Arquitecta: Tina Hočevar. Imagen cortesía de VELUX Group
¿Qué ocurre con el espacio debajo de una cubierta? En muchas viviendas, la respuesta es sencilla: se convierte en un ático, un espacio de almacenamiento o un volumen prácticamente inutilizado entre la planta superior y el techo. Sin embargo, este mismo espacio puede transformarse en un dormitorio, una oficina en casa, una sala de juegos o un área de estar adicional si se proyectan de manera conjunta la cubierta y el espacio inmediatamente inferior.
Este potencial es clave tanto en las edificaciones existentes como en la arquitectura residencial. Convertir un ático permite sumar superficie útil sin ampliar la huella del edificio, mientras que diseñar una vivienda nueva considerando un espacio habitable bajo la cubierta la vuelve más adaptable con el paso del tiempo. Por lo tanto, la cuestión no reside únicamente en cómo rehabilitar un ático, sino en cómo reconocer el potencial arquitectónico de un espacio subutilizado generado por una cubierta inclinada.
Breidablikk Gården / Asplan Viak y revestimiento de fachada de SolarLab. Imagen cortesía de SolarLab
Los paneles solares suelen tratarse como un equipamiento añadido a un edificio. ¿Qué ocurre cuando pasan a formar parte de la propia arquitectura? Una vez integrada en la envolvente, la tecnología fotovoltaica puede generar energía y, al mismo tiempo, influir en la forma, la construcción y el comportamiento ambiental del edificio.
Las cubiertas suelen ser la ubicación más evidente para los paneles fotovoltaicos; sin embargo, otras partes del edificio pueden generar energía mientras cumplen funciones arquitectónicas adicionales. Las fachadas pueden proporcionar sombreado, las lamas pueden controlar la luz solar y las fachadas ventiladas pueden combinar la protección contra la intemperie con la generación de energía. Por lo tanto, su orientación, posición e integración en la envolvente del edificio pasan a formar parte del diseño arquitectónico en lugar de ser una decisión técnica independiente.
Laab Is More / Sifah Studio. Tailandia. Imagen cortesía de NS BlueScope
Si bien la arquitectura suele responder a un programa de usos específico —considerando superficies, contextos y diversas condiciones económicas y técnicas—, los edificios rara vez permanecen inalterados a lo largo de su vida útil. Los programas, las dinámicas espaciales y las necesidades de las personas usuarias cambian, al igual que las condiciones ambientales, económicas y tecnológicas, lo que exige intervenciones que probablemente no se previeron al inicio del proyecto. Las estructuras de acero permiten proyectar una arquitectura capaz de crecer, transformarse, desmontarse y reensamblarse. Su precisión dimensional, sus componentes industrializados y el potencial de las conexiones mecánicas hacen posible el diseño de sistemas abiertos y preparados para futuras intervenciones.
Centro de Salud y Bienestar Beijing Taikang Yanyuan. Imagen cortesía de Serge Ferrari
En el cuento de Los Tres Cerditos, la elección del material determina el destino de cada casa. El soplido del lobo derriba las estructuras de paja y madera, mientras que la casa de ladrillo permanece en pie. La moraleja es que cuanto más sólida es la construcción, mayor es su capacidad de resistencia. Sin embargo, un edificio debe responder a cuestiones mucho menos sencillas. Mantenerse en pie sigue siendo esencial, pero el calor, la luz, el aire y el sonido no son fuerzas que deban bloquearse de manera obligatoria. A veces es necesario bloquear la radiación solar directa; otras, se debe permitir el ingreso de la luz natural. Retener el calor puede ser deseable en invierno y contraproducente en verano. El aire debe circular, el sonido puede necesitar ser absorbido, y las condiciones que determinan estas respuestas cambian a lo largo del día, las estaciones y la vida útil de la propia edificación. Mayor cantidad de material no significa necesariamente un mejor rendimiento. En algunos casos, simplemente puede añadir complejidad sin mejorar la respuesta del edificio.
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Silla ergonómica inteligente HBADA X7. Imagen cortesía de HBADA
La silla de oficina ha evolucionado a la par de los cambios en los espacios de trabajo a lo largo del tiempo. En cada época de la oficina, la silla ha reflejado la forma en que las personas trabajan. Los primeros asientos de oficina se fabricaron para el trabajo administrativo: sillas fijas de madera dispuestas en hileras en grandes oficinas administrativas, donde el papeleo seguía rutinas estandarizadas. Hacia la década de 1980, las computadoras comenzaron a cambiar la manera en que las personas ocupaban un escritorio, y el mobiliario de oficina siguió esa misma tendencia. Los y las diseñadoras abordaron los asientos a través de la ergonomía y la biomecánica, perfeccionando la altura regulable, el soporte lumbar, la reclinación sincronizada y la relación entre el cuerpo y la estación de trabajo. Posteriormente, se combinó la investigación ergonómica con nuevos materiales, como la malla de suspensión transpirable en lugar del tapizado de espuma convencional.
