Se establece, así, una jerarquía visual que guía la mirada, determinando qué debe verse, de qué manera y con qué intensidad emocional, lo cual define cómo quien habita el espacio interpreta el entorno. En este contexto, la estrategia proyectual va más allá del campo de la decisión estética para actuar como una manipulación de la experiencia fenomenológica del espacio. Al seleccionar un fragmento específico del horizonte mediante una abertura controlada, o al disolver los límites entre el interior y el exterior con amplios planos acristalados, la arquitectura pasa a operar como una lente. Esta puede enfatizar la pequeñez de la escala humana ante la vastedad del territorio o, por el contrario, domesticar la naturaleza, incorporándola como parte de la vida cotidiana.
Desde las grandes cubiertas industriales y galerías del siglo XIX hasta los atrios contemporáneos de museos y edificios públicos, el vidrio ha sido un material recurrente en la configuración de espacios interiores amplios y monumentales. Más que una solución tecnológica o de ingeniería, estos planos horizontales acristalados introducen una cualidad lumínica singular: la luz que proviene desde arriba. A diferencia de la luz natural lateral que ingresa a través de las fachadas, la luz cenital se distribuye de manera más uniforme, reduce las sombras duras y otorga a los espacios una sensación de continuidad y apertura difícil de lograr de otro modo.
Como um material concebido para puentes, fábricas y grandes estructuras llegó al banco de la sala de estar, a la estantería del departamento, a la mesa de café? El metal atravesó siglos asociado al esfuerzo, a la máquina y a la monumentalidad —desde las estructuras expuestas de las Exposiciones Universales del siglo XIX hasta la lógica productiva de la industria moderna. Su presencia en el interior doméstico no es un hecho obvio, sino una conquista cultural: la transformación de un material fabril en un elemento de uso cotidiano, íntimo y cercano al cuerpo.
Panorama al atardecer de una gran comunidad residencial cerrada (Aparna's Elixir) vista desde las colinas de Khajaguda, India. Foto de iMahesh. Licencia Creative Commons Attribution-Share Alike 4.0 International
Uno aprende cómo comportarse mucho antes de llegar a casa. En el acceso, se disminuye la velocidad y se espera. Una mirada nos observa y luego nos da paso. Se verifica una credencial, se levanta una barrera, una cámara parpadea. No ocurre nada dramático, y ese es precisamente el punto. El trabajo más trascendental de las comunidades cerradas no lo realizan sus muros, sino la coreografía de ingreso que enseña silenciosamente a sus habitantes qué esperar, en quién confiar y a dónde pertenecen.
Emplazado sobre los acantilados de Crimea, el Sanatorio Termal Druzhba parece, más que un edificio, una nave espacial posada en la tierra. Sus formas circulares, cubiertas suspendidas y rampas en espiral evocan una escena de la película Solaris (1972) de Andrei Tarkovsky, donde la arquitectura y la psicología se fusionan en un solo paisaje. Construido entre 1978 and 1985 por Igor Vasilevsky, el complejo fue concebido como un centro termal para quienes trabajaban en la industria petrolera, como parte de la extensa red de sanatorios de la Unión Soviética dedicada a la salud y la recreación.
Más allá de su función como lugar de recuperación, Druzhba —cuyo nombre significa "amistad"— encarnaba una ambición política y estética más amplia. Buscaba fusionar la destreza tecnológica con los ideales restauradores de la modernidad socialista, traduciendo el bienestar colectivo en una forma concreta. Elevándose desde una empinada ladera costera con vista al mar Negro, su enorme estructura desafía la gravedad, sostenida por un núcleo central de concreto del que se extienden alas radiales como las palas de un engranaje gigante. Visto desde la distancia, se percibe simultáneamente mecánico y orgánico, un híbrido entre infraestructura y paisaje.
