El patio de Rozzol Melara mide doscientos metros por lado, lo que lo convierte en un espacio más grande que cualquier plaza de Trieste. Dos bloques de concreto expuesto en forma de L lo delimitan —uno de ellos con el doble de altura que el otro—, elevándose de siete a quince pisos a medida que la ladera desciende hacia el golfo, a cuatro kilómetros de distancia. Pilares de concreto espaciados cada quince metros sostienen los bloques sobre una pendiente que nunca llegan a tocar, abriendo pórticos lo suficientemente profundos como para transitarlos, y sobre ellos las fachadas se resuelven en logias a la escala de una habitación individual. Desde la carretera costera, nada de esto resulta legible; solo se aprecia una línea gris dibujada sobre las colinas.
En el interior del recinto, el Istituto Autonomo Case Popolari de Trieste construyó el resto de la ciudad. Los 648 departamentos ocupan menos espacio en la planificación que las escuelas, la oficina de correos, el centro de salud, el salón parroquial, las más de veinte tiendas y el garaje de dos niveles. A todos estos servicios se accede a través de calles cubiertas que recorren longitudinalmente los bloques y cruzan el patio mediante una pasarela elevada, de modo que el trayecto desde la puerta de un hogar hasta una tienda o un aula transcurre por el espacio colectivo sin necesidad de salir al exterior. Un equipo de veintinueve arquitectos y arquitectas trabajó en el proyecto bajo la coordinación de Carlo Celli, basándose en estudios sociológicos encargados de manera previa al diseño.
El Congreso Nacional en construcción, visto desde el STF (Supremo Tribunal Federal), 1958. Imagen de la Colección de la Agencia Nacional, Archivo Nacional, Dominio Público
Construir una ciudad desde cero no es tarea fácil. Nunca lo ha sido y nunca lo será. La sola idea de crear algo que de otro modo se desarrollaría y crecería gradualmente exige recursos, organización y, sobre todo, mano de obra. Así ocurrió en 1958, cuando la Meseta Central de Brasil se convirtió en uno de los mayores sitios de construcción del siglo XX para la edificación de Brasilia. Decenas de miles de candangos (migrantes provenientes principalmente del nordeste de Brasil, muchos de ellos sin capacitación técnica previa) llegaron para levantar una capital entera en poco más de tres años, bajo el lema del entonces presidente Juscelino Kubitschek de alcanzar "cincuenta años de progreso en cinco". La arquitectura de Oscar Niemeyer y el plano de Lúcio Costa no habrían sido posibles sin dar por sentado que había suficiente mano de obra disponible y dispuesta a soportar salarios bajos y condiciones extremadamente duras para transformar el hormigón y las curvas en un símbolo nacional.
En el corazón del distrito de Navrangpura, en Ahmedabad, India, se encuentra el Estadio Sardar Vallabhbhai Patel. Más que un simple campo de críquet, el estadio se erige como uno de los primeros experimentos de la India en arquitectura pública modernista. Construida en las décadas posteriores a la independencia del país, la estructura no solo se ha convertido en un hito de la ingeniería, sino también en un importante espacio público dentro del tejido urbano de Ahmedabad. A pesar de la trascendencia arquitectónica e histórica del edificio, así como de su profunda integración en la vida comunitaria diaria, la estructura ha sufrido un importante deterioro físico a raíz de décadas de mantenimiento deficiente y falta de financiamiento. Esta fragilidad es, precisamente, la razón por la que ha captado la atención internacional. En 2020, el World Monuments Fund (WMF) incluyó al Estadio Sardar Vallabhbhai Patel en el World Monuments Watch, una lista global que destaca los sitios de patrimonio cultural que enfrentan desafíos urgentes de conservación.
Agosto de 2023; una perspectiva aérea captura la gran escala de la secuencia de construcción horizontal a medida que la estructura comienza a tomar su forma orgánica en el sitio. Imagen cortesía de Clark Construction
Las recientemente inauguradas David Geffen Galleries en el LACMA son el resultado de más de una década de esfuerzos en múltiples frentes: la ciudad, el condado, el público, el arquitecto, los equipos de ingeniería, la empresa contratista general y los diversos agentes de la construcción involucrados en plasmar un diseño ambicioso y visionario en una obra construida. El proyecto también ha estado sujeto a un escrutinio inusualmente intenso, con reacciones que van desde la admiración por su meticulosa construcción y ambición arquitectónica hasta críticas sobre su escala, costo, masa de concreto y complejidad de ingeniería en una ciudad propensa a sismos como Los Ángeles. Más allá de las posturas, el edificio sigue siendo un caso de estudio excepcionalmente sofisticado sobre cómo se negocia la arquitectura a través de la construcción.
