
Los ruidos fuertes, el zumbido continuo de los equipos, los cambios abruptos de luz o los reflejos intensos suelen pasar desapercibidos para la mayoría. Para las personas neurodivergentes, sin embargo, estos estímulos pueden provocar un malestar significativo o incluso reacciones físicas y cognitivas intensas. El término "neurodivergente" se refiere a personas cuyo funcionamiento neurológico difiere de lo que se considera típico, lo que abarca condiciones como el autismo, el TDAH y la dislexia, ya que su cerebro procesa la información de manera distinta, particularmente en relación con el estímulo sensorial, la atención y la regulación emocional.
Sin embargo, la luz no es únicamente visual: también es neurológica. La forma en que ingresa a un espacio, se desplaza por las superficies y cambia a lo largo del tiempo puede afectar profundamente el confort cognitivo. Los contrastes extremos, el deslumbramiento, la penetración de haces de luz directos y las variaciones rápidas de brillo exigen una adaptación constante de los sistemas visuales; para las personas con mayor sensibilidad sensorial, este esfuerzo puede traducirse en fatiga, distracción o malestar.






































