La rica historia de Italia, evidente en sus monumentos y ciudades, ha creado un contexto único para la renovación arquitectónica. Los/las arquitectos/as italianos/as suelen abrazar este patrimonio entablando un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo, en lugar de aspirar a una transformación total. Este enfoque evita deliberadamente el estilo imitativo; en su lugar, se utilizan materiales contemporáneos como el acero, el vidrio y la madera nueva para enmarcar y destacar la piedra y el ladrillo históricos preexistentes. Esta yuxtaposición transforma los materiales originales, que dejan de ser simples elementos estructurales para convertirse en piezas decorativas y narrativas de primer plano. El resultado es una experiencia estratificada donde la historia del espacio permanece visible, garantizando su preservación en lugar de su eliminación a causa de la reforma.
El término bóveda en arquitectura se refiere a una estructura arqueada autoportante que forma un cielo o cubierta, capaz de crear de manera eficaz un espacio amplio y libre de columnas. Mientras que las bóvedas de mampostería tradicionales transfieren las cargas a muros y contrafuertes, las versiones contemporáneas se definen de manera más amplia como cualquier cielo que sigue la línea de la cubierta, generando un interior alto y curvo. Estos cielos modernos suelen estructurarse con materiales como hormigón, madera o acero, los cuales aportan la flexibilidad estructural necesaria para lograr el dramático efecto de una bóveda sin sus limitaciones históricas. La bóveda de arco de medio punto, en particular, parece haberse convertido en una de las formas predilectas del último tiempo por su geometría simple y elegante, así como por su capacidad para adaptarse a una gran variedad de estilos residenciales contemporáneos.
En el diseño contemporáneo de jardines de niños en Japón y China, los equipos de arquitectura están transformando los espacios interiores, pasando de ser un simple contenedor a convertirse en un entorno multisensorial activo. Este cambio parece alinearse con estudios en psicología del desarrollo que sugieren que la experiencia espacial de los niños y las niñas comienza con una interacción sensorio-motriz a través del tacto y la manipulación. Por lo tanto, se hace un fuerte énfasis en el uso de materiales y en el enfoque del aprendizaje a través del juego. Los equipos de arquitectura parecen ir más allá de las aulas tradicionales para dar paso a entornos táctiles, estimulantes y arraigados en sus contextos específicos. Los edificios mismos se convierten en herramientas pedagógicas, incentivando a la niñez a aprender y explorar mediante una interacción física directa.
Ghibli and Disneyworld comparison. Image via J-LIGHTS / Koichiro Itamura and Theme Park Tourist on wikipedia with license CC BY 2.0
Cuando se trata de diseñar para la imaginación de un niño, el ámbito arquitectónico presenta dos filosofías distintas. Disneyland y Studio Ghibli, ambos maestros en el arte de contar historias imaginativas, representan esta división central. Sus enfoques, lejos de ser accidentales, reflejan diferentes visiones sobre cómo los niños experimentan y se relacionan con el espacio. Uno ofrece un espectáculo de fantasía construida, mientras que el otro propone un paisaje para la magia potencial. Estos dos modelos plantean a los arquitectos una elección fundamental a la hora de abordar este tipo de proyectos: diseñar espacios que respondan a la necesidad innata de los niños de descubrimiento sensorial y personal, o crear una fantasía que apele a su creciente capacidad de comprender narrativas y espacios más complejos.
La arquitectura de mercados contemporánea en México suele inspirarse en sus precedentes prehispánicos. El mercado de Tlatelolco en la antigua Tenochtitlan, por ejemplo, contaba con una gran plaza abierta pavimentada con piedra y "calles" delimitadas, las cuales se dividían en secciones para mercancías específicas, funcionando como un importante punto de encuentro para el intercambio social y económico. Asimismo, la tradición del tianguis, una tipología de mercado efímero dentro de la tradición mesoamericana en general, también organizaba sus puestos en pasillos dentro de una plaza pública, reflejando los principios de organización observados en Tlatelolco. Estos modelos históricos sentaron las bases para la tradición de los mercados en México y los países de Centroamérica, donde fusionan el espacio público con distribuciones estructuradas para el comercio. Hoy en día, aun cuando muchos de los espacios comerciales de México —en particular la Central de Abasto de la Ciudad de México y otros mercados como el de Jamaica, la Merced y San Juan— han adoptado un enfoque sedentario o permanente para abastecer a sus comunidades, los tianguis mantienen un arraigo profundo en la sociedad mexicana.