Diagrama de las instalaciones en Barba Jupiter. Imagen cortesía de Géométral
Fundada en 2022 por Clément Masurier y con sede en París, Francia, Géométral es una práctica de arquitectura definida por estrategias de diseño vinculadas al paisaje, al que trata como un determinante primordial de la forma. El estudio, uno de los ganadores de los Premios ArchDaily Next Practices 2025, aborda cada proyecto como un pequeño universo que combina programa, atmósfera y narrativas espaciales. En lugar de un estilo de autor único, se enfocan en crear atmósferas y situaciones a la medida de cada contexto y de cada usuario/a.
En sus inicios, ante la falta de un portafolio construido, el estudio respondió desarrollando "arquitecturas de ficción" situadas sobre topografías reales. Este ejercicio no fue una mera búsqueda estética, sino un anclaje metodológico que permitió a la firma establecer un proceso riguroso de análisis de sitio y pruebas tipológicas antes de recibir encargos físicos. Al tratar los proyectos imaginarios con el mismo rigor técnico que los reales, el estudio desarrolló un repertorio de respuestas formales ante las condicionantes ambientales que hoy rigen su obra construida.
En enero de 2026, el World Monuments Fund/Knoll Modernism Prize fue otorgado a la firma australianaArchitectus por la conservación del Africa Hall en Adís Abeba, Etiopía. Este galardón reconoce que los edificios modernistas, en su momento considerados la vanguardia de la arquitectura, hoy sufren de falta de mantenimiento y no son plenamente valorados por el público. La situación en África refleja este sentir global, siendo esta la primera vez que un edificio del continente es distinguido con este reconocimiento. Asimismo, el premio pone de relieve el rico inventario modernista de Etiopía, el cual da cuenta de su protagonismo continental a mediados y finales del siglo XX.
Casa con Siete Jardines / Civil Architecture. Imagen cortesía de Civil Architecture
Durante siglos, la arquitectura residencial en todo el Golfo se ha organizado en torno al patio. Las viviendas presentaban muros exteriores gruesos y aberturas limitadas hacia la calle, volcándose hacia el interior, hacia un jardín sombreado que estructuraba la vida cotidiana. Esta disposición espacial respondía tanto al clima como a la cultura. El patio introducía la luz natural en plantas profundas, permitía la ventilación cruzada y ofrecía un ambiente exterior protegido dentro de tejidos urbanos densos. En la Casa de los Siete Jardines, en Diyar Al Muharraq, Baréin, el estudio local Civil Architecture —uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards— revisita esta tradición espacial a partir de las condiciones de la vivienda suburbana contemporánea. En lugar de reproducir la casa patio como un modelo histórico, el proyecto reinterpreta su lógica ambiental dentro de los marcos regulatorios y las condiciones espaciales que configuran gran parte del desarrollo urbano actual en el Golfo.
En Hong Kong, donde los interiores y los edificios de pequeña escala suelen quedar atrapados entre dos extremos —por un lado, los acabados de "lujo" de alto brillo y, por el otro, la rudeza industrial de bajo presupuesto—, ha surgido una tercera postura a través de la calibración de ambos: una ejecución singularmente precisa, relevante y con honestidad material que no depende del presupuesto. Se trata de la crudeza calibrada. Esta noción describe una arquitectura que conserva la franqueza de la materia y de la materialidad —concreto, metal, mampostería de bloques, estructura expuesta e instalaciones a la vista— al tiempo que las somete a un control riguroso.
Lo "crudo" no es un disfraz y lo "refinado" no equivale a pulido; es una disciplina de ejecución precisa que genera espacios equilibrados y reflexivos, pero que nunca se sienten artificiales o sobrecargados. Studio 1:1 demuestra esta postura de manera constante a lo largo de su obra, y su próxima publicación, Architecture under the Radar: Three Projects in Asia (con prólogo de Nader Tehrani), ofrece un marco oportuno para interpretar este ethos no solo como una estética, sino como un método arquitectónico replicable.
En muchas ciudades de alta densidad en Asia, la escalera suele considerarse un mal necesario. Ya sea en edificios de departamentos, viviendas particulares o locales comerciales, con frecuencia se oculta, se arrincona o se relega a los márgenes: un elemento que debe minimizarse para otorgar mayor superficie al espacio "útil". Sin embargo, a medida que la densidad se intensifica y los metros cuadrados escasean cada vez más, los/las arquitectos/as y diseñadores/as se ven obligados/as a replantearse este rompecabezas vertical.
