Sylphy por Boss Design x Okamura. Imagen cortesía de Boss Design
A pesar de toda la experimentación espacial del espacio de trabajo contemporáneo, una condición ha permanecido prácticamente inalterada: la gente sigue sentada. Diversos estudios sugieren que quienes trabajan en oficinas pasan hasta un 89% de su jornada laboral sentados —cerca de 36 horas a la semana— a pesar de décadas de concientización sobre la ergonomía. A medida que los entornos laborales se vuelven más flexibles, sociales y orientados al diseño, esta contradicción resulta cada vez más difícil de ignorar.
La oficina ya no se organiza en torno a un único modo de operación, ni bajo una lógica espacial fija. El trabajo se ha vuelto multifuncional, alternando entre la colaboración y la concentración, el intercambio colectivo y el enfoque individual. En respuesta a esto, la arquitectura y el diseño de interiores se alejan de las distribuciones uniformes y repetitivas para dar paso a entornos que reflejan la variabilidad del comportamiento humano.
El patio suele recordarse como una figura del pasado, un espacio introspectivo de nostalgia, cultura y ritual doméstico. Sin embargo, este enfoque pasa por alto su función primordial. Antes de ser un elemento simbólico, el patio era operativo: organizaba el aire, moderaba la luz y absorbía el calor. No decoraba la arquitectura; la hacía habitable. En la vivienda contemporánea, estas funciones suelen delegarse en sistemas mecánicos que se aplican una vez definida la forma. En las casas con patio, estas cuestiones se resuelven espacialmente, mucho antes de levantar el primer muro.
Lo que a primera vista parece una tipología recurrente en distintas regiones es, en realidad, un conjunto de respuestas sumamente específicas al clima. El patio en Egipto no se comporta como el patio en Marruecos, ni como el de la India. Cada uno está calibrado para resolver un problema ambiental distinto utilizando el mismo dispositivo espacial. Interpretarlos como una tipología única equivale a restarles inteligencia; compararlos permite entender cómo el clima puede integrarse de manera directa en la forma arquitectónica.
Villa Olímpica de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (HARUMI FLAG). Imagen vía Wikimedia Commons CC 2.0
Con los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 en marcha, vale la pena analizar cómo la Villa Olímpica ha evolucionado de ser una solución puramente funcional a convertirse en un proyecto urbano estratégico. De complejos habitacionales improvisados a piezas clave de regeneración urbana, las villas olímpicas han funcionado reiteradamente como experimentos a gran escala sobre cómo pueden construirse sectores de la ciudad en periodos muy cortos.
Diseñados bajo una intensa presión temporal y para una población sumamente específica, estos entornos revelan ideas cambiantes sobre la vivienda, la vida colectiva y el legado urbano de los megaeventos. A través de sus distintas ediciones, la Villa Olímpica refleja cómo se entrelazan los eventos, la vivienda y las ciudades bajo condiciones de urgencia.
Lu Wenyu —cofundadora de Amateur Architecture Studio junto al ganador del Premio Pritzker Wang Shu— ha dado forma a muchas de las obras más emblemáticas de la oficina en toda China, incluyendo el Museo de Historia de Ningbo y el Campus Xiangshan de la Academia de Arte de China en Hangzhou. Aunque a menudo trabaja fuera del foco de atención, su liderazgo es inconfundible en la disciplina de ejecución y en los roles que ha asumido: en 2003, junto con Wang Shu, fundó el Departamento de Arquitectura de la Academia de Arte de China, donde también se desempeña como directora del Centro de Construcción Sostenible. Su práctica profesional y su labor docente forman un ciclo recíproco: la investigación realizada en los talleres de la Academia de Arte de China se integra continuamente en las estrategias de construcción en obra, mientras que las lecciones aprendidas en el terreno regresan al aula en forma de inteligencia material, más que como teoría abstracta.
