Trabajo de documentación en Deir ez-Zor. Imagen cortesía de Deir ez-Zor Heritage Library
La histórica ciudad de Deir ez-Zor, al este de Siria, ha sufrido innumerables calamidades tras el estallido de la guerra en 2011. Luego de la destrucción provocada por los encarnizados combates entre grupos armados y el gobierno central, así como por la ocupación de ISIS, el terremoto de febrero de 2023 trajo consigo aún más devastación. Sin embargo, detrás de las noticias se esconde una ciudad antigua cuyos orígenes se remontan a los albores de la civilización a orillas del río Éufrates, con una arquitectura viva de los períodos otomano y del Mandato francés. Ganadora de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, la Deir ez-Zor Heritage Library busca revitalizar la ciudad y apoyar una reconstrucción consciente mediante la documentación y promoción de su patrimonio edificado.
Los árboles suelen ser lo primero en desaparecer cuando comienza la construcción. Despejar el terreno ha sido durante mucho tiempo uno de los actos más inmediatos de la arquitectura: eliminar lo existente para dar cabida a algo nuevo. Cuando se preserva la vegetación, por lo general se la trata como una capa secundaria, reincorporada como paisaje en lugar de estructurar el proyecto en sí mismo.
Sin embargo, algunos proyectos parten de un punto de partida distinto. En lugar de comenzar desde un terreno en blanco, trabajan con lo que ya está allí. Los árboles permanecen en su lugar, no como elementos para encuadrar, sino como condicionantes que influyen en la organización del espacio, el ingreso de la luz y la manera en que la arquitectura toma forma.
En un momento en que se exige a la arquitectura responder de manera más directa a las presiones ambientales y sociales, el pabellón de España para la Capital Mundial del Diseño Frankfurt Rhein-Main 2026 se posiciona como algo más que una instalación temporal. Si bien la materialidad ocupa el centro de su diseño, el proyecto explora cómo una infraestructura cultural reversible puede activar el espacio público sin necesidad de una edificación permanente. Los debates en torno al uso de materiales, la economía circular y la reutilización en la arquitectura están estrechamente vinculados a los contextos culturales, las condiciones ambientales y las influencias históricas que revelan cómo el tiempo moldea el entorno construido. Más allá de su construcción, el pabellón de España expresa su identidad al reinterpretar el método arquitectónico de Antoni Gaudí, creador de la Sagrada Familia y el Park Güell. Asimismo, demuestra cómo los sectores creativo e industrial de España abordan los desafíos actuales mediante soluciones constructivas innovadoras.
Lograr el confort térmico requería en el pasado una inteligencia arquitectónica mucho más deliberada y calibrada: una interacción entre orientación, volumetría, comportamiento material, potencial de ventilación, sombreado y la manera en que la luz natural y las superficies absorben y liberan calor. Esto no era una simple cuestión de gusto, sino de necesidad. Cuando se construyeron muchos de los edificios modernistas de posguerra de Hong Kong a finales de las décadas de 1960 y 1970 —los cuales constituyen una parte sustancial de la vivienda pública y del parque residencial general de la ciudad—, el aire acondicionado aún no era un servicio omnipresente ni predeterminado. El enfriamiento, allí donde existía, era limitado y se distribuía de manera desigual; el confort debía negociarse mediante recursos pasivos, a través de la sección, la profundidad de la fachada, las aberturas operables y el detalle climático. No fue sino hasta más tarde, particularmente durante las décadas de 1970 y 1980, a medida que el aire acondicionado se estandarizó en toda la región, cuando la refrigeración mecánica comenzó a desplazar esta matriz previa de toma de decisiones arquitectónicas.
¿Afectó negativamente el aire acondicionado al espacio arquitectónico, particularmente en Hong Kong y la región circundante? La afirmación más precisa es que la dependencia generalizada del aire acondicionado ha reconfigurado profundamente la estructura de incentivos del diseño de edificaciones.
En un panorama social y ambiental en constante cambio, ¿cómo puede el diseño arquitectónico responder a la transformación y, al mismo tiempo, dialogar de manera significativa con lo que perdura? 1110 Office for Architecture, con sede en Osaka (Japón), aborda esta pregunta a través de una obra definida por cuidadosas renovaciones residenciales y precisas intervenciones espaciales.
Reconocido como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio representa una voz emergente en la redefinición del papel de la arquitectura frente a las condiciones de cambio.