Esta conversación aborda las David Geffen Galleries desde la perspectiva de Clark Construction, la empresa contratista general encargada de ayudar a materializar el diseño de Peter Zumthor. Carlos González, presidente de grupo en Clark Construction, supervisó el proceso de construcción y compartió con ArchDaily algunos de los desafíos técnicos, materiales y logísticos del edificio. Estos abarcan desde su monolítica estructura de concreto y su extenso sistema de postensado hasta los 56 aisladores sísmicos que permiten que el edificio se mueva durante un terremoto; desde las impredecibles condiciones del suelo cerca de los pozos de alquitrán de La Brea hasta la fabricación de parteluces de bronce macizo y la integración de sistemas mecánicos dentro de la estructura de concreto de doble losa del edificio.
En una época tan obsesionada con el cuidado de la piel y las apariencias, pocos/as arquitectos/as se interesan realmente por los intestinos de nuestros edificios. Con una práctica arraigada en la conciencia contextual y el pragmatismo técnico, sensible a las necesidades de las personas a las que sirve y a las limitaciones de recursos, la arquitecta marroquí Aziza Chaouni se enfoca en los sistemas ocultos que permiten que la arquitectura exista. Durante las últimas dos décadas, ha trabajado en proyectos en diversas geografías, particularmente en la región del Sáhara, colaborando activamente con sus comunidades y su patrimonio.
Actualmente al frente del Laboratorio Sur-Norte (SoNo) para la Construcción Sostenible y la Conservación en la EPFL de Lausana (Suiza), Chaouni aporta al ámbito académico su experiencia arquitectónica en el desarrollo de proyectos bajo restricciones severas, abogando por una colaboración recíproca entre el Sur Global y el Norte Global. ArchDaily tuvo la oportunidad de conversar con Aziza sobre su experiencia en África y cómo esta puede fomentar formas más sostenibles de diseñar edificios para el futuro de nuestras ciudades.
Ubicado en el paisaje montañoso de Zabbougha, Líbano, el Refugio Cápsula de EAST Architecture Studio se define a través de su propio proceso de creación. El proyecto se despliega mediante decisiones materiales, ajustes en obra y condiciones cambiantes, permitiendo que la construcción misma guíe su lógica espacial.
El proceso de construcción desempeñó un papel central en la definición del proyecto. Construida durante un período marcado por el colapso económico, la escasez de materiales y la constante inestabilidad en el Líbano, la vivienda se desarrolló mediante una adaptación continua. Ante la falta de una empresa constructora principal, el equipo de arquitectura asumió un rol más amplio: coordinar a los artesanos, probar ideas directamente en la obra y responder a limitaciones cambiantes. En este contexto, las condiciones sociopolíticas se convirtieron no solo en un desafío, sino en un catalizador para replantear el diseño. "Estábamos constantemente probando ideas en el lugar", comentan Charles Kettaneh y Nicolas Fayad, fundadores de EAST Architecture Studio, "adaptando estas decisiones a nivel económico mientras explorábamos lo que la artesanía local podía ofrecer".
Buildner ha anunciado los resultados de su concurso Concrete Pavilion. Como parte de la serie Material Studies de Buildner, la convocatoria invitó a arquitectos/as y diseñadores/as a explorar el potencial arquitectónico del concreto a través del diseño de un pabellón experimental. Se desafió a los y las participantes a reconsiderar este material más allá de su uso convencional, investigando sus posibilidades espaciales, estructurales y sensoriales.