La pregunta ya no es cómo ocultar la escalera, sino cómo hacer que rinda más: ¿puede convertirse en una adición productiva para el interior, un dispositivo arquitectónico que haga algo más que conectar niveles y que cumpla funciones dobles (o múltiples) en lugar de simplemente consumir superficie útil?
El Festival de Arte y Arquitectura de Bethel Woods anuncia BuildFest: Acts of Construction, una iniciativa de tres años que activa los terrenos históricos del festival de Woodstock de 1969 mediante instalaciones de madera a gran escala y experiencias multimedia. Cada edición se organiza en torno a un tema único e invita a diseñadores, diseñadoras y artistas a colaborar en una serie interdisciplinaria de "actos" que se complementan entre sí para crear un conjunto interconectado de instalaciones, activaciones y performances. Actualmente, el Acto Uno: Puesta en escena recibe propuestas de infraestructura artística adaptativa diseñada para "preparar el escenario" de futuras activaciones. A este le seguirán el Acto Dos: Coreografía en 2027 y el Acto Tres: Performance en 2028.
Cada doce años, las orillas del Ganges en Prayagraj se convierten en una de las ciudades más grandes de la Tierra y luego desaparecen. El Maha Kumbh Mela atrae a más de 400 millones de personas en peregrinación a lo largo de seis semanas, lo que requiere la construcción de una infraestructura urbana completa: puentes de pontones, hospitales de campaña, kilómetros de carreteras temporales y una cuadrícula de ciudades de tiendas de campaña visible desde el espacio. Al finalizar el festival, se desmantela por completo. Ningún encuentro en la historia de la humanidad genera una arquitectura del movimiento tan completa: construida para la llegada, diseñada para la transitoriedad y pensada para no dejar rastro permanente. El Kumbh Mela es excepcional en escala, pero no en su condición: el movimiento se ha convertido en un problema espacial que define nuestro siglo.
Este mes, ArchDaily explora Arquitecturas del movimiento: territorio, fronteras y las políticas de pertenencia, un tema que examina cómo la movilidad reconfigura la relación de la arquitectura con el territorio, la propiedad y la identidad. El tema no aborda el movimiento como una crisis que deba gestionarse, sino como un lente fundamental a través del cual reconsiderar lo que realmente hacen los edificios, las ciudades y las fronteras: a quiénes acogen, a quiénes excluyen y qué es lo que hacen permanente.
Desde la iluminación y los materiales hasta los colores, las texturas y las formas, cada decisión de diseño moldea la manera en que las personas perciben, experimentan e interactúan con la arquitectura. En los interiores contemporáneos, estas elecciones ya no se entienden como meramente estéticas o funcionales, sino que influyen en el confort, el comportamiento, el estado de ánimo e incluso en la forma en que las personas usuarias evalúan la calidad de un espacio. El diseño de baños, en particular, crea actualmente entornos cuidadosamente curados y con una identidad definida, donde cada elemento contribuye a la experiencia espacial global.
¿Cómo influye el diseño de baños en las emociones de las personas usuarias? ¿Qué intervenciones o innovaciones técnicas pueden transformar la experiencia de las personas usuarias finales?
¡Un año más, celebramos otra exitosa edición de los ArchDaily China Building of the Year Awards! Una vez más, este galardón se consolida como el mayor premio de arquitectura basado en la opinión del público. Gracias a la participación colectiva, los proyectos más relevantes del año fueron nominados y seleccionados por nuestros/as lectores/as.
Cada tres años, el Congreso Mundial de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) desembarca en una ciudad diferente, bajo un tema definido con años de anticipación. Un rápido mapeo de estas ciudades sede revela un patrón deliberado: a lo largo de las décadas, la UIA ha elegido a propósito una amplia variedad de sedes en todos los continentes, convirtiendo cada edición en una instantánea de lo que importaba en ese lugar específico, en ese preciso momento. El resultado de esta rotación geográfica ha sido un caleidoscopio diverso de diálogos, que analizan la profesión desde innumerables ángulos y la adaptan a los tiempos cambiantes. Sin embargo, 2026 será diferente; por primera vez, la UIA repetirá una ciudad sede: Barcelona, bajo el lema "Becoming. Arquitecturas para un planeta en transición".
