Representación artística del sobrevuelo lunar de Orion. Imagen vía NASA bajo licencia CC BY-NC-ND 2.0
Corría julio de 1969 y los habitantes del planeta Tierra estaban a punto de presenciar un momento histórico para la humanidad: la primera vez que un ser humano pisaba la superficie de la Luna a bordo de la misión Apolo 11. Tras este acontecimiento, la NASA alunizó cinco veces más en la superficie lunar, siendo la última de ellas la de la misión Apolo 17 en 1972. Desde entonces, la humanidad no había intentado regresar a la Luna hasta este año, 2026, cuando se lanzará la nave espacial Orion como parte de la misión Artemis II. Programada para despegar entre febrero y abril de 2026, Orion todavía no llevará personas a la superficie lunar; en su lugar, realizará un sobrevuelo para probar el software y los sistemas. Esto sentará las bases para un alunizaje tripulado real en el polo sur de la Luna como parte de Artemis III en algún momento entre 2027 y 2028, lo que eventualmente abrirá una era completamente nueva en el diseño arquitectónico extraterrestre.
El Shou Sugi Ban es una técnica tradicional japonesa de preservación de la madera que consiste en carbonizar su superficie para crear una capa protectora. Si bien sus orígenes están arraigados en la durabilidad práctica, el método se ha adaptado ampliamente al entorno construido contemporáneo, configurando una estética única y distintiva. Se trata de un material contradictorio: resulta audaz en su lenguaje visual debido a sus tonos oscuros y, al mismo tiempo, se nutre de su entorno natural y lo complementa, lo que permite que las viviendas se implanten con discreción en sus respectivos terrenos.
El acabado carbonizado de las 22 residencias presentadas aquí, distribuidas en Canadá y Estados Unidos, sirve como hilo conductor para hacer frente a climas extremos. Desde frentes lacustres húmedos hasta bosques densos, esta piel carbonizada actúa como un escudo resistente ante diversas condiciones climáticas. Más allá de la mera protección, estas casas demuestran cómo la textura del material cambia con la exposición a la luz, transformándose de un tono mate opaco en la sombra a una superficie brillante con destellos plateados bajo el sol directo. Estos proyectos también ponen de manifiesto la capacidad de esta técnica para definir volúmenes arquitectónicos, utilizando el revestimiento oscuro para crear siluetas nítidas y monolíticas, o para resaltar los vacíos en la masa del edificio, como accesos rehundidos y terrazas protegidas.
En las regiones costeras y selváticas de Costa Rica, la alta humedad y la intensa radiación solar imponen una estrategia arquitectónica centrada en la permeabilidad más que en el cerramiento. A diferencia de las envolventes herméticas que requieren los climas fríos para conservar el calor, la arquitectura costarricense utiliza la envolvente del edificio como un filtro climático para maximizar el intercambio de aire. El principal mecanismo para gestionar estos gradientes térmicos parece ser el voladizo sobredimensionado de la cubierta. Al extender el plano de la cubierta considerablemente más allá de la planta, se genera una barrera permanente de sombra profunda que reduce la ganancia solar y disminuye la temperatura ambiente antes de que el aire ingrese a la estructura. Esta estrategia, combinada con muros permeables o inexistentes, permite un flujo de aire constante, un requisito técnico fundamental para el control de la humedad y la prevención del deterioro de los materiales por moho y descomposición.
¿Qué importa más: mirar al pasado o al futuro? ¿Reconocer trayectorias consolidadas o impulsar caminos aún en construcción? Quizás esta no sea una pregunta con una respuesta única. Tradicionalmente, los premios de arquitectura han funcionado como dispositivos de consagración: han reconocido obras terminadas, trayectorias consolidadas y soluciones ya probadas, la mayoría de las veces bajo una mirada retrospectiva. ¿Qué pasaría, sin embargo, si el reconocimiento dejara de ser un fin en sí mismo y comenzara a operar como un agente catalizador, invirtiendo menos en lo que ya se ha hecho y más en lo que está por venir?
