
A partir del siglo XIX, con la Revolución Industrial y la emergencia de los nuevos tiempos de la máquina, el crecimiento demográfico y las demandas cada vez más apremiantes por el espacio urbano en Europa propiciaron las primeras reflexiones sobre la ciudad y, más aún, iniciaron el processo de estructuración disciplinar del urbanismo como teoría y práctica inherentes al nuevo momento histórico que se consolidaba, y que tendría como resultado, en relación con las ciudades, un sello distintivo del siglo XX. Dentro de esta lógica disciplinar que se configuraba a partir de una demanda social —o, a menudo, de una demanda política vinculada a pretensiones militaristas de orden y control urbano—, el siglo XX fue el escenario de todo el desarrollo de esta sociedad industrial que tenía a la ciudad como su horizonte.































