Los miradores son estructuras destinadas a la observación del paisaje desde puntos elevados. Emplazados en medio de la naturaleza o en el entorno urbano, funcionan como dispositivos que organizan la mirada y establecen una relación directa entre el cuerpo y el territorio. En esta frontera entre quien observa y el paisaje, los miradores pueden asumir diferentes configuraciones, desde pequeños gestos hasta estructuras monumentales, siempre en respuesta al contexto en el que se insertan. Independientemente de su escala, son —en cierta medida— intentos de domesticar la vastedad, recortes precisos que vuelven legible aquello que, sin mediación, podría presentarse como un exceso.
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Soluciones interactivas de diseño vectorial. Imagen cortesía de D.TO
Los bocetos iniciales en cuadernos y papel calco, los diagramas conceptuales, las perspectivas, las maquetas físicas y los estudios volumétricos capturan la imaginación arquitectónica. Sin embargo, representan apenas el inicio de la práctica. El verdadero desafío consiste en traducir las ideas en sistemas construibles. Cada muro, encuentro y ensamblaje debe resolverse en detalle, con sistemas que funcionen en conjunto de manera que permitan construir el proyecto tal como fue concebido. Es aquí donde se concentran la mayor parte del esfuerzo, la complejidad y el riesgo, y donde los proyectos finalmente se resuelven o comienzan a tambalearse.
En este contexto se desarrollan el Desarrollo de Diseño (DD, por sus siglas en inglés) y la Documentación Ejecutiva (CD), etapa en la que el proyecto debe asumir todo el peso de la coordinación, los componentes, el rendimiento y la constructibilidad. Mientras que el diseño esquemático define las directrices espaciales y formales, el DD y la CD exigen respuestas a un conjunto de preguntas muy diferente: ¿cómo se integran los sistemas? ¿Cómo se mantiene el rendimiento en las transiciones? ¿Qué productos, tolerancias y secuencias permitirán que el proyecto mantenga su coherencia al pasar del modelo a la obra?
Perros callejeros en Estambul. Imagen de istanbulphotos, vía Shutterstock
La arquitectura sigue dibujando las ciudades como si la humanidad las ocupara en solitario. Los planos trazan rutas de circulación, los mapas de zonificación asignan funciones y los edificios se evalúan en función del confort, la seguridad y la eficiencia humana. Sin embargo, recorrer las ciudades de la India y el suroeste de Asia revela una realidad mucho más compleja. Los perros duermen bajo los puestos de los mercados, los monos se desplazan por los tejados, las aves anidan en las torres de los templos y en las fachadas de las mezquitas, y los insectos polinizan paisajes urbanos ocultos a plena vista. Estas especies están entretejidas en la vida urbana cotidiana con la misma constancia que la población humana. Calles, patios, techos, sistemas de drenaje, mercados y lotes baldíos ya están ocupados por múltiples especies de forma simultánea. El pensamiento arquitectónico, por su parte, ha tardado más en asimilar esta realidad.
Cuando pensamos en las fachadas, rara vez las imaginamos como hábitats. Las vemos como los elementos que separan el interior del exterior, regulan la temperatura, reducen el ruido y protegen a los edificios de las condiciones externas. Si bien le otorgan a la arquitectura su lenguaje visual, también se espera que mantengan el mundo exterior a distancia. Al hacerlo, a menudo se las ha entendido como barreras: superficies que definen dónde comienza el confort humano y dónde debe permanecer el medio ambiente.
Sin embargo, el exterior de un edificio nunca está vacío. Durante siglos, la arquitectura ha generado, de manera involuntaria, oportunidades para otras formas de vida. Las aves anidaban bajo las tejas, los insectos ocupaban las grietas de los muros de mampostería, y el musgo o las plantas echaban raíces en repisas, canaletas y superficies de piedra rugosa. Aunque estas condiciones rara vez se diseñaron pensando en otras especies, crearon pequeñas oportunidades para que la vida se abriera paso en ellas.
Entre el momento en que se especifica un material en un proyecto y el momento de su instalación, existe una capa invisible que juega un papel decisivo en el resultado final: la fabricación, la logística y la coordinación. Estos factores moldean los plazos y los costos pero, fundamentalmente, determinan si la intención original del diseño se preserva o se diluye en la ejecución. Los sistemas de revestimiento, especialmente aquellos que funcionan como componentes visibles y expresivos de la envolvente del edificio, hacen que esta brecha sea particularmente evidente, al ser la capa más expuesta de un proyecto.
