
En la periferia de la mayoría de las ciudades, más allá de las autopistas de circunvalación y los distribuidores viales, está cobrando forma un tipo de arquitectura diferente. No está diseñada para ser vista, visitada o recordada. No congrega personas; mueve objetos. En su interior, miles de paquetes viajan de manera continua: se clasifican, elevan, escanean y despachan con mínimas interrupciones. Estos edificios rara vez entran en el discurso arquitectónico; sin embargo, se encuentran entre los espacios más trascendentales de nuestro tiempo. La tipología que define al siglo XXI es, cada vez más, el almacén.
La escala de esta transformación es difícil de asimilar porque se despliega horizontalmente, a lo largo de territorios en lugar de perfiles urbanos. La superficie global de almacenamiento ahora supera las decenas de miles de millones de pies cuadrados, expandiéndose rápidamente a la par del auge del comercio electrónico. Durante la pandemia de COVID-19, la demanda de infraestructura logística se aceleró varios años, comprimiendo el crecimiento futuro en un presente que ya de por sí estaba bajo presión. En India, el sector del almacenamiento sigue creciendo a tasas de dos dígitos, reconfigurando el suelo periurbano en corredores de almacenamiento y distribución. La logística ya no es un sistema de fondo; es una condición territorial.





































