La cultura es el conjunto de saberes y prácticas que las personas utilizan para expresarse y dar sentido al mundo de manera colectiva. Como nos recuerda la filósofa brasileña Marilena Chauí, la palabra deriva del latín colere, que significa "cuidar". En ese sentido, la agricultura representa el cuidado de la tierra, mientras que el culto religioso es el cuidado de los dioses. En su esencia, la cultura es la creación de universos simbólicos expresados a través de diversos lenguajes —incluida la arquitectura— que tejen conexiones a lo largo del tiempo, salvaguardando las memorias del pasado al tiempo que abren nuevas posibilidades para el futuro.
Este mes, ArchDaily explora La arquitectura de la cultura hoy planteando una pregunta central: ¿cómo da forma la arquitectura a la manera en que se produce, consume y experimenta la cultura? Este tema examina cómo la arquitectura tanto moldea la vida cultural como responde a ella, desde la permanencia de museos, teatros y bibliotecas hasta la efimeridad de pabellones, instalaciones y plataformas virtuales. Asimismo, considera el rol de los/las arquitectos/as en la curaduría, la escenografía y el diseño de exhibiciones, así como la representación de los espacios culturales en el cine y los entornos digitales.
Durante más de un siglo y medio, las corporaciones han asumido periódicamente el rol de constructoras de ciudades. Barrios o incluso asentamientos enteros que existen en la intersección entre el comercio y la vida cívica, las "ciudades de compañía" son tipos urbanos recurrentes. La ciudad corporativa se ha remodelado constantemente para adaptarse al espíritu de cada época, ya sea a través del idealismo pastoral de la Inglaterra industrial o del optimismo cinematográfico de los Estados Unidos de mediados de siglo. En su faceta más reciente —el distrito de campus de ingresos mixtos—, la arquitectura se convierte en un lenguaje de pertenencia, identidad de marca y sutil persuasión.
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El fabricante italiano Mara colabora estrechamente con diseñadores, aprovechando el control total de su proceso industrial in situ para fomentar la creatividad y la experimentación en su fábrica de Brescia. Imagen cortesía de Mara
Los dioses del clima no han sido muy benévolos a mi llegada a la fábrica de Mara en las afueras de Brescia. Cuando uno piensa en Italia, especialmente en la industria del diseño, por lo general imagina locaciones bañadas por el sol, donde un Aperol Spritz siempre está al alcance de la mano.
Sin embargo, las condiciones climáticas son, a decir verdad, lo único que este fabricante italiano de mobiliario no puede controlar. Fundada en 1960 por Camillo —abuelo de la actual directora general Laura Marchina y un experimentado metalúrgico dedicado a la fabricación de, nada menos que, cañones de armas—, la empresa, al igual que la propia familia, mantiene todo muy cerca de casa. Muy cerca, de hecho. La historia de Mara no es solo 100% "Made in Italy", sino 100% Brescia. (Dato curioso: el nombre de la empresa es una contracción de "Marchina Arredamenti" o "Mobiliario Marchina".)
Transformar los edificios urbanos en plantas de energía limpia es una estrategia audaz y poderosa para combatir la crisis climática, reducir la dependencia de las redes centralizadas y promover ciudades más resilientes y sostenibles. Desde 2010, las ciudades han sido responsables de más del 75% del consumo mundial de electricidad, una demanda satisfecha históricamente por combustibles fósiles a medida que la urbanización ha ido en aumento desde la Revolución Industrial. A finales del siglo XIX, la energía hidroeléctrica comenzó a ganar relevancia como alternativa renovable. Sin embargo, con los rápidos avances de la tecnología solar, los edificios urbanos tienen ahora un potencial sin precedentes para convertirse en centros de energía autosuficientes.
El modernismo surgió a principios del siglo XX como un movimiento revolucionario que rechazó los estilos históricos, priorizando la funcionalidad, la innovación y la racionalidad. Basados en la promesa del progreso industrial, arquitectos de la talla de Walter Gropius, Le Corbusier y Ludwig Mies van der Rohe promovieron el uso de nuevos materiales y métodos de construcción, en busca de un lenguaje arquitectónico universal. Su obra introdujo ideas radicales: plantas libres, amplios acristalamientos para captar luz natural y pilotes que elevaban las estructuras, simbolizando una nueva era arquitectónica. No obstante, a la par de estas ideas revolucionarias, la relación del modernismo con la sostenibilidad ha suscitado continuos debates.
