Al escribir estas líneas, un artículo de Martyn Evans se preguntaba '¿Está la arquitectura en crisis?'. Ese mismo año, Reinier de Graaf publicó el libro 'Architecture Against Architecture', donde planteaba catorce problemas de la profesión y la disciplina. La cuestión sobre la crisis en la arquitectura es un tema recurrente. Al referirse a ella como profesión, esta interrogante asoma sobre todo cuando se prevén o se sufren crisis económicas. Al mismo tiempo, persisten las dudas sobre la eficacia de la arquitectura para hacer frente a los problemas más urgentes del planeta y de la sociedad: vivienda, cambio climático y desarrollo humano. Una de las iniciativas que intenta responder a estas interrogantes es MASS, fundada en Ruanda poco después de la crisis financiera de 2008. La clave está en su nombre, cuyas siglas en inglés significan Modelo de Arquitectura al Servicio de la Sociedad (Model of Architecture Serving Society). MASS nació como una forma diferente de ejercer la arquitectura.
Trabajo de documentación en Deir ez-Zor. Imagen cortesía de Deir ez-Zor Heritage Library
La histórica ciudad de Deir ez-Zor, al este de Siria, ha sufrido innumerables calamidades tras el estallido de la guerra en 2011. Luego de la destrucción provocada por los encarnizados combates entre grupos armados y el gobierno central, así como por la ocupación de ISIS, el terremoto de febrero de 2023 trajo consigo aún más devastación. Sin embargo, detrás de las noticias se esconde una ciudad antigua cuyos orígenes se remontan a los albores de la civilización a orillas del río Éufrates, con una arquitectura viva de los períodos otomano y del Mandato francés. Ganadora de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, la Deir ez-Zor Heritage Library busca revitalizar la ciudad y apoyar una reconstrucción consciente mediante la documentación y promoción de su patrimonio edificado.
A lo largo de las últimas dos semanas, la comunidad de ArchDaily Brasil nominó más de 14 mil proyectos, lo que dio como resultado 15 finalistas que representan algunas de las obras arquitectónicas más emblemáticas publicadas en el último año. En su 10.ª edición, el Premio Obra del Año busca reconocer lo mejor de la arquitectura en los países de lengua portuguesa, a partir de la elección de los propios lectores. Los finalistas componen un retrato del estado actual de la arquitectura, ya sea en proyectos residenciales, urbanos, culturales u otros programas.
Representando a Brasil y Portugal, los 15 proyectos reflejan las necesidades de sus contextos específicos a través de soluciones creativas propuestas por los/las arquitectos/as locales. Desde reformas de interiores hasta intervenciones urbanas de gran escala, pasando por residencias unifamiliares y proyectos comunitarios, la selección es heterogénea, pero está unida por un rasgo común: el reconocimiento del público, que busca ver representadas sus propias aspiraciones.
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Con veinte metros de altura y cuatro mil años de antigüedad, la Deffufa Occidental se eleva sobre los huertos de palmeras datileras contiguos y los restos de la antigua ciudad en el desierto. Se trata de un antiguo edificio religioso y administrativo situado cerca de la actual ciudad sudanesa de Kerma. Su importancia no radica únicamente en su antigüedad y tamaño, sino también en el hecho de ser uno de los edificios de adobe más antiguos del mundo. Y como también lo atestiguan las cercanas casas de adobe, la tierra es un material de uso continuo desde la antigüedad hasta nuestros días. Sin embargo, los debates en torno a los sistemas constructivos contemporáneos han ignorado en gran medida este material fundamental. No obstante, algunos/as arquitectos/as del continente africano están cambiando esta situación.
El anuncio del Premio Obra del Año 2026 está cerca, con solo dos días restantes para el cierre de la etapa final de selección. Los tres proyectos ganadores se darán a conocer el 16 de abril, tras tres semanas de votación pública. Los 15 finalistas componen un retrato del estado actual de la arquitectura según la opinión del público, que ha estado votando por sus obras favoritas.
Conoce los 15 finalistas y forma parte de un jurado imparcial responsable de elegir los proyectos más relevantes del último año construidos en países de lengua portuguesa. En esta etapa final, cada persona puede votar por un proyecto al día hasta el 15 de abril a las 19:00 (hora de Brasilia).