El desarrollo costero en las grandes ciudades ha sido desde hace mucho tiempo un terreno de oportunidades y disputas, moldeado a la vez por la búsqueda de capital (vistas privilegiadas, escasez de suelo y la promesa de la recuperación de tierras), por las demandas ciudadanas de acceso público y vida colectiva en el borde costero, y por las aspiraciones contemporáneas de sostenibilidad y de una identidad urbana que defina el lugar. Debido precisamente a que estas agendas rara vez coinciden, aprovechar al máximo el potencial de los terrenos en el borde costero nunca es una tarea sencilla.
Sin embargo, en Nueva York y Hong Kong, es posible rastrear las ambiciones de cada ciudad —a pesar de sus distintas estrategias, prioridades y lógicas políticas— a través de una serie de proyectos clave que consolidan sus líneas costeras. Vistos en conjunto, estos proyectos revelan no solo lo que cada metrópoli decide valorar, sino también aquello a lo que está dispuesta a renunciar para poder construir en el límite.
En una calurosa tarde de mayo, cuando el aire sobre el oeste de la India se vuelve metálico por el calor, nadie recuerda la composición de la fachada. Se recuerda dónde cae la sombra. Se recuerda qué corredor respiraba. Se recuerda la casa que era más fresca que la calle. Lo que permanece en la memoria es el confort que trasciende la forma. La preferencia térmica repetida se estabiliza en una configuración espacial y, con el tiempo, esas configuraciones se convierten en tipologías arquitectónicas.
Al ser uno de los principales motores del consumo de recursos naturales, el uso de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, la industria de la construcción tiene un impacto significativo en el medio ambiente, al consumir el 32% de la energía global y contribuir al 34% de las emisiones globales de CO₂. Los materiales de construcción desempeñan un papel crucial en la configuración del entorno construido. A través de los principios de la economía circular, las soluciones renovables y autosuficientes y las innovaciones tecnológicas, el análisis del desempeño ambiental de cada material destaca la oportunidad de revisar y evaluar las diferentes etapas de su ciclo de vida.
Al establecer un marco común para medir y gestionar el impacto ambiental de los materiales de construcción, el Análisis de Ciclo de Vida (ACV) surge como un enfoque clave. Esta metodología proporciona una evaluación integral de los impactos ambientales asociados con productos, procesos o actividades a lo largo de todo su ciclo de vida. Desde la extracción de materias primas, la fabricación y el transporte, hasta la construcción, el uso y el tratamiento al final de la vida útil, el análisis considera las cargas ambientales vinculadas a cada etapa. En el contexto de los materiales de construcción, el ACV ofrece un enfoque holístico y sistemático para evaluar el desempeño ambiental e identificar oportunidades de optimización del diseño, entre otras mejoras. De este modo, cuantifica impactos como las emisiones de carbono, el consumo de energía, el uso de agua, la contaminación del aire, la generación de residuos y el agotamiento de los ecosistemas.
En una época dominada por las pantallas y las imágenes digitales, el carácter integral de un objeto de diseño suele permanecer oculto. Solo al interactuar con un objeto en persona se puede sentir su textura, notar cómo dialoga con la luz o incluso percibir su sutil aroma. Estas cualidades sensoriales —tan difíciles de transmitir en línea— revelan por qué las ferias de diseño siguen siendo fundamentales. De manera creciente, estos encuentros se han transformado en espacios para la experimentación en el diseño contemporáneo, donde se exploran públicamente ideas sobre la materialidad, la colaboración y la responsabilidad social. Programas curatoriales, exposiciones e instalaciones experimentales transforman estos eventos en entornos donde profesionales del diseño, la fabricación y la investigación ponen a prueba nuevas posibilidades para el entorno construido.
