El arquitecto japonés Kengo Kuma ha sido seleccionado para recibir el Premio Andrée Putman a la Trayectoria en los Créateurs Design Awards (CDA) de 2027. Este galardón, uno de los dos Premios Legacy otorgados por la organización, reconoce una trayectoria que ha influido en la arquitectura y el entorno construido a través de generaciones y contextos geográficos. Kuma recibirá la distinción durante la ceremonia de premiación de los CDA, que se llevará a cabo en el Shangri-La París el 16 de enero de 2027.
¿Qué relatos transmiten los materiales y cómo pueden las "huellas" visibles de los/las artesanos/as entablar un diálogo con los procesos de fabricación y la industrialización?Entre el diseño y la construcción, el acto de pensar a través del hacer puede convertirse en el principio rector de una filosofía de diseño. Combinando madera, materiales industriales y objetos reutilizados, el enfoque de Atelier CRAFT se arraiga en la arquitectura reversible, bajo el principio de su manifiesto: "Transformar el diseño a través del hacer". Con sede en Saint-Ouen, París, el estudio explora las relaciones entre los seres humanos y los materiales, el acto de hacer y los procesos de fabricación.
En medio de la transformación de las ciudades de Uzbekistán, ARC Architects desarrolla una arquitectura que busca conectar el pasado y el presente. Fundado en 2017 por Bobir Klichev, el estudio surgió de la comunidad arquitectónica de Bujará y se mantiene estrechamente vinculado a las particularidades culturales y climáticas del país. Con oficinas en Taskent y Bujará, ARC combina el minimalismo y las referencias étnicas para desarrollar un lenguaje contemporáneo arraigado en su contexto.
En lugar de reproducir una imagen tradicional de la arquitectura uzbeka, el estudio busca comprender cómo se puede reinterpretar este patrimonio hoy en día, un ejercicio que dialoga necesariamente con las capas históricas superpuestas de todo el país. Durante siglos, ciudades como Samarcanda y Bujará fueron importantes centros comerciales y culturales de Asia Central. Su arquitectura se desarrolló en torno a patios interiores y calles estrechas, conformando tejidos urbanos en los que los edificios y los espacios colectivos resultan inseparables.
A lo largo del Golfo, el patrimonio beduino suele ingresar a la arquitectura en primer lugar como una imagen. Las terminales aeroportuarias recuerdan las siluetas de las tiendas de campaña, los centros de visitantes incorporan celosías tejidas y los pabellones reinterpretan los textiles tradicionales como fachadas decorativas. Estas referencias se han convertido en un lenguaje visual familiar para expresar la identidad regional. Sin embargo, también corren el riesgo de reducir una de las tradiciones constructivas vernáculas más sofisticadas del mundo a un mero motivo arquitectónico. Mucho antes de que la tienda beduina se convirtiera en un símbolo cultural, era una tecnología ambiental: una estructura ligera y adaptable, capaz de generar confort en uno de los climas más exigentes del planeta. Lo que la infraestructura contemporánea puede heredar no es la silueta de la tienda, sino la inteligencia constructiva tejida en ella.
En un volumen delgado de cubiertas con bordes amarillos, publicado recientemente por la editorial de Oporto Circo de Ideias, el arquitecto Paulo Martins Barata (socio fundador de Promontório) plantea una afirmación engañosamente audaz: que la arquitectura producida en Europa desde la Gran Recesión no pertenece a ninguno de los dos bandos que estructuraron el debate disciplinar más feroz del siglo XX.
The Language of Metamodern Architecture toma prestado su título, con evidente ironía, de la obra de Charles Jencks de 1977, The Language of Post-Modern Architecture, el libro que declaró célebremente la muerte de la arquitectura moderna a las 15:32 del 15 de julio de 1972, con la demolición de Pruitt-Igoe. Su apuesta es que otra muerte, nunca certificada oficialmente, ocurrió alrededor de 2008, y que la arquitectura ha estado viviendo, en su gran mayoría sin percatarse de ello, en lo que creció alrededor de esa tumba.
Durante mucho tiempo, la arquitectura se ha definido por la permanencia. Los edificios se celebran porque perduran, las ciudades porque establecen estabilidad frente a la incertidumbre y los monumentos porque resisten el paso del tiempo. Algunas de las tradiciones urbanas más antiguas de la humanidad surgieron en paisajes donde la permanencia por sí sola nunca habría podido garantizar la supervivencia. A lo largo de los desiertos del norte de África y la península arábiga, los asentamientos en oasis se desarrollaron no como refugios aislados en medio de un páramo vacío, sino como pausas cuidadosamente mantenidas dentro de paisajes que ya estaban moldeados por el movimiento. Mucho antes de que las autopistas y los aeropuertos conectaran continentes, caravanas, personas dedicadas al pastoreo, la peregrinación y el comercio recorrían estos territorios a través de redes de pozos, sistemas de riego, arboledas cultivadas y ciudades de mercado. El oasis nunca fue el final del viaje. Los pozos, los palmerales sombreados, los campos de cultivo irrigados y los mercados de caravanas permitían que comenzara la siguiente etapa del trayecto.