El desarrollo costero en las grandes ciudades ha sido desde hace mucho tiempo un terreno de oportunidades y disputas, moldeado a la vez por la búsqueda de capital (vistas privilegiadas, escasez de suelo y la promesa de la recuperación de tierras), por las demandas ciudadanas de acceso público y vida colectiva en el borde costero, y por las aspiraciones contemporáneas de sostenibilidad y de una identidad urbana que defina el lugar. Debido precisamente a que estas agendas rara vez coinciden, aprovechar al máximo el potencial de los terrenos en el borde costero nunca es una tarea sencilla.
Sin embargo, en Nueva York y Hong Kong, es posible rastrear las ambiciones de cada ciudad —a pesar de sus distintas estrategias, prioridades y lógicas políticas— a través de una serie de proyectos clave que consolidan sus líneas costeras. Vistos en conjunto, estos proyectos revelan no solo lo que cada metrópoli decide valorar, sino también aquello a lo que está dispuesta a renunciar para poder construir en el límite.
El patrimonio arquitectónico suele describirse como aquello que sobrevive al paso del tiempo. Sin embargo, la supervivencia no explica por qué ciertos edificios se conservan mientras otros desaparecen. Muchas obras que hoy están protegidas como patrimonio cultural fueron en su momento criticadas, cuestionadas o abiertamente rechazadas; se les acusó de estar socialmente desencaminadas, de tener fallas materiales o de ser simbólicamente desmesuradas. Con el tiempo, no obstante, estas mismas deficiencias se han vuelto fundamentales para su significado, a medida que el patrimonio se revela como un proceso de interpretación lento e inestable.
La arquitectura contemporánea opera bajo un escrutinio intenso, presionada por la responsabilidad ambiental, la equidad social, la volatilidad económica y el acelerado cambio tecnológico. Se espera que los edificios funcionen de manera ética, eficiente y simbólica, a menudo simultáneamente. Como consecuencia, el fracaso arquitectónico ya no es una excepción, sino una condición cada vez más común. Los proyectos envejecen más rápido, los materiales revelan sus limitaciones antes y las estrategias urbanas quedan desfasadas rápidamente respecto a las cambiantes realidades políticas, sociales y ambientales.
En toda Sudamérica, el confort ambiental se entiende no como una condición interior, sino como una cualidad que se modela a través del espacio. En regiones marcadas por el calor, la humedad, la intensa radiación solar y las variaciones estacionales, la arquitectura ha recurrido históricamente a decisiones espaciales para moderar el clima y dar soporte a la vida cotidiana. El confort surge de la manera en que los interiores se abren, se sombrean, se ventilan y se habitan a lo largo del tiempo.
En lugar de aislar los espacios interiores de su entorno, numerosos proyectos contemporáneos en toda la región cultivan el confort a través de la profundidad, la porosidad y las zonas intermedias. La luz se filtra en vez de maximizarse, el aire se canaliza mediante aberturas alineadas y vacíos, y los umbrales se transforman en espacios activos de uso y no en meros bordes residuales. Estas estrategias no buscan un control ambiental uniforme, sino que producen interiores que permanecen templados, adaptables y estrechamente sintonizados con las condiciones climáticas cambiantes. En este contexto, el confort ambiental se vuelve inseparable de la experiencia espacial.
Situada a lo largo de la histórica Ruta de la Seda en Asia Central, Taskent es una ciudad con una larga historia que abarca miles de años. Su arquitectura histórica es conocida por sus patios, cúpulas y cerámica azul, elementos típicos de su herencia timúrida. Capital del actual Uzbekistán, fue absorbida por el Imperio ruso en el siglo XIX antes de convertirse en una república soviética. Durante su periodo como parte de la Unión Soviética, la ciudad se transformó en un ejemplo de modernización que celebraba los logros socialistas en Asia. Un devastador terremoto en 1966 aceleró esta modernización a través de la reconstrucción urbana, dando lugar a muchos de los monumentos modernistas por los que Taskent es conocida hoy en día.
"Sabemos que no nacemos para morir", solía decir el arquitecto brasileño Paulo Mendes da Rocha. "Nacemos para continuar". En la arquitectura, esta idea de continuidad yace en el núcleo del patrimonio, no como una herencia estática, sino como algo que perdura, se transforma y se reinterpreta constantemente. No obstante, aquello que continúa y lo que se permite que desaparezca nunca es neutral. Las decisiones sobre la preservación están moldeadas por el poder, la memoria y el valor, lo que plantea una pregunta fundamental para la práctica contemporánea: ¿quién define qué vale la pena preservar y para quién?