La selección de un sistema de revestimiento nunca es una decisión puramente estética. Esta activa una cadena de dependencias: disponibilidad de perfiles, sistemas de fijación, tolerancias, secuenciación y cumplimiento de normativas locales. Cuando los elementos no se alinean correctamente, las consecuencias de ese desajuste rara vez son sutiles. Los sistemas de revestimiento integrados —aquellos que anticipan tanto el montaje como la apariencia— tienden a cerrar esta brecha, incorporando la coordinación en su propia lógica y reduciendo la necesidad de improvisar en la obra.
En el centro del discurso arquitectónico sobre la arquitectura sagrada, la atención casi siempre se centra en el monumento. Los templos, mezquitas, monasterios e iglesias dominan tanto la historia de la arquitectura como la crítica de diseño y la fotografía, convirtiéndose en los símbolos físicos a través de los cuales se comprende la fe. Sin embargo, para millones de personas en peregrinación en toda la India, la experiencia arquitectónica más trascendental comienza mucho antes de que el santuario aparezca a la vista. Se despliega a lo largo de caminos de montaña, *ghats* fluviales, calles sombreadas, campamentos temporales, sistemas de filas, puentes, puestos de agua, centros de atención médica e innumerables elementos de infraestructura común a través de los cuales se realiza verdaderamente la peregrinación. La labor arquitectónica de la peregrinación podría residir menos en el santuario mismo que en los entornos que permiten a millones de personas llegar a él.
Producido a escala industrial desde el siglo XIX, el acero ha transformado profundamente la manera en que construimos. El hierro, refinado mediante procesos metalúrgicos controlados, ha dado origen a un material capaz de combinar resistencia mecánica, ligereza relativa y precisión constructiva, haciendo posibles algunos de los mayores hitos de la ingeniería y la arquitectura modernas. Desde rascacielos y puentes hasta fachadas, cubiertas y sistemas industrializados, pocos materiales han tenido un impacto tan significativo en la configuración del entorno construido.
No obstante, la calidad de un material no puede medirse únicamente por su rendimiento estructural inicial o su aspecto al momento de la entrega. Si bien los edificios suelen evaluarse al finalizar la obra, su verdadero desempeño solo se revela con el paso del tiempo. Las fotografías registran fachadas impecables, superficies recién instaladas y espacios listos para su uso. Las décadas posteriores, en cambio, exponen estas construcciones a la radiación solar, la lluvia, la humedad, la salinidad, la contaminación atmosférica y las variaciones térmicas. Es en este contacto continuo con el medio ambiente donde las decisiones materiales se ponen verdaderamente a prueba.
En un contexto de creciente reconocimiento sobre la responsabilidad de la arquitectura hacia las ecologías ambientales y planetarias, la práctica contemporánea se orienta cada vez más a trabajar con lo existente: sus condiciones materiales, espaciales e históricas. En el marco de esta transición, la estética de la arquitectura y el diseño se centra cada vez más en remodelar los entornos heredados. Este enfoque sustenta el trabajo de SSdH, un estudio de arquitectura con sede en Melbourne fundado en 2020 por Todd de Hoog, Harrison Smart y Jean-Marie Spencer. A través de proyectos que abarcan diversas escalas de renovación, ampliación e inserción adaptativa, el estudio interactúa de manera constante con las edificaciones existentes como agentes activos. Ganadora de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, la firma australiana prioriza la responsabilidad ambiental, la economía material y los procesos colaborativos fundamentados en las condiciones específicas de cada sitio.
Sistema de baño Lineadacqua de antoniolupi. Imagen cortesía de antoniolupi
¿Qué pasaría si los elementos más avanzados de un baño fueran aquellos que apenas se pueden ver? En espacios donde los muros, cielorrasos y pisos forman superficies ininterrumpidas, los artefactos se repliegan y el agua misma se convierte en el material primordial que define la experiencia. La cuidadosa disposición de los elementos en el baño —como lavamanos, grifos, cabezales de ducha y desagües— suele imponer su presencia tanto por su diseño como por su función. Sin embargo, ¿qué sucede cuando estos elementos comienzan a desaparecer?
