A medida que la arquitectura navega por un mundo en rápida transformación, marcado por la urgencia ecológica, la transformación social y la aceleración tecnológica, la noción de inteligencia se está redefiniendo. Lejos de limitarse a la cognición individual o a la computación artificial, la inteligencia hoy puede emerger de la memoria cultural, las prácticas colectivas y los sistemas adaptativos. En este sentido más amplio, la arquitectura se convierte en un campo de convergencia donde las inteligencias natural, artificial y social se cruzan para ofrecer nuevas formas de diseñar y construir.
Las tradiciones vernáculas incorporan generaciones de conocimiento ambiental, a menudo transmitido a través de materiales, técnicas constructivas y lógicas espaciales finamente adaptadas a las condiciones locales; por su parte, las plataformas participativas amplían la toma de decisiones a comunidades más amplias para que formen parte de la configuración de sus entornos, redistribuyendo la agencia en el proceso de diseño; y, finalmente, los procesos computacionales simulan y responden a datos complejos en tiempo real, aportando la capacidad de analizar, simular y reaccionar ante variables complejas —ya sean ambientales, sociales o conductuales—, lo que ofrece nuevas formas de adaptabilidad.
Las cubiertas metálicas tienen una larga historia que se remonta a las civilizaciones antiguas, con ejemplos tempranos en la arquitectura romana y bizantina, donde se utilizaban láminas de cobre y plomo por su durabilidad y resistencia a la intemperie. Durante el siglo XIX, los avances en la fabricación industrial propiciaron la adopción generalizada de las cubiertas de hierro corrugado y acero, que se popularizaron gracias a su resistencia, accesibilidad y facilidad de instalación. En la actualidad, los sistemas modernos de cubiertas metálicas emplean materiales como el aluminio, el acero galvanizado y el zinc, ofreciendo un rendimiento superior frente a condiciones climáticas extremas, resistencia al fuego y eficiencia energética. Estas superficies pueden diseñarse en diversos perfiles, como junta alzada (standing seam), ondulado y tejas metálicas, lo que permite flexibilidad estética e integridad estructural. Asimismo, los revestimientos reflectantes y las opciones de aislamiento contribuyen al ahorro de energía, convirtiendo a las cubiertas metálicas en una opción preferencial para soluciones constructivas sostenibles y duraderas.
Interior de la Iglesia conventual de San Francisco de Asís, Salvador. Foto: Rodrigo Baeta
Lo ocurrido en la iglesia conventual de San Francisco de Asís en Salvador es un triste capítulo más de un proceso que aqueja al patrimonio cultural brasileño, intensificado en los últimos años con los incendios del Museo Nacional en Río de Janeiro, de la Cinemateca y del Museo de la Lengua Portuguesa en São Paulo. En este sentido, durante los últimos días se ha debatido intensamente sobre quién tendría la "culpa" de lo sucedido en Salvador, o quién tendría la "responsabilidad" de evitar este desastre, que además cobró la vida de una joven turista: si la administración de la iglesia, el IPHAN (Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional), los organismos locales de cultura y patrimonio, etc. Este tema es ciertamente complejo e importante de discutir, y exige investigaciones minuciosas sobre las causas del siniestro. Sin embargo, el debate debe ser más amplio, con el propósito fundamental de reflexionar sobre cómo podemos evitar que ocurran eventos semejantes: mayor inversión, una mayor valoración del patrimonio artístico y arquitectónico, protocolos de seguridad más rígidos y eficaces, conservación preventiva y educación patrimonial. En los días posteriores al incidente en Salvador, numerosos edificios del período colonial fueron clausurados en diversos puntos del país bajo el argumento de que también corrían riesgo de derrumbe. Nuestro patrimonio exige atención, en muchos casos de carácter urgente.
El camino de Agustina Iñiguez en la arquitectura se originó en un profundo aprecio por el arte, el dibujo y los oficios, intereses que naturalmente derivaron en una formación académica formal a partir de los 18 años. Radicada en Buenos Aires, Agustina equilibra su práctica profesional de la arquitectura con un rol activo en la academia, desempeñándose como ayudante de cátedra en la Universidad de Buenos Aires y como profesora asistente en la Universidad Torcuato Di Tella. Desde que se integró al equipo editorial de ArchDaily en 2021, ha aportado un enfoque reflexivo e interdisciplinario a la curaduría de contenidos, tendiendo puentes entre la teoría, la práctica y el compromiso social.
