Como um material concebido para puentes, fábricas y grandes estructuras llegó al banco de la sala de estar, a la estantería del departamento, a la mesa de café? El metal atravesó siglos asociado al esfuerzo, a la máquina y a la monumentalidad —desde las estructuras expuestas de las Exposiciones Universales del siglo XIX hasta la lógica productiva de la industria moderna. Su presencia en el interior doméstico no es un hecho obvio, sino una conquista cultural: la transformación de un material fabril en un elemento de uso cotidiano, íntimo y cercano al cuerpo.
En los últimos años, la comida ha asumido un papel renovado dentro de la arquitectura, no solo como un programa o tipología, sino como una práctica espacial compartida. Más allá de los restaurantes o del diseño de comedores, los espacios de alimentación colectiva se entienden cada vez más como entornos donde coinciden la presencia, el ritual y el tiempo, permitiendo que las personas se reúnan, permanezcan y coexistan. En estos escenarios, el comer no ocurre simplemente dentro del espacio, sino que lo configura de manera activa, transformando temporalmente entornos comunes, prestados o improvisados en lugares de intercambio.
Este cambio es visible en una amplia gama de proyectos construidos, instalaciones y espacios comunitarios que utilizan las comidas compartidas como un medio para reunir a las personas. Iniciativas como Fondo Supper Club plantean el acto de cenar como una plataforma social, utilizando la comida para conectar a artistas, diseñadores/as y comunidades locales a través de la conversación y la colaboración. Asimismo, sit.feast, presentado durante la Semana del Diseño de Milán 2024, abordó la mesa como una instalación espacial donde sentarse y comer en conjunto se convirtió en el medio principal para producir espacio de forma colectiva.
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Ecophon Solo™ Square. Image Cortesía de Volcan
Más allá de su estética, materialidad o metodología de instalación, el papel de los cielorrasos en la arquitectura contemporánea ya no solo se remite a ocultar estructuras o instalaciones internas en los edificios. Aportando cualidades funcionales como absorción acústica, aislamiento térmico, eficiencia energética, protección contra el fuego, iluminación integrada o facilidad de mantenimiento, las diferentes disposiciones de cielorrasos son capaces de combinar flexibilidad y versatilidad acorde a las diferentes necesidades y usos de sus ocupantes. Interiores de oficinas, restaurantes, consultorios, locales comerciales y demás espacios ganan protagonismo a través de la aplicación de cielorrasos con intenciones y mensajes claros que contar.
En las ciudades de todo el mundo, la arquitectura se despliega continuamente a la escala de las personas y las comunidades, y no solo a través de nuevos edificios, renovaciones u obras monumentales. Los "terceros espacios" son especialmente reveladores. Pensemos en el ámbito culinario a nivel de calle: la manera en que el sentarse, el servicio y la permanencia ocupan el borde de la vía pública suele revelar los códigos culturales y los hábitos espaciales de una ciudad. ¿Qué formas de comensalidad y habitabilidad han surgido en respuesta al clima local, la regulación y las costumbres sociales, y cómo han evolucionado a lo largo del tiempo?
En algunas regiones de Europa, por ejemplo, comer al fresco en Italia o en terrasse en Francia designan formas culturalmente específicas de consumir alimentos en público, trasladando la comida al espacio urbano, en sintonía con el clima, el aire libre y la sociabilidad pasiva de contemplar el paso de la gente. De manera similar, desde la pandemia de COVID-19, la ciudad de Nueva York ha expandido la oferta de comedores al aire libre, lo que refleja un deseo impulsado por la comunidad de interactuar con el paisaje urbano mientras se come: un "tercer lugar" cotidiano a nivel de calle en medio de una metrópoli densa.
Bajo la superficie visible de las ciudades yace una arquitectura invisible. Metros, túneles, sistemas de agua, cables de datos y búnkeres forman una red densa que sostiene la vida urbana permaneciendo, en gran medida, oculta. El suelo bajo nuestros pies no es un vacío, sino un territorio complejo que alberga las infraestructuras, memorias y ansiedades de nuestra época. En los últimos años, a medida que el suelo escasea y las presiones climáticas se intensifican, los/las arquitectos/as y urbanistas han dirigido su mirada hacia abajo, redescubriendo lo subterráneo como una frontera tanto física como conceptual. Diseñar bajo tierra implica interactuar con los mecanismos invisibles que dan forma al mundo de la superficie.