Desde hace mucho tiempo, la arquitectura se ha sentido atraída hacia arriba. En El aire y los sueños, Gaston Bachelard escribe sobre una imaginación moldeada por el movimiento; por el impulso de elevarse, de dejarse llevar, de escapar de la atracción del suelo. El aire, para él, invita a la imaginación a distorsionar, a inventar, a ir más allá de lo dado en lugar de simplemente reproducirlo. En este sentido, la ligereza no es solo una condición física, sino un sentimiento: el deseo de trascender el peso de la tierra y avanzar hacia algo menos tangible. Este impulso puede rastrearse a lo largo de los persistentes intentos de la arquitectura por elevarse, desde los pilotis y las grandes luces hasta los sistemas suspendidos y las membranas tensadas. Construir de manera ligera, por lo tanto, no es solo una ambición técnica, sino también cultural: una forma de alcanzar el cielo.
En la actualidad, esta búsqueda de ligereza adquiere una urgencia renovada. A medida que las preocupaciones ambientales, los riesgos climáticos y los avances tecnológicos reconfiguran el entorno construido, construir de manera ligera ya no es únicamente una ambición estética o estructural; se plantea cada vez más como un imperativo ecológico y ético.
La arquitectura contemporánea ha aprendido a celebrar la materia viva. Paneles de micelio, sistemas de algas, muros vivos; hoy en día se da la bienvenida a la vida en los edificios, presentándola como innovación. Sin embargo, la misma disciplina que celebra estos organismos trata al moho como contaminación. Ambos procesos son biológicos. Ambos responden a la humedad, la temperatura y las condiciones de los materiales. La diferencia no es científica, sino que radica en qué formas de vida está dispuesta a aceptar la arquitectura y cuáles prefiere eliminar.
El moho no se limita a edificios abandonados o a interiores con un mantenimiento deficiente. Aparece en hogares, escuelas, oficinas, estructuras históricas y obras nuevas, en diversos climas y contextos. Esto hace que resulte difícil ignorarlo como un problema menor o aislado. Si el moho regresa constantemente, ¿qué nos está diciendo sobre los entornos que crean los edificios?
La arquitectura suele hablar del diseño ecológico como si fuera un descubrimiento reciente. Los corredores de biodiversidad, los paisajes regenerativos, las ciudades esponja y el urbanismo más que humano se presentan como respuestas emergentes a las crisis ambientales contemporáneas. Sin embargo, a lo largo de la India y la región SWANA, los paisajes moldeados por la práctica religiosa han organizado desde hace mucho tiempo las relaciones entre las personas, el agua, la vegetación y los animales. Mucho antes de que el rendimiento ecológico se convirtiera en una métrica de diseño, los estanques de los templos almacenaban el agua de los monzones, los bosques sagrados protegían la biodiversidad y los asentamientos de oasis sostenían la vida en algunos de los entornos más áridos del mundo. Pocos de estos lugares surgieron de agendas ambientales explícitas; más bien, nacieron de prácticas culturales y espirituales. No obstante, su lógica ambiental sigue siendo sumamente relevante en la actualidad. Muchas de las condiciones que hoy se debaten bajo el concepto de diseño más que humano han existido durante siglos en paisajes que los/las arquitectos/as rara vez estudian como infraestructura ecológica.
Sistema de baño Lineadacqua de antoniolupi. Imagen cortesía de antoniolupi
¿Qué pasaría si los elementos más avanzados de un baño fueran aquellos que apenas se pueden ver? En espacios donde los muros, cielorrasos y pisos forman superficies ininterrumpidas, los artefactos se repliegan y el agua misma se convierte en el material primordial que define la experiencia. La cuidadosa disposición de los elementos en el baño —como lavamanos, grifos, cabezales de ducha y desagües— suele imponer su presencia tanto por su diseño como por su función. Sin embargo, ¿qué sucede cuando estos elementos comienzan a desaparecer?
En lugar de añadir elementos superpuestos al diseño del baño, algunas propuestas operan bajo la lógica de la sustracción. El espacio ya no se compone de objetos visibles, sino que se concibe como una superficie continua. Los artefactos se repliegan en muros y cielorrasos, permitiendo que el agua, la luz y la atmósfera cobren protagonismo. Lo que se configura es una forma de minimalismo que va más allá: una arquitectura que absorbe por completo sus sistemas técnicos, haciendo desaparecer los dispositivos para dejar únicamente sus efectos. La experiencia en sí se convierte en la protagonista, dejando de estar mediada por objetos visibles para ser moldeada directamente por el agua, la luz y el espacio.