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San Diego, California. Foto de Samuel Ramos en Unsplash
Muy cerca de la frontera con México, en el extremo suroeste de los Estados Unidos, se encuentra la ciudad de San Diego. Su historia urbana comenzó en 1769 con la llegada de una expedición militar española al mando de Gaspar de Portolá, lo que marcó el primer asentamiento permanente en el territorio que entonces se conocía como Alta California. Sin embargo, a diferencia de las capitales administrativas y poblaciones formalmente urbanizadas de México y Centroamérica, San Diego se concibió como un puesto de avanzada fronterizo. En la actualidad, se ha convertido en la segunda ciudad más grande de California, solo por detrás de Los Ángeles, y su traza urbana narra una historia de herencia hispana que se entrelaza con el entorno cultural contemporáneo de los Estados Unidos.
El patrimonio, en el diseño de interiores, rara vez se limita a una cuestión de mera preservación. Con mayor frecuencia se presenta como una fricción: el encuentro entre lo que un edificio ya es —la lógica de su planta, sus cicatrices, sus inconsistencias estructurales— y lo que la vida contemporánea le exige.
Algunos de los proyectos más convincentes de hoy en día no son aquellos que «restauran» un interior para devolverlo a un momento único, ni los que borran el pasado bajo una nueva piel homogénea. Son aquellos que orquestan una relación entre lo antiguo y lo nuevo, permitiendo que el contraste haga más que simplemente contar una historia, y transformando ese choque en una herramienta pragmática para la construcción, el presupuesto y los tiempos de ejecución.
"No hay espacio sin acontecimiento, ni arquitectura sin acción". Cuando Bernard Tschumi escribió estas palabras, estaba articulando un principio fundamental de la práctica de la arquitectura. La arquitectura se trata del comportamiento. Cada trazo sobre un plano es una propuesta de cómo se moverán los/las ocupantes o qué acciones serán posibles.
Dibujar es proyectar arquitectónicamente una realidad. Sin embargo, aun con este poder, la arquitectura no impone órdenes. No dicta instrucciones ni exige obediencia, sino que opera a través de un control sutil: un modo de influencia que moldea el comportamiento al estructurar la percepción y guiar la atención.
Los árboles suelen ser lo primero en desaparecer cuando comienza la construcción. Despejar el terreno ha sido durante mucho tiempo uno de los actos más inmediatos de la arquitectura: eliminar lo existente para dar cabida a algo nuevo. Cuando se preserva la vegetación, por lo general se la trata como una capa secundaria, reincorporada como paisaje en lugar de estructurar el proyecto en sí mismo.
Sin embargo, algunos proyectos parten de un punto de partida distinto. En lugar de comenzar desde un terreno en blanco, trabajan con lo que ya está allí. Los árboles permanecen en su lugar, no como elementos para encuadrar, sino como condicionantes que influyen en la organización del espacio, el ingreso de la luz y la manera en que la arquitectura toma forma.
Lograr el confort térmico requería en el pasado una inteligencia arquitectónica mucho más deliberada y calibrada: una interacción entre orientación, volumetría, comportamiento material, potencial de ventilación, sombreado y la manera en que la luz natural y las superficies absorben y liberan calor. Esto no era una simple cuestión de gusto, sino de necesidad. Cuando se construyeron muchos de los edificios modernistas de posguerra de Hong Kong a finales de las décadas de 1960 y 1970 —los cuales constituyen una parte sustancial de la vivienda pública y del parque residencial general de la ciudad—, el aire acondicionado aún no era un servicio omnipresente ni predeterminado. El enfriamiento, allí donde existía, era limitado y se distribuía de manera desigual; el confort debía negociarse mediante recursos pasivos, a través de la sección, la profundidad de la fachada, las aberturas operables y el detalle climático. No fue sino hasta más tarde, particularmente durante las décadas de 1970 y 1980, a medida que el aire acondicionado se estandarizó en toda la región, cuando la refrigeración mecánica comenzó a desplazar esta matriz previa de toma de decisiones arquitectónicas.
¿Afectó negativamente el aire acondicionado al espacio arquitectónico, particularmente en Hong Kong y la región circundante? La afirmación más precisa es que la dependencia generalizada del aire acondicionado ha reconfigurado profundamente la estructura de incentivos del diseño de edificaciones.