Lo subterráneo ha sido durante mucho tiempo un espacio donde la arquitectura se cruza con la política, la tecnología y las creencias. Desde las catacumbas de Roma hasta los metros industriales de la modernidad, el descenso ha simbolizado tanto la protección como la exposición. El urbanismo del siglo XX transformó este gesto en un sistema: los metros, refugios y servicios públicos redefinieron la sección urbana como un instrumento de gobernanza. Bajo la promesa de eficiencia y progreso, el espacio subterráneo absorbió las ansiedades de una era de guerra, vigilancia y colapso. Su evolución revela no solo cómo construyen las sociedades, sino también a qué le temen.
Hoy en día, el suelo se ha convertido en la nueva frontera de la expansión urbana y la adaptación ecológica. A medida que las infraestructuras digitales, los sistemas de energía y los amortiguadores climáticos migran bajo el nivel del suelo, la arquitectura se enfrenta a un espacio tanto técnico como metafísico: esencial pero marginal, invisible pero decisivo. Pensar en secciones y no en planta es reconocer que las ciudades contemporáneas ya no existen únicamente en sus perfiles urbanos, sino también en sus profundidades. El desafío para la arquitectura no consiste solo en ocupar ese espacio, sino en volverlo legible, transformar lo invisible en conocimiento y lo oculto en un nuevo territorio de diseño.
Al reflexionar sobre la ciudad moderna, Walter Benjamin describió la figura del flâneur, un personaje que camina sin un destino definido, atento a los detalles, a los encuentros fortuitos y a las narrativas que surgen del espacio urbano. Esta manera de habitar la ciudad, configurada por la observación y la apertura a lo inesperado, ha estado en constante tensión con los ideales racionalistas y funcionalistas que guiaron el urbanismo a lo largo del siglo XX. Las calles diseñadas principalmente en función de la eficiencia y el flujo de tránsito rara vez dejan margen para el desvío, la pausa o la coexistencia de diferentes ritmos de vida.
Jane Jacobs también fue una de las voces que cuestionaron esta lógica predominantemente racionalista, al sostener que las calles verdaderamente vibrantes son aquellas capaces de albergar la diversidad de la vida cotidiana, sus intercambios informales y las formas de cuidado y vigilancia natural que de ellos emanan. La coincidencia fundamental entre ambos autores radica en que las calles no son meras infraestructuras para la circulación, sino ecosistemas sociales definidos por las relaciones, los usos y los encuentros que en ellas ocurren.
Los rincones de desayuno surgieron a principios del siglo XX en respuesta a la creciente densidad doméstica y a los cambios en la concepción de la vida cotidiana. Con raíces en el movimiento Arts and Crafts estadounidense y popularizados a través de las viviendas tipo bungalow de las décadas de 1910 y 1920, estos espacios evolucionaron desde el comedor de desayuno victoriano, más formal, hacia áreas compactas e integradas dentro de la cocina. A medida que las casas se volvieron más pequeñas y económicas, los/las arquitectos/as y las empresas de carpintería recurrieron a bancas y mesas fijas para ocupar esquinas, nichos y ventanas salientes que, de otro modo, habrían sido ineficientes. Estos rincones llenos de luz proporcionaron un medio accesible para concentrar las actividades diarias, al tiempo que preservaban el confort y la claridad espacial.
La búsqueda de materiales más resistentes, ligeros y duraderos ha guiado a la arquitectura mucho antes de que existieran los polímeros o las fibras de carbono. Uno de los primeros ejemplos a gran escala de materiales compuestos se encuentra en la Gran Muralla China, donde se mezclaron piedra, ladrillos de arcilla y fibras orgánicas —como juncos y ramas de sauce— para crear una estructura resistente y duradera. Estas primeras técnicas revelan una intuición atemporal: al combinar distintos materiales de manera reflexiva, se obtienen propiedades inalcanzables para cualquier elemento por separado. Hoy en día, a medida que el sector de la construcción se enfrenta a urgentes presiones ecológicas, esta intuición se reinterpreta bajo la perspectiva de la sostenibilidad; así, los equipos de arquitectura e ingeniería exploran composites de base biológica, reciclados e híbridos, diseñados no solo en función de su rendimiento, sino también de su circularidad y responsabilidad ambiental.