Estructura de la casa. Imagen cortesía de IGArchitects
Fundada en 2020 por Masato Igarashi, IGArchitects es una práctica de arquitectura con sede en Tokio y Saitama, Japón. El estudio, uno de los ganadores de los premios ArchDaily 2025 Next Practices Awards, explora una arquitectura perdurable a través de un tratamiento minucioso pero asertivo de la estructura, la escala y la materialidad. Antes de establecer su propia oficina, Igarashi trabajó en la firma de gran escala Shimizu Sekkei y en Suppose Design Office, adquiriendo experiencia en proyectos que van desde desarrollos de gran envergadura hasta obras de menor escala impulsadas por conceptos. Esta amplitud de experiencia sigue influyendo en el enfoque actual de IGArchitects en la arquitectura residencial y comercial en todo Japón.
Fundado como una práctica que trabaja de manera transversal en arquitectura y proyectos con enfoque comunitario, pk_iNCEPTiON tiene su sede en Maharashtra, India. El estudio, uno de los ganadores de los Premios Next Practices de ArchDaily 2025, desarrolla escuelas rurales, viviendas, bibliotecas y edificios públicos, con un fuerte enfoque en la organización espacial y la adaptabilidad. Al operar en diversos contextos sociales y climáticos, pk_iNCEPTiON aborda el diseño prestando una meticulosa atención al movimiento, la escala y la relación entre la forma construida y el espacio abierto.
Una mesa larga puede ubicarse casi en cualquier lugar y seguir cumpliendo la misma función. Puede extenderse bajo el toldo de un mercado, recorrer el comedor de una escuela u ocupar el centro de una sala de estar compartida, y de inmediato cambia la temperatura de la habitación.
Por ello, la mesa larga es menos un objeto que un instrumento espacial. No garantiza una conexión y rara vez parece "inclusiva" por defecto. En cambio, establece condiciones: un borde compartido, un ritmo común de llegada, un campo de visibilidad mutua o una regla que convierte el comer en una escena con otras personas. Los estudios sobre la alimentación describen esta práctica como comensalidad —el acto de comer en conjunto y el orden social que esto puede crear, reforzar o cuestionar—. No obstante, lo que importa aquí no es una dimensión específica ni la función de la mesa, sino la forma en que una superficie larga alberga la diferencia, la conversación y el silencio; la intimidad y la distancia; la decisión de unirse y el derecho a vacilar.
Seleccionado como uno de los ganadores de los ArchDaily 2025 Next Practices Awards, NAAW representa a una nueva generación de estudios de arquitectura que están reconfigurando la práctica contemporánea en Asia Central. Fundado en 2019 por Elvira Bakubayeva y Aisulu Uali, el estudio opera en la intersección de la investigación, la colaboración interdisciplinaria y la experimentación espacial, posicionando a la arquitectura como una herramienta de reflexión y un agente activo en la configuración de la identidad contemporánea de Kazajistán.
Cada vez se le pide a la arquitectura que haga menos, no más. En entornos marcados por el movimiento constante, el ruido y las expectativas, los espacios que permiten a las personas quedarse, hacer una pausa y estar presentes se han vuelto tan escasos como necesarios. Muchos lugares públicos y semipúblicos están diseñados para mantener a las personas en movimiento, consumiendo o reaccionando, lo que deja poco margen para la permanencia, la observación o el simple hecho de estar sin un motivo aparente.
Frente a este escenario, un número creciente de obras está desviando la atención de la activación para centrarla en la presencia. En lugar de exigir que las personas interactúen o participen, estos espacios crean condiciones que favorecen la permanencia. El confort, la continuidad y la apertura permiten a las personas quedarse sin presiones ni obligaciones, convirtiendo la presencia en una cualidad espacial más que en una actividad.
Este artículo es parte de nuestra nueva sección de Opinión, un formato de ensayos argumentativos sobre las preguntas críticas que definen nuestra disciplina.