Su enfoque editorial se centra en explorar proyectos y temáticas arquitectónicas que consideran minuciosamente los materiales, las técnicas constructivas y la integración con el sitio, manteniendo un énfasis constante en la mejora de la calidad de vida a través del diseño. A Agustina le interesan de manera particular la reutilización adaptativa, la renaturalización urbana y las estrategias de diseño inclusivo que responden a las necesidades de diversas comunidades. Aboga por la colaboración interdisciplinaria y promueve obras que vinculan con sensibilidad la innovación arquitectónica con sus contextos ambientales y culturales.
La práctica de combinar materiales para lograr un mejor rendimiento ha acompañado a la humanidad desde las primeras construcciones. Uno de los primeros ejemplos conocidos surgió hace más de cinco mil años, cuando las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto mezclaban lodo y paja para moldear ladrillos de adobe secados al sol. Ligera y fibrosa, la paja evitaba el agrietamiento y aumentaba la resistencia, mientras que el lodo actuaba como aglutinante y protección. Esta invención simple pero ingeniosa puede considerarse el primer material compuesto de la historia, lo que ilustra la intuición ancestral de que distintos materiales, al combinarse, pueden convertirse en algo más fuerte y mejor.
A medida que las ciudades crecen y el suelo disponible es cada vez más limitado, la arquitectura en altura adquiere un papel fundamental para abordar la densidad urbana, al tiempo que define nuevas formas de vivir y trabajar. Los edificios altos están evolucionando más allá de sus funciones tradicionales para integrar estrategias ambientales, fomentar la participación pública y contribuir al tejido urbano. El diseño arquitectónico actual explora nuevos materiales, tecnologías de eficiencia energética y configuraciones espaciales que aumentan la adaptabilidad de las torres a su entorno. Algunos proyectos incorporan espacios verdes y servicios compartidos para estrechar el vínculo entre el entorno construido y quienes lo habitan, en tanto que otros introducen técnicas de construcción innovadoras que optimizan la sustentabilidad y la eficiencia.
Entre esta selección de proyectos enviados por la comunidad de ArchDaily, *The Residences at 1428 Brickell*, diseñado por Arquitectonica en Miami (Estados Unidos), presenta una fachada con paneles solares que contribuye a abastecer las necesidades energéticas del edificio. Por su parte, en Dubái (EAU), *AVA* de SOMA plantea una transición desde la escala urbana hacia un entorno más contenido y definido por el agua, con un fuerte enfoque en el estilo de vida de lujo. Asimismo, en Bangkok (Tailandia), HAS Design and Research propone la *Bangkok Civic Center Tower* como una nueva tipología de espacio público que combina paisajes verdes con superficies espejadas para conectar la urbe con la naturaleza. Estos proyectos reflejan distintos enfoques de la arquitectura vertical y ponen de manifiesto cómo los equipos de diseño responden a los desafíos y oportunidades que presentan los entornos urbanos densos.
No se puede negar que, a primera vista, la noticia de un Louvre en Abu Dabi o de un Centre Pompidou en el Brasil causa cierta extrañeza. La imagen de estos museos, mundialmente reconocidos, parece —de algún modo— indisoluble de sus contextos originales. Y, en parte, realmente lo es. El Louvre, arraigado en la historia de Francia como antigua fortaleza y posterior residencia real, representa un conjunto de valores patrimoniales inestimables, realzados aún más por la emblemática intervención piramidal de I. M. Pei, en 1989. El Pompidou, por su parte, es recordado como un punto de inflexión histórico: al redefinir el concepto de equipamiento público por medio de una arquitectura sumamente disruptiva, logró que, por primera vez, la cultura atrajera a multitudes.
A través de un equilibrio entre el talento emergente y las marcas consolidadas, la edición de este año de la Feria Internacional del Mueble Contemporáneo fomentó conexiones significativas, dinamismo comercial y un diálogo crítico en toda la comunidad global del diseño.
