La rica historia de Italia, evidente en sus monumentos y ciudades, ha creado un contexto único para la renovación arquitectónica. Los/las arquitectos/as italianos/as suelen abrazar este patrimonio entablando un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo, en lugar de aspirar a una transformación total. Este enfoque evita deliberadamente el estilo imitativo; en su lugar, se utilizan materiales contemporáneos como el acero, el vidrio y la madera nueva para enmarcar y destacar la piedra y el ladrillo históricos preexistentes. Esta yuxtaposición transforma los materiales originales, que dejan de ser simples elementos estructurales para convertirse en piezas decorativas y narrativas de primer plano. El resultado es una experiencia estratificada donde la historia del espacio permanece visible, garantizando su preservación en lugar de su eliminación a causa de la reforma.
Las piedras guardan el tiempo. Algunas se forman por la solidificación repentina del magma, como el basalto, cuya estructura densa y color oscuro resultan de un enfriamiento rápido en la superficie. Otras, como el granito, nacen lentamente en profundas cámaras magmáticas, donde el enfriamiento paulatino permite el crecimiento de cristales visibles, lo que da lugar a patrones y colores únicos. También existen rocas sedimentarias, formadas por la compactación de residuos minerales y orgánicos a lo largo de millones de años, con tonalidades que reflejan su composición química y el entorno en el que se depositaron. Al transformar esta diversidad geológica en una única superficie continua, el terrazo se presenta como un compuesto cementicio o mineral en el cual fragmentos de mármol, granito, cuarzo, basalto y otras litologías se integran en una matriz aglutinante, para luego ser pulidos y revelar la estructura y el brillo de cada partícula. A diferencia de una superficie homogénea, el terrazo funciona como un muestrario mineralógico en el que cada agregado conserva su identidad al tiempo que aporta a un todo coherente, que bien puede convertirse en un piso, un revestimiento de muros o incluso en mobiliario.
Desde oficinas inspiradas en el bosque en Suecia hasta casas club concebidas como nidos en la selva en Tulum, la arquitectura de uso mixto sigue evolucionando como una herramienta para la vida integrada. A medida que las ciudades crecen y nuestras expectativas de los espacios públicos, privados y comerciales se transforman, los/las diseñadores/as replantean cada vez más cómo diferentes funciones —como el trabajo, el juego, el descanso y el aprendizaje— pueden coexistir en un mismo lenguaje arquitectónico. Estos proyectos sugieren que los edificios ya no necesitan fragmentar las actividades, sino coreografiarlas para reflejar los ritmos de la vida cotidiana.
Esta selección, enviada por la comunidad de ArchDaily, presenta un espectro global de enfoques sobre el diseño de uso mixto, que va desde planes maestros a gran escala hasta tesis conceptuales. Su punto de encuentro es el compromiso con la superposición espacial, la sensibilidad ecológica y la reinvención de programas que priorizan la experiencia de las personas usuarias. Ya sea un dormitorio estudiantil en Teherán, una plaza pública en El Cairo o un centro comunitario en Texas, cada propuesta abraza la complejidad para crear espacios vibrantes, llenos de interacción, transformación y significado.
A lo largo de China, un legado de vastas estructuras industriales permanece en desuso, como resultado directo de la transición económica del país hacia otras formas de industria. Estos edificios se definen por su colosal altura y su robusta capacidad estructural. Hoy en día, plantean un desafío arquitectónico para la renovación urbana contemporánea y un nuevo tema para la preservación del patrimonio. A medida que son absorbidos por el crecimiento de los desarrollos urbanos, los/las arquitectos/as tienen la tarea de transformarlos en activos funcionales orientados al público. De este modo, las intervenciones recientes capitalizan elementos de identidad como hornos y chimeneas para reposicionar estos complejos masivos como hitos urbanos fundamentales.
A medida que la arquitectura navega por un mundo en rápida transformación, marcado por la urgencia ecológica, la transformación social y la aceleración tecnológica, la noción de inteligencia se está redefiniendo. Lejos de limitarse a la cognición individual o a la computación artificial, la inteligencia hoy puede emerger de la memoria cultural, las prácticas colectivas y los sistemas adaptativos. En este sentido más amplio, la arquitectura se convierte en un campo de convergencia donde las inteligencias natural, artificial y social se cruzan para ofrecer nuevas formas de diseñar y construir.