La historia de la arquitectura de las ciudades norteamericanas en el siglo XX suele caracterizarse por la búsqueda de la renovación urbana. En los Estados Unidos, Boston, Portland y San Francisco son solo algunos ejemplos de cómo los gobiernos municipales priorizaron la infraestructura vial de alta velocidad por encima del tejido urbano existente. En Canadá, Montreal habría seguido esta misma trayectoria de no haber sido por la intervención de diversas figuras a lo largo de su historia, entre las que destaca especialmente Blanche Lemco van Ginkel (1923–2022). Esta planificadora y arquitecta formada en Harvard, junto con su esposo Sandy Van Ginkel, abogó por la preservación del patrimonio urbano al mismo tiempo que aplicaba los principios de la infraestructura modernista.
Tras explorar la adaptabilidad a escala urbana, ahora nos enfocamos en el edificio en sí y, fundamentalmente, en la práctica profesional. ¿Cómo pueden los/las arquitectos/as, desarrolladores/as y consultores/as incorporar la adaptabilidad como un resultado medible y generalizado? Esta pregunta formará parte de la agenda de la Adaptable Building Conference (ABC) el 22 de enero en el Nieuwe Instituut de Róterdam, donde arquitectos/as, ingenieros/as, responsables de políticas y líderes de la industria explorarán el potencial de los edificios adaptables y cómo implementarlos a gran escala.
En un equilibrio entre estética, rendimiento y versatilidad, HIMACS se consolida como la opción de superficie sólida de preferencia para profesionales de la arquitectura y el diseño. Dando un paso más allá, toda la gama de fregaderos y lavabos estándar de HIMACS cuenta ahora con la certificación oficial de SCS, con un mínimo del 8% de contenido reciclado preconsumo. Esta certificación potencia el atractivo técnico y visual del material al ofrecer una opción más sostenible sin comprometer la calidad ni la funcionalidad.
Desde encimeras de baño con lavabos integrados hasta islas de cocina con fregaderos instalados al ras, las formas de HIMACS ofrecen un equilibrio perfecto entre estilo y funcionalidad. Cada componente se integra sin esfuerzo con la superficie de HIMACS circundante, creando un acabado continuo y sin juntas que resulta tan elegante como fácil de mantener.
Las instituciones culturales representan un campo activo de exploración arquitectónica no construida, lo que refleja cómo los/las arquitectos/as continúan cuestionando el papel de los edificios públicos en la configuración de la vida urbana. En esta edición de Arquitectura no construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una serie de proyectos que abordan museos, centros de exposiciones y edificios diplomáticos como espacios de encuentro público. En lugar de tratar estos programas como tipologías fijas, estas propuestas los plantean como entornos espaciales en evolución a través de los cuales las ciudades se relacionan con la historia, el conocimiento y la representación.
A lo largo de geografías diversas, desde Wenzhou y Helsinki hasta Belgrado, Debrecen, la Ciudad de México y Núremberg, las propuestas exploran distintas respuestas a la arquitectura cultural contemporánea. Estas van desde la reutilización adaptativa de estructuras industriales e ideológicas hasta nuevos edificios integrados en frentes marítimos, parques y barrios residenciales. Mientras algunas enfatizan la continuidad con los contextos históricos, otras experimentan con estructuras más ligeras, estrategias ambientales o nuevas relaciones entre los programas interiores y el espacio público. En conjunto, ofrecen una instantánea de cómo se están reimaginando las instituciones culturales en diversas condiciones urbanas.
En principio, la creación de un lugar no es una tarea difícil; basta con que las personas se reúnan de manera habitual en un sitio determinado con un propósito o actividad para que un espacio cobre existencia. Esto no desestima el hecho de que un elemento físico deba acompañar este encuentro para que el espacio resulte protector, acogedor y atractivo. Esta idea del espacio que surge a partir de una intención se manifiesta claramente en una de las funciones más antiguas de la sociedad: los mercados de alimentos o productos locales.