Cuando la Ciudad de México albergó los Juegos Olímpicos en 1968, marcó la primera vez que la justa deportiva se otorgaba a un país latinoamericano, así como la primera ocasión en que una nación de habla hispana fungía como anfitriona. Este acontecimiento representó una oportunidad inmejorable para proyectar a México y su cultura en el escenario internacional, lo que impulsó al gobierno a conformar un comité organizador integrado por destacados talentos locales. Al frente de este comité se designó como presidente a Pedro Ramírez Vázquez, arquitecto mexicano que ejercía una gran influencia en el programa de obras públicas estatales de mediados de siglo. Su enfoque era explícito: concebía la arquitectura como una síntesis de las técnicas del modernismo internacional con referentes precolombinos y la cultura material de la región. Bajo su dirección, el comité supervisó la construcción y adecuación de sedes distribuidas en el sur de la Ciudad de México, diseñadas y edificadas en su gran mayoría por profesionales locales de la arquitectura, la ingeniería y el sector técnico.
El 4 de marzo de 2026 se inauguró un pabellón elipsoidal con cúpula para la producción de hongos, diseñado por OMA para la Fundación Casa Wabi. El edificio se ubica dentro del terreno de 25 hectáreas de Casa Wabi en Oaxaca, México, en la costa del Pacífico, a unos 30 minutos de la ciudad de Puerto Escondido. Casa Wabi es una fundación creada por el artista Bosco Sodi que promueve el intercambio de ideas entre artistas de diversas disciplinas y las comunidades locales. El edificio principal de la fundación fue diseñado por el arquitecto japonés Tadao Ando y se completó en 2014. El pabellón diseñado por OMA incorpora un nuevo espacio para el cultivo de hongos y el fomento del intercambio entre gastronomía, arte, naturaleza y las comunidades locales a las instalaciones de la fundación, las cuales incluyen una palapa de usos múltiples, seis dormitorios, dos estudios cerrados, seis estudios abiertos, una sala de proyección y auditorio, una sala de exposiciones de 450 m² y diversos espacios de trabajo.
Estructura de la casa. Imagen cortesía de IGArchitects
Fundada en 2020 por Masato Igarashi, IGArchitects es una práctica de arquitectura con sede en Tokio y Saitama, Japón. El estudio, uno de los ganadores de los premios ArchDaily 2025 Next Practices Awards, explora una arquitectura perdurable a través de un tratamiento minucioso pero asertivo de la estructura, la escala y la materialidad. Antes de establecer su propia oficina, Igarashi trabajó en la firma de gran escala Shimizu Sekkei y en Suppose Design Office, adquiriendo experiencia en proyectos que van desde desarrollos de gran envergadura hasta obras de menor escala impulsadas por conceptos. Esta amplitud de experiencia sigue influyendo en el enfoque actual de IGArchitects en la arquitectura residencial y comercial en todo Japón.
A medida que el 2025 se acerca a su fin, miramos hacia atrás en un año lleno de eventos en el mundo del diseño de interiores. El año pasado, los diseñadores optaron por enfoques reservados y modestos, una tendencia que continuó de años anteriores. La aparición de la inteligencia artificial generó intensas discusiones sobre la equidad digital y la desinformación, que continuaron en 2025, especialmente con el tema de la Bienal de Arquitectura de Venecia, Intelligens. Esto abrió la conversación sobre las oportunidades de las tecnologías digitales, intentando un enfoque más esperanzador. Por otro lado, los proyectos de diseño de interiores realizados a lo largo del año se centraron más en lo tangible y lo pragmático, con materiales expresados en bruto y una apreciación de la historia.
Mientras que la reutilización adaptativa ha sido cada vez más reconocida como una estrategia arquitectónica vital en todo el mundo, su discurso e implementación en Asia todavía están en expansión—impulsados por una creciente conciencia ecológica y una comprensión cambiante del conocimiento arquitectónico. En lugar de acelerar un modelo desarrollista centrado en la demolición y la nueva construcción, los arquitectos y arquitectas de hoy se enfrentan a un enfoque diferente hacia el entorno construido: tratar la estructura existente como un recurso—un archivo de materiales, organizaciones espaciales e historias informales.
La reutilización adaptativa a menudo se asocia con la preservación de edificios históricos y patrimonio culturalmente significativo. Sin embargo, el vasto campo de estructuras aparentemente 'menos valoradas'—casas abandonadas, viviendas antiguas pero estándar, edificios de oficinas no conformes y vacíos urbanos pasados por alto—se ha convertido en un terreno de experimentación. Estos sitios desafían a arquitectos y diseñadores a reconsiderar los estándares prevalecientes de eficiencia y desarrollo impulsado por el mercado, y a imaginar prácticas espaciales y ecológicas que eviten la continua pérdida de material incorporado y conocimiento cultural inherente a la reconstrucción constante.