Tradicionalmente, la visita a un museo es un acontecimiento programado con una secuencia claramente pautada. La llegada se celebra de forma ceremonial —a través de grandes escalinatas o umbrales, taquillas y mostradores de información, una audioguía y un conciso prefacio institucional sobre su misión e historia. Ese carácter deliberado de "ocasión especial" deriva de cómo se concibieron los museos durante mucho tiempo: intencionadamente excepcionales, rigurosamente curados y organizados en torno a un arco narrativo específico. En este modelo, el museo asume una voz de autoridad —con un conocimiento profundo, validado y digno de respeto antes que de cuestionamiento—, mientras que la arquitectura y la coreografía del espacio refuerzan una manera unívoca de ingresar, aprender y recordar.
Nicolás Valencia conversa con la arquitecta chilena Macarena Cortés, autora de Turismo y Arquitectura Moderna en Chile, una mirada sobre la arquitectura que permitió hacer de Chile un país turístico desde mediados de los años treinta a través de la publicidad ferroviaria.
https://www.archdaily.cl/es/1037649/hoteles-balnearios-y-trenes-la-arquitectura-del-turismo-del-siglo-xx-con-macarena-cortesArchDaily Team
Los espacios de ocio suelen ser el punto de encuentro donde se cruzan distintas generaciones. Sin programas formales ni roles asignados, permiten a las personas desplazarse, detenerse y permanecer juntas, habitando el espacio cada una a su manera. En un entorno construido cada vez más marcado por la especialización y la segregación, estos ámbitos espaciales compartidos son cada vez menos comunes, lo que otorga a la arquitectura orientada al ocio una relevancia renovada.
Los debates en torno al espacio público han señalado reiteradamente el valor de la apertura y la flexibilidad para sostener la vida colectiva. Al reflexionar sobre cómo las personas leen, habitan y adaptan el espacio, el arquitecto Herman Hertzberger habla de la arquitectura no como un conjunto de instrucciones, sino como un marco de posibilidades: una estructura que invita a la interpretación en lugar de prescribir el comportamiento. Según sus propias palabras, "lo que deberíamos producir en arquitectura es algo parecido a la competencia, a la posibilidad; algo que la gente pueda manejar libremente a su manera". En lugar de intentar forzar la interacción, la arquitectura configura las condiciones que hacen posible el encuentro.
WORKac es una firma con sede en Nueva York fundada en 2003 por Amale Andraos y Dan Wood. La oficina siempre ha creído en "el poder de la arquitectura y el diseño para comprometerse con las preocupaciones ambientales y sociales, y para crear nuevas posibilidades para el futuro". En ese sentido, la dirección de la oficina define su enfoque de la arquitectura como una evolución constante. Para su equipo, se trata de un proceso continuo de aprendizaje, cuestionamiento y reaprendizaje, alimentado por el compromiso de la práctica con la cultura, el clima y la historia locales, así como por el discurso en los campos de la ecología, el paisaje y el urbanismo. De este modo, logran integrar estos temas con un enfoque en proyectos públicos, culturales y cívicos que buscan reinventar la manera en que las personas viven, trabajan y experimentan el mundo.
Ha comenzado un nuevo año y, con él, una nueva edición de los Premios ArchDaily Building of the Year. Durante 17 años, les hemos entregado las riendas a ustedes, nuestros/as lectores/as, para elegir los mejores proyectos de arquitectura del año, y su respuesta siempre ha estado a la altura. Con una selección completamente nueva de más de 3,000 proyectos de todo el mundo, ha llegado el momento de perderse en nuestra biblioteca de proyectos y comenzar a hacer su selección.