En un panorama social y ambiental en constante cambio, ¿cómo puede el diseño arquitectónico responder a la transformación y, al mismo tiempo, dialogar de manera significativa con lo que perdura? 1110 Office for Architecture, con sede en Osaka (Japón), aborda esta pregunta a través de una obra definida por cuidadosas renovaciones residenciales y precisas intervenciones espaciales.
Reconocido como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio representa una voz emergente en la redefinición del papel de la arquitectura frente a las condiciones de cambio.
En un momento en que se exige a la arquitectura responder de manera más directa a las presiones ambientales y sociales, el pabellón de España para la Capital Mundial del Diseño Frankfurt Rhein-Main 2026 se posiciona como algo más que una instalación temporal. Si bien la materialidad ocupa el centro de su diseño, el proyecto explora cómo una infraestructura cultural reversible puede activar el espacio público sin necesidad de una edificación permanente. Los debates en torno al uso de materiales, la economía circular y la reutilización en la arquitectura están estrechamente vinculados a los contextos culturales, las condiciones ambientales y las influencias históricas que revelan cómo el tiempo moldea el entorno construido. Más allá de su construcción, el pabellón de España expresa su identidad al reinterpretar el método arquitectónico de Antoni Gaudí, creador de la Sagrada Familia y el Park Güell. Asimismo, demuestra cómo los sectores creativo e industrial de España abordan los desafíos actuales mediante soluciones constructivas innovadoras.
A menudo se describe al sudeste asiático como una especie de patio de recreo arquitectónico, un escenario donde los ideales modernos y contemporáneos se han puesto a prueba a escala real a través de edificios singulares e icónicos. Es fácil trazar un linaje a través de los nombres que han ayudado a dar forma al imaginario del horizonte urbano de la región: el Lippo Centre de Paul Rudolph en Hong Kong y The Concourse en Singapur; el OCBC Centre de I.M. Pei y la Torre del Banco de China en Hong Kong; la Corte Suprema de Singapur de Norman Foster y el edificio principal del HSBC en Hong Kong; el Ayuntamiento de Hong Kong de Ron Phillips, y Marina Bay Sands de Moshe Safdie. Sin embargo, esta historia familiar —narrada a través de objetos, colonialismo, autorías y formas de autor— corre el riesgo de pasar por alto una capa de influencia más profunda y trascendental: las lógicas de planificación y los marcos de infraestructura que, de manera silenciosa, han estructurado la forma en que estas ciudades se expanden, se densifican y distribuyen la vida cotidiana.
La inteligencia artificial ha permeado casi todos los rincones de los flujos de trabajo profesionales, impulsando a la industria de la arquitectura a replantearse su funcionamiento. Para adaptarse a esta transición, las firmas se enfrentan hoy a los límites de un modelo que ha cambiado muy poco en las últimas décadas.
Lo que ha cambiado de manera notable es la presión sobre la productividad. Hoy en día, se espera que los despachos entreguen más trabajo, con mayor rapidez y precisión, al tiempo que gestionan presupuestos más ajustados, normativas complejas y las crecientes expectativas de la clientela. En la práctica, esto se traduce en plazos de entrega comprimidos y una demanda constante de rigor que deja poco margen de error. Con frecuencia, gran parte de esta presión recae sobre un pequeño grupo de personas que concentran el conocimiento crítico del proyecto.
Antes del giro digital, la memoria de la arquitectura era en gran medida tangible. Residía en el peso de los dibujos, la pátina de las maquetas y el grosor de los libros. Preservar la arquitectura significaba conservar sus huellas: los documentos, bocetos y fotografías a través de los cuales los edificios podían recordarse mucho después de que su forma material hubiera cambiado o desaparecido. El archivo de arquitectura moderna, tal como se desarrolló en el siglo XX, era a la vez un refugio y un dispositivo de legitimación. Instituciones como el Canadian Centre for Architecture, la Casa da Arquitectura o el Deutsches Architekturmuseum se erigieron sobre la convicción de que preservar la arquitectura consistía en preservar sus documentos.
Sin embargo, estos archivos no se limitaban a almacenar conocimiento. Determinaban qué se consideraba arquitectura, quién pertenecía a su canon y de qué manera se contaría la historia. Archivar es editar el pasado: decidir qué ingresa, qué se omite y cómo se interpretará. El archivo, según las teorías de Michel Foucault y, más tarde, de Jacques Derrida, nunca es neutral; es un instrumento de poder, un espacio de selección y exclusión. En la arquitectura, estas dinámicas resultan especialmente evidentes, ya que registran lo visible al tiempo que silencian aquello que queda fuera de sus categorías. El acto de coleccionar siempre ha sido, implícitamente, un acto de juicio.
