
El entorno construido que habitamos puede ser hostil, tanto a escala arquitectónica individual como en un contexto urbano más amplio. A las personas sin hogar, por ejemplo, se las disuade de descansar en las bancas públicas mediante la presencia amenazante de picos y otras formas de diseño excluyente. Desde una perspectiva global, es evidente el impacto de las fronteras en medio de la hostilidad antiinmigrante, un hecho ejemplificado de manera imponente por la valla fronteriza de Melilla en la frontera entre Marruecos y España. Esta "hostilidad" se encuentra en una gran cantidad de asentamientos alrededor del mundo, ya sean aquellos formados como resultado de una migración orgánica o bien asentamientos basados en el control, como las ciudades de empresa.