En lugar de añadir elementos superpuestos al diseño del baño, algunas propuestas operan bajo la lógica de la sustracción. El espacio ya no se compone de objetos visibles, sino que se concibe como una superficie continua. Los artefactos se repliegan en muros y cielorrasos, permitiendo que el agua, la luz y la atmósfera cobren protagonismo. Lo que se configura es una forma de minimalismo que va más allá: una arquitectura que absorbe por completo sus sistemas técnicos, haciendo desaparecer los dispositivos para dejar únicamente sus efectos. La experiencia en sí se convierte en la protagonista, dejando de estar mediada por objetos visibles para ser moldeada directamente por el agua, la luz y el espacio.
Ubicado en el paisaje montañoso de Zabbougha, Líbano, el Refugio Cápsula de EAST Architecture Studio se define a través de su propio proceso de creación. El proyecto se despliega mediante decisiones materiales, ajustes en obra y condiciones cambiantes, permitiendo que la construcción misma guíe su lógica espacial.
El proceso de construcción desempeñó un papel central en la definición del proyecto. Construida durante un período marcado por el colapso económico, la escasez de materiales y la constante inestabilidad en el Líbano, la vivienda se desarrolló mediante una adaptación continua. Ante la falta de una empresa constructora principal, el equipo de arquitectura asumió un rol más amplio: coordinar a los artesanos, probar ideas directamente en la obra y responder a limitaciones cambiantes. En este contexto, las condiciones sociopolíticas se convirtieron no solo en un desafío, sino en un catalizador para replantear el diseño. "Estábamos constantemente probando ideas en el lugar", comentan Charles Kettaneh y Nicolas Fayad, fundadores de EAST Architecture Studio, "adaptando estas decisiones a nivel económico mientras explorábamos lo que la artesanía local podía ofrecer".
La cosmogonía del capitalismo (racial). Imagen cortesía de Dele Adeyemo
Al lanzar una piedra hoy, Eshu mata un pájaro de ayer. Este proverbio yoruba relata una historia tanto de reparación como de ancestralidad al desafiar con alegría las convenciones del espacio-tiempo y acceder a sujetos del pasado mediante acciones del presente. El dicho ofrece un punto de partida poético hacia tradiciones más amplias de África Occidental y hacia la práctica del artista y arquitecto escocés-nigeriano Dele Adeyemo. Reconocido como uno de los ganadores de los Premios ArchDaily 2025 Next Practices, el trabajo de Adeyemo reúne ecología, espiritualidad, danza y territorio, examinando cómo las prácticas culturales encarnadas pueden generar posibilidades espaciales alternativas dentro y en contra de la arquitectura del capitalismo racial.
Nacido en Nigeria y criado en el Reino Unido, Adeyemo ha visitado Lagos durante muchos años. A través de este vínculo, ha desarrollado un amplio cuerpo de investigación sobre prácticas de movimiento colectivo que anteceden al capitalismo y ofrecen inteligencias espaciales distintas y a menudo imaginativas que operan en paralelo a los sistemas dominantes. ArchDaily conversó con Dele sobre sus prácticas artísticas y pedagógicas, y sobre cómo identifica la sofisticación del diseño allí donde los/as arquitectos/as suelen percibir deficiencias.
Cuando el edificio original del New Museum, diseñado por SANAA —un apilamiento de cajas opacas desplazadas y envueltas en una piel de malla metálica—, abrió sus puertas en 2007, ya parecía destinado a alguna forma de expansión para aliviar la presión vertical generada por su circulación restringida y su limitada huella. En marzo, el museo presentó su tan esperada ampliación, diseñada por Shohei Shigematsu y Rem Koolhaas, de OMA. El edificio complementario, de líneas angulosas y con un ligero retranqueo, duplica la capacidad de exposición del museo y, al mismo tiempo, reconfigura la relación de la institución con la ciudad y con la estructura original de SANAA, proyectada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.
Durante la apertura para la prensa, Koolhaas describió el proyecto "no simplemente como una extensión, sino como un complemento o contraparte". Más tarde, Shigematsu profundizó en la idea: "Pensamos en diseñar un par compuesto por dos edificios distintos y, sin embargo, estrechamente conectados. Uno es más vertical e introvertido; el otro, más horizontal y extrovertido".
En una industria definida por las tolerancias de ingeniería y la certeza del rendimiento, el acabado de interiores todavía depende de un proceso que introduce variabilidad en cada proyecto. Incluso los/las aplicadores/as experimentados/as suelen depender de una mezcla basada en el criterio personal —estimando las proporciones de agua y ajustando al tanteo hasta que el material parece manejable. Si bien la destreza reduce la variabilidad, no la elimina. El resultado es una inconsistencia inherente que se transfiere directamente a la superficie terminada.