Vista peatonal de la sede del BCIE en Tegucigalpa. Imagen cortesía del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)
Las naciones de Centroamérica ocupan un estrecho puente terrestre entre México y Colombia, pero no nacieron como países independientes. Surgieron de una sola entidad: la República Federal de Centroamérica en 1823. Aquella federación se disolvió; sin embargo, el ideal de una región unificada nunca murió del todo. En 1951, los gobiernos firmaron la Carta de San Salvador para crear la ODECA, la Organización de Estados Centroamericanos. Cuatro décadas más tarde, el Protocolo de Tegucigalpa de 1991 la reemplazó por el SICA, el Sistema de la Integración Centroamericana, el marco que rige la cooperación regional en la actualidad. En el marco de este proceso de integración, Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua fundaron en 1960 el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), estableciendo su sede en Tegucigalpa. A primera vista, se trata de un complejo de oficinas convencional de finales del siglo XX; no obstante, al observar de cerca su fachada, el edificio se convierte en un manifiesto sobre la identidad. Uno escrito en piedra de cantera rosada proveniente de las mismísimas colinas que rodean la capital hondureña.
La Antártida no tiene gobierno, población permanente ni economía. Además, desde 1959 carece de un propietario reconocido legalmente, ya que el Tratado Antártico congela cualquier reclamación territorial sobre el continente. Sobre el papel, esto la convierte en lo más parecido en la Tierra a un verdadero bien común. En la práctica, cerca de treinta países operan actualmente más de setenta estaciones de investigación allí, varias de ellas a corta distancia en avión unas de otras, y una de esas estaciones cuenta con una escuela, una capilla, un cementerio y una oficina de registro civil que ha registrado once nacimientos desde 1978.
Nada en esa arquitectura es fortuito, y muy poco se explica únicamente por la ciencia. Construir y abastecer una estación de investigación cuesta millones de dólares en uno de los lugares más hostiles del planeta desde el punto de vista logístico; ningún país asume semejante gasto solo para medir un ozono atmosférico que, en muchos casos, podría medir en un lugar más cercano. Lo que una estación hace, de manera infalible, es reclamar derechos sobre un territorio en el que, por ley, está estrictamente prohibido hacerlo.
MVRDV ha ganado el concurso internacional de diseño organizado por la empresa social Shift para diseñar la Embajada de Shift (Shift Embassy), un nuevo destino cultural planificado para el distrito en desarrollo de Waterkant en Rotterdam. Concebida como un híbrido entre arquitectura y paisaje, la propuesta, titulada Rotterdam ROCKS!, combina espacios de exhibición, hotelería, educación, equipamiento público e infraestructura ecológica dentro de un edificio de acceso público destinado a apoyar la misión de Shift de involucrar a los visitantes con los desafíos ambientales y sociales. El proyecto formará parte de Waterkant, un desarrollo urbano a gran escala en la ribera sur del río Mosa, planificado para incluir 3,750 viviendas junto con escuelas, espacios de trabajo, recintos culturales y espacios públicos.
Ganador del Premio a la Mejor Presentación. Imagen cortesía de Buildner Unbuilt Award
En una industria definida por los códigos de edificación, la urgencia climática y las presiones del mercado inmobiliario, el concurso de arquitectura se ha convertido, silenciosamente, en uno de los espacios más generativos de la disciplina. Libres de presupuestos, clientes o normativas urbanas, las propuestas presentadas a concurso permiten a los/las arquitectos/as reflexionar sobre los límites de lo que el entorno construido podría llegar a ser; además, este trabajo especulativo se toma cada vez más en serio como una contribución cultural e intelectual por derecho propio. El premio Buildner's Unbuilt Award, ahora en su segunda edición, es uno de estos esfuerzos, al tratar el proyecto no construido como una plataforma para que profesionales de la arquitectura y el diseño compartan conceptos que desafían los límites e inspiran futuras posibilidades. De este modo, certámenes como este permiten a profesionales y estudiantes de arquitectura exhibir ideas y visiones que, aun sin llegar a construirse, reflejan el espíritu de exploración e ingenio de la disciplina.
Para DB Studios, la arquitectura no se trata únicamente de construir, sino de pertenecer. Se trata de crear una práctica situada, capaz de responder a su contexto, a su gente y a su identidad local, expresada a través de materiales, colores y decisiones espaciales. En este sentido, el diseño se convierte en una forma de articular un lenguaje arraigado en su entorno y moldeado por las personas a las que sirve.
