El Premio RIBA Stirling 2026 ha sido otorgado a Lion Green Road, un desarrollo de vivienda en Coulsdon, al sur de Londres, diseñado por Mary Duggan Architects junto con RUFFARCHITECTS para el Municipio de Croydon. El proyecto, que consta de 157 viviendas distribuidas en cinco bloques residenciales, combina propiedades privadas y viviendas de alquiler social en un antiguo estacionamiento. Presentado anualmente por el Real Instituto de Arquitectos Británicos (RIBA), el Premio Stirling reconoce a un edificio que se considera que realiza una contribución significativa a la evolución de la arquitectura y el entorno construido. El proyecto ganador de 2026 se anunció en una ceremonia en Old Billingsgate, Londres, el 15 de octubre, marcando el trigésimo aniversario del premio.
Allí donde ya no se puede depender de forma constante de los ríos, los embalses y las lluvias, el agua se busca cada vez más en la atmósfera. La niebla, la humedad atmosférica y la condensación ofrecen diferentes formas de captación. Cuando la arquitectura empieza a recolectar agua del aire, las superficies, las estructuras y los espacios abiertos pasan a formar parte del sistema hídrico.
Según UNICEF, la Estrategia Nacional del Agua de Jordania estima que cada persona tiene acceso a solo unos 61 metros cúbicos de agua renovable al año, una cifra muy inferior a los 500 metros cúbicos que suelen considerarse el umbral de la escasez absoluta de agua. Alrededor de la mitad de la población recibe agua de red solo una vez a la semana, mientras que las aguas subterráneas se extraen a un ritmo superior al de la recarga natural de muchos acuíferos.
Arquitecta: Tina Hočevar. Imagen cortesía de VELUX Group
¿Qué ocurre con el espacio debajo de una cubierta? En muchas viviendas, la respuesta es sencilla: se convierte en un ático, un espacio de almacenamiento o un volumen prácticamente inutilizado entre la planta superior y el techo. Sin embargo, este mismo espacio puede transformarse en un dormitorio, una oficina en casa, una sala de juegos o un área de estar adicional si se proyectan de manera conjunta la cubierta y el espacio inmediatamente inferior.
Este potencial es clave tanto en las edificaciones existentes como en la arquitectura residencial. Convertir un ático permite sumar superficie útil sin ampliar la huella del edificio, mientras que diseñar una vivienda nueva considerando un espacio habitable bajo la cubierta la vuelve más adaptable con el paso del tiempo. Por lo tanto, la cuestión no reside únicamente en cómo rehabilitar un ático, sino en cómo reconocer el potencial arquitectónico de un espacio subutilizado generado por una cubierta inclinada.
Esta semana, los debates sobre la vivienda, la seguridad y el futuro de las ciudades cobraron relevancia, abarcando desde el impacto de los desastres naturales hasta el papel de la arquitectura en la configuración de entornos urbanos más inclusivos. El Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, conmemorado el 13 de octubre bajo el lema "La resiliencia empieza en casa", puso de relieve estas problemáticas pocos días después de que un sismo de magnitud 7.7 sacudiera Panamá, causando daños en edificaciones y provocando evacuaciones en todo el país. Más allá de la preparación ante desastres, los acontecimientos de la semana también reflejan esfuerzos más amplios para satisfacer las necesidades de vivienda, dar nuevos usos a las estructuras existentes y crear espacios que impulsen la educación, la cultura y la vida pública.
El estudio portugués de arquitectura y urbanismo OODA ha presentado nuevas imágenes de un proyecto de diseño urbano en Praga, República Checa. El diseño transforma una manzana urbana existente en un sitio permeable que alberga viviendas sociales municipales, locales comerciales y una plaza central ajardinada. El proyecto, titulado Kodaňská 1441, prioriza la transitabilidad peatonal, la movilidad ecológica y el espacio público. Además de abrir nuevas conexiones entre el edificio existente y el tejido urbano, incorpora un sistema de gestión de agua y paisaje que incrementa las superficies permeables del patio en un 21.5%. La propuesta constituye un ejemplo de renovación urbana que integra inquietudes contemporáneas, tales como los espacios comunitarios, una relación regulada con el espacio público, entornos con vegetación y el uso sostenible de los recursos naturales.
Un título en arquitectura proporciona los cimientos de la disciplina; sin embargo, la transición hacia el ejercicio profesional suele ir mucho más allá de las aulas. Ganar experiencia, desarrollar un portafolio y desenvolverse en la realidad de los despachos de arquitectura son desafíos a los que se enfrentan quienes egresan de la carrera en sus primeros años de práctica.