Las tradiciones vernáculas incorporan generaciones de conocimiento ambiental, a menudo transmitido a través de materiales, técnicas constructivas y lógicas espaciales finamente adaptadas a las condiciones locales; por su parte, las plataformas participativas amplían la toma de decisiones a comunidades más amplias para que formen parte de la configuración de sus entornos, redistribuyendo la agencia en el proceso de diseño; y, finalmente, los procesos computacionales simulan y responden a datos complejos en tiempo real, aportando la capacidad de analizar, simular y reaccionar ante variables complejas —ya sean ambientales, sociales o conductuales—, lo que ofrece nuevas formas de adaptabilidad.
"Los límites de nuestro lenguaje de diseño son los límites de nuestro pensamiento de diseño". La declaración de Patrik Schumacher sugiere sutilmente un cambio en el entorno construido, que va más allá de la mera integración tecnológica para adoptar la inteligencia en los espacios y ciudades que habitamos. El futuro plantea la posibilidad de que los edificios cumplan funciones que trasciendan el albergar la actividad humana, participando activamente en la configuración de la vida urbana.
Ante la migración anual de millones de habitantes hacia las metrópolis, el sur de Asia experimenta niveles asombrosos de desarrollo urbano. Este crecimiento trae consigo prosperidad económica pero también una fuerte presión ecológica, a medida que las selvas de concreto reemplazan a los hábitats naturales. La región, que alberga a países como India, Pakistán, Bangladesh, Sri Lanka, Bután, Maldivas y Nepal, se enfrenta al desafío de abordar problemáticas contextuales para equilibrar la urbanización con la sostenibilidad ambiental. Estas negociaciones son sumamente complejas y exigen comprender de manera sistemática los escenarios económicos, sociales y políticos de cada país.
Las casas patio encarnan una de las tipologías arquitectónicas más perdurables, sintetizando la dualidad entre apertura y aislamiento a la vez que fomentan una profunda conexión con la naturaleza. Si bien en el sector inmobiliario estadounidense contemporáneo el término también se utiliza para describir viviendas de una sola planta y bajo mantenimiento en lotes pequeños, su significado arquitectónico clásico se refiere a un diseño introvertido organizado en torno a un patio central privado. Es esta forma tradicional, objeto de este artículo, la que remonta sus orígenes miles de años atrás. Las casas patio surgieron de manera independiente en diversas regiones, respondiendo de forma universal a necesidades humanas fundamentales: privacidad, adaptabilidad climática y coherencia espacial. A pesar de sus diversas expresiones geográficas y culturales, los principios básicos de introversión, apertura controlada y sensibilidad ambiental se mantienen notablemente constantes a lo largo de la evolución de esta tipología.
El Monumento de Sardarapat y el boceto original del arquitecto. Imagen vía risraelyan.com/en/, cortesía de Aram Ghanalanyan
En una época en la que gran parte de la arquitectura global puede parecer desconectada de la identidad local, la obra de Rafayel Israelyan destaca por estar profundamente arraigada en el lugar, la cultura y la memoria. Con su práctica desarrollada a mediados del siglo XX en Armenia, Israelyan creó una arquitectura que trasciende lo puramente funcional o monumental para volverse culturalmente resiliente. Su empleo de motivos, materiales y formas simbólicas tradicionales de Armenia otorgó a sus diseños una segunda vida tras la caída de la Unión Soviética, un periodo en el que muchos edicios de los antiguos Estados soviéticos fueron abandonados o demolidos. Armenia, en cambio, preservó gran parte de sus obras, probablemente debido a que su enfoque de diseño no solo respondía a un momento histórico específico, sino que también narraba un relato de mayor alcance. Mucho antes de que se popularizaran conceptos como la sustentabilidad o el regionalismo crítico, Israelyan comprendió que las edificaciones adquieren un mayor sentido y permanencia cuando reflejan la identidad y las características específicas de su entorno.