En su regreso al Javits Center este mes de mayo, la edición 2025 de la Feria Internacional del Mueble Contemporáneo (ICFF) reunió a más de 400 marcas de diseño de 35 países, consolidando su papel como punto de encuentro central para el diseño contemporáneo en América del Norte. Con una oferta que abarcó los sectores residencial, comercial y de hotelería, la feria atrajo a más de 13,000 asistentes y mantuvo un sólido nivel de participación en todos los ámbitos —a pesar de la persistente volatilidad del mercado y las presiones arancelarias—.
El Castillo de Edimburgo en la capital de Escocia. Imagen de 瑞丽江的河水, vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Edimburgo, la capital de Escocia, ha sido reconocida desde hace tiempo por su rica historia cultural y su intrincado tejido urbano. La ciudad cobra vida en sus museos, sus viviendas colectivas tradicionales y los comercios que albergan sus edificios georgianos. En 2022, la revista Time Out clasificó a Edimburgo como la mejor ciudad del mundo, destacando su eficiencia en la cohesión comunitaria y en sistemas urbanos como el transporte público. No obstante, a medida que los efectos del cambio climático se hacen cada vez más visibles a escala urbana, la ciudad se enfrenta inevitablemente a un dilema urgente: cómo mantener esta calidad de vida bajo condiciones cada vez más complejas.
El camino hacia este equilibrio se articula a través de varias estrategias interconectadas, tales como la rehabilitación energética, la reutilización adaptativa, el diseño circular y la colaboración comunitaria; cada una de ellas contribuye a la evolución de la visión de Edimburgo hacia un futuro urbano sostenible.
El surf es, sin duda, uno de los deportes más fascinantes y visualmente atractivos. Una coreografía fluida que combina fuerza y delicadeza, como una danza sobre las olas, reúne a entusiastas en todos los océanos del mundo. Sin embargo, detrás de esta imagen de libertad y conexión con la naturaleza, el deporte también alberga contradicciones. Por un lado, es un símbolo de la vida al aire libre y del respeto por el océano; por el otro, está marcado por disputas territoriales por las olas y por una huella ambiental que rara vez recibe la misma atención que su estética. En tiempos de crisis climática, esta paradoja resulta aún más evidente. El surf depende directamente de la salud de los ecosistemas marinos, precisamente los más afectados por la contaminación y el calentamiento global. Esta tensión ha impulsado a una nueva generación de shapers, así como de profesionales de la arquitectura y del diseño de materiales, a buscar alternativas —desde espumas de origen vegetal y recicladas hasta la reutilización de residuos industriales— para volver a conectar este deporte con su dimensión ecológica.
Cada detalle en la construcción de un entorno tiene un impacto significativo. La distribución, la composición, el mobiliario, la gama cromática y los materiales se conjugan para crear una experiencia cohesiva e inmersiva en la percepción del espacio. En el diseño de baños, esta integración va más allá de la estética, buscando asegurar que cada elección —desde la materialidad hasta la forma del mobiliario— contribuya a crear espacios funcional y económicamente viables, con una estética que no dependa de la exclusividad. Al centrarse en la rentabilidad y en soluciones bien resueltas, profesionales de la arquitectura y el diseño pueden dar forma a diversos entornos sin sacrificar la calidad ni la coherencia visual. En este sentido, un enfoque democrático del diseño se convierte en una herramienta para crear ambientes donde la calidad, la funcionalidad y la accesibilidad económica son principios fundamentales.
https://www.archdaily.cl/es/1141629/habitar-de-proxima-generacion-diseno-de-banos-personalizable-y-de-alta-calidad-a-tu-alcanceEnrique Tovar
En toda Asia, los andamios de bambú han simbolizado la intersección entre el conocimiento tradicional y la construcción moderna. El perfil urbano de Hong Kong está definido por intrincados andamios de bambú; sin embargo, este oficio ancestral está desapareciendo progresivamente de la región. Por su parte, las ciudades indias siguen utilizando andamios de bambú en obras de construcción por todo el subcontinente, revelando una paradoja distinta.
Phyllis Lambert ha sido una figura clave en la preservación del patrimonio cultural de Canadá. Como arquitecta y defensora de la conservación patrimonial, Lambert ha dejado una huella indeleble en Montreal y en otras ciudades del mundo. Sus contribuciones a la escena arquitectónica de Montreal no pueden evaluarse únicamente en términos de edificios individuales, sino más bien desde la perspectiva de la ciudad en su conjunto. No solo cofundó el Centro Canadiense de Arquitectura (CCA), sino que también contribuyó a transformar la manera en que ciudades como Montreal conciben el patrimonio y la importancia de la participación comunitaria en la planificación urbana.