Al surgir en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales, en el que diversos países buscaban reformular sus capitales como símbolos de progreso, ambas ciudades asumieron un papel estratégico. A través del lenguaje arquitectônico adoptado, reafirmaban narrativas ideológicas e identitarias vinculadas al poder del Estado.
Se trataba de ciudades creadas en abstracto, siguiendo una visión utópica. Serían urbes vanguardistas, libres de las deficiencias que asolaban a las ciudades de mediados del siglo XX, que ejemplificarían principios estéticos que reflejarían ideologías políticas progresistas y que abrazarían nuevas tecnologías – principalmente el automóvil.
Sin embargo, esta promesa de futuro terminó generando grandes desafíos. Dificultades que, por supuesto, reflejan los percances sociales y económicos de sus países, pero que también puede decirse que están sazonadas por una idea modernista que hoy se pone en discusión.
La inteligencia artificial ya no es un concepto lejano en la práctica de la arquitectura. Se está convirtiendo rápidamente en una herramienta práctica utilizada por firmas de todo el mundo para acelerar los flujos de trabajo de diseño, generar visualizaciones y explorar nuevas posibilidades creativas.
Según una nueva encuesta del sector realizada por Chaos en colaboración con Architizer, los/las arquitectos/as ya están integrando la IA en su trabajo diario. Cerca de 800 arquitectos/as y diseñadores/as de todo el mundo participaron en el estudio, compartiendo sus perspectivas sobre cómo utilizan las herramientas de IA, cuánto tiempo les ahorra esta tecnología y cómo creen que la inteligencia artificial moldeará el futuro de la arquitectura.
Para DB Studios, la arquitectura no se trata únicamente de construir, sino de pertenecer. Se trata de crear una práctica situada, capaz de responder a su contexto, a su gente y a su identidad local, expresada a través de materiales, colores y decisiones espaciales. En este sentido, el diseño se convierte en una forma de articular un lenguaje arraigado en su entorno y moldeado por las personas a las que sirve.
Esta postura se hace especialmente evidente en Vision Pakistan, un proyecto de DB Studios recientemente galardonado con el Premio Aga Khan de Arquitectura 2025. Más allá de reconocer las cualidades arquitectónicas del proyecto, el premio destaca un compromiso más amplio: crear un entorno de apoyo para jóvenes de escasos recursos en el que la educación, la formación profesional y el diseño espacial colaboren para fomentar la independencia y la movilidad social. A través de su forma, fachada y organización interior, el edificio responde estrechamente a su contexto, reforzando el sentido de pertenencia entre sus usuarios y usuarias, al tiempo que fomenta el orgullo en la comunidad circundante y entre los/las profesionales locales emergentes.
Bolete Lounge BIO® de Andreu World x Patricia Urquiola. Imagen cortesía de Andreu World
Al ingresar a un gran espacio de estar, el vestíbulo de un hotel o un espacio de trabajo de planta libre, lo primero que se percibe no es aquello que divide el espacio, sino lo que lo mantiene unido. Rara vez existen límites claros, habitaciones evidentes o divisiones estrictas; sin embargo, el espacio se siente organizado. Ciertas áreas invitan a la pausa, otras dictan el movimiento y unas más fomentan la comunidad. Las transiciones son sutiles, pero legibles.
Al mismo tiempo, se espera más de estos interiores. Deben adaptarse al cambio constante, resistir un uso intensivo y responder a las exigencias ambientales reduciendo los residuos, prolongando su vida útil y evitando reemplazos frecuentes. La pregunta no es solo cómo se ve un espacio, sino cómo funciona a lo largo del tiempo. ¿Qué es lo que realmente lleva el mayor peso?
«Mi única preocupación es que mi trabajo tenga un impacto positivo en las comunidades en las que se inserta», afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. Su propia historia de vida, el contexto en el que creció y las experiencias que ha atravesado definen su enfoque de la arquitectura. Se trata de un compromiso que se extiende a las personas y a los lugares que llaman hogar—uno que valora la materialidad, el aprendizaje colectivo y el intercambio de conocimientos. Descubrir las historias detrás de proyectos como la Escuela Primaria en Gando y la Escuela Secundaria Naaba Belem Goumma inspira a reflexionar sobre cómo diseñar espacios que verdaderamente sirvan a la humanidad.