En los últimos años, el discurso arquitectónico se ha visto moldeado por el surgimiento de nuevas voces, territorios redescubiertos y un compromiso creciente con formas compartidas de conocimiento. Estas inquietudes siguen plenamente vigentes en 2025 a través de debates abiertos que continúan ganando complejidad y matices. Las preguntas sobre quién produce la arquitectura, desde qué contextos y bajo qué condiciones siguen siendo fundamentales, alimentadas de forma creciente por prácticas que operan de manera colectiva, interdisciplinaria y más allá de la autoría individual.
Esta continuidad se refleja en el modo en que la arquitectura se entiende cada vez menos como un objeto terminado y más como un proceso continuo integrado en sistemas sociales, culturales y ambientales. Los debates en torno a la agencia, la participación y la producción de conocimiento persisten, a la par de una atención sostenida hacia los contextos rurales, periféricos e históricamente marginados. En lugar de privilegiar una única escala o geografía, la arquitectura se aborda como una práctica que se desplaza entre territorios, reconociendo las condiciones desiguales que determinan cómo se diseñan, construyen, mantienen y habitan los espacios.
Kampung Admiralty / Ramboll Studio Dreiseitl + WOHA. Imagen cortesía de WOHA
Las verdes visiones urbanas de Ebenezer Howard se han extendido hacia el este, mucho más allá de sus raíces británicas. A principios del siglo XX, el urbanismo adoptó el movimiento de la ciudad jardín como un baluarte del buen diseño, en respuesta a la urbanización industrial de Occidente. Al poco tiempo, las ciudades asiáticas concibieron sus propios arquetipos, lidiando con las limitaciones locales de clima y densidad. Desde los experimentos de la época colonial hasta los megaproyectos contemporáneos, el diseño y el desarrollo urbano han adoptado y reinventado la visión de Howard bien entrado el siglo XXI.
Fundado en 1870, el Museo Metropolitano de Arte —afectuosamente conocido como The Met— es uno de los museos más importantes y visitados del mundo, y alberga más de dos millones de obras que abarcan cinco milenios de historia de la humanidad. Ubicado en el corazón de la ciudad de Nueva York, junto a Central Park, el museo es célebre por sus vastas y diversas colecciones, que van desde el arte del antiguo Egipto hasta maestros europeos y obras contemporáneas. Pinturas, esculturas, documentos, artefactos históricos y piezas multimedia conforman un conjunto que exige soluciones de exhibición meticulosamente planificadas para garantizar tanto su preservación como la comunicación eficaz de su valor histórico y artístico.
En 2021, The Met puso en marcha uno de sus proyectos más ambiciosos: la renovación del Ala Michael C. Rockefeller, dedicada a las artes de África, la América antigua y Oceanía. Con una inversión de 70 millones de dólares, la iniciativa abarca una reorganización curatorial, orientada por un enfoque más regional e histórico, así como intervenciones arquitectónicas. La modernización de las galerías incluye mejoras en la iluminación natural, optimizaciones de accesibilidad y la incorporación de sistemas museográficos contemporáneos, diseñados para optimizar la conservación y la experiencia interpretativa del público visitante.
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre preguntas críticas que definen nuestro campo profesional.
¿Quién diseña la arquitectura hoy en día? En un panorama profesional definido cada vez más por flujos de trabajo colaborativos, software generativo y equipos distribuidos, la figura de el/la arquitecto/a como autor/a creativo/a singular resulta tanto anacrónica como insuficiente. Este artículo sostiene que la autoría arquitectónica ya no es un acto individual, sino una condición colectiva y distribuida, moldeada por instituciones, tecnologías y formas de trabajo compartidas. La transición de la autoría individual a la colectiva no es una mera consecuencia de la existencia de oficinas más grandes o de herramientas digitales; señala un cambio estructural más profundo en la forma en que la arquitectura se produce, se comunica y se valida.
La innovación prospera en todo el mundo, y los últimos resultados del A' Design Award & Competition lo dejan en claro. La edición 2024–2025 ha reconocido 1,823 diseños notables provenientes de 115 países en 157 disciplinas creativas. Desde la arquitectura y el diseño de productos hasta la moda y la comunicación, estas propuestas evidencian el resultado de fusionar la imaginación con la maestría técnica.
