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Arquitectos: ViGa Arquitectos
- Área: 460 m²
- Año: 2025
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Proveedores: Cristales, Estructura Concreto, Grupo Joben, Madera general


La arquitectura en América Latina este mes refleja un énfasis creciente en la adaptación, ya sea respondiendo a riesgos ambientales, repensando las instituciones culturales o extendiendo la vida útil de los edificios existentes. Los desarrollos recientes revelan una conversación regional definida por la resiliencia, el patrimonio y el espacio público, donde la arquitectura se entiende cada vez más como parte de sistemas urbanos, sociales y ambientales más amplios. Desde las consecuencias de los grandes terremotos en Venezuela hasta el debate en torno al futuro Museo Nacional de Ecuador, las historias del mes destacan cómo el diseño se entrelaza con cuestiones de identidad, vida cívica y sostenibilidad a largo plazo.

El escultor mexicano Pedro Reyes ha desarrollado una práctica multidisciplinaria que abarca la escultura, la arquitectura, el compromiso social y el activismo. Formado como arquitecto, Reyes aborda la escultura tanto como un proceso material como colectivo, combinando el tallado en piedra tradicional con proyectos participativos que abordan problemáticas sociales contemporáneas. Su obra explora con frecuencia la transformación, ya sea a través de materiales físicos o de la acción comunitaria, posicionando a la escultura como una herramienta para reimaginar las realidades sociales. En una entrevista de 2025 con Louisiana Channel, Reyes analiza la influencia de la arquitectura en su práctica artística, el concepto de "escultura social" y la importancia de preservar las tradiciones artesanales en un mundo cada vez más automatizado.

Con sede en la Ciudad de México, Estudio Ome, fundado por Susana Rojas Saviñón y Hortense Blanchard, es una práctica de arquitectura y paisaje que trabaja en bosques, terrenos volcánicos, fragmentos urbanos y antiguos sitios industriales. Ganador de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, el estudio desarrolla proyectos a través de la observación constante de las condiciones ecológicas y territoriales, donde las decisiones de diseño surgen directamente del comportamiento del suelo, el agua, la vegetación y la tierra.
Cada proyecto comienza con encuentros repetidos. El primer acercamiento al terreno se realiza a través del caminar y la observación prolongada, permitiendo que los patrones de drenaje, la erosión y los cambios estacionales se vuelvan legibles antes de que ocurra cualquier medición formal. Estas visitas constituyen la base para interpretar tanto las capas visibles como las subterráneas: la hidrología y las transformaciones históricas que continúan ejerciendo fuerza sobre la superficie.


En muchas ciudades latinoamericanas, los barrios periféricos han tenido históricamente un menor acceso a los recursos que hacen que la vida urbana sea algo más que la mera habitabilidad. La vivienda, el transporte y los servicios públicos suelen ser los indicadores habituales de esa brecha. Sin embargo, existe otra disparidad más difícil de cuantificar: la ausencia de espacios donde las personas puedan reunirse, aprender, descansar y participar en la vida colectiva. Ante la inexistencia de dichos espacios, la ciudad no solo falla en la prestación de un servicio, sino que también omite el reconocimiento de una presencia.
En las últimas décadas, un número creciente de proyectos ha intentado abordar directamente esa carencia. En lugar de centrarse únicamente en la infraestructura física, estas iniciativas apuestan por espacios diseñados para fomentar la educación, la cultura, la recreación y la vida comunitaria, integrando a menudo varias de estas funciones en un solo edificio dentro de vecindarios donde, de otro modo, este tipo de espacios serían limitados.

La vivienda moderna fue uno de los ámbitos donde el movimiento moderno planteó su promesa más audaz: que la arquitectura podía transformar no solo la ciudad, sino también la forma en que la gente vivía en ella. Como ha señalado el historiador de la arquitectura argentino Ramón Gutiérrez, la vivienda popular es "la gran asignatura pendiente, que habitualmente no figura en las historias de la arquitectura". En América Latina, esta ausencia es significativa. A lo largo del siglo XX, la expansión de las ciudades convirtió a la vivienda en una de las formas más claras de proyectar el cambio urbano, y el modernismo se introdujo no solo en planos y dibujos, sino también en departamentos, barrios, calles y rutinas domésticas.
Sin embargo, una vez construidos, estos proyectos se insertaron en ciudades configuradas por la política, la memoria, la desigualdad y dinámicas de ocupación en constante evolución. Sus significados ya no dependían únicamente del plano original, sino de las formas en que fueron habitados, alterados y transformados con el paso del tiempo. Lo que esta historia revela no es una simple adaptación, sino una fricción: ese momento en que la arquitectura deja de ser un modelo ideal y se enfrenta a una ciudad que no puede controlar por completo.

Cuando la Ciudad de México albergó los Juegos Olímpicos en 1968, marcó la primera vez que la justa deportiva se otorgaba a un país latinoamericano, así como la primera ocasión en que una nación de habla hispana fungía como anfitriona. Este acontecimiento representó una oportunidad inmejorable para proyectar a México y su cultura en el escenario internacional, lo que impulsó al gobierno a conformar un comité organizador integrado por destacados talentos locales. Al frente de este comité se designó como presidente a Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto mexicano que ejercía una gran influencia en el programa de obras públicas estatales de mediados de siglo. Su enfoque era explícito: concebía la arquitectura como una síntesis de las técnicas del modernismo internacional con referentes precolombinos y la cultura material de la región. Bajo su dirección, el comité supervisó la construcción y adecuación de sedes distribuidas en el sur de la Ciudad de México, diseñadas y edificadas en su gran mayoría por profesionales locales de la arquitectura, la ingeniería y el sector técnico.