Esta postura se hace especialmente evidente en Vision Pakistan, un proyecto de DB Studios recientemente galardonado con el Premio Aga Khan de Arquitectura 2025. Más allá de reconocer las cualidades arquitectónicas del proyecto, el premio destaca un compromiso más amplio: crear un entorno de apoyo para jóvenes de escasos recursos en el que la educación, la formación profesional y el diseño espacial colaboren para fomentar la independencia y la movilidad social. A través de su forma, fachada y organización interior, el edificio responde estrechamente a su contexto, reforzando el sentido de pertenencia entre sus usuarios y usuarias, al tiempo que fomenta el orgullo en la comunidad circundante y entre los/las profesionales locales emergentes.
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso Concrete Pavilion. Como parte de la serie Material Studies de Buildner, la convocatoria invitó a arquitectos/as y diseñadores/as a explorar el potencial arquitectónico del concreto a través del diseño de un pabellón experimental. Se desafió a los y las participantes a reconsiderar este material más allá de su uso convencional, investigando sus posibilidades espaciales, estructurales y sensoriales.
WORKac es una firma con sede en Nueva York fundada en 2003 por Amale Andraos y Dan Wood. La oficina siempre ha creído en "el poder de la arquitectura y el diseño para comprometerse con las preocupaciones ambientales y sociales, y para crear nuevas posibilidades para el futuro". En ese sentido, la dirección de la oficina define su enfoque de la arquitectura como una evolución constante. Para su equipo, se trata de un proceso continuo de aprendizaje, cuestionamiento y reaprendizaje, alimentado por el compromiso de la práctica con la cultura, el clima y la historia locales, así como por el discurso en los campos de la ecología, el paisaje y el urbanismo. De este modo, logran integrar estos temas con un enfoque en proyectos públicos, culturales y cívicos que buscan reinventar la manera en que las personas viven, trabajan y experimentan el mundo.
Barcelona es la primera ciudad en la historia del Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA en albergar el evento en dos ocasiones. La edición de 1996, Presente y futuros: arquitectura en las ciudades, llegó en un momento de gran efervescencia, cuando la urbe posolímpica consolidaba un modelo urbano que se convertiría en uno de los más estudiados y cuestionados del urbanismo contemporáneo, y cuando la arquitectura aprendía a pensarse a través de la gran metrópoli como su principal espacio de indagación. Treinta años después, la misma ciudad vuelve a plantear la pregunta bajo una condición muy distinta: una en la que el entorno construido ya no puede entenderse como un objeto autónomo, sino únicamente a través de los sistemas ecológicos, materiales y políticos más amplios que lo sostienen. El tema del Congreso de 2026 —Becoming. Arquitecturas para un planeta en transición— no abandona las preocupaciones urbanas de 1996, sino que las replantea desde una escala planetaria.
El equipo curatorial detrás de esta edición, integrado por Pau Bajet, Maria Giramé, Mariona Benedito, Tomeu Ramis, Pau Sarquella y Carmen Torres, aborda la arquitectura como una herramienta crítica y transformadora arraigada en el territorio, con una labor que abarca la práctica profesional, la investigación y la docencia. Su programa estructura el Congreso en torno a seis líneas temáticas interconectadas (Devenir más que humano, Devenir circular, Devenir encarnado, Devenir interdependiente, Devenir hiperconsciente y Devenir sintonizado) y lo distribuye en tres sedes de carácter muy diverso —Les Tres Xemeneies del Besòs, el Disseny Hub en Glòries y el CCIB—, cada una elegida tanto por su carga simbólica como por su capacidad de aforo.
En nuestras ciudades actuales, la densidad urbana y el encarecimiento del suelo suelen obligar a elegir entre edificios cívicos a gran escala y espacios públicos abiertos. Tradicionalmente, las plazas se concebían como áreas que rodeaban la huella de una edificación; sin embargo, esta estrategia se transformó con la introducción de los pilotis por parte del movimiento modernista de principios del siglo XX. Si bien la intención original era crear una sensación de ligereza que permitiera la circulación y el paso de la luz bajo la estructura, las exigencias contemporáneas de carga sísmica, vías de evacuación de incendios y alta ocupación hacen que las columnas delgadas resulten insuficientes para las necesidades de los proyectos cívicos actuales a gran escala.
Con todo, la búsqueda de la ligereza arquitectónica no es un fenómeno estrictamente contemporáneo. Tras la introducción modernista de los pilotis, diversos proyectos de mediados de siglo comenzaron a experimentar con la ilusión de la suspensión para lograr la transparencia cívica. En 1953, el Congreso Nacional de Honduras en Tegucigalpa, diseñado por Mario Valenzuela, aplicó estos principios a un entorno legislativo. El edificio consta de un hemiciclo sólido elevado sobre una serie de esbeltas columnas. Debido a que el terreno se ubica sobre una terraza al final de una calle en pendiente, el vacío resultante hace mucho más que facilitar la circulación: enmarca las vistas de la ciudad y genera la impresión de que la pesada masa legislativa flota sutilmente sobre el tejido urbano.