Antes del giro digital, la memoria de la arquitectura era en gran medida tangible. Residía en el peso de los dibujos, la pátina de las maquetas y el grosor de los libros. Preservar la arquitectura significaba conservar sus huellas: los documentos, bocetos y fotografías a través de los cuales los edificios podían recordarse mucho después de que su forma material hubiera cambiado o desaparecido. El archivo de arquitectura moderna, tal como se desarrolló en el siglo XX, era a la vez un refugio y un dispositivo de legitimación. Instituciones como el Canadian Centre for Architecture, la Casa da Arquitectura o el Deutsches Architekturmuseum se erigieron sobre la convicción de que preservar la arquitectura consistía en preservar sus documentos.
Sin embargo, estos archivos no se limitaban a almacenar conocimiento. Determinaban qué se consideraba arquitectura, quién pertenecía a su canon y de qué manera se contaría la historia. Archivar es editar el pasado: decidir qué ingresa, qué se omite y cómo se interpretará. El archivo, según las teorías de Michel Foucault y, más tarde, de Jacques Derrida, nunca es neutral; es un instrumento de poder, un espacio de selección y exclusión. En la arquitectura, estas dinámicas resultan especialmente evidentes, ya que registran lo visible al tiempo que silencian aquello que queda fuera de sus categorías. El acto de coleccionar siempre ha sido, implícitamente, un acto de juicio.
Los entornos de trabajo contemporáneos prometen colaboración; sin embargo, cada vez les resulta más difícil ofrecer espacios para la privacidad. En una era dominada por las distribuciones de planta libre, los pequeños espacios acústicos como las cabinas telefónicas y los módulos de concentración se han vuelto esenciales para mantener la productividad y la privacidad. No obstante, la paradoja de los "conflictos de reserva" combinados con "espacios subutilizados" ha convertido estas áreas en un desafío operativo. El interrogante, por lo tanto, radica en cómo los espacios de trabajo pueden equilibrar la eficiencia, la productividad y las experiencias individuales de los/las usuarios/as dentro de entornos cada vez más complejos.
Lo que la arquitectura deja en el suelo perdura más que lo que eleva en el aire. Un edificio demolido desaparece del horizonte en cuestión de días, pero sus cimientos permanecen incrustados en la tierra durante generaciones. La contaminación causada por un complejo industrial no se disipa cuando este se demuele. Los límites legales inscritos a lo largo del territorio colonial no se disuelven al terminar la administración colonial. El suelo retiene lo que la arquitectura olvida con rapidez.
Esto es lo que hace que el suelo sea un tema tan incómodo. La disciplina tiende a orientarse hacia arriba: hacia la forma, la fachada, la experiencia espacial del habitar. El suelo es donde la arquitectura comienza y, en cierto sentido, donde termina: el punto en el que el edificio se convierte en geología, el título de propiedad en reclamo territorial y la construcción en extracción. Tratar el suelo como un medio en lugar de como un simple dato implica reconocer que el acto de construir conlleva consecuencias que calan más hondo que el objeto visible sobre el nivel del terreno.
Mucho antes de convertirse en una cuestión de rendimiento, confort o eficiencia energética, la luz natural es un medio para dotar de presencia a la arquitectura. Revela la textura de un muro, la profundidad de un vano y el paso silencioso del tiempo en el espacio. En obras tan distintas como las de Tadao Ando y Alvar Aalto, la luz diurna se presenta como un material de diseño esencial: en algunos casos, orientando la mirada hacia la contemplación; en otros, haciendo que los espacios se perciban más humanos, acogedores y conectados con la vida cotidiana.
Una de las cualidades definitorias de los interiores contemporáneos es la flexibilidad. Las oficinas, los centros educativos, los hoteles y los espacios culturales necesitan ser adaptables. Requieren espacios que puedan expandirse, dividirse, abrirse y cerrarse según las diferentes actividades, sin sacrificar el confort o la acústica. Por lo tanto, la manera en que se subdivide un espacio ya no es una decisión secundaria, sino un componente central del rendimiento arquitectónico.
Escuela de Diseño y Medio Ambiente de la NUS / Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong. Imagen cortesía de Serie Architects + Multiply Architects + Surbana Jurong
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre las preguntas cruciales que definen nuestra disciplina.
Antes de que los y las estudiantes de arquitectura se conviertan en autores y autoras del espacio, se ven sometidos a uno. Durante años, trabajan dentro de un edificio que enseña sin anunciarse como docente. Este organiza su cansancio, su ambición, su visibilidad, su soledad, sus amistades, su sentido de la escala y su relación con el juicio. Mucho antes de que un/a estudiante pueda articular una postura sobre la arquitectura, la escuela ya les ha propuesto una a través de su implícito entorno construido.
