
A medida que se intensifica la variabilidad climática, las tormentas extremas se vuelven más frecuentes en algunas regiones, mientras que la escasez de agua se agrava en otras. Ante este panorama, los/las arquitectos/as se ven cada vez más presionados/as a reconsiderar cómo los edificios se relacionan con la lluvia, entendiéndola tanto como una fuerza ambiental como un recurso de diseño. ¿Cómo puede la arquitectura ir más allá de la simple evacuación del agua excedente para dedicarse a captarla, almacenarla y reutilizarla activamente? ¿Qué significaría tratar el agua de lluvia como un material que da forma a espacios resilientes y significativos?










