Si bien los/las arquitectos/as modernistas buscaron abordar los desafíos sociales y económicos mediante viviendas asequibles y un diseño eficiente, su dependencia de materiales con un alto consumo energético, como el hormigón y el acero, generó consecuencias ambientales imprevistas. La industrialización a gran escala, tan celebrada por el movimiento, a menudo ignoró los climas locales y los sistemas ecológicos, lo que derivó en ineficiencias. Sin embargo, los principios de funcionalidad y adaptabilidad intrínsecos de la arquitectura modernista sentaron las bases de lo que hoy reconocemos como prácticas sostenibles. Desde las azoteas ajardinadas de Le Corbusier hasta la integración con la naturaleza de Frank Lloyd Wright, las semillas de un diseño consciente del medio ambiente estuvieron innegablemente presentes, aunque su ejecución resultara limitada.
En la arquitectura moderna, la promenade architecturale se destacó como una estrategia de diseño esencial para materializar los principios de funcionalidad, estética e integración con el contexto urbano. Proyectos icónicos de Le Corbusier, como la Villa Savoye (1929), ilustran este concepto al guiar al/a la visitante por un recorrido ascendente que culmina en la contemplación de la terraza jardín, un espacio abierto donde la edificación dialoga armoniosamente con la naturaleza. Cien años después, el concepto sigue influyendo en proyectos contemporáneos al explorar la relación entre movimiento y espacio en diferentes tipologías arquitectónicas como casas, museos, bibliotecas y parques.
VARID, un conjunto de herramientas de RV y RA para el diseño inclusivo. Imagen cortesía de Foster + Partners
Durante la última década, el diseño arquitectónico ha dependido de métodos de representación bidimensionales, tales como alzados, secciones y plantas, combinados con renderizados digitales de modelos 3D. Si bien estas herramientas son esenciales para transmitir la geometría y la intención del proyecto, siguen estando limitadas por su formato bidimensional. Incluso las visualizaciones más realistas, creadas mediante programas como SketchUp, Revit o AutoCAD, aplanan el espacio y distancian a los/las espectadores/as de la experiencia habitada de un proyecto. En el último tiempo, los/las arquitectos/as han comenzado a explorar tecnologías inmersivas como una forma de cerrar esta brecha entre el dibujo y la experiencia, ofreciendo nuevas maneras de habitar y evaluar las propuestas espaciales.
El calor extremo es una de las consecuencias más urgentes y de más rápido crecimiento del cambio climático, especialmente en las ciudades. Las áreas urbanas son particularmente vulnerables debido a que atrapan el calor en los materiales de construcción y en las calles urbanas, creando condiciones peligrosas para los/las residentes. A medida que las temperaturas continúan aumentando y las olas de calor se prolongan, las ciudades se enfrentan al desafío de seguir siendo habitables ante esta amenaza cada vez más intensa.
En los últimos años, la arquitectura ha adoptado cada vez más la adaptabilidad, la flexibilidad y la capacidad de respuesta como principios fundamentales de diseño. Esta evolución refleja una transición desde las nociones tradicionales de estructuras estáticas y permanentes hacia entornos dinámicos capaces de ajustarse a necesidades y condiciones cambiantes. En el centro de esta transformación se encuentra el concepto de "arquitectura blanda", que aprovecha materiales flexibles y sistemas innovadores para crear espacios funcionales, sostenibles y centrados en las personas usuarias. La arquitectura blanda toma forma a través de membranas que respiran, fachadas en movimiento, estructuras que se inflan o se pliegan, y superficies que se doblan en lugar de romperse. Implica diseñar para la transformación — no solo en términos del rendimiento ambiental de un edificio, sino también en cómo este puede albergar funciones cambiantes, interacciones de las personas usuarias u ocupaciones temporales. Este enfoque constructivo desafía las nociones tradicionales de durabilidad y control, proponiendo en su lugar una arquitectura más receptiva y de final abierto. Refleja una conciencia cada vez mayor de que los edificios, al igual que las sociedades a las que sirven, deben ser capaces de evolucionar.
La intersección entre la arquitectura y la medicina moldeó profundamente el diseño moderno, un ámbito donde la transparencia, la luz y el aire se convirtieron en herramientas esenciales en la búsqueda de la salud. Surgido de la crisis de la tuberculosis de finales del siglo XIX y principios del XX, el sanatorio evolucionó más allá de una instalación médica para convertirse en un campo de pruebas para la innovación arquitectónica. La necesidad de aire fresco, luz solar y esterilidad transformó estos espacios en prototipos de los principios modernos, influyendo en la organización espacial, la elección de materiales y las filosofías de diseño que se extendieron mucho más allá de la atención médica.