Lo que la arquitectura deja en el suelo perdura más que lo que eleva en el aire. Un edificio demolido desaparece del horizonte en cuestión de días, pero sus cimientos permanecen incrustados en la tierra durante generaciones. La contaminación causada por un complejo industrial no se disipa cuando este se demuele. Los límites legales inscritos a lo largo del territorio colonial no se disuelven al terminar la administración colonial. El suelo retiene lo que la arquitectura olvida con rapidez.
Esto es lo que hace que el suelo sea un tema tan incómodo. La disciplina tiende a orientarse hacia arriba: hacia la forma, la fachada, la experiencia espacial del habitar. El suelo es donde la arquitectura comienza y, en cierto sentido, donde termina: el punto en el que el edificio se convierte en geología, el título de propiedad en reclamo territorial y la construcción en extracción. Tratar el suelo como un medio en lugar de como un simple dato implica reconocer que el acto de construir conlleva consecuencias que calan más hondo que el objeto visible sobre el nivel del terreno.
Escuela de Diseño y Medio Ambiente de la NUS / Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong. Imagen cortesía de Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre las preguntas cruciales que definen nuestra disciplina.
Antes de que los y las estudiantes de arquitectura se conviertan en autores y autoras del espacio, se ven sometidos a uno. Durante años, trabajan dentro de un edificio que enseña sin anunciarse como docente. Este organiza su cansancio, su ambición, su visibilidad, su soledad, sus amistades, su sentido de la escala y su relación con el juicio. Mucho antes de que un/a estudiante pueda articular una postura sobre la arquitectura, la escuela ya les ha propuesto una a través de su implícito entorno construido.
Con esto no se pretende sugerir que los edificios determinen a los/las arquitectos/as. La influencia es más lenta y menos absoluta. El edificio de una escuela opera más bien como un currículo oculto: una disciplina espacial que actúa junto con el cuerpo docente, los planes de estudio, la cultura institucional y la vida estudiantil. Enseña a través del acceso y la obstrucción, las adyacencias del programa, la exposición a la luz natural y la escala. Produce hábitos de atención antes de generar creencias explícitas.
Mucho antes de convertirse en una cuestión de rendimiento, confort o eficiencia energética, la luz natural es un medio para dotar de presencia a la arquitectura. Revela la textura de un muro, la profundidad de un vano y el paso silencioso del tiempo en el espacio. En obras tan distintas como las de Tadao Ando y Alvar Aalto, la luz diurna se presenta como un material de diseño esencial: en algunos casos, orientando la mirada hacia la contemplación; en otros, haciendo que los espacios se perciban más humanos, acogedores y conectados con la vida cotidiana.
Una de las cualidades definitorias de los interiores contemporáneos es la flexibilidad. Las oficinas, los centros educativos, los hoteles y los espacios culturales necesitan ser adaptables. Requieren espacios que puedan expandirse, dividirse, abrirse y cerrarse según las diferentes actividades, sin sacrificar el confort o la acústica. Por lo tanto, la manera en que se subdivide un espacio ya no es una decisión secundaria, sino un componente central del rendimiento arquitectónico.
En la imagen: Granito Ambiance Negro F128 PA, Azul Profundo U590 PM/TM, Gris Angora U705 PM/TM, Gris Habana U755 PM/TM, Castaño Brighton H1708 ST17. Imagen cortesía de EGGER
Diseñar un interior es, en muchos sentidos, un ejercicio de orquestación. Del mismo modo que un director de orquesta coordina instrumentos, timbres, ritmos e intensidades para componer una pieza coherente, el/la arquitecto/a reúne materiales, color, luz, textura y proporción para definir la calidad espacial y la atmósfera de un entorno. Ninguna de estas decisiones opera de manera aislada: la elección de una superficie influye en cómo se refleja la luz; un material determinado puede definir cómo envejece un espacio con el tiempo; a su vez, el color afecta directamente la percepción de la escala.