A diferencia de los edificios, que están anclados a sus cimientos y responden al clima desde una posición fija, los yates están diseñados para el movimiento y el cambio constantes. Los interiores se balancean con la embarcación, la luz cambia minuto a minuto, la humedad es una condición de diseño permanente y cada kilogramo influye en el rendimiento. Por lo tanto, diseñar para el mar exige que los/las arquitectos/as, arquitectos/as navales, ingenieros/as y diseñadores/as de interiores resuelvan interrogantes que rara vez surgen en tierra: ¿cómo lograr que el espacio mantenga la calma cuando todo a su alrededor está en movimiento?
A pesar de encontrarse entre las formas estructurales más antiguas de la arquitectura, las cúpulas siguen ofreciendo posibilidades para crear grandes espacios sin columnas y trabajar con geometrías circulares o de forma libre, más allá de las tipologías de edificación rectangulares convencionales. Su evolución ha estado estrechamente ligada a los cambios en los materiales, los métodos constructivos y las herramientas de diseño. Hoy en día, las plataformas digitales añaden una nueva dimensión a este proceso, lo que permite explorar en etapas muy tempranas decisiones que tradicionalmente se tomaban en fases más avanzadas del proyecto.
La mampostería suele percibirse a través de su peso, profundidad, textura y sentido de permanencia. Sin embargo, estas cualidades físicas también tienen diversas implicaciones en el rendimiento de la envolvente de un edificio. Desde el espesor de la junta de mortero hasta el peso del material, cada decisión de diseño en mampostería se vincula con consideraciones de durabilidad, estabilidad y rendimiento a largo plazo, al tiempo que preserva el carácter material asociado con la solidez y la permanencia.En el proyecto Summer Street Apartments, el ladrillo delgado ofreció una manera de conservar estas cualidades y, al mismo tiempo, adaptarse a los requisitos de aislamiento y envolvente de un edificio totalmente eléctrico y de energía neta cero. De igual importancia, contribuyó a otorgarle al proyecto el carácter residencial que buscaba el equipo de arquitectura.
¿Qué puede hacer un textil que el vidrio, la madera, el concreto o el metal no puedan? Las telas compuestas para la arquitectura no reemplazan a los materiales de construcción convencionales. Al contrario, pueden complementarlos y, a menudo, añadir otra capa de rendimiento a la envolvente del edificio. Su aplicación cambia según el contexto. Una membrana compuesta puede convertirse en un sistema de sombreado exterior para un invernadero tropical, una piel interior que define la acústica y la experiencia espacial en un museo, o parte de una estrategia de fachada que mejore el desempeño ambiental de un edificio existente.
¿Qué ocurre cuando se le pide a la arquitectura crear un espacio sin límites? Los centros de convenciones, estadios, fábricas y centros logísticos parten del mismo desafío arquitectónico: generar interiores amplios y continuos que puedan albergar el movimiento, la visibilidad y la flexibilidad de uso. A mayor luz, mayores son las exigencias estructurales y, con ello, las posibilidades de la arquitectura.
La arquitectura de grandes luces no es una ambición reciente. Durante siglos, los/las arquitectos/as han buscado formas de cerrar grandes espacios públicos, desde la cúpula monumental del Panteón hasta las salas de hierro y vidrio del Palacio de Cristal de Londres. Cada avance amplió las posibilidades de la arquitectura, reemplazando muros más gruesos y sistemas estructurales más densos por métodos más ligeros y eficientes para salvar distancias. Hoy en día, el acero continúa esa evolución, haciendo posible cubrir luces que serían difíciles de lograr con sistemas estructurales convencionales, al tiempo que mantiene los grandes espacios públicos abiertos, flexibles y adaptables. La alta relación resistencia-peso del acero permite salvar mayores luces con menos columnas y sistemas estructurales más ligeros, mientras que los componentes prefabricados simplifican la construcción y reducen los trabajos en obra.
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Dornbracht Atelier Edition The Knot en colaboración con AB Concept. Imagen cortesía de Dornbracht
Los símbolos siempre han viajado a través de la arquitectura. Aparecen en la piedra tallada, los textiles tejidos, los techos y muros pintados, los herrajes de las puertas y los objetos cotidianos, portando las creencias, los rituales y las historias de las culturas que los crearon. En los interiores contemporáneos, el diseño continúa este diálogo con el lugar al reinterpretar símbolos históricos y traducirlos a través de nuevos materiales, técnicas de fabricación y formas arquitectónicas.
El nudo Ruyi es un claro ejemplo de esto. Durante siglos, este motivo entrelazado ha formado parte de la tradición del anudado chino, simbolizando la continuidad, la armonía y los buenos deseos. Su geometría de bucles suaves ha estado presente en objetos decorativos y artesanías ceremoniales, demostrando cómo las referencias culturales pueden integrarse en un vocabulario de diseño que va mucho más allá del ornamento.