Más que simples lugares de tratamiento, los sanatorios materializaron las teorías médicas de la época en el entorno construido. En una época en que la tuberculosis —a menudo llamada la peste blanca— asolaba a poblaciones de todo el mundo, los profesionales de la medicina prescribían la exposición al entorno como terapia principal. En consecuencia, la arquitectura se adaptó y dio origen a edificios con terrazas amplias, grandes ventanales e interiores depurados, diseñados para optimizar la ventilación y maximizar la luz natural.
En el corazón de El Cairo, en medio de sus hitos históricos y su tejido urbano en constante evolución, un singular movimiento arquitectónico modernista cobró fuerza en las décadas de 1950 y 1960. Este reflejó la respuesta de la ciudad a rápidos cambios políticos, económicos y sociales. A su llegada, el modernismo en El Cairo no fue simplemente un estilo importado, sino una "respuesta pragmática a las necesidades de una ciudad en crecimiento". Los/las arquitectos/as se centraron en la funcionalidad, la eficiencia y la adaptación de los diseños al clima local y al contexto cultural. Tras la revolución de 1952, Egipto experimentó profundas transformaciones bajo el liderazgo del presidente Gamal Abdel Nasser. En efecto, el gobierno buscó construir una nueva identidad nacional que reflejara el progreso y la autosuficiencia del país. La arquitectura desempeñó un papel crucial en este esfuerzo, con un marcado enfoque en la modernización y el desarrollo. El Estado invirtió en proyectos a gran escala para satisfacer las necesidades de una población en rápido crecimiento y de industrias en expansión. Este período marcó una transición desde las influencias de la época colonial hacia la búsqueda de una identidad arquitectónica propia que se alineara con las aspiraciones políticas y sociales de la época.
La reutilización adaptativa se ha convertido en un término de moda en la industria de la arquitectura. Presentada como una solución sostenible y económica al deterioro urbano, esta práctica ha sido adoptada por ciudades que enfrentan las presiones del cambio climático, las limitaciones inmobiliarias y la preservación cultural. Se contrata cada vez más a los/las arquitectos/as para rehabilitar lo antiguo en lugar de construir de nuevo. Dentro de este discurso, crece la inquietud sobre quién tiene la posibilidad de reutilizar y cómo.
La arquitectura va más allá de su función fundamental de definir espacios y brindar protección; modela la experiencia de las personas, influyendo en las sensaciones de confort, amplitud y bienestar. Entre los múltiples de elementos que componen un edificio, las aberturas juegan un papel crucial al conectar el interior con el exterior, equilibrar la privacidad y la transparencia, y permitir el ingreso de ventilación y luz natural. En particular, la luz natural transforma los ambientes, define atmósferas y realza los detalles arquitectónicos, haciendo que los espacios resulten más dinámicos y acogedores.
Históricamente, la arquitectura ha producido muchos edificios icónicos moldeados por visiones singulares; a menudo, diseñados de manera unilateral para las personas usuarias, las comunidades y las ciudades. Si bien este enfoque vertical ha permitido una sólida coherencia formal y claridad conceptual, también ha priorizado la autoría por encima de la participación. El resultado: proyectos que pueden ser celebrados como visionarios, pero que a menudo se sienten desconectados de las realidades cotidianas de quienes los habitan.
Diseñar para otras personas es intrínsecamente complejo. Como profesionales de la arquitectura, con frecuencia se nos encomienda la tarea de crear entornos para comunidades con las que quizás no tengamos ninguna familiaridad personal o cultural. Sin embargo, esta distancia puede aportar una valiosa objetividad: nos permite abordar diversas perspectivas con una mirada fresca, analizando críticamente las necesidades y limitaciones de múltiples actores involucrados. A través de este proceso, la disciplina de la arquitectura ha avanzado, ampliando los límites del pensamiento espacial, la innovación de materiales y la experimentación estructural.
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Meeting House Square, Temple Bar. Imagen cortesía de Sean Harrington Architects
El veterano crítico de arquitectura irlandés Shane O'Toole señaló alguna vez que, al viajar por Europa en la década de 1970, "el comentario generalizado era: ¿existe la arquitectura moderna en Irlanda? Ahora, en menos de 50 años, hemos sumado un Premio Pritzker y dos galardonados con la Medalla de Oro Real del RIBA en solo cinco años". O'Toole atribuye este cambio de percepción a un concurso de diseño que impulsó las carreras de profesionales que hoy lideran la arquitectura galardonada en Irlanda. Se trató del concurso para el Plan Maestro de Temple Bar (Temple Bar Framework Plan) de 1991, en pleno centro de Dublín, la capital de Irlanda, que fue ganado por un colectivo de arquitectos y arquitectas que rondaban los treinta años, agrupados bajo el nombre de Group 91.