Para dar origen a un mercado, el elemento arquitectónico puede ser tan sencillo como una cubierta ligera que albergue a los y las comerciantes y ofrezca un límite tácito al lugar, o bien, tan ingenioso como la reutilización adaptativa de un edificio o sitio existente para albergar nuevas necesidades. Por último, puede tratarse de una estructura temporal y ligera, instalada para ciertos eventos o necesidades específicas y luego desmontada para ser utilizada en otro sitio o con otros fines.
El potencial de los edificios existentes para dar forma a ciudades y comunidades en constante cambio a través de la reutilización y la adaptación es el enfoque principal de HouseEurope! y su activismo: hacer frente al apremiante desafío en gran parte de Europa, donde a menudo resulta más fácil, económico y rápido demoler edificios que renovarlos. Durante décadas, las políticas de construcción, las prácticas industriales y los sistemas de mercado han favorecido las nuevas construcciones, subestimando con frecuencia la relevancia cultural, social y ambiental de las estructuras existentes. Por su labor de promoción de un cambio sistémico en la arquitectura, HouseEurope! recibió el Premio OBEL 2025 bajo la temática "Ready Made". En conversación con ArchDaily, Alina Kolar y Olaf Grawert, integrantes del colectivo HouseEurope!, analizaron el enfoque de la organización hacia la arquitectura, las políticas públicas y la acción colectiva.
Wonder Cabinet / AAU ANASTAS. Imagen cortesía de AAU ANASTAS
Entre los ganadores del Premio Aga Khan de Arquitectura 2025 se encuentra AAU Anastas con su proyecto Wonder Cabinet en Palestina, cuyo objetivo central es servir de refugio para la cultura y la creatividad, además de tender un puente entre el diseño y la producción. Más allá de esta significativa obra, AAU Anastas —que opera desde sus oficinas en Belén (Palestina) y París (Francia)— ha consolidado un amplio portafolio desde 2015. Entre sus trabajos más destacados se encuentran Dar Al Majous, una restauración en Belén que desafía los límites entre los ámbitos doméstico y público; el Palacio de Justicia de Tulkarm (2015), uno de sus primeros proyectos, el cual redefinió la noción de civismo y encuentro social en una destacada esquina de la ciudad; y The Flat Vault, una intervención comercial que añade una bóveda de piedra yuxtapuesta a la tienda de un monasterio existente, vinculada a una iglesia construida por los cruzados en el siglo XII.
Entre estas notables obras, es probable que Wonder Cabinet haya captado la atención del jurado no solo por su refinada ejecución y compleja espacialidad, sino también por su funcionamiento como plataforma generadora de dinámicas sociales, diluyendo la frontera entre la infraestructura social y la arquitectura. Concebido para potenciar la cultura, la creatividad, el diseño y la producción, el edificio aspira a albergar a profesionales de la arquitectura, el diseño, la gastronomía, la artesanía y las artes sonoras y visuales, entre otras disciplinas. De manera significativa, el proyecto encarna el espíritu señalado por el jurado de 2025 —que caracterizó este ciclo como un año para fomentar la resiliencia y el optimismo a través del diseño— al demostrar cómo la arquitectura puede actuar, de forma simultánea, como catalizadora de la comunidad y del desarrollo emprendedor.
La apertura de la nueva Fondation Cartier pour l'Art Contemporain en París el pasado mes de octubre reavivó los cuestionamientos en torno al papel, la forma y el futuro de los museos. En un momento en que las instituciones culturales continúan proliferando en todo el mundo en esta era digital, el museo mismo parece necesitar cada vez más una redefinición. En lugar de ofrecer un modelo o solución única, Architecture for Culture: Rethinking Museums, escrito por la historiadora de la arquitectura y curadora Béatrice Grenier, aboga por una comprensión más contextual y plural de lo que puede ser un museo: una institución moldeada por su entorno, su público y los interrogantes culturales específicos que busca abordar.
ArchDaily tuvo la oportunidad de conversar sobre estas ideas con la autora en el marco de la recientemente inaugurada sede de la Fondation Cartier en la Rue de Rivoli. Ubicado en un edificio haussmanniano restaurado que alguna vez albergó los Grands Magasins du Louvre, el espacio ha sido radicalmente reimaginado por Jean Nouvel como una arquitectura dinámica y transformable.