Ubicado en el paisaje montañoso de Zabbougha, Líbano, el Refugio Cápsula de EAST Architecture Studio se define a través de su propio proceso de creación. El proyecto se despliega mediante decisiones materiales, ajustes en obra y condiciones cambiantes, permitiendo que la construcción misma guíe su lógica espacial.
El proceso de construcción desempeñó un papel central en la definición del proyecto. Construida durante un período marcado por el colapso económico, la escasez de materiales y la constante inestabilidad en el Líbano, la vivienda se desarrolló mediante una adaptación continua. Ante la falta de una empresa constructora principal, el equipo de arquitectura asumió un rol más amplio: coordinar a los artesanos, probar ideas directamente en la obra y responder a limitaciones cambiantes. En este contexto, las condiciones sociopolíticas se convirtieron no solo en un desafío, sino en un catalizador para replantear el diseño. "Estábamos constantemente probando ideas en el lugar", comentan Charles Kettaneh y Nicolas Fayad, fundadores de EAST Architecture Studio, "adaptando estas decisiones a nivel económico mientras explorábamos lo que la artesanía local podía ofrecer".
La cosmogonía del capitalismo (racial). Imagen cortesía de Dele Adeyemo
Al lanzar una piedra hoy, Eshu mata un pájaro de ayer. Este proverbio yoruba relata una historia tanto de reparación como de ancestralidad al desafiar con alegría las convenciones del espacio-tiempo y acceder a sujetos del pasado mediante acciones del presente. El dicho ofrece un punto de partida poético hacia tradiciones más amplias de África Occidental y hacia la práctica del artista y arquitecto escocés-nigeriano Dele Adeyemo. Reconocido como uno de los ganadores de los Premios ArchDaily 2025 Next Practices, el trabajo de Adeyemo reúne ecología, espiritualidad, danza y territorio, examinando cómo las prácticas culturales encarnadas pueden generar posibilidades espaciales alternativas dentro y en contra de la arquitectura del capitalismo racial.
Nacido en Nigeria y criado en el Reino Unido, Adeyemo ha visitado Lagos durante muchos años. A través de este vínculo, ha desarrollado un amplio cuerpo de investigación sobre prácticas de movimiento colectivo que anteceden al capitalismo y ofrecen inteligencias espaciales distintas y a menudo imaginativas que operan en paralelo a los sistemas dominantes. ArchDaily conversó con Dele sobre sus prácticas artísticas y pedagógicas, y sobre cómo identifica la sofisticación del diseño allí donde los/as arquitectos/as suelen percibir deficiencias.
Cuando el edificio original del New Museum, diseñado por SANAA —un apilamiento de cajas opacas desplazadas y envueltas en una piel de malla metálica—, abrió sus puertas en 2007, ya parecía destinado a alguna forma de expansión para aliviar la presión vertical generada por su circulación restringida y su limitada huella. En marzo, el museo presentó su tan esperada ampliación, diseñada por Shohei Shigematsu y Rem Koolhaas, de OMA. El edificio complementario, de líneas angulosas y con un ligero retranqueo, duplica la capacidad de exposición del museo y, al mismo tiempo, reconfigura la relación de la institución con la ciudad y con la estructura original de SANAA, proyectada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa.
Durante la apertura para la prensa, Koolhaas describió el proyecto "no simplemente como una extensión, sino como un complemento o contraparte". Más tarde, Shigematsu profundizó en la idea: "Pensamos en diseñar un par compuesto por dos edificios distintos y, sin embargo, estrechamente conectados. Uno es más vertical e introvertido; el otro, más horizontal y extrovertido".
En una industria definida por las tolerancias de ingeniería y la certeza del rendimiento, el acabado de interiores todavía depende de un proceso que introduce variabilidad en cada proyecto. Incluso los/las aplicadores/as experimentados/as suelen depender de una mezcla basada en el criterio personal —estimando las proporciones de agua y ajustando al tanteo hasta que el material parece manejable. Si bien la destreza reduce la variabilidad, no la elimina. El resultado es una inconsistencia inherente que se transfiere directamente a la superficie terminada.
Al surgir en un contexto de profundas transformaciones políticas y sociales, en el que diversos países buscaban reformular sus capitales como símbolos de progreso, ambas ciudades asumieron un papel estratégico. A través del lenguaje arquitectônico adoptado, reafirmaban narrativas ideológicas e identitarias vinculadas al poder del Estado.
Se trataba de ciudades creadas en abstracto, siguiendo una visión utópica. Serían urbes vanguardistas, libres de las deficiencias que asolaban a las ciudades de mediados del siglo XX, que ejemplificarían principios estéticos que reflejarían ideologías políticas progresistas y que abrazarían nuevas tecnologías – principalmente el automóvil.
Sin embargo, esta promesa de futuro terminó generando grandes desafíos. Dificultades que, por supuesto, reflejan los percances sociales y económicos de sus países, pero que también puede decirse que están sazonadas por una idea modernista que hoy se pone en discusión.
La inteligencia artificial ya no es un concepto lejano en la práctica de la arquitectura. Se está convirtiendo rápidamente en una herramienta práctica utilizada por firmas de todo el mundo para acelerar los flujos de trabajo de diseño, generar visualizaciones y explorar nuevas posibilidades creativas.
Según una nueva encuesta del sector realizada por Chaos en colaboración con Architizer, los/las arquitectos/as ya están integrando la IA en su trabajo diario. Cerca de 800 arquitectos/as y diseñadores/as de todo el mundo participaron en el estudio, compartiendo sus perspectivas sobre cómo utilizan las herramientas de IA, cuánto tiempo les ahorra esta tecnología y cómo creen que la inteligencia artificial moldeará el futuro de la arquitectura.
Para DB Studios, la arquitectura no se trata únicamente de construir, sino de pertenecer. Se trata de crear una práctica situada, capaz de responder a su contexto, a su gente y a su identidad local, expresada a través de materiales, colores y decisiones espaciales. En este sentido, el diseño se convierte en una forma de articular un lenguaje arraigado en su entorno y moldeado por las personas a las que sirve.
Esta postura se hace especialmente evidente en Vision Pakistan, un proyecto de DB Studios recientemente galardonado con el Premio Aga Khan de Arquitectura 2025. Más allá de reconocer las cualidades arquitectónicas del proyecto, el premio destaca un compromiso más amplio: crear un entorno de apoyo para jóvenes de escasos recursos en el que la educación, la formación profesional y el diseño espacial colaboren para fomentar la independencia y la movilidad social. A través de su forma, fachada y organización interior, el edificio responde estrechamente a su contexto, reforzando el sentido de pertenencia entre sus usuarios y usuarias, al tiempo que fomenta el orgullo en la comunidad circundante y entre los/las profesionales locales emergentes.
Bolete Lounge BIO® de Andreu World x Patricia Urquiola. Imagen cortesía de Andreu World
Al ingresar a un gran espacio de estar, el vestíbulo de un hotel o un espacio de trabajo de planta libre, lo primero que se percibe no es aquello que divide el espacio, sino lo que lo mantiene unido. Rara vez existen límites claros, habitaciones evidentes o divisiones estrictas; sin embargo, el espacio se siente organizado. Ciertas áreas invitan a la pausa, otras dictan el movimiento y unas más fomentan la comunidad. Las transiciones son sutiles, pero legibles.
Al mismo tiempo, se espera más de estos interiores. Deben adaptarse al cambio constante, resistir un uso intensivo y responder a las exigencias ambientales reduciendo los residuos, prolongando su vida útil y evitando reemplazos frecuentes. La pregunta no es solo cómo se ve un espacio, sino cómo funciona a lo largo del tiempo. ¿Qué es lo que realmente lleva el mayor peso?
«Mi única preocupación es que mi trabajo tenga un impacto positivo en las comunidades en las que se inserta», afirma Francis Kéré en su libro Francis Kéré: Building Stories. Su propia historia de vida, el contexto en el que creció y las experiencias que ha atravesado definen su enfoque de la arquitectura. Se trata de un compromiso que se extiende a las personas y a los lugares que llaman hogar—uno que valora la materialidad, el aprendizaje colectivo y el intercambio de conocimientos. Descubrir las historias detrás de proyectos como la Escuela Primaria en Gando y la Escuela Secundaria Naaba Belem Goumma inspira a reflexionar sobre cómo diseñar espacios que verdaderamente sirvan a la humanidad.
La historia de Francis Kéré comienza en una aldea del África subsahariana y se extiende por numerosos lugares. Gando fue el escenario de su primera educación, donde absorbió la esencia y los principios que más tarde definieron los valores fundamentales de su carrera, junto con influencias de otras culturas. La estructura de Gando está formada por distintas familias que se organizan, de acuerdo con las costumbres establecidas, en patios dispersos por la sabana. Crecer en esta remota aldea de la sabana de Burkina Faso fomenta un fuerte sentido de comunidad, que se vuelve tangible al comprender que cada habitante de cada patio forma parte de la vida de todo el conjunto.
A menudo, la arquitectura se evalúa a través de sus formas acabadas; sin embargo, algunas prácticas operan en un registro diferente, uno donde el diseño se despliega a través de las relaciones, el tiempo y el uso, en lugar de limitarse a un único resultado. Para CatalyticAction, la participación no es una actividad social paralela, sino el medio a través del cual los espacios se conciben, se construyen y se sostienen a lo largo del tiempo.
Con sedes en Beirut y Londres, esta oficina ha trabajado en todo Oriente Medio y Europa, desarrollando espacios públicos, escuelas, patios de juego e infraestructuras urbanas cotidianas mediante la colaboración a largo plazo con comunidades locales. Basado en la investigación participativa y en la toma de decisiones colectiva, este enfoque fue reconocido en los ArchDaily's 2025 Next Practices Awards, destacando un modelo de práctica en el que la arquitectura se entiende como un proceso compartido y en evolución, más que como un objeto fijo. En este contexto, el valor arquitectónico se mide por la continuidad, el uso y la apropiación colectiva, y no únicamente a través de la forma.
Quienes se dedican al diseño de interiores se enfrentan a un constante acto de equilibrio entre los parámetros del proyecto, las limitaciones presupuestarias, las exigencias de la clientela y la preservación de la estética del diseño. Los plazos de entrega ajustados ejercen una gran presión cuando la clientela solicita múltiples revisiones. Asimismo, la discrepancia entre planos y renders debilita la entrega de una propuesta de diseño cohesiva. En el competitivo y digitalizado campo de la arquitectura actual, el éxito llega cuando los/las diseñadores/as pueden aportar detalles técnicos desde la etapa conceptual hasta la construcción, aprovechando tecnologías avanzadas y herramientas estratégicas dentro de un único software de modelado.
Jardín Botánico Guangzhou Yunxi / AECOM + Architectural Design & Research Institute of SCUT + Guangzhou Landscape Architectural Design & Research Institute. Imagen cortesía de Yunxi Botanical Garden
Si bien la vida humana depende en gran medida de las plantas por las medicinas, los materiales de construcción y el combustible que proporcionan, estas también desempeñan un papel fundamental en múltiples procesos ecológicos. Desde la regulación climática mediante la absorción de dióxido de carbono hasta la fertilidad del suelo y la purificación del aire y del agua, la diversidad vegetal ofrece oportunidades para abordar algunos de los desafíos más urgentes de este siglo, como la seguridad alimentaria, la disponibilidad de energía, el cambio climático y la degradación del hábitat. En este escenario, los jardines botánicos actúan como refugios vivos que fomentan la innovación, la adaptación y la resiliencia humana. Pero ¿qué puede aprender la práctica arquitectónica de la botánica y de sus métodos?