Junior Contributor en ArchDaily y asistente de comisariado en la Trienal de Arquitectura de Sharjah 2023. Le interesan la vivienda, el urbanismo, la política del suelo, el patrimonio y cómo vivimos en nuestras ciudades. Nació y creció en Dar es Salaam, Tanzania. Reside en el Reino Unido.
Hace unos meses, la arquitecta francesa Renée Gailhoustet fue galardonada con el Premio de Arquitectura de la Royal Academy 2022. En un momento en que los desafíos de vivienda continúan afectando a París y a otras ciudades francesas, Gailhoustet resultó ser una elección sumamente oportuna. Su obra en los suburbios de París —que se remonta a la década de 1960— sigue funcionando hoy en día como un caso de estudio convincente para un enfoque de vivienda social que integra simultáneamente la vida comunitaria y una morfología singular.
El invernadero es una tipología arquitectónica común, un elemento recurrente en una gran cantidad de ciudades, construido para proteger a las plantas de la intemperie —ya sea del exceso de calor o de frío— o para prolongar la temporada de cultivo. Existen indicios de la existencia de invernaderos, bajo alguna forma, que se remontan a la década de 1450 durante la dinastía Joseon en Corea; sin embargo, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando el invernadero nació como una forma arquitectónica específica. El perfeccionamiento en la fabricación de vidrio permitió el nacimiento de las estructuras de grandes luces y en su mayoría transparentes que conocemos hoy en día. Bajo la intrincada herrería de los invernaderos también se albergan historias más amplias: de control, de riqueza mal habida y de resistencia.
La luz —el medio a través del cual percibimos el mundo a nuestro alrededor— es un elemento arquitectónico integral y emotivo. A nivel global, el acceso a la luz se potencia o se limita de acuerdo con la función arquitectónica: mientras que los/las arquitectos/as de lujosas residencias tropicales celebran las vistas soleadas mediante acristalamientos de gran formato, una amplia gama de galerías de arte rechaza la luz en su forma natural, eliminándola para cumplir con los delicados requisitos de exhibición de las obras de arte. La luz, en un sentido arquitectónico y urbano, es también sumamente simbólica, algo evidente en las numerosas metrópolis de nuestro mundo. Sin embargo, donde este simbolismo adquiere una dimensión de especial interés es en el archipiélago de Zanzíbar.
A veces escultórico y expresivo, a veces monolítico y monótono, el estilo arquitectónico brutalista es, a partes iguales, diverso y divisivo. Desde sus orígenes como un subproducto del Movimiento Moderno en la década de 1950 hasta la actualidad, los edificios brutalistas siguen siendo un tema de debate recurrente en el discurso arquitectónico. Una razón probable de esta vigencia es que, con sus texturas de concreto expuesto y sus sombras dramáticas, las obras brutalistas suelen ser sumamente fotogénicas.
Voluminosos, imponentes y utilitarios, los silos son un elemento urbano perdurable: estructuras destinadas habitualmente al almacenamiento de materiales a granel. Constituyen piezas físicas clave de la industria agrícola, al albergar granos, forraje fermentado y otros alimentos. Estas formas altas y típicamente cilíndricas siguen siendo objeto de fascinación arquitectónica; ya sea como símbolos de progreso tecnológico para las figuras de la arquitectura moderna de principios del siglo XX o, en la época contemporánea, como detonantes de enfoques creativos para la reutilización adaptativa.
Conocido como casa de gobierno, palacio presidencial o bajo una variedad de otros términos, el edificio que alberga la sede de gobierno de un país suele ser arquitectónicamente muy llamativo. Con frecuencia opulento, grandioso y a veces imponente, el palacio de gobierno está diseñado para funcionar como un distintivo visual de la nación: una extensión de la identidad del Estado. En el continente africano, un territorio que en gran parte fue colonizado por naciones europeas, esta identidad de la condición de Estado, en un sentido arquitectónico, resulta compleja.
