
Con la inauguración en 2011 de la exposición “Postmodernism: Style and Subversion, 1970-1990” en el Victoria and Albert Museum de Londres, se preveía un resurgimiento del posmodernismo a principios del siglo XXI. Sin embargo, tras múltiples debates recientes sobre un “renacimiento posmoderno”, hoy podemos afirmar con certeza que el término “posmodernismo” ha regresado por completo y seguirá vigente en el escenario contemporáneo. Si bien es evidente que la palabra se ha vuelto a poner de moda, es posible que al utilizarla no tengamos del todo claro su verdadero significado. En efecto, el término se ha empleado de manera tan indiscriminada que parece denotar casi cualquier cosa: los/las arquitectos/as lo usan para describir diseños en boga o de una estética “atractiva”; ciertos/as críticos/as lo emplean para clasificar todo aquello que sea colorido; mientras que algunos/as teóricos/as recurren a sus conceptos para sostener que la arquitectura ha sido sometida por la tecnología y el formalismo, reducida a una mera caricatura de la moralidad colectiva.
Más allá de si estamos de acuerdo o no con estas posturas, todavía queda un asunto pendiente de discusión: ¿qué significa realmente “posmodernismo”? Y lo que es aún más urgente: ¿qué puede representar este término hoy en día? Después de todo, si vamos a seguir utilizando uno de los conceptos más tergiversados y polémicos de la disciplina arquitectónica, al menos deberíamos debatir su verdadero sentido antes de adoptarlo.



























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