El Monumento de Sardarapat y el boceto original del arquitecto. Imagen vía risraelyan.com/en/, cortesía de Aram Ghanalanyan
En una época en la que gran parte de la arquitectura global puede parecer desconectada de la identidad local, la obra de Rafayel Israelyan destaca por estar profundamente arraigada en el lugar, la cultura y la memoria. Con su práctica desarrollada a mediados del siglo XX en Armenia, Israelyan creó una arquitectura que trasciende lo puramente funcional o monumental para volverse culturalmente resiliente. Su empleo de motivos, materiales y formas simbólicas tradicionales de Armenia otorgó a sus diseños una segunda vida tras la caída de la Unión Soviética, un periodo en el que muchos edicios de los antiguos Estados soviéticos fueron abandonados o demolidos. Armenia, en cambio, preservó gran parte de sus obras, probablemente debido a que su enfoque de diseño no solo respondía a un momento histórico específico, sino que también narraba un relato de mayor alcance. Mucho antes de que se popularizaran conceptos como la sustentabilidad o el regionalismo crítico, Israelyan comprendió que las edificaciones adquieren un mayor sentido y permanencia cuando reflejan la identidad y las características específicas de su entorno.
Las tejas de arcilla roja aparecen en numerosas tradiciones arquitectónicas de todo el mundo, a pesar de tratarse de culturas geográfica e históricamente distantes. Sin embargo, esto no resulta del todo sorprendente. La arcilla es un material de construcción abundante y accesible en todo el mundo; de hecho, algunos estudios y otras fuentes sugieren que compone aproximadamente entre el 10% y el 13% de los suelos de la Tierra. Las tejas rojas, en particular, suelen ser el resultado del contenido mineral del suelo local y del proceso de cocción. Su uso generalizado en regiones sin relación aparente responde menos a una influencia cultural compartida y más a una lógica material: la arcilla es económica, duradera y fácil de trabajar con herramientas y técnicas sencillas. En Vietnam, por ejemplo, existe una tradición singular y muy visible en el uso de tejas de arcilla que se remonta a varios siglos. Regiones como Vinh Long, apodada el "reino de la cerámica roja", cuentan con una gran abundancia de este material, lo que ha sustentado una larga historia de fabricación de tejas. En algunas zonas de Vietnam, estas piezas se conocen como tejas Yin-Yang, debido a la forma cóncava y convexa que adquieren durante su producción.
La arquitectura vernácula suele utilizar materiales de origen local y prácticas de construcción perfeccionadas a lo largo de los siglos. Este enfoque plantea interrogantes sobre su posible relevancia frente a los desafíos del diseño contemporáneo. La prevalencia de desarrollos de gran altura a nivel mundial, que a menudo dependen de envolventes herméticas y climatización mecánica, contrasta con las prácticas arquitectónicas históricas. Tradicionalmente, las arquitecturas regionales surgían de las comunidades locales, lo que fomentaba identidades culturales propias e integraba sistemas pasivos de ventilación, enfriamiento y calefacción, recurriendo con frecuencia a elementos naturales. El hanok, la vivienda tradicional coreana, sirve como caso de estudio. Más allá de su papel actual en el turismo, también constituye un ejemplo de cómo el conocimiento vernáculo puede aportar estrategias pasivas de respuesta climática alineadas con los principios actuales de la edificación sostenible.
El diseño escandinavo ha sido admirado desde hace mucho tiempo por su estética minimalista y funcionalidad, que otorga valor a las cosas sencillas, profundamente arraigadas en el concepto de Hygge. Esta reverencia va más allá del diseño de interiores y se extiende también al mundo natural, lo que da como resultado una arquitectura y un diseño de instalaciones paisajísticas de alta calidad que potencian la conexión humana con entornos vírgenes. En lugar de imponer grandes estructuras sobre el entorno, el enfoque escandinavo propone una intervención sutil y precisa. Estos proyectos no buscan dominar, sino entablar un diálogo con el paisaje existente, valiéndose de un diseño reflexivo para potenciar sus formas, colores y texturas inherentes. El objetivo es complementar y realzar, creando espacios que cumplan con un propósito funcional al mismo tiempo que profundizan la conexión de las personas con su entorno.