La rápida urbanización, impulsada por el crecimiento demográfico, es una de las grandes megatendencias que están transformando la forma en que se construyen las ciudades. Cada semana, el mundo suma una ciudad del tamaño de Madrid —y lo seguirá haciendo durante las próximas décadas. Para satisfacer esta demanda de manera sostenible, se requiere un enfoque colaborativo y un pensamiento sistémico aplicado a la construcción.
Los museos y centros culturales ocupan un lugar único en la sociedad como espacios para el aprendizaje, el encuentro comunitario y la conexión. Funcionan como plataformas para preservar la historia y acercar al público a nuevas ideas y perspectivas. La arquitectura juega un papel fundamental en la configuración de estas experiencias, al proporcionar el marco físico y emocional que potencia la interacción de las personas con el arte, la cultura y entre sí. Desde estructuras monumentales hasta diseños más íntimos, estos edificios culturales tienen el potencial de reflejar las identidades locales, defender la sustentabilidad e inspirar a los y las visitantes, al tiempo que crean hitos culturales duraderos.
De Los Ángeles a Turku y Vinh Long, esta selección de propuestas conceptuales de museos y centros culturales enviadas por la comunidad de ArchDaily destaca la diversidad y la creatividad de los proyectos no construidos. Cada mes, el equipo editorial de ArchDaily selecciona una colección de proyectos conceptuales centrados en un tema o programa específico, presentados por profesionales de la arquitectura de todo el mundo. En esta selección, las propuestas abarcan desde la ampliación de un museo para niños y niñas en los Estados Unidos hasta un museo agrícola sustentable en Vietnam; todas ellas muestran cómo la arquitectura puede responder a contextos locales específicos al tiempo que fomenta temas universales de educación, juego y descubrimiento. Ya sea celebrando el patrimonio arqueológico en Chipre o reimaginando los espacios públicos en Finlandia, estos proyectos exploran cómo los museos pueden funcionar como centros culturales que involucran y potencian a sus comunidades.
En el desarrollo urbano contemporáneo, el concepto de Espacio Público de Propiedad Privada (POPS, por sus siglas en inglés) ha ganado un protagonismo creciente. Se trata de espacios que, si bien son construidos, poseídos y mantenidos por empresas desarrolladoras privadas, tienen la obligación legal de permanecer abiertos al público. Surgidos a menudo como resultado de incentivos de planificación negociados —como beneficios de zonificación o un mayor coeficiente de edificabilidad—, los POPS se han vuelto especialmente comunes en entornos urbanos densos donde el suelo es limitado y la demanda de servicios públicos es alta.
En la preservación de la arquitectura, existen diversos enfoques posibles: desde tratar un edificio como un monumento estático, restaurándolo meticulosamente in situ al punto de limitar el acceso público, hasta estrategias adaptativas más flexibles que reprograman y modifican los espacios interiores conservando al mismo tiempo elementos arquitectónicos clave como la materialidad y la forma estructural. Sin embargo, un método se destaca, tanto por su ambición como por su controversia: desmantelar deliberadamente un edificio —ladrillo por ladrillo—, etiquetar y documentar meticulosamente cada pieza, y almacenarla hasta que surja un nuevo sitio, propósito o narrativa. Para luego volver a ensamblarlo, posiblemente para un uso completamente diferente. Aunque el contexto original se pierda, esta estrategia busca preservar el significado cultural a través de la transformación en lugar del estatismo. Esta es la historia de Murray House en Stanley, Hong Kong.
Construida originalmente en 1846 como alojamiento para oficiales militares británicos en el distrito de Central, Murray House fue uno de los primeros ejemplos de arquitectura neoclásica en Hong Kong, un vestigio único y perdurable del pasado colonial de la ciudad. Sus robustas columnatas de granito y su fachada simétrica se erigieron como un símbolo de permanencia clásica. Durante la ocupación japonesa de Hong Kong en 1941, la función del edificio se reconfiguró para albergar el centro de mando de la policía militar japonesa. Sobrevivió a la guerra y continuó albergando diversos departamentos gubernamentales durante las décadas de la posguerra.