En el contexto contemporáneo, como se ha dicho en reiteradas ocasiones, parece que vivimos en lo que se clasifica como una era digital. La pandemia global incrementó la popularidad de las vías de comunicación digital —como Microsoft Teams y Zoom—, mientras que se reporta que la aplicación de mensajería multiplataforma WhatsApp cuenta con más de dos mil millones de cuentas activas. Desde una perspectiva ambiental, la migración de las empresas a la «nube» suele presentarse como un triunfo para la sustentabilidad. En términos sencillos, y por citar un ejemplo concreto, las empresas pueden prescindir de almacenar información en discos duros físicos y optar, en su lugar, por guardar sus datos en servicios de alojamiento de archivos en línea.
Sometidas a las fuerzas del capital, los movimientos migratorios y las coyunturas políticas, las ciudades de nuestro planeta evolucionan constantemente. Esta evolución continua se manifiesta en el tejido edificado de los asentamientos, a medida que profesionales de la arquitectura y la planificación urbana construyen sobre las capas preexistentes del entorno, asumiendo en ocasiones la ardua tarea de integrar con éxito los centros históricos con intervenciones y sistemas arquitectónicos contemporáneos.
Las ciudades pertenecientes a esta categoría suelen encontrarse en un conflicto interno, debiendo conciliar objetivos a menudo contradictorios: el bienestar y la permanencia de la población local frente a la captación de inversiones externas y proyectos de desarrollo nacional.
Un rasgo definitorio de la arquitectura de la costa suajili —además de sus edificios de piedra de coral y los troncos de mangle utilizados para erigir esas estructuras— es, sin duda, la puerta ornamentada que se encuentra con tanta frecuencia en esta zona costera. Con una rica decoración e históricamente cargadas de significado, estas puertas, además de cumplir con la función utilitaria de servir de acceso, eran también indicadores de estatus y riqueza. Desde la costa suajili hasta la península arábiga, estas puertas del litoral son claros testimonios de su entorno, representativos del comercio y la migración.
Casa abandonada en "Touki Bouki". Imagen cortesía de Janus Films
A la vez cautivadora, desconcertante y caótica, Touki Bouki, de Djibril Diop Mambéty, es un viaje cinematográfico estimulante. El drama de 1973 —el primer largometraje del director senegalés— es la fantástica narración de una joven pareja en Dakar, ansiosa por escapar de la capital senegalesa atraída por el encanto de París. En muchos sentidos, es una película centrada en sus personajes, principalmente en las aventuras de la pareja; sin embargo, también constituye un sutil examen visual del urbanismo de Dakar tras la independencia, donde la ciudad y su arquitectura son elementos esenciales de una trama surrealista.
El territorio suele ser una fuente de inspiración frecuente para los/las artistas, ya sea en las representaciones de paisajes estadounidenses del/de la pintor/a Robert S. Duncanson o en las subversiones de William Kentridge sobre las pinturas británicas de la época colonial que retrataban paisajes africanos. Sin embargo, hay quienes prefieren trabajar de manera directa con la tierra, creando estructuras que se asientan sobre el paisaje o esculpiendo el terreno mismo. Esta corriente artística —denominada formalmente Land Art— cobró gran relevancia en los Estados Unidos de las décadas de 1960 y 1970, en el marco del auge del movimiento ecologista, en medio de las protestas por los derechos civiles y contra la guerra, y mientras los/las artistas buscaban distanciarse del mercado del arte.
2022 nuevamente ha resultado en una cobertura diversa en ArchDaily en un año lleno de acontecimientos, desde especular sobre los materiales de construcción del futuro hasta analizar el papel narrativo que juega la arquitectura en la literatura. A continuación se encuentra una selección de artículos de este año, organizados en cuatro temas generales.
