
La actividad industrial puede terminar mucho antes de que sus efectos desaparezcan de la tierra. Las fábricas cierran, los edificios se demuelen y los antiguos distritos industriales se integran paulatinamente a nuevos desarrollos residenciales. Sin embargo, el suelo debajo de ellos puede seguir albergando rastros de su uso anterior, lo que a veces exige una intervención exhaustiva antes de que pueda comenzar la construcción.
La reconversión de estos sitios plantea la interrogante de qué proporción del suelo original puede conservarse y qué se requiere para construir viviendas sobre él. El nivel de contaminación determina las acciones previas al inicio de la obra, mientras que el costo de preparar el terreno puede condicionar el desarrollo en sí mismo. Gran parte de esta labor termina por desaparecer bajo los edificios terminados, dejando apenas rastros del estado anterior del lugar.