Regenerative Salt Landscapes, propuesta ganadora de los ArchDaily Student Project Awards 2026. Imagen vía ArchDaily Student Project Awards
Sobre el papel, participar en un concurso de arquitectura es una de las tareas más desafiantes que un/a estudiante de arquitectura puede emprender. Lo que atrae a los y las estudiantes hacia ellos es la oportunidad de experimentar, abordando un programa vagamente definido que deja margen para poner a prueba ideas poco convencionales y herramientas desconocidas fuera del ritmo del semestre. Esa distancia respecto a la evaluación académica es un desarrollo relativamente reciente, ya que en su momento los concursos fueron fundamentales para la educación arquitectónica.
En la École des Beaux-Arts, la enseñanza se dividía entre el taller (*atelier*), donde los y las estudiantes desarrollaban proyectos bajo la dirección de un/a arquitecto/a en ejercicio, y el concurso, donde un jurado de profesores evaluaba el trabajo de los alumnos sin haber seguido su desarrollo. Más tarde, instructores formados en Francia llevaron este modelo a escuelas como el MIT, Penn, y Cornell. Con el tiempo, la mayoría de las escuelas conservaron el taller —que se convirtió en el taller de diseño— y relegaron los concursos a los márgenes del plan de estudios.
Breidablikk Gården / Asplan Viak y revestimiento de fachada de SolarLab. Imagen cortesía de SolarLab
Los paneles solares suelen tratarse como un equipamiento añadido a un edificio. ¿Qué ocurre cuando pasan a formar parte de la propia arquitectura? Una vez integrada en la envolvente, la tecnología fotovoltaica puede generar energía y, al mismo tiempo, influir en la forma, la construcción y el comportamiento ambiental del edificio.
Las cubiertas suelen ser la ubicación más evidente para los paneles fotovoltaicos; sin embargo, otras partes del edificio pueden generar energía mientras cumplen funciones arquitectónicas adicionales. Las fachadas pueden proporcionar sombreado, las lamas pueden controlar la luz solar y las fachadas ventiladas pueden combinar la protección contra la intemperie con la generación de energía. Por lo tanto, su orientación, posición e integración en la envolvente del edificio pasan a formar parte del diseño arquitectónico en lugar de ser una decisión técnica independiente.
La sección Foco en Brasil de este mes analiza cómo la arquitectura y el desarrollo urbano se cruzan con cuestiones de vivienda, educación, espacio público y movilidad en todo el país. La selección de este mes incluye un asentamiento indígena en Maricá reconocido por ONU-Hábitat por su enfoque de vivienda adecuada; editoriales que examinan los campus universitarios y las ciudades planificadas como marcos para la vida colectiva; y proyectos que van desde la ampliación de un aeropuerto con estructura de madera hasta un edificio comercial que dialoga con el espacio público de São Paulo y una residencia moldeada por su paisaje. También destacan la propuesta ganadora para la nueva sede de Itaú Cultural en la Avenida Paulista, el reconocimiento internacional de dos proyectos brasileños de arquitectura de paisaje y un diagnóstico nacional que evidencia las brechas persistentes en infraestructura peatonal y seguridad vial.
El 11 de octubre de 2026, Donald Insall Associates anunció el fallecimiento de su fundador, Sir Donald Insall. Al describirlo como "un hombre de gran tacto, encanto y humor", la firma reconoció su contribución a las estructuras, instituciones y herramientas de preservación del patrimonio en Inglaterra, así como su conocimiento práctico y aplicación de las técnicas de restauración. Como arquitecto, conservacionista, consultor de planificación, autor y docente, dirigió durante cuatro décadas una de las oficinas de conservación líderes en Gran Bretaña tras fundarla en 1958. Su estudio llevó a cabo la renovación de Kelmscott Manor (de William Morris) en Oxfordshire y Kedleston Hall (de Robert Adam) en Derbyshire, la conservación del centro histórico de Chester y la restauración del Castillo de Windsor tras el incendio de 1992, entre otros hitos británicos.
Utilizar contenedores de carga como base estructural —práctica conocida también como "cargotectura"— parece un enfoque constructivo sencillo. Quizás de manera engañosa. Si bien es cierto que los contenedores representan un material de construcción rápido, rentable y que a menudo requiere poco esfuerzo, además de ser duraderos y personalizables, su conversión también plantea importantes desafíos. Sin una planificación minuciosa, el proceso de obra puede volverse tortuoso y los resultados, decepcionantes.
Para determinar si los contenedores son la opción adecuada para un proyecto de construcción, resulta fundamental ir más allá de su atractivo industrial y analizar las realidades y limitaciones de estas cajas de acero como material de construcción.