La historia de Francis Kéré comienza en una aldea del África subsahariana y se extiende por numerosos lugares. Gando fue el escenario de su primera educación, donde absorbió la esencia y los principios que más tarde definieron los valores fundamentales de su carrera, junto con influencias de otras culturas. La estructura de Gando está formada por distintas familias que se organizan, de acuerdo con las costumbres establecidas, en patios dispersos por la sabana. Crecer en esta remota aldea de la sabana de Burkina Faso fomenta un fuerte sentido de comunidad, que se vuelve tangible al comprender que cada habitante de cada patio forma parte de la vida de todo el conjunto.
A menudo, la arquitectura se evalúa a través de sus formas acabadas; sin embargo, algunas prácticas operan en un registro diferente, uno donde el diseño se despliega a través de las relaciones, el tiempo y el uso, en lugar de limitarse a un único resultado. Para CatalyticAction, la participación no es una actividad social paralela, sino el medio a través del cual los espacios se conciben, se construyen y se sostienen a lo largo del tiempo.
Con sedes en Beirut y Londres, esta oficina ha trabajado en todo Oriente Medio y Europa, desarrollando espacios públicos, escuelas, patios de juego e infraestructuras urbanas cotidianas mediante la colaboración a largo plazo con comunidades locales. Basado en la investigación participativa y en la toma de decisiones colectiva, este enfoque fue reconocido en los ArchDaily's 2025 Next Practices Awards, destacando un modelo de práctica en el que la arquitectura se entiende como un proceso compartido y en evolución, más que como un objeto fijo. En este contexto, el valor arquitectónico se mide por la continuidad, el uso y la apropiación colectiva, y no únicamente a través de la forma.
Quienes se dedican al diseño de interiores se enfrentan a un constante acto de equilibrio entre los parámetros del proyecto, las limitaciones presupuestarias, las exigencias de la clientela y la preservación de la estética del diseño. Los plazos de entrega ajustados ejercen una gran presión cuando la clientela solicita múltiples revisiones. Asimismo, la discrepancia entre planos y renders debilita la entrega de una propuesta de diseño cohesiva. En el competitivo y digitalizado campo de la arquitectura actual, el éxito llega cuando los/las diseñadores/as pueden aportar detalles técnicos desde la etapa conceptual hasta la construcción, aprovechando tecnologías avanzadas y herramientas estratégicas dentro de un único software de modelado.
Jardín Botánico Guangzhou Yunxi / AECOM + Architectural Design & Research Institute of SCUT + Guangzhou Landscape Architectural Design & Research Institute. Imagen cortesía de Yunxi Botanical Garden
Si bien la vida humana depende en gran medida de las plantas por las medicinas, los materiales de construcción y el combustible que proporcionan, estas también desempeñan un papel fundamental en múltiples procesos ecológicos. Desde la regulación climática mediante la absorción de dióxido de carbono hasta la fertilidad del suelo y la purificación del aire y del agua, la diversidad vegetal ofrece oportunidades para abordar algunos de los desafíos más urgentes de este siglo, como la seguridad alimentaria, la disponibilidad de energía, el cambio climático y la degradación del hábitat. En este escenario, los jardines botánicos actúan como refugios vivos que fomentan la innovación, la adaptación y la resiliencia humana. Pero ¿qué puede aprender la práctica arquitectónica de la botánica y de sus métodos?
Revestimiento BIPV con respaldo de nido de abeja de aluminio de borde cerrado desarrollado para el Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH), en la Universidad de Toronto Scarborough, lo que demuestra cómo su ligereza permite una instalación rápida y sin complicaciones. Imagen cortesía de Mitrex
El Complejo de Ciencias de la Salud Myron y Berna Garron (SAMIH, por sus siglas en inglés), en la Universidad de Toronto Scarborough, se diseñó bajo un mandato claro y no negociable: al menos el 20% del consumo energético del edificio debía generarse a partir de fuentes renovables instaladas en el mismo sitio. Con el fin de cumplir con este ambicioso requisito, el equipo del proyecto exploró cómo la tecnología solar podía ir más allá de la cubierta e integrarse en la propia arquitectura, posicionando el proyecto dentro de una tendencia más amplia hacia la arquitectura sostenible basada en el rendimiento. Las instalaciones de 63,000 pies cuadrados albergan programas de enseñanza, investigación y formación clínica dedicados a la educación de los/las futuros/as profesionales de la salud. Diseñado por Diamond Schmitt Architects y MVRDV, el proyecto siguió inicialmente un camino convencional, combinando una fachada sobria con paneles fotovoltaicos en la cubierta.