Con esto no se pretende sugerir que los edificios determinen a los/las arquitectos/as. La influencia es más lenta y menos absoluta. El edificio de una escuela opera más bien como un currículo oculto: una disciplina espacial que actúa junto con el cuerpo docente, los planes de estudio, la cultura institucional y la vida estudiantil. Enseña a través del acceso y la obstrucción, las adyacencias del programa, la exposición a la luz natural y la escala. Produce hábitos de atención antes de generar creencias explícitas.
Las instituciones culturales representan un campo activo de exploración arquitectónica no construida, lo que refleja cómo los/las arquitectos/as continúan cuestionando el papel de los edificios públicos en la configuración de la vida urbana. En esta edición de Arquitectura no construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que abordan museos, centros de exposiciones y edificios diplomáticos como espacios de encuentro público. En lugar de tratar estos programas como tipologías fijas, estas propuestas los plantean como entornos espaciales en evolución a través de los cuales las ciudades se relacionan con la historia, el conocimiento y la representación.
A lo largo de geografías diversas, desde Wenzhou y Helsinki hasta Belgrado, Debrecen, la Ciudad de México y Núremberg, las propuestas exploran distintas respuestas a la arquitectura cultural contemporánea. Estas van desde la reutilización adaptativa de estructuras industriales e ideológicas hasta nuevos edificios integrados en frentes marítimos, parques y barrios residenciales. Mientras algunas enfatizan la continuidad con los contextos históricos, otras experimentan con estructuras más ligeras, estrategias ambientales o nuevas relaciones entre los programas interiores y el espacio público. En conjunto, ofrecen una instantánea de cómo se están reimaginando las instituciones culturales en diversas condiciones urbanas.
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato de ensayos argumentativos sobre las preguntas cruciales que definen nuestro campo profesional.
Casa Carbonero (1998). Melipilla, Chile. Imagen cortesía de Smiljan Radić
El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke ha desarrollado una obra que se resiste a las categorizaciones sencillas. Sus edificios a menudo parecen tanto antiguos como provisionales, portando una presencia monumental al tiempo que conservan una inesperada sensación de fragilidad. Piedra, hormigón, madera, tela y fibra de vidrio se combinan de formas imprevistas, produciendo arquitecturas que oscilan entre la permanencia y lo efímero. En lugar de buscar un lenguaje formal estable, el laureado con el Premio Pritzker 2026 aborda la arquitectura como un campo abierto de experimentación, donde el comportamiento material y la percepción estructural se ponen a prueba constantemente.
La arquitectura siempre ha dependido de sistemas de representación para hacer visibles las ideas antes de que existan. Sin embargo, mientras que la perspectiva lineal del siglo XV de Filippo Brunelleschi organizaba el espacio de acuerdo con la percepción humana, hoy en día los/las arquitectos/as se enfrentan a una saturación de imágenes sin precedentes. La IA genera atmósferas en segundos y los proyectos circulan continuamente mucho antes de que comience la construcción. No obstante, esta abundancia de imágenes no produce necesariamente una mayor claridad; a medida que los flujos de trabajo arquitectónicos se vuelven más rápidos y fragmentados, el material visual a veces circula desvinculado de las decisiones, limitaciones e intenciones que lo generaron. El valor real de la visualización moderna ya no radica únicamente en renderizar una imagen final, sino en cómo se comprenden colectivamente el diseño y la comunicación visual a lo largo de todo el proceso.
En el competitivo panorama del diseño actual, el Modelado de Información de Construcción (BIM, por sus siglas en inglés) ya no es solo una tendencia: se ha convertido en un requisito básico. Sin embargo, muchos despachos aún tienen dificultades para equilibrar la complejidad y el esfuerzo invertidos con el valor real que reciben a cambio. Pero ¿y si fuera posible aprovechar los beneficios del BIM sin añadir una carga de trabajo innecesaria? Explorar un enfoque *lean* (eficiente) del BIM —centrado en la eficiencia, la claridad y los resultados reales del proyecto— puede ayudar a los equipos de arquitectura a optimizar sus flujos de trabajo de diseño, fortalecer la colaboración y mantener el control creativo desde el concepto hasta la entrega.