Si se camina a lo largo de un río en casi cualquier ciudad de América Latina, se encontrarán tramos rectificados, revestidos de concreto, sepultados bajo vialidades o relegados detrás de zonas industriales y barrios residenciales. A lo largo del siglo XX, la expansión urbana ocupó paulatinamente las riberas y las antiguas llanuras aluviales, mientras que los cursos de agua fueron desviados o confinados en infraestructuras diseñadas para controlarlos. Sin embargo, el agua siguió reclamando su espacio. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, las inundaciones han sido durante décadas el desastre natural más frecuente en América Latina y el Caribe.
Algunas ciudades han comenzado a replantearse la relación con estos bordes urbanos. En Chile, México y Brasil, se están desarrollando parques en cauces de ríos, canales de drenaje y otras áreas expuestas a inundaciones. Estos espacios albergan el agua durante las lluvias intensas, al tiempo que ofrecen zonas de recreación, tránsito y encuentro durante gran parte del año. Asimismo, su diseño transforma la forma en que los vecindarios colindantes acceden a territorios antes vinculados con inundaciones, contaminación o un uso público limitado.
Creado por surfistas de California que querían trasladar las líneas del surf al asfalto, el skate pronto superó su rol de simple alternativa para los días sin olas. Se consolidó como una práctica que lee la ciudad desde otra lógica, reinterpretando escalones, pasamanos, muros y espacios intersticiales como posibles trayectorias, desafíos y oportunidades. Con el tiempo, evolucionó hasta convertirse en una cultura urbana global, una forma de habitar y transformar el espacio público a través del movimiento. Lo que antes era marginal se ha transformado en un catalizador para la construcción de comunidad y la generación de nuevos usos en espacios olvidados. En su esencia, el skate revela cuántas ciudades coexisten dentro de una misma ciudad, según quién se desplace por ella y cómo cada persona sea capaz de reinterpretar su entorno.
Laab Is More / Sifah Studio. Tailandia. Imagen cortesía de NS BlueScope
Si bien la arquitectura suele responder a un programa de usos específico —considerando superficies, contextos y diversas condiciones económicas y técnicas—, los edificios rara vez permanecen inalterados a lo largo de su vida útil. Los programas, las dinámicas espaciales y las necesidades de las personas usuarias cambian, al igual que las condiciones ambientales, económicas y tecnológicas, lo que exige intervenciones que probablemente no se previeron al inicio del proyecto. Las estructuras de acero permiten proyectar una arquitectura capaz de crecer, transformarse, desmontarse y reensamblarse. Su precisión dimensional, sus componentes industrializados y el potencial de las conexiones mecánicas hacen posible el diseño de sistemas abiertos y preparados para futuras intervenciones.
Cada año, el 13 de octubre, el Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres (DIRRD) llama la atención sobre las formas en que las comunidades pueden reducir la exposición y la vulnerabilidad ante las amenazas. Establecido por las Naciones Unidas en 1989, este día ofrece una oportunidad para reflexionar sobre cómo los gobiernos, las comunidades y los/las profesionales pueden fortalecer la preparación y la resiliencia antes de que ocurran los desastres. Para su edición de 2026, la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR) ha seleccionado "La resiliencia comienza en el hogar" como tema central, situando a la vivienda en el centro de la campaña de este año.
Ha comenzado la construcción de la Academia de Música y Artes Frank Liu Jr. (FLAMA) en Houston, Texas, diseñada por OMA, bajo la dirección del socio Jason Long, con RDLR Architects como arquitecto de registro y SWA Group a cargo del diseño de paisaje. El proyecto consiste en la reutilización adaptativa de la histórica planta de café J. A. Folger & Co. de la década de 1930 en Houston, convertida en un espacio educativo para las artes. Las instalaciones de 6,050 m² albergarán una escuela charter pública de inscripción abierta y gratuita, que atenderá a estudiantes desde pre-kindergarten hasta octavo grado. El edificio se ubica a lo largo del corredor Buffalo Bayou East de Houston, justo frente a Turkey Bend, un proyecto de paisaje diseñado por Reed Hilderbrand junto con NADAAA y Rogers Partners que reimagina el antiguo frente industrial de la ribera como una red de espacios públicos y paisajes adaptados a las inundaciones. La conversión de la antigua planta de café forma parte de una transformación más amplia de la zona y se prevé que abra sus puertas en agosto de 2027.
Ciudad de México. Imagen de Eduardo Enriquez, vía Unsplash
La Ciudad de México es una metrópoli en expansión de temporalidades superpuestas, donde la arquitectura opera como una negociación continua entre una historia profundamente arraigada y una intensa mutación urbana. Erigido sobre los vestigios lacustres de Tenochtitlan, el tejido de la ciudad es un diálogo constante entre épocas: la escala monumental del Templo Mayor prehispánico y la arquitectura virreinal de la Catedral Metropolitana coexisten con los impulsos modernos y contemporáneos que definen su perfil urbano. Esta densa yuxtaposición crea un lienzo urbano singular en el que se cruzan la geografía sagrada, la imposición colonial y la ambición del siglo XX.
