
Algunas lecciones, por sencillas que sean, pueden resonar de manera duradera en nuestras prácticas personales. Tal es el caso de un recuerdo específico de los años de carrera, en el programa de Arquitectura y Urbanismo en la Escola da Cidade, onde, en una clase de dibujo técnico de segundo año, los/as profesores/as nos sugirieron volver a trazar los planos de la casa Butantã, del arquitecto Paulo Mendes da Rocha. Recuerdo que, de inmediato, una parte de los/as estudiantes consideró que aquella actividad era poco especial o incluso irrelevante —lo cual también resulta comprensible—, mientras que para otros/as sin duda fue grata y fructífera, aun si no recuerdan este episodio específico más de una década después, como es mi caso. El valor de exponernos a diferentes actividades dentro de las asignaturas, desde las más convencionales hasta las menos habituales, de las más simples a las más complejas, radica en que cada persona aprovechará una u otra herramienta y conocimiento de maneras distintas. De ahí la importancia de la amplitud de experiencias, incluso dentro de la enseñanza aparentemente rígida del dibujo técnico. Lo que es banal para algunos/as puede resultar instrumental para otros/as, ya sea de forma puntual o prolongada.
