Niños corriendo en la escuela de Nebaj, Guatemala. Imagen Cortesía de Solis Colomer Arquitectos
Fundada en 2002, Solis Colomer Arquitectos ha establecido una sólida reputación a lo largo de las últimas dos décadas, diseñando y construyendo proyectos con impacto social y comercial en toda América Latina. Con más de 200 obras completadas, la firma se especializa en arquitectura institucional con impacto social y arquitectura comercial centrada en sus usuarios. Su misión es clara: usar la arquitectura como una herramienta para dignificar la experiencia humana, especialmente para aquellos que más lo necesitan.
Vista de la réplica de El castillo ambulante dentro del área del Valle de las Brujas. Imagen vía ghibli-park.jp, bajo política de uso justo
Studio Ghibli y su cofundador Hayao Miyazaki se han convertido en nombres consagrados en Occidente gracias a su impresionante obra, que incluye más de 10 largometrajes, dos premios Óscar y más de 100 galardones en todo el mundo. Películas como "El viaje de Chihiro" y "El increíble castillo vagabundo" demuestran su maestría en la creación de mundos, la narrativa y una estética visual cautivadora que les han valido el reconocimiento internacional. Esto ha consolidado una base de seguidores devotos que, hasta hace poco, solo contaban con el Museo Studio Ghibli en Tokio para experimentar estas películas en la vida real. A medida que crecían la popularidad del estudio y su catálogo cinematográfico, la expansión hacia un espacio de mayores dimensiones se volvió inevitable. De ahí que noviembre de 2022 marcara el inicio de una nueva etapa con la apertura de las puertas del Parque Ghibli en Nagoya, Japón.
Gyumri, la capital de la región armenia de Shirak y la segunda ciudad más grande del país, ha sido históricamente reconocida por su patrimonio cultural y arquitectónico. Durante el período soviético, albergó numerosas fábricas que la convirtieron en uno de los principales centros industriales de la región, alcanzando una población aproximada de 225.000 habitantes. Sin embargo, en las últimas décadas, Gyumri ha experimentado un declive demográfico considerable como consecuencia del devastador terremoto que destruyó la ciudad en 1988 y cobró la vida de miles de personas. Más de 30 años después, el proceso de regeneración de Gyumri sigue en marcha. Los esfuerzos continuos de la ciudad por restaurar su entorno construido e impulsar el desarrollo económico ofrecen valiosas lecciones sobre cómo gestionar la regeneración urbana tras un desastre.
Al examinar imágenes de casas japonesas, frecuentemente se nota un espacio recurrente con tatamis, a menudo ligeramente elevado e integrado en las áreas públicas del hogar. Este es el washitsu, o sala de estilo japonés: un espacio tradicional y multipropósito que todavía se encuentra comúnmente en la arquitectura residencial moderna. Se utiliza para actividades que van desde leer y dormir hasta albergar un altar familiar; su versatilidad es central para su continua relevancia. Este artículo explora la disposición y el significado del Washitsu, comenzando con sus orígenes históricos para entender mejor su papel e interpretación en los hogares japoneses contemporáneos.
El Pabellón de Canadá en la 19ª Exposición Internacional de Arquitectura – La Biennale di Venezia, albergó Picoplanktonics. Una investigación que surge como un replanteamiento radical sobre cómo la arquitectura puede convertirse en una plataforma que fusiona biología, computación y fabricación para proponer un futuro alternativo; uno en el que los edificios no solo minimicen el daño, sino que participen activamente en la reparación planetaria. En su núcleo se encuentra un organismo humilde: la cianobacteria marina, capaz tanto de capturar carbono como de contribuir al crecimiento material de la estructura que habita. El proyecto ha sido desarrollado durante cinco años por un equipo de investigación de la ETH Zúrich, liderado por Andrea Shin Ling y un grupo de colaboradores y colaboradoras de diversas disciplinas. En conjunto, formaron el Living Room Collective, fundado hace un año para dar continuidad a este trabajo y exhibirlo en la Bienal de Venecia. Entre los miembros principales del equipo se encuentran Nicholas Hoban, Vincent Hui y Clayton Lee. Esta conversación con el equipo detrás del proyecto aborda la filosofía, los desafíos técnicos y los horizontes especulativos que impulsaron su trabajo, desde la impresión de estructuras reticulares de arena viva hasta el mantenimiento de la vida microbiana en una exposición pública. Su objetivo es inspirar a las personas a reconsiderar la arquitectura no como un objeto estático, sino como un proceso vivo y en constante evolución; uno que exige cuidado, paciencia y un cambio radical de mentalidad.