El medio siglo marcó una época definitiva de experimentación, forjando un modernismo mexicano que sintetizó magistralmente el racionalismo estructural internacional con la identidad y la materialidad locales. Esta síntesis se ejemplifica en la vasta integración plástica de arte y arquitectura en Ciudad Universitaria, la poesía estructural de los cascarones hiperbólicos de Félix Candela y el brutalismo crudo y monumental de Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. Paralelamente, la maestría íntima e introspectiva de Luis Barragán y Juan O'Gorman redefinió el espacio doméstico, experimentando con la luz, el color vernáculo y la honestidad tectónica para crear espacios de una profunda quietud espacial.
El color tiene una biografía. Puede tener un origen, pero también transformarse. Puede transitar entre materiales y disciplinas, desde una práctica local hacia la arquitectura, o de algo ordinario a algo simbólico. Puede perder una asociación y adquirir otra, o persistir sin que nadie lo considere conscientemente como algo cultural. Su vida se despliega a través de las condiciones en las que se produce, se utiliza, se repite y se habita. A medida que estas condiciones cambian, también lo hacen los significados que el color puede albergar.
El espacio interior es el lugar donde estas historias convergen. Un color dentro de una habitación puede albergar vestigios de un territorio, de una práctica de la materia, de un clima o de una historia de habitabilidad. Su presencia no depende necesariamente de una intención de representar ninguna de estas cosas.
El color puede integrarse a un lugar mediante la continuidad de los materiales y las formas de vida, adquiriendo una significación que va más allá de la superficie sobre la que se aplica.
Tsuyoshi Tane es un arquitecto japonés nacido en 1979 en Tokio y radicado en París, donde fundó ATTA – Atelier Tsuyoshi Tane Architects en 2006. Con una práctica que abarca proyectos culturales, institucionales y de paisaje, Tane ha desarrollado un enfoque arquitectónico que posiciona a la memoria como un motor fundamental del diseño. En su entrevista con Louisiana Channel, filmada en su estudio de París, Tane reflexiona sobre la arquitectura como una disciplina de observación y pensamiento, argumentando que el diseño significativo surge de una lectura atenta de las huellas integradas en el sitio. Para él, la arquitectura no se produce sobre una hoja en blanco, sino que comienza con una indagación de lo que ya existe física, cultural y emocionalmente bajo la superficie de un lugar.
La segunda parte de Utopian Hours 2026, el festival internacional de creación de ciudades, se llevará a cabo en Turín el 16 y 17 de octubre. Tras un primer capítulo en Róterdam, el festival celebra su décima edición regresando a su ciudad de origen en Italia. La programación y el programa cultural del evento están diseñados para explorar cómo las ciudades pueden responder de forma creativa a los desafíos sociales, ambientales y políticos del siglo XXI. El festival Utopian Hours es organizado desde 2017 por Stratosferica, una asociación cultural sin fines de lucro dedicada a producir y compartir conocimiento urbano mediante contenidos sobre la evolución de las ciudades, estrategias de comunicación urbana, eventos, construcción de comunidad y placemaking.
Vivos xPoint, EE. UU. Imagen de VigilanteScout, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
Invirtiendo la narrativa convencional, esta historia comienza por el final. El día después del colapso del mundo. Mientras casi toda la población lucha por sobrevivir a las llamas y a las tormentas solares, una fracción de la sociedad es recibida por personal de seguridad fuertemente armado a la entrada del Survival Condo Project, un antiguo silo de misiles en Kansas convertido hace unos años en departamentos de lujo.
Atrás quedó la imagen de la persona ermitaña que acumula comida enlatada en su sótano o del profeta del fin de los tiempos. En los últimos años, el supervivencialismo se ha expandido hacia los círculos más ricos, echando raíces en Silicon Valley entre directivos/as de tecnología y gestores/as de fondos de cobertura. Lo que alguna vez pudo considerarse una mera excentricidad se ha convertido también en una forma de pensar el futuro y, para algunos/as, en una inversión.
Las olas de calor son cada vez más frecuentes en todo el mundo, lo que impulsa a los/las arquitectos/as a reconsiderar cómo se conciben y diseñan las envolventes edilicias. El enfoque ya no se limita únicamente a contener la pérdida de calor durante los meses más fríos, sino que también busca controlar la cantidad de calor que ingresa a los edificios en períodos de radiación solar intensa. Al entender la protección solar como una decisión de diseño, y no como un mero elemento decorativo o de acondicionamiento interior, esta se integra a las estrategias pasivas de eficiencia energética, contribuyendo al confort térmico y visual a la vez que reduce la demanda de refrigeración.