Los materiales derivados de la madera, como los tableros de partículas decorativos, los tableros de MDF o los laminados, pueden entenderse, por lo tanto, como algo más que simples acabados. De fabricación industrial, combinan la selección del diseño, la textura de la superficie y el soporte técnico, definiendo tanto su apariencia como la manera en que un espacio responde al uso, la luz y el paso del tiempo. Factores como la estabilidad dimensional, la facilidad de mantenimiento y la resistencia al desgaste se vuelven parte integral de las decisiones de diseño, especialmente en interiores expuestos a un uso intensivo.
Fundada por Oliver Thomas, la ATN Summit es la primera conferencia insignia de Archi-Tech Network, que marca cinco años desde que la plataforma comenzó como una iniciativa comunitaria para compartir conocimientos prácticos sobre arquitectura. El encuentro, que se llevará a cabo los días 18 y 19 de marzo de 2026 en Londres, la ATN Summit reúne a profesionales de la arquitectura, la tecnología y la innovación del sector para explorar cómo las tecnologías emergentes están transformando la práctica profesional. Diseñada como un evento de alta producción impulsado por ideas, la cumbre refleja la evolución de ATN desde una conversación informal en línea hacia una plataforma global comprometida activamente con el futuro del entorno construido.
Al funcionar con solo cinco notas, la escala pentatónica establece un sistema musical estable e intuitivo en el cual la claridad estructural permite la variación sin riesgo de una disonancia excesiva. A partir de esta estructura consolidada, que constituye la base de innumerables estilos musicales —sobre todo de la música popular—, el blues introdujo una inflexión decisiva al incorporar notas adicionales a la escala. Sin entrar en tecnicismos excesivos, se trata de sutiles desviaciones tonales, de pequeñas disonancias asociadas a menudo con un sonido más melancólico, conocidas como blue notes. Ejecutadas de manera fugaz en lugar de como acentos enfáticos, tensionan brevemente el sistema, aportando expresividad y profundidad al mismo tiempo que mantienen intacta la estructura subyacente.
Si en la música la escala de blues opera mediante una sutil desviación que «condimenta» la estructura de base, un principio similar puede identificarse en la arquitectura. Aunque las comparaciones entre diferentes lenguajes artísticos siempre resultan delicadas, es posible reconocer proyectos que encuentran su fuerza expresiva no en la ruptura, sino en inflexiones localizadas introducidas dentro de sistemas claros, ya sea de modulación, sustracción, materialidad o tipología. Los desplazamientos y asimetrías localizados funcionan como tensiones internas que no comprometen la coherencia del conjunto, revelando cómo la expresividad puede surgir de la desviación controlada más que de la excepción permanente.
La arquitectura educativa sigue siendo un campo fértil para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva sobre cómo los entornos de aprendizaje pueden evolucionar a la par de los cambiantes valores sociales, ecológicos y pedagógicos. En esta edición de proyectos no construidos, enviados por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que examinan escuelas, bibliotecas, guarderías y centros académicos como marcos espaciales para el cuidado, el conocimiento y el desarrollo colectivo. En lugar de entender la educación como un programa fijo albergado en edificios individuales, estas propuestas conciben los espacios de aprendizaje como entornos adaptables moldeados por el paisaje, el clima y la interacción humana.
A través de diversas geografías —desde las laderas del Mediterráneo y los patios de Europa Central hasta ciudades tropicales y modelos de campus distribuidos—, las propuestas exploran distintas respuestas arquitectónicas para la educación contemporánea. Estas abarcan desde jardines de infantes a escala infantil, organizados en torno a árboles y claustros, hasta bibliotecas concebidas como paisajes cívicos, edificios académicos centrados en la biodiversidad y escuelas imaginadas como sistemas urbanos peatonales.
Los entornos de trabajo contemporáneos prometen colaboración; sin embargo, cada vez les resulta más difícil ofrecer espacios para la privacidad. En una era dominada por las distribuciones de planta libre, los pequeños espacios acústicos como las cabinas telefónicas y los módulos de concentración se han vuelto esenciales para mantener la productividad y la privacidad. No obstante, la paradoja de los "conflictos de reserva" combinados con "espacios subutilizados" ha convertido estas áreas en un desafío operativo. El interrogante, por lo tanto, radica en cómo los espacios de trabajo pueden equilibrar la eficiencia, la productividad y las experiencias individuales de los/las usuarios/as dentro de entornos cada vez más complejos.