Existe una forma tradicional de narrar la historia de la arquitectura y la alimentación. Comienza con la decisión humana de cultivar, almacenar, distribuir y consumir, y termina con la edificación producida por esa decisión. En esta versión de los hechos, el alimento es el pretexto y la arquitectura, la respuesta.
Sin embargo, ¿qué pasaría si la historia fuera distinta? ¿Y si el tomate construyó Almería? ¿Y si el bacalao rediseñó el Atlántico Norte? ¿Y si la soya está, en este preciso momento, construyendo un puerto en Santos y demoliendo simultáneamente un bosque en el Cerrado, sin que nadie se lo haya advertido a los/las arquitectos/as? Se trata de descripciones de procesos ya concluidos, o en marcha, que han producido algunos de los paisajes contemporáneos de mayor impacto espacial. Gran parte del entorno construido está moldeado por las presiones, los metabolismos y las ambiciones territoriales de lo que comemos. En este escenario, la arquitectura suele ser menos un proyecto que una consecuencia, y la disciplina ha estado contando su propia historia al revés.
En la capital de Irán, Teherán, el movimiento define a la ciudad. Cada día, millones de personas transitan por un paisaje moldeado por autopistas, corredores viales y densas manzanas urbanas. Tras décadas de rápida expansión, la infraestructura se ha convertido en el lenguaje dominante del desarrollo. Las calles priorizan a los vehículos, las aceras funcionan como estrechos canales de paso y muchos espacios públicos operan principalmente como zonas de tránsito en lugar de lugares de encuentro. En varias zonas de Asia Occidental, los conflictos en curso también han reconfigurado los paisajes urbanos de la región, donde entornos arquitectónicos de gran valor han resultado dañados o transformados. En este contexto más amplio, la preservación y creación de espacios cívicos cotidianos adquiere un significado cada vez mayor. Reconocido con el Premio Aga Khan de Arquitectura, el proyecto Jahad Metro Plaza, diseñado por KA Architecture Studio, demuestra cómo las intervenciones de infraestructura modestas pueden reconfigurar la vida cívica de una ciudad.
La red de metro desempeña un papel central en la vida cotidiana de Teherán. Conecta distritos lejanos y sostiene los ritmos de la metrópoli. Sin embargo, los lugares donde la ciudad subterránea se encuentra con la superficie rara vez se conciben como entornos cívicos. Los accesos al metro suelen aparecer como fragmentos de infraestructura: escaleras que descienden bajo tierra, rodeadas de barandillas, quioscos y rutas de circulación improvisadas. Funcionan de manera eficiente como umbrales, pero rara vez como lugares de permanencia.
¿Qué hace que una vivienda sea resiliente? Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes en todo el mundo. Desde cortes de energía, huracanes y terremotos hasta incendios forestales, inundaciones y sequías, el planeta experimenta un proceso de transformación y adaptación que exige la colaboración de diversas disciplinas. El papel de la arquitectura en el entorno construido representa una oportunidad para replantear el comportamiento de las viviendas ante condiciones ambientales cambiantes, y no solo mediante la anticipación de lo inesperado. Diseñar para la resiliencia significa pensar de manera holística, considerando la selección de materiales, los sistemas energéticos, el paisajismo y los detalles constructivos que prevean las alteraciones y ayuden a que los hogares se recuperen rápidamente. Implica crear una arquitectura que evolucione junto con el medio ambiente, que valga la pena preservar y que perdure a lo largo de los años y las generaciones.