Seleccionados por un jurado internacional de expertos y expertas en diseño, los proyectos ganadores de este año ofrecen perspectivas frescas e ideas audaces. El A' Design Award no se limita al reconocimiento: celebra el pensamiento original y a las mentes creativas que redefinen cómo interactuamos con el mundo.
Los faros se han erigido durante siglos en los márgenes de continentes e islas como puntos de luz en vastos territorios marítimos. Surgiendo en soledad de acantilados rocosos, arrecifes y promontorios, estas torres fueron herramientas de navegación e instrumentos de claridad espacial, modelando las costas y marcando el límite entre la tierra y el mar. Construidos para guiar, advertir y localizar, constituyeron una red global de visibilidad mucho antes del advenimiento de la cartografía digital. Sin embargo, a medida que evolucionaron las tecnologías marítimas, muchas de estas estructuras perdieron su propósito original. La tipología, en su momento esencial, se encuentra hoy al borde de la obsolescencia. Lo que queda no es una mera reliquia arquitectónica, sino una potente forma espacial: resiliente, simbólica y cada vez más abierta a la reinterpretación.
En una antigua iglesia del siglo XVI en Vicenza, confluyen dos historias: la de la arquitectura sacra del Renacimiento italiano y la del mármol, el material ancestral por excelencia, reinterpretado aquí en clave contemporánea. En este diálogo entre épocas, Lithos Design presenta Quinte, una pared divisoria de doble vista que transforma el mármol en una herramienta de diseño: no solo una superficie, sino un elemento rítmico y modular que define y realza los espacios. Una propuesta concebida para profesionales de la arquitectura de interiores que buscan soluciones funcionales y decorativas a la vez, capaces de modelar los espacios con precisión, elegancia y personalidad.
Si bien Hong Kong es ampliamente reconocido por la icónica vista de su puerto, su brillante panorama urbano y su acelerado estilo de vida urbano, sus orígenes cuentan una historia diferente: una profundamente arraigada en su relación con el agua. Antes de transformarse en una metrópoli densa y vertical, la identidad arquitectónica de Hong Kong estaba estrechamente ligada a su contexto marítimo. Hoy en día, la ciudad suele asociarse con esbeltas torres revestidas de vidrio que simbolizan la modernidad. Si bien resultan visualmente impactantes en su búsqueda de altura y forma, muchos de estos edificios parecen desconectados de su entorno inmediato, ignorando a menudo las condiciones naturales del lugar, la capacidad de respuesta ecológica y la sensibilidad al contexto.
Sin embargo, históricamente esto no siempre fue así. Los primeros entornos construidos de Hong Kong—pueblos pesqueros rurales en zonas como Tai O, Aberdeen y Shau Kei Wan—surgieron a través de prácticas espaciales orgánicas y comunitarias que dialogaban estrechamente con su entorno. Estos asentamientos costeros y ribereños desarrollaron sistemas arquitectónicos adaptados al medio marino y a los ritmos de la vida pesquera. Los pueblos se emplazaban en torno al agua, y las estrategias de construcción se adaptaban a las mareas fluctuantes, al terreno y al uso social.
¿Qué significa construir con cuidado, utilizando lo que otros dejan atrás? Esta pregunta define el trabajo de Matter Matters Lab, una iniciativa fundada por la arquitecta e investigadora Catherine Söderberg Esper durante el aislamiento de la pandemia. A partir de experiencias multiculturales y motivada por una transformación personal durante la maternidad, Catherine comenzó a investigar los desechos cotidianos como materia prima para sistemas constructivos regenerativos. Su primer experimento consistió en aglutinar su propio cabello cortado con pegamento blanco, dando inicio a un enfoque radicalmente íntimo y artesanal. Desde entonces, el laboratorio se ha centrado en transformar residuos orgánicos en materiales arquitectónicos de bajo impacto, inspirándose en los sistemas de conocimiento indígenas y buscando romper con los modelos extractivos de la construcción. Proyectos como los Avocado Bricks, elaborados a partir de semillas de aguacate desechadas, ejemplifican este enfoque local, circular y arraigado en la idea de reciprocidad entre materia, lugar y cuidado, ofreciendo una nueva forma de construir con residuos.
