualquier operación. En la arquitectura, esta dimensión casi nunca aparece en las imágenes que circulan. Al pensar en la disciplina, solemos evocar renders seductores, perspectivas cuidadosamente iluminadas, planos precisos y dibujos que prometen futuros posibles o incluso utópicos. No obstante, la capa que soporta estos gestos formales no se encuentra en la imagen, sino en la especificación, el detalle y la documentación.
Desde que la inteligencia artificial se posicionó en el centro del debate arquitectónico, la conversación ha sido impulsada en gran medida por su capacidad para generar formas y atmósferas en segundos. Las simulaciones estilísticas, las variaciones conceptuales y la experimentación visual se han convertido en símbolos del avance tecnológico en este campo. Hay algo comprensible en esta fascinación: la arquitectura siempre se ha vinculado con la representación como una forma de imaginar lo que aún no existe.
A comienzos del siglo XX, movimientos paralelos pero conectados en todo el mundo dieron paso a un nuevo estilo y a una nueva era arquitectónica. Desde el Arts and Crafts en Inglaterra, el Art Nouveau y luego el Art Deco en Francia, hasta el Jugendstil en Alemania y Austria, estos desarrollos artísticos y de diseño se propagaron por todo el mundo, adquiriendo diversas formas según su contexto. Sin embargo, su esencia seguía siendo similar, caracterizada por un enfoque en el valor artesanal y el oficio; el uso de madera, vidrio y diversos metales; la integración de formas orgánicas en las fachadas exteriores y las estructuras interiores; y la incorporación refinada de la ornamentación como elemento arquitectónico, manifestada frecuentemente en motivos vegetales o patrones geométricos.
«La historia de la arquitectura no está equivocada», argumentó Lesley Lokko en su introducción a la Bienal de Arquitectura de Venecia 2023, «sino incompleta». Durante la mayor parte del siglo XX, la historia de la arquitectura habló en una sola lengua: una narrativa única y dominante centrada en un puñado de movimientos, nombres y ciudades, cuyo alcance e influencia parecían universales precisamente porque las voces alternativas quedaban silenciadas. Sin embargo, los movimientos de diseño rara vez cruzaron las fronteras intactos. Con frecuencia fueron absorbidos, resistidos, reinterpretados y transformados en función de la geografía, la política, la economía, el clima y los materiales disponibles. Lo que en un lugar se recibió como doctrina, en otro se convirtió en algo completamente distinto.
Este mes, ArchDaily explora Diseño del siglo XX en transición: una reinterpretación global de la historia de la arquitectura, un tema que rastrea los lenguajes de diseño de este siglo no como un canon único, sino como una constelación de trayectorias en evolución, intersección y continua reinvención. Este enfoque desafía la suposición de que las arquitecturas regionales y no occidentales eran meras derivaciones, posicionándolas en cambio como espacios de reinterpretación activa, donde las ideas globales se filtraron a través de materiales, climas, mano de obra y prácticas culturales locales para producir algo completamente distinto.
A los equipos de diseño no les faltan herramientas; les falta continuidad. Los datos de los proyectos permanecen fragmentados en distintos archivos y las decisiones suelen perder su contexto a medida que el trabajo avanza de la planificación al diseño y la construcción. Como consecuencia, los equipos dedican un tiempo valioso a volver a conectar la información en lugar de hacer avanzar los proyectos.
Esto evidencia la necesidad de flujos de trabajo que preserven la intención del diseño y trasladen el conocimiento a lo largo de cada etapa del proceso. Bajo este enfoque, la idea de una "inteligencia de diseño y creación" puede entenderse como una transición hacia la continuidad, donde los datos, las decisiones y el aprendizaje obtenidos en la planificación, el diseño, la construcción y la operación permanezcan integrados en el proyecto en lugar de detenerse en la entrega del mismo. En este escenario, la inteligencia artificial y la automatización operan con mayor relevancia, apoyándose en la información acumulada en vez de en datos aislados.