Sistema de puerta corrediza SL500. Imagen cortesía de ASSA ABLOY
A lo largo de la historia, las puertas —y, más tarde, las puertas automáticas— han cumplido un propósito mucho mayor que el de simplemente marcar un acceso de entrada o salida. Definen umbrales, guían el flujo de movimiento y moldean sutilmente la manera en que las personas interactúan dentro de un espacio. Su evolución se remonta al siglo I, cuando Herón de Alejandría ideó una puerta accionada por vapor: un ejemplo temprano de la fusión entre tecnología y arquitectura. Desde entonces, los sistemas de puertas automáticas sin contacto han incorporado avances tecnológicos que optimizan su funcionamiento y redefinen su función en las edificaciones. En la actualidad, se integran en una gran variedad de tipologías y escalas edilicias, actuando como elementos de transición que mejoran el confort, la eficiencia energética y la calidad general de los espacios interiores.
https://www.archdaily.cl/es/1141574/el-futuro-mas-verde-de-los-sistemas-de-puertas-automaticas-un-cambio-en-el-diseno-y-el-rendimientoEnrique Tovar
La Bienal Bi-City de Urbanismo\Arquitectura (UABB) es un evento cultural bienal establecido en colaboración por Shenzhen y Hong Kong. La 10.ª edición de la UABB contará con una subsede en Huaqiangbei, cuya inauguración está programada para diciembre de 2025. Huaqiangbei, conocida mundialmente como "la calle de la electrónica número uno de China", albergará exposiciones bajo la temática "Ciudad del Futuro x Tecnología x Arte" durante la 10.ª UABB. Con este fin, invitamos a personas y organizaciones de todo el mundo a presentar propuestas e ideas creativas que dinamicen la innovación espacial de Huaqiangbei. Esta convocatoria de propuestas se divide en dos categorías principales: "Propuestas de renovación creativa" y envío de "Documentos de archivo".
https://www.archdaily.cl/es/1141588/convocatoria-internacional-de-ideas-creativas-y-documentos-de-archivo-para-la-sub-sede-huaqiangbei-de-la-10a-uabb韩爽 - HAN Shuang
Bratislava, la capital de Eslovaquia en rápido desarrollo —situada en el corazón de Europa—, continúa consolidando su presencia en el mapa arquitectónico europeo. Como un creciente núcleo de diseño contemporáneo —que ya alberga proyectos de Zaha Hadid Architects, Massimiliano & Doriana Fuksas, Stefano Boeri, Studio Egret West y Snøhetta—, la ciudad ha alcanzado ahora otro hito importante: se ha anunciado un concurso internacional de arquitectura y diseño urbano para definir el futuro de Zváračák, una de las últimas grandes zonas industriales en desuso cerca del centro de la ciudad.
Residencia privada en Varese / Franzetti Primi Architetti Associati
Las matemáticas nos muestran cómo, a partir de solo unos pocos elementos, podemos generar combinaciones casi infinitas y cómo cada nueva disposición puede transformar por completo el conjunto original. Teorías como el caos y la complejidad apuntan en la misma dirección: pequeñas variaciones iniciales, como una elección, una desviación o un elemento nuevo, pueden desencadenar cambios profundos e inesperados. En la arquitectura, esto se manifiesta de manera concreta en el trabajo diario en el ámbito del diseño. La elección de los materiales y la forma en que se combinan puede parecer una decisión meramente estética o funcional, pero tiene el poder de redefinir el lenguaje de un edificio, el rumbo que tomará un proyecto y su relación con el entorno y sus habitantes.
A diferencia de un libro o una pieza musical, que pueden dejarse de lado fácilmente si no despiertan nuestro interés, la arquitectura tiene una naturaleza distinta. Un edificio perdura por décadas, modelando el paisaje e influyendo en la vida de sus ocupantes durante los años venideros. Esta permanencia conlleva un conjunto único de desafíos: los y las arquitectos/as deben diseñar espacios que impacten la vida colectiva, a menudo bajo plazos estrictos, presupuestos limitados y una presión considerable. Además de navegar por normativas complejas y coordinar la construcción, quienes ejercen la arquitectura se enfrentan a la falsa creencia de que el diseño es sencillo, o que cualquiera podría hacerlo. El constante acto de equilibrio entre calidad, costo y rapidez suele traducirse en sacrificios, ya sea de tiempo, salud o de la propia integridad del proyecto. Este ciclo no solo desgasta a la profesión, sino que también debilita la comprensión que tiene la sociedad sobre el verdadero valor del diseño.
El conocido triángulo de "bueno, rápido y barato" rara vez se resuelve sin que el o la arquitecto/a sacrifique su propio tiempo, su salud o incluso la calidad del proyecto. Repetida durante décadas, esta ecuación alimenta un ciclo de desgaste que no solo debilita a la profesión, sino que desvaloriza el diseño ante la sociedad, mermando incluso el rol de una disciplina tan hermosa e importante.