Ganador del Primer Premio: Living on Groundwater. Imagen cortesía de Buildner
En colaboración con el fabricante de materiales de construcción Kingspan, Buildner ha lanzado MICROHOME 2026, la undécima edición de su concurso anual, que ofrece una bolsa de premios de €100,000. Esta convocatoria global invita a arquitectos/as, diseñadores/as y mentes creativas a redefinir el concepto de las microviviendas y a desarrollar soluciones sostenibles y de vanguardia para el hábitat compacto.
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso, Last Nuclear Bomb Memorial No.6. Este certamen se celebra anualmente para apoyar la prohibición universal de las armas nucleares. En 2017, al cumplirse el 75.º aniversario de los bombardeos de 1945 sobre Nagasaki e Hiroshima —que se cobraron la vida de más de 100,000 personas—, las Naciones Unidas adoptaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.
Surgida en ciudades portuarias y barrios de clase trabajadora a lo largo del siglo XIX, la casa shotgun se convirtió en una respuesta duradera a la densidad, el clima y los lotes urbanos acotados, consolidándose como una de las formas domésticas que definieron el sur de los Estados Unidos. Su huella estrecha, su planta secuencial y sus pórticos profundamente sombreados generaron una lógica espacial económica y de gran sensibilidad ambiental mucho antes de que ambos términos se volvieran centrales en el discurso arquitectónico. Desde Nueva Orleans y Mobile hasta Houston y Louisville, las casas shotgun conformaron el tejido físico de barrios moldeados por la migración, el trabajo, la comunidad y la vida cultural. Aunque a menudo se las descartó como construcciones vernáculas ordinarias, esta tipología de vivienda ha encarnado durante mucho tiempo ideas sofisticadas sobre la adaptación al clima, la proximidad social y el crecimiento urbano incremental, convirtiéndose en una de las formas domésticas más influyentes en la historia de la ciudad estadounidense.
Serie Coya de Dornbracht, diseñada por Sieger Design. Imagen cortesía de Dornbracht
¿Cuándo una forma sigue considerándose circular o rectangular? En el modernismo del siglo XX, esta pregunta estaba prácticamente ausente. La arquitectura se construía sobre la base de la claridad, la reducción y la pureza formal. Bajo la influencia de figuras de la arquitectura como Le Corbusier y Ludwig Mies van der Rohe, el diseño modernista estableció un orden visual basado en la geometría racional, los materiales industriales y el rechazo al ornamento. El círculo y el cuadrado, la función y la expresión, se mantenían estrictamente separados: una lógica que dictó las distribuciones rígidas y modulares de los baños tradicionales durante décadas.
El tercer episodio del podcast Room For Dreams enfrenta uno de los dilemas más urgentes de la planificación urbana moderna: cómo infundir nueva vida a las estructuras antiguas sin borrar su historia. Grabada en vivo en la Milan Design Week 2026 en colaboración con INDX|GLOBAL, esta dinámica sesión reúne a un panel de profesionales de la arquitectura —Kiran Gala, Vivek Gupta y Carl Bhesania— para analizar las complejas realidades del reciclaje adaptativo.
WORKac es una firma con sede en Nueva York fundada en 2003 por Amale Andraos y Dan Wood. La oficina siempre ha creído en "el poder de la arquitectura y el diseño para comprometerse con las preocupaciones ambientales y sociales, y para crear nuevas posibilidades para el futuro". En ese sentido, la dirección de la oficina define su enfoque de la arquitectura como una evolución constante. Para su equipo, se trata de un proceso continuo de aprendizaje, cuestionamiento y reaprendizaje, alimentado por el compromiso de la práctica con la cultura, el clima y la historia locales, así como por el discurso en los campos de la ecología, el paisaje y el urbanismo. De este modo, logran integrar estos temas con un enfoque en proyectos públicos, culturales y cívicos que buscan reinventar la manera en que las personas viven, trabajan y experimentan el mundo.
Tanto en entornos urbanos como rurales, estas injusticias quedan inscritas en el tejido físico de los lugares, revelando diferencias extremas en las condiciones ambientales entre distintos barrios y distritos. Por ejemplo, los vecindarios densos con escasa cobertura arbórea absorben y retienen el calor, lo que expone a sus habitantes a tasas más altas de enfermedades relacionadas con las altas temperaturas. Las autopistas, los corredores industriales, los puertos y los vertederos se concentran cerca de comunidades de bajos ingresos y de minorías étnicas, condicionando su salud, la calidad del aire y del suelo, y su seguridad a largo plazo.