¿Qué es la arquitectura? Para algunos, su función tradicional es reunir imaginación, conocimiento técnico y capacidad de resolución, permitiendo a los arquitectos proyectar y construir mientras equilibran las ideas con los medios para llevarlas a cabo. Desde la piedra y la madera de las primeras construcciones hasta el acero y el hormigón del siglo XX, cada época exigió no solo comprender la forma, sino también las propiedades y el potencial de los materiales empleados. Este dominio de los materiales siempre ha sido una parte esencial del proceso creativo, aunque su alcance estuvo limitado por los saberes y las tecnologías disponibles.
Con el tiempo, ese equilibrio ha comenzado a cambiar. Los arquitectos han pasado de limitarse a utilizar materiales a diseñarlos activamente, aplicando principios científicos y experimentando con procesos biológicos, químicos y computacionales. Esta evolución ha ampliado las posibilidades de la arquitectura, entrelazando naturaleza, tecnología y arte, mientras impulsa el rol del arquitecto hacia una dimensión más experimental y guiada por la ciencia, en la que la manipulación y creación de materiales se convierten en el núcleo del acto creativo y no solo en un medio para alcanzar formas o estructuras.
¿Y si la mejor forma de jugar no fuera la más segura? Durante décadas, las ciudades han construido parques infantiles limpios, coloridos y fáciles de supervisar. Sin embargo, estos espacios—diseñados más para tranquilizar a los adultos que para despertar la curiosidad de los niños—suelen despojar al juego de lo que lo hace realmente transformador: el riesgo, la imprevisibilidad y la autonomía. Los crecientes estándares de seguridad, la reducción del espacio público y la comercialización del equipamiento han limitado aún más las posibilidades de la exploración independiente. Desde un solar en ruinas en la Copenhague de los años 40 hasta los paisajes de hormigón en el Ámsterdam de la posguerra, arquitectos, urbanistas y activistas se atrevieron a desafiar la idea de que el juego debía ser limpio y controlado. Sus propuestas poco convencionales—hechas de materiales sueltos, formas abstractas y recursos improvisados—ofrecieron a los niños la libertad de construir, demoler, explorar y ensuciarse.
A medida que la incertidumbre climática y los cambios en los ecosistemas redefinen las prioridades del diseño, la arquitectura asume un papel cada vez más activo en estos debates, en lugar de limitarse a observar. Desde esta perspectiva, la idea de hacer un "re" fomenta un paso atrás consciente para repensar, reconectar y realinear la relación entre los edificios y su entorno. Este enfoque, fundamental para la arquitectura regenerativa, se extiende más allá de tecnologías o escalas específicas, abarcando desde planes maestros que buscan renaturalizar las ciudades hasta pabellones nacionales que combinan arte y ciencia.
¿Cuál es el camino a seguir? Por un lado, muchos debates actuales hacen hincapié en la tecnología; por otro, hay enfoques que, más que oponerse, se complementan entre sí y amplían el abanico de posibilidades, basándose en la tradición, los conocimientos ancestrales y un profundo conocimiento del entorno. Entre estas perspectivas, la obra de Rudolf Steiner y el movimiento antroposófico, desarrollado a principios del siglo XX, ofrece una visión e ideas que conectan la arquitectura con los ritmos ecológicos, los materiales y la vida comunitaria.
Andanzas y visiones españolas es el libro en el que Miguel de Unamuno recoge sus vivencias durante excursiones por ciudades y paisajes del territorio español, acompañado de amigos y colegas. Más que una descripción geográfica precisa, el texto se compone de narraciones en las que cada región y cada rasgo del territorio deja una huella profunda en su pensamiento. El discurso literario entreteje activamente la diversidad del entorno, el clima y el contexto como hilos fundacionales, presentando el territorio no solo como un lugar físico, sino también como un espacio para la reflexión y la contemplación. Esta mirada atenta al paisaje —tan diverso dentro de la arquitectura española— también resuena en el entorno construido, fomentando en la práctica contemporánea una adaptación sensible a las variadas condiciones climáticas del país, tanto a través de estrategias de diseño como mediante la elección de materiales.
https://www.archdaily.cl/es/1032218/arquitectura-sensible-al-contexto-en-espana-7-proyectos-que-destacan-estrategias-materialesEnrique Tovar