A menudo admirado por su simplicidad y su capacidad para comunicar con claridad a través de garabatos en una servilleta manchada de espresso martini, el boceto en servilleta es quizás una de las formas de liderazgo creativo más reconocidas en la industria. No solo es icónico, sino que este tipo de boceto iterativo en etapa temprana ayuda a definir el rumbo del proyecto de manera rápida, sencilla y efectiva. Sin embargo, el trabajo posterior para traducir ese boceto en un diseño (y, en última instancia, ganar el proyecto) a menudo priva a las firmas de una fase de diseño inicial que sea rentable.
La trayectoria del vidrio en la arquitectura refleja la evolución tecnológica de la humanidad. Durante siglos, fue un material frágil y opaco, confinado a pequeñas aberturas en templos o residencias aristocráticas, limitado en tamaño, con una transparencia irregular y un papel predominantemente secundario. A partir de la Revolución Industrial y gracias a los avances en los procesos de fabricación, esta condición cambió drásticamente. De los vitrales artesanales e imperfectos del pasado, hoy disponemos de una amplia gama de aplicaciones arquitectónicas: desde fachadas de rascacielos completamente acristaladas hasta puentes peatonales translúcidos, cubiertas ligeras, divisiones inteligentes y elementos móviles. Uno de los usos más sorprendentes —en algún momento considerado inviable— es la interacción directa del vidrio con grandes volúmenes de agua. Hoy en día, vemos piscinas con paredes o pisos transparentes que sobresalen de los edificios, flotan sobre las calles o se fusionan visualmente con su entorno, creando experiencias sensoriales impactantes. Se trata de una hazaña notable, sobre todo si se considera que, durante mucho tiempo, el vidrio fue catalogado como un material demasiado frágil para entornos sumergidos.
El tiempo se agota para que los/las arquitectos/as, planificadores/as urbanos/as e ingenieros/as presenten sus proyectos más innovadores a los Holcim Foundation Awards. Con el cierre de inscripciones fijado para el 11 de febrero de 2025 a las 14:00 h UTC, esta es la última oportunidad para obtener reconocimiento internacional y competir por una parte de la bolsa de premios de 1 millón de dólares. La ceremonia de premiación se llevará a cabo en el Venice Forum el 20 de noviembre de 2025, y las personas ganadoras serán invitadas a asistir.
La historia de los Juegos Olímpicos, aunque marcada por los logros deportivos, contrasta constantemente con los desafíos de infraestructura. En las distintas ciudades sede, desde Atenas hasta Río y Pekín, surgen problemáticas similares: importantes sobrecostos y el complejo tema del legado. La gran pregunta es: ¿cuál es el mejor uso viable a largo plazo para las instalaciones deportivas construidas con un fin específico? Los Juegos de Montreal 1976 compartieron este destino tras la construcción de un Parque Olímpico que enfrentó duras críticas por sobrecostos y deudas derivadas de obras especializadas. Después de los Juegos, recintos como el Velódromo de Montreal corrían el riesgo de convertirse en una carga financiera. Sin embargo, la ciudad demostró una respuesta proactiva al proponer la transformación del edificio en un activo cívico próspero, que hoy se erige como un ejemplo internacionalmente reconocido de reconversión exitosa de recintos olímpicos.
En toda Europa y más allá, los/las arquitectos/as se enfrentan a un punto de inflexión. A medida que las crecientes metas de reducción de emisiones chocan con el desabasto de materiales y la urgencia cada vez mayor de los compromisos climáticos, el entorno construido se ve obligado a reflexionar profundamente sobre cómo consume, circula y desecha sus recursos. Lo que alguna vez se consideró residuo se revela hoy como un archivo arquitectónico latente, un ecosistema urbano de materiales a la espera de ser recuperados, revalorizados o reimaginados. En medio de esta transición, los/las arquitectos/as comienzan a desempeñar un papel radicalmente distinto: no solo como diseñadores/as de edificios, sino también como orquestadores/as de los flujos que los sustentan.
Esta mentalidad emergente está transformando los cimientos de la práctica profesional. En lugar de depender de cadenas de suministro largas y extractivas, los equipos de diseño están empezando a construir sus propias redes de circuito cerrado: establecen bancos de materiales, negocian protocolos de deconstrucción y participan en nuevas formas de minería urbana.
