
Si se camina a lo largo de un río en casi cualquier ciudad de América Latina, se encontrarán tramos rectificados, revestidos de concreto, sepultados bajo vialidades o relegados detrás de zonas industriales y barrios residenciales. A lo largo del siglo XX, la expansión urbana ocupó paulatinamente las riberas y las antiguas llanuras aluviales, mientras que los cursos de agua fueron desviados o confinados en infraestructuras diseñadas para controlarlos. Sin embargo, el agua siguió reclamando su espacio. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo, las inundaciones han sido durante décadas el desastre natural más frecuente en América Latina y el Caribe.
Algunas ciudades han comenzado a replantearse la relación con estos bordes urbanos. En Chile, México y Brasil, se están desarrollando parques en cauces de ríos, canales de drenaje y otras áreas expuestas a inundaciones. Estos espacios albergan el agua durante las lluvias intensas, al tiempo que ofrecen zonas de recreación, tránsito y encuentro durante gran parte del año. Asimismo, su diseño transforma la forma en que los vecindarios colindantes acceden a territorios antes vinculados con inundaciones, contaminación o un uso público limitado.
