VARID, un conjunto de herramientas de RV y RA para el diseño inclusivo. Imagen cortesía de Foster + Partners
Durante la última década, el diseño arquitectónico ha dependido de métodos de representación bidimensionales, tales como alzados, secciones y plantas, combinados con renderizados digitales de modelos 3D. Si bien estas herramientas son esenciales para transmitir la geometría y la intención del proyecto, siguen estando limitadas por su formato bidimensional. Incluso las visualizaciones más realistas, creadas mediante programas como SketchUp, Revit o AutoCAD, aplanan el espacio y distancian a los/las espectadores/as de la experiencia habitada de un proyecto. En el último tiempo, los/las arquitectos/as han comenzado a explorar tecnologías inmersivas como una forma de cerrar esta brecha entre el dibujo y la experiencia, ofreciendo nuevas maneras de habitar y evaluar las propuestas espaciales.
Comprender el gradiente de temperatura en un edificio es esencial en climas fríos o templados, donde se utilizan cerramientos herméticos y aislamiento continuo para prevenir la pérdida de calor. Sin embargo, este enfoque no es adecuado para áreas tropicales como América Central, donde el clima se caracteriza por una alternancia constante entre temporadas húmedas y secas en lugar de cuatro distintas. Factores como la proximidad al mar, la elevación y la topografía local influyen en los microclimas a lo largo de distancias cortas, pero la alta humedad sigue siendo un desafío común. Las paredes selladas, herméticas y sin ventilación pueden convertirse rápidamente en criaderos de moho, lo que hace que las estrategias térmicas convencionales sean problemáticas. En respuesta, los diseñadores locales han desarrollado enfoques alternativos que abrazan, en lugar de resistir, el entorno exterior, permitiendo el flujo de aire y la evaporación para gestionar el confort interior.
En la mayoría de los casos, los y las profesionales de la arquitectura deben lidiar con una compleja red de códigos de edificación, regulaciones de espacio aéreo y muchas otras normativas que dictan la forma y ejecución de un proyecto. Sin embargo, la arquitectura cultural suele presentar una oportunidad única para desarrollar diseños más audaces y expresivos. Estos proyectos suelen contar con el apoyo de los gobiernos locales, lo que abre la posibilidad de realizar exploraciones formales que, de otro modo, podrían quedar sin concretarse. En este sentido, la arquitectura cultural cumple un doble propósito: enriquecer a la comunidad y establecer hitos icónicos que definen la identidad de su ciudad o región. Sin duda, esta ambición se ha manifestado en Taiwán. Situada en el corazón de Asia Oriental, esta nación insular cuenta con una notable variedad de exploraciones formales realizadas tanto por firmas internacionales como por arquitectos y arquitectas de Taiwán.
Detalle de la Red de Quioscos Garífuna. Imagen Cortesía de 24 Grados Arquitectura
¿Cómo puede la arquitectura restaurar la relevancia de los lugares olvidados? ¿Qué diálogos pueden surgir cuando los edificios y paisajes no son tratados como lienzos en blanco, sino como capas de memoria, identidad y potencial? Para la firma de arquitectura hondureña 24 Grados, estas preguntas dan forma a un enfoque basado en la adaptación, reutilización y diseño contextual. Sus proyectos van desde la restauración de antiguas plazas españolas y centros culturales hasta intervenciones en parques naturales y pueblos costeros en Honduras. Cada uno se fundamenta en la creencia de que el diseño puede retejer las relaciones entre las personas, el lugar y el patrimonio.