Existe un gesto ancestral en dar forma a la tierra. Mucho antes de que la arquitectura se constituyera como disciplina, el barro ya era moldeado por las manos y transformado por el fuego, convirtiendo la materia en bruto en utensilio doméstico y objeto cultural. En la historia de este oficio, las fábricas de cerámicamarcan la transición del saber manual a la producción en serie, ampliando su escala sin romper por completo con su origen material. Dispersas por diferentes territorios, estas estructuras registran la relación entre técnica, paisaje y tiempo. Con el paso de las décadas, sin embargo, muchas de ellas terminaron por perder su función original, siendo reemplazadas por procesos más tecnológicos o fagocitadas por el desarrollo urbano a su alrededor, pasando a ocupar un estado intermedio entre la permanencia y la obsolescencia.
Contexto de ciudad europea. Imagen cortesía de ReGreeneration
El proyecto ReGreeneration, una iniciativa de Horizonte Europa liderada por Inetum y respaldada por C40 Cities, ARUP, Placemaking Europe y varias otras organizaciones, funciona como una colaboración activa con gobiernos locales, empresas privadas, el sector académico y organizaciones de la sociedad civil en la intersección de la regeneración urbana, los espacios públicos verdes y el diseño a escala barrial. Su premisa aborda la forma en que se construyen y mantienen las ciudades europeas y cómo experimentan un clima cambiante, bajo el argumento de que las urbes deben transformarse de manera fundamental para seguir siendo habitables ante las crecientes presiones climáticas.
Cuando las cubiertas se articulan, los muros se deslizan y estructuras enteras responden a sus ocupantes, ocurre algo extraordinario: los espacios arquitectónicos se convierten en un componente activo de los rituales cotidianos. Estos momentos de apertura, cierre, desplazamiento y transformación espacial arraigan a los edificios en el momento presente y exigen un compromiso activo de los/as usuarios/as. Así, la arquitectura deja de ser un objeto o un monumento para convertirse en una coreografía de participación.
En el sur de China, existe a veces un mito urbano —especialmente en Hong Kong, Shenzhen y Guangzhou— sobre la conveniencia de elegir una vivienda que evite la luz del oeste. Durante décadas, el sol orientado al oeste ha demostrado ser una condición particularmente difícil de sobrellevar: su ángulo bajo por la tarde, su agresiva ganancia térmica (especialmente en verano) y la forma en que penetra profundamente en los interiores. Con el calentamiento global y las estaciones cada vez más largas y calurosas, ese tan romantizado "resplandor del atardecer" se experimenta cada vez menos como algo idílico y más como deslumbramiento, calor y fatiga. Si bien esta creencia circula como una regla empírica comunitaria, entraña una innegable claridad arquitectónica sobre la orientación de los edificios: evitar la luz del oeste no se trata solo del confort térmico, sino también de evitar la forma más aguda e intrusiva de iluminación directa; una luz que incide en el ángulo más implacable, barriendo las superficies, aplanando la profundidad y convirtiendo las habitaciones en campos de malestar de alto contraste.
Honduras es el segundo país más grande de Centroamérica, tanto en territorio como en población. En la actualidad, su tejido urbano sigue estando fuertemente influenciado por los principios modernistas de la década de 1970, que priorizaron los corredores viales de alta velocidad y una movilidad "punto a punto" dependiente del automóvil. Asimismo, el país enfrentó numerosos desafíos en materia de seguridad pública durante la década de 2010, lo que contribuyó a la creación de un espacio urbano caracterizado por fachadas ciegas, altos muros perimetrales y recintos cerrados diseñados para aislar el interior del ámbito público.
Tuvimos la oportunidad de conversar con Alejandra Ferrera, arquitecta hondureña criada en Danlí, una ciudad en el oriente de Honduras. Con más de 15 años de práctica profesional en Brasil, los Países Bajos y Australia, sostiene que, si bien el diseño orientado a la seguridad fue una necesidad funcional de su época, ha dado lugar a una experiencia urbana fragmentada donde la calle sirve únicamente como un vacío de tránsito en lugar de un espacio para el encuentro social. Sugiere que, aunque este aislamiento fue una medida de seguridad justificada, generó un distanciamiento entre los habitantes y la ciudad. Asimismo, sostiene que la situación general de seguridad pública contribuyó a forjar una identidad nacional lastimada que a menudo busca la calidad en el exterior, desestimando el potencial de su propio contexto.