Cubiertas impresas en 3D para NEOM. Imagen cortesía de MEAN*
Reconocida como una de las Mejores Nuevas Prácticas de ArchDaily en 2024, MEAN* (Middle East Architecture Network) está redefiniendo el panorama arquitectónico de la región al fusionar el diseño computacional, la fabricación digital y la investigación de materiales con el patrimonio local. Fundado en 2016, el estudio adopta un enfoque vanguardista y desarrolla soluciones arquitectónicas específicas para cada sitio que equilibran la innovación tecnológica con la continuidad cultural. Su trabajo abarca proyectos de diversas escalas, desde mobiliario experimental como la silla Mawj hasta intervenciones a escala urbana como The Adaptive Majlis, una reinterpretación fabricada digitalmente de los espacios sociales y de enfriamiento tradicionales. Al integrar herramientas avanzadas como el diseño paramétrico, la inteligencia artificial y la impresión 3D con materiales locales, MEAN* está configurando un nuevo lenguaje arquitectónico que refleja tanto las aspiraciones del futuro como la profundidad del pasado.
Oficina en Sanno / Studio Velocity. Imagen cortesía de Studio Velocity
A lo largo de la historia, la arquitectura y el entorno construido han insistido en crear superficies planas y duras. En épocas anteriores, caminar por un suelo sin pavimentar significaba calzado lleno de lodo, pasos inestables, riesgos de tropiezos, agua estancada después de la lluvia y un alto mantenimiento. Por ello, al dar forma a las ciudades, priorizamos un plano horizontal de referencia liso, continuo y sólido. Los beneficios son reales: un caminar más fácil, una limpieza más sencilla y una distribución espacial directa; después de todo, el mobiliario, el equipamiento y las tabiquerías prefieren una base nivelada. Esta preferencia universal por construir sobre terreno plano sigue siendo la norma y, por muchas razones prácticas, es probable que lo siga siendo.
Lo que se reconoce menos es que crear una superficie verdaderamente plana es sorprendentemente difícil, y muchos pisos "planos" bien ejecutados no lo son en absoluto. Con frecuencia suelen estar ligeramente inclinados, calibrados con gradientes precisos para el drenaje. Si bien los espacios interiores no siempre lo requieren, muchas plantas bajas y zonas húmedas sí incorporan inclinaciones sutiles como medida de protección, ya sea ante inundaciones menores o para gestionar el agua que se desborda de la calle o de las tuberías cuando falla alguno de los sistemas de desagüe.
En 2025, los proyectos de diseño más trascendentales de la India se desarrollaron, en su gran mayoría, fuera de la vista del público. Mientras la atención general se inclinaba hacia museos, hitos culturales y fachadas visualmente impactantes, la arquitectura que definió con mayor fuerza la vida cotidiana existía bajo tierra, en los límites de la ciudad o dentro de recintos resguardados a los que pocas personas entrarían jamás. Se reconstruyeron redes de alcantarillado, se excavaron túneles de inundación bajo barrios densos, se elevaron subestaciones sobre llanuras aluviales y se multiplicaron los centros de datos en los paisajes periurbanos. No se trataba de obras de ingeniería periféricas; eran los sistemas espaciales que permitieron a las ciudades indias seguir funcionando en medio de olas de calor históricas, monzones erráticos y un crecimiento urbano acelerado.
Creado por surfistas de California que querían llevar las líneas del surf al asfalto, el skateboarding pronto superó su papel como una simple alternativa para los días sin olas. Se consolidó como una práctica que lee la ciudad a través de una lógica distinta, reinterpretando escalones, pasamanos, muros y espacios intersticiales como posibles líneas, desafíos y oportunidades. Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en una cultura urbana global, una forma de habitar y transformar el espacio público a través del movimiento. Lo que alguna vez fue marginal se ha convertido en un catalizador para la activación urbana, la construcción de comunidad y nuevos usos para espacios ignorados. En su esencia, el skateboarding revela cuántas ciudades coexisten dentro de una misma ciudad, dependiendo de quién se desplace por ellas y de cómo cada persona sea capaz de reinterpretar su entorno.