
A lo largo de la costa de la India, el límite entre la tierra y el mar no siempre es una línea de concreto. En algunos puntos, consiste en un bosque de raíces enredadas, canales de marea y sedimentos; un paisaje que cambia de carácter al compás del agua. Los manglares influyen en el movimiento del agua, en la evolución de las líneas de costa y en la forma en que las comunidades costeras experimentan el riesgo de inundación. Su función en la protección costera depende del ancho y el estado del bosque, del movimiento de las mareas y de la acumulación de sedimentos.
Los rompeolas y diques están diseñados para contener el agua en un límite definido. Los manglares, en cambio, operan mediante un conjunto de procesos totalmente distinto. Sus raíces, troncos y ramas ofrecen resistencia al movimiento del agua, al tiempo que el bosque interactúa con los sedimentos y los flujos de marea a lo largo del tiempo. Ambas formas de protección suelen analizarse por separado; no obstante, en las costas habitadas ocupan el mismo territorio. El desarrollo urbano se lleva a cabo detrás de los diques, las carreteras atraviesan paisajes de marea y los bosques de manglares persisten en los espacios remanentes entre la infraestructura y el agua. La distribución de estos elementos puede influir en las condiciones bajo las cuales opera la protección costera.


