En una época de colapso ecológico y creciente inseguridad alimentaria, la arquitectura se ve cada vez más llamada a comprometerse no solo con los paisajes, sino también con los sistemas que los sostienen y regeneran. Entre estos sistemas, la agricultura ocupa un papel paradójico, al ser tanto uno de los principales factores de la degradación ambiental como un agente potencial de recuperación ecológica. La agricultura industrial ha agotado los suelos, fragmentado los hábitats y acelerado el cambio climático a través de los monocultivos, la dependencia de los combustibles fósiles y la estandarización territorial. Como respuesta, la agroecología ha surgido como una práctica alternativa arraigada en la biodiversidad, los saberes locales y los ritmos cíclicos de la naturaleza. Esta disciplina redefine la agricultura no como una actividad extractiva, sino como la regeneración de los ecosistemas, las comunidades y el suelo mismo.
Esta nueva perspectiva abre un espacio para que la arquitectura realice una contribución significativa. Alinearse con la agroecología no significa únicamente apoyar la producción de alimentos, sino también comprometerse con las condiciones culturales, espaciales y ecológicas más amplias que la sostienen. Esto implica diseñar considerando las variaciones estacionales, fomentar el uso compartido y construir de manera que se respete tanto a la tierra como a quienes la trabajan. Así, la arquitectura va más allá del simple cerramiento: se convierte en un mediador del cultivo, la reciprocidad y la coexistencia.
Este artículo presenta nuestra nueva sección de Opinión, un formato para ensayos argumentativos sobre las cuestiones críticas que dan forma a nuestra disciplina.
La reutilización adaptativa se ha convertido en un término de moda en la industria de la arquitectura. Presentada como una solución sostenible y económica al deterioro urbano, esta práctica ha sido adoptada por ciudades que enfrentan las presiones del cambio climático, las limitaciones inmobiliarias y la preservación cultural. Se contrata cada vez más a los/las arquitectos/as para rehabilitar lo antiguo en lugar de construir de nuevo. Dentro de este discurso, crece la inquietud sobre quién tiene la posibilidad de reutilizar y cómo.
La arquitectura va más allá de su función fundamental de definir espacios y brindar protección; modela la experiencia de las personas, influyendo en las sensaciones de confort, amplitud y bienestar. Entre los múltiples de elementos que componen un edificio, las aberturas juegan un papel crucial al conectar el interior con el exterior, equilibrar la privacidad y la transparencia, y permitir el ingreso de ventilación y luz natural. En particular, la luz natural transforma los ambientes, define atmósferas y realza los detalles arquitectónicos, haciendo que los espacios resulten más dinámicos y acogedores.
Los museos y centros culturales ocupan un lugar único en la sociedad como espacios para el aprendizaje, el encuentro comunitario y la conexión. Funcionan como plataformas para preservar la historia y acercar al público a nuevas ideas y perspectivas. La arquitectura juega un papel fundamental en la configuración de estas experiencias, al proporcionar el marco físico y emocional que potencia la interacción de las personas con el arte, la cultura y entre sí. Desde estructuras monumentales hasta diseños más íntimos, estos edificios culturales tienen el potencial de reflejar las identidades locales, defender la sustentabilidad e inspirar a los y las visitantes, al tiempo que crean hitos culturales duraderos.
De Los Ángeles a Turku y Vinh Long, esta selección de propuestas conceptuales de museos y centros culturales enviadas por la comunidad de ArchDaily destaca la diversidad y la creatividad de los proyectos no construidos. Cada mes, el equipo editorial de ArchDaily selecciona una colección de proyectos conceptuales centrados en un tema o programa específico, presentados por profesionales de la arquitectura de todo el mundo. En esta selección, las propuestas abarcan desde la ampliación de un museo para niños y niñas en los Estados Unidos hasta un museo agrícola sustentable en Vietnam; todas ellas muestran cómo la arquitectura puede responder a contextos locales específicos al tiempo que fomenta temas universales de educación, juego y descubrimiento. Ya sea celebrando el patrimonio arqueológico en Chipre o reimaginando los espacios públicos en Finlandia, estos proyectos exploran cómo los museos pueden funcionar como centros culturales que involucran y potencian a sus comunidades.