Puerta de seguridad pivotante Di.Big. Imagen cortesía de Porte Blindate
¿Qué transforma un espacio habitable en un hogar? Más allá de la propiedad o el refugio, el hogar está ligado a una sensación de certeza más silenciosa: la convicción de que uno puede retirarse, descansar y alejarse momentáneamente de la imprevisibilidad del mundo. El hogar es el escenario donde se acumulan las rutinas, los recuerdos se asientan en los espacios y objetos, y la identidad personal toma forma física a través del habitar y los rituales cotidianos. Sin embargo, este sentido de pertenencia depende de otra condición que suele pasar desapercibida hasta que se ve alterada: la seguridad. Sentirse "en casa" implica una condición de confort y estabilidad. Cuando los entornos domésticos no logran ofrecer esto, los espacios diseñados para el descanso se convierten en fuentes de inquietud, afectando sutilmente las rutinas y el bienestar.
La promesa original del BIM (Building Information Modeling) iba mucho más allá de la representación tridimensional de un edificio. Su ambición consistía en convertir el modelo en una estructura de información coordinada, en la que la geometría, los componentes, los sistemas y los datos permanecieran conectados a medida que evolucionaba el proyecto. Así, los cambios en un elemento se reflejarían en los planos, secciones, alzados y tablas de cantidades correspondientes; las interferencias entre las distintas disciplinas podrían identificarse antes de la construcción; y la información asociada a los componentes del edificio acompañaría al proyecto a lo largo de las distintas etapas de su ciclo de vida.
Colección Glora de VitrA. Imagen cortesía de VitrA
¿Qué define la calidad de un baño más allá de sus funciones básicas? Al ser uno de los espacios más privados del hogar, el baño está estrechamente vinculado a los rituales cotidianos y a los momentos de pausa. Si bien las instalaciones, la circulación y los requisitos técnicos establecen la base práctica, la atmósfera surge de una combinación de decisiones espaciales: cómo el mobiliario se encuentra con el suelo o lo evita deliberadamente, cómo los materiales interactúan con la luz, cómo se integra el almacenamiento y cómo la forma y la proporción moldean la percepción.
MTM—Made to Measure diseñado por Herzog & de Meuron para UniFor, dirección creativa de Studio Klass. Imagen cortesía de UniFor
¿Qué permite que un único principio arquitectónico genere resultados tan diversos? La respuesta reside en los sistemas que organizan la arquitectura: la geometría, la proporción, la estructura y la construcción. En conjunto, estos elementos pueden establecer un conjunto de reglas capaces de albergar diferentes programas, contextos y condiciones espaciales, al tiempo que mantienen una identidad coherente. Una cuadrícula estructural, por ejemplo, puede organizar una gran variedad de usos, del mismo modo que un único detalle constructivo puede repetirse en todo un edificio sin generar espacios idénticos. ¿Puede esta misma forma de pensar trasladarse al diseño de mobiliario sin perder su identidad? MTM—Made to Measure, desarrollado por Herzog & de Meuron para UniFor, explora esta interrogante. En lugar de diseñar cada pieza de manera independiente, la colección surge de un único principio estructural que puede extenderse, adaptarse y repetirse en diferentes funciones, manteniendo siempre su coherencia interna.
Sunlight House / HEIN-TROY Architects. Imagen cortesía de VELUX
¿Puede la arquitectura moldear el confort antes de que intervengan los sistemas mecánicos? Dado que los edificios representan casi el 40% del consumo energético mundial y las personas pasan cerca del 90% de su tiempo en interiores, el desempeño térmico se ha convertido en una de las preocupaciones más urgentes de la arquitectura. Sin embargo, a pesar de que suele asociarse con los valores de aislamiento, las calificaciones energéticas o los sistemas mecánicos, el desempeño térmico comienza con decisiones espaciales que se toman mucho antes de incorporar el equipamiento técnico. La orientación, el flujo de aire, la luz natural y la ubicación de las aberturas influyen en cómo un edificio absorbe, conserva y libera calor a lo largo del día.
El desempeño térmico no solo consiste en reducir la demanda de energía, sino también en mantener condiciones interiores confortables en respuesta al clima. Estrechamente vinculado al confort térmico —la manera en que las personas que habitan los espacios experimentan la temperatura, el flujo de aire, la humedad y el calor radiante—, influye tanto en la salud, el bienestar y la productividad como en la eficiencia operativa. Diversas investigaciones sugieren que los ambientes interiores saludables pueden mejorar la capacidad de aprendizaje y la productividad hasta en un 15%, lo que refuerza la creciente relación entre el desempeño ambiental, la resiliencia y la calidad espacial.
La arquitectura siempre ha dependido de sistemas de representación para hacer visibles las ideas antes de que existan. Sin embargo, mientras que la perspectiva lineal del siglo XV de Filippo Brunelleschi organizaba el espacio de acuerdo con la percepción humana, hoy en día los/las arquitectos/as se enfrentan a una saturación de imágenes sin precedentes. La IA genera atmósferas en segundos y los proyectos circulan continuamente mucho antes de que comience la construcción. No obstante, esta abundancia de imágenes no produce necesariamente una mayor claridad; a medida que los flujos de trabajo arquitectónicos se vuelven más rápidos y fragmentados, el material visual a veces circula desvinculado de las decisiones, limitaciones e intenciones que lo generaron. El valor real de la visualización moderna ya no radica únicamente en renderizar una imagen final, sino en cómo se comprenden colectivamente el diseño y la comunicación visual a lo largo de todo el proceso.