El canal de Youtube, Never Too Small, cuenta con 2,25 millones de suscriptores y se trata de una plataforma que se presenta para manipular de forma imaginativa los espacios sobre huellas diminutas. Estos videos de microapartamentos en París, Londres y demás sitios obtienen millones de visitas. Pues claramente, existe una gran demanda de contenido orientado hacia el habitar en pequeños espacios ya que una crisis global de vivienda ha precipitado la disponibilidad cada vez menor de residencias asequibles y de mayor tamaño en las áreas urbanas. Los arquitectos, que trabajan en esta realidad contemporánea restringida, se han visto obligados a aprovechar al máximo los espacios limitados, configurando áreas de menos de 40 metros cuadrados para crear una experiencia espacial que se aleje de la claustrofobia.
A medida que la población sigue migrando de las zonas rurales a las urbanas, el espacio es cada vez más escaso. Muchos asentamientos están cada vez más congestionados, escasean las viviendas adecuadas y asequibles y los sistemas de transporte se esfuerzan por intentar dar servicio a sus respectivos residentes. Pero por mucho que se hable de urbanización en relación con las personas, a veces también es necesario hablar de los animales que acompañan a esas personas: el ganado urbano, que desempeña un papel clave en la provisión de sustento a nivel individual, además de convertirse en una vía para el comercio comunal.
2022 ha sido el año de los generadores de imágenes de IA. En los últimos años, estos sistemas de aprendizaje automático se han modificado y refinado, pasando por múltiples iteraciones para encontrar su popularidad actual entre los usuarios de Internet cotidianos. Estos generadores de imágenes — DALL-E y Midjourney posiblemente los más destacados, generan imágenes a partir de una variedad de indicaciones de texto, por ejemplo, lo que permite a las personas crear representaciones conceptuales de arquitecturas del futuro, presente y pasado. Pero como existimos en un paisaje digital lleno de sesgos humanos — navegar estos generadores de imágenes requiere una reflexión cuidadosa.
En la actualidad, más del 50 % de la población mundial vive en áreas urbanas. Para 2050, esta población prácticamente se duplicará, de modo que siete de cada diez personas en el mundo vivirán en ciudades. A medida que las ciudades han seguido creciendo y expandiéndose a lo largo de la historia, también ha surgido un nuevo vocabulario, a menudo para comunicar de mejor manera la escala de la vida urbana en un contexto contemporáneo. Un ejemplo de ello es el término megalópolis, definido típicamente como una red de grandes ciudades que se han interconectado con las áreas metropolitanas circundantes mediante infraestructura o transporte. En efecto, se trata de una región percibida como un área urbana continua, dentro de la cual existe un flujo constante de comercio y migración.
Se trata de un componente esencial del proceso de diseño, donde las ideas espaciales se traducen en forma construida: el diseño del prototipo. A lo largo de la historia y en la práctica contemporánea, se han desarrollado prototipos de proyectos arquitectónicos para realizar pruebas tanto técnicas como estéticas, obteniendo así una mayor comprensión de la integridad del diseño. Representa la difusa frontera entre lo experimental y lo práctico.
Corderie 2 - Bienal de Venecia - foto de Giulio Squillacciotti. Imagen por cortesía de La Biennale di Venezia
Desde la Bienal de Arquitectura de Tbilisi hasta la Trienal de Arquitectura de Sharjah, las exposiciones de arquitectura son cada vez más frecuentes en los calendarios culturales del mundo contemporáneo. Las nuevas ediciones de las exposiciones de arquitectura se apoyan en una base propagada por las exposiciones del pasado - y estas exposiciones históricas, en gran medida, han dado forma al discurso arquitectónico que tenemos hoy. Pero como estas exposiciones nacieron en un marco occidental, las representaciones históricas africanas en el escenario arquitectónico bienal y trienal han sido a menudo reductoras, con un surtido de culturas aplanadas en una sola, y distintos estilos arquitectónicos engranados de manera incoherente.