Desde una pequeña biblioteca en la zona rural de Myanmar, galardonada en la primera edición del Building of the Year en 2009, hasta una innovadora planta de valorización energética de residuos en 2025, los proyectos ganadores de estos premios siempre han resultado sorprendentes, inspiradores y, sobre todo, un reflejo del panorama arquitectónico actual. Cualquier persona puede registrarse para obtener una cuenta gratuita de ArchDaily y votar. Por ello, les invitamos a explorar el catálogo de proyectos publicados en 2025 —todos ellos elegibles para participar en una o más de las 15 categorías disponibles— para elegir a sus favoritos.
https://www.archdaily.cl/es/1093345/los-premios-archdaily-building-of-the-year-2026-ya-estan-abiertosDaniela Porto
Al funcionar con solo cinco notas, la escala pentatónica establece un sistema musical estable e intuitivo en el cual la claridad estructural permite la variación sin riesgo de una disonancia excesiva. A partir de esta estructura consolidada, que constituye la base de innumerables estilos musicales —sobre todo de la música popular—, el blues introdujo una inflexión decisiva al incorporar notas adicionales a la escala. Sin entrar en tecnicismos excesivos, se trata de sutiles desviaciones tonales, de pequeñas disonancias asociadas a menudo con un sonido más melancólico, conocidas como blue notes. Ejecutadas de manera fugaz en lugar de como acentos enfáticos, tensionan brevemente el sistema, aportando expresividad y profundidad al mismo tiempo que mantienen intacta la estructura subyacente.
Si en la música la escala de blues opera mediante una sutil desviación que «condimenta» la estructura de base, un principio similar puede identificarse en la arquitectura. Aunque las comparaciones entre diferentes lenguajes artísticos siempre resultan delicadas, es posible reconocer proyectos que encuentran su fuerza expresiva no en la ruptura, sino en inflexiones localizadas introducidas dentro de sistemas claros, ya sea de modulación, sustracción, materialidad o tipología. Los desplazamientos y asimetrías localizados funcionan como tensiones internas que no comprometen la coherencia del conjunto, revelando cómo la expresividad puede surgir de la desviación controlada más que de la excepción permanente.
Al desarrollar un proyecto de arquitectura, existen múltiples puntos de partida posibles. Algunos/as arquitectos/as comienzan con el volumen, esculpiendo gradualmente la forma en diálogo con su contexto. Otros/as parten de la sección longitudinal, mientras que hay quienes organizan el proyecto en torno a la distribución funcional de la planta. No existe un método correcto o incorrecto, sino enfoques distintos que reflejan diferentes maneras de pensar y hacer arquitectura. Sin embargo, desde la adopción masiva de los paneles solares y la energía fotovoltaica, ha surgido un patrón recurrente: estos sistemas casi siempre se introducen en una etapa tardía del proceso, planteados como optimizaciones técnicas o respuestas a normativas y requisitos de eficiencia energética. Como consecuencia, suelen tratarse como elementos secundarios, relegados con frecuencia a las cubiertas o a zonas menos visibles, y desvinculados del lenguaje arquitectónico del edificio.
La arquitectura residencial sigue siendo uno de los campos más activos para la exploración de proyectos no construidos, ofreciendo una perspectiva a través de la cual los/las arquitectos/as repiensan cómo el espacio doméstico puede responder al paisaje, al clima y a las dinámicas de vida contemporáneas. En esta edición de Obra No Construida, enviada por la comunidad de ArchDaily, las propuestas seleccionadas reúnen una variedad de proyectos residenciales que abordan casas, villas y refugios como escenarios de retiro, mediación y habitabilidad cotidiana. En lugar de tratar el hogar como un objeto fijo o aislado, estos proyectos lo conciben como un marco espacial que negocia la exposición, la privacidad y el vínculo con el lugar.
Cómo el proyecto "Espacios de Paz" está transformando los espacios comunitarios en Venezuela Pinto Salinas -- Oficina Lúdica + PKMN. Imagen Cortesía de PICO Estudio
En América Latina, los encuentros no nacen necesariamente de grandes gestos arquitectónicos o de planes urbanos monumentales. Emergen del entre, del espacio intermedio: el patio, la galería, la acera, el corredor compartido. Estos espacios, muchas veces considerados residuales o informales por la disciplina tradicional, son precisamente aquellos donde lo cotidiano construye vínculos.
De esta cultura latinoamericana surge una lógica espacial en la que la vida cotidiana se organiza de manera relacional y extensiva. Prácticas como sentarse a la puerta de casa, ocupar la acera o jugar en la calle producen una ciudad vivida más allá de los límites formales del proyecto.