El modernismo indio suele narrarse desde una perspectiva estrecha: un puñado de instituciones icónicas, maestros y maestras de la arquitectura y experimentos formalmente radicales que pasaron a simbolizar las aspiraciones de la nación tras su independencia. Sin embargo, esta versión de la historia pasa por alto un corpus mucho más amplio de arquitectura modernista que, de manera silenciosa, moldeó la vida cotidiana en todo el país. Más allá de los célebres campus y edificios canónicos, existe un vasto y disperso paisaje de bloques de viviendas, oficinas, residencias, hospitales, mercados y asentamientos planificados: estructuras diseñadas para funcionar y perdurar.
Ambos libros son un registro inédito de arquitecturas en tierra en el valle del Loncomilla, en Chile, destacando más de 40 obras que ponen en evidencia las posibilidades de esta manera de construir, como una alternativa real y sustentable.
https://www.archdaily.cl/es/1037646/arquitectura-en-tierra-en-chile-con-soledad-diaz-de-la-fuente-y-robert-newcombeArchDaily Team
Profundizar en la interacción entre la luz y la sombra en la arquitectura parece ser un tema recurrente en la agenda de profesionales del sector. Los espacios de luz y oscuridad se conciben para potenciar la circulación y la direccionalidad espacial, así como para resaltar los colores, texturas y formas de elementos arquitectónicos específicos. No obstante, el impacto de la luz natural en las fachadas de los edificios revela la necesidad de desarrollar estrategias que favorezcan el ahorro de energía, mejoren el confort térmico y visual de los espacios interiores, y promuevan la reducción de las emisiones de carbono. Si se considera la luz como un material más de la arquitectura, ¿de qué maneras podría su potencial contribuir a la experiencia arquitectónica?
https://www.archdaily.cl/es/1054948/trabajo-en-shanghai-yeesign-busca-especialista-de-producto-planificador-a-de-exposiciones-disenador-a-de-espacios-administrador-a-pasante韩爽 - HAN Shuang
El año pasado marcó un momento decisivo en la evolución de ArchDaily: un periodo de recalibración, intención y un renovado propósito editorial.
En un panorama mediático cada vez más acelerado y saturado, aprovechamos la oportunidad para plantearnos preguntas fundamentales: ¿Qué deben ser los medios de arquitectura hoy en día? ¿Qué responsabilidades asumimos como plataforma global? ¿Y de qué manera podemos contribuir significativamente a una profesión que atraviesa transformaciones sociales, ambientales y culturales?
Al comprometernos profundamente con estas reflexiones, asumimos plenamente nuestro papel, definiendo con mayor claridad qué es ArchDaily y cómo opera.
Cortesía de [applied] Foreign Affairs, Instituto de Arquitectura, Universidad de Artes Aplicadas de Viena
Mucho antes de que la arquitectura tomara la forma de muros, techos o ciudades, esta ya reunía a las personas en torno al fuego. El simple fogón fue uno de los primeros dispositivos espaciales de la humanidad: un lugar para el calor, la comida, las historias y el ritual. A su alrededor, el espacio cobraba forma a través de la proximidad y no del cerramiento; mediante la presencia compartida en lugar de un uso prescrito. El fuego organizaba los cuerpos en círculo, fomentaba alianzas y transformaba la supervivencia en vida colectiva. Hoy en día, esta lógica ancestral persiste: la arquitectura tiene el potencial de reunir a las personas, no dictando cómo deben encontrarse, sino creando las condiciones que hacen posible el encuentro.
Este mes, ArchDaily explora El encuentro y la creación de lugar, un tema que examina la arquitectura como un marco para la inclusión, el cuidado y la pertenencia. Esta temática se alinea con la primera edición de los ArchDaily Student Project Awards, los cuales abordan el cuidado desde una perspectiva colectiva, enfocándose en espacios que fomentan mejores formas de convivencia. Más allá de los espacios de reunión emblemáticos, nuestra cobertura analiza los entornos cotidianos, desde mercados de alimentos y mesas comunitarias hasta plazas de barrio, terceros lugares, ámbitos domésticos y entornos digitales o híbridos de encuentro a distancia. En lugar de tratar el encuentro como un programa rígido, se plantea cómo el diseño espacial puede potenciar la apertura, la diversidad y la vida colectiva